REPORTAJES

El Mayor Roberto d'Aubuisson, fundador de los Escuadrones de la Muerte en El Salvador

El hombre que ordenó matar a 'San Romero'

Un afiche del partido ARENA en el que exaltan al Mayor Roberto d'Aubuisson en El Salvador. Cortesía/Confidencial.

Marisa, la hermana rebelde de d'Aubuisson: 'A mi hermano lo usaron --la oligarquía y el ejército-- y él se dejó usar'

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Un reportaje de:
Ismael López

Fotografía de:
Ismael López/Confidencial

Publicado:
21/05/2015

—Tu nombre me aparece en los archivos, me has dado una gran ahuevada— dijo el Mayor Roberto d'Aubuisson a su hermana menor Marisa en 1978, molesto y señalándole un cerro de papeles encima de su escritorio.

—Apareces como una incitadora que anda haciendo cosas y organizando a la gente en la Colonia— agregó el Mayor casi gritando y con el rostro lleno de preocupación. D’Aubuisson había citado a su hermana hasta sus oficinas en Casa Presidencial de El Salvador para advertirla y prevenirla.

Marisa, una mujer delgada, que siempre estuvo en la acera de enfrente del hombre que mandó a matar a Monseñor Óscar Arnulfo Romero en 1980, según una Comisión de la Organización de Naciones Unidas (ONU), supo ese día que su hermano era el jefe de la temida Organización Democrática Nacionalista (ORDEN), fundada en 1969 como una organización paramilitar, liderada por militares activos para delatar cualquier “movimiento extraño” en el campo y la ciudad.

— ¿O sea que tú estás detrás de esa malévola organización que está haciendo tanto daño a la población?— le contestó Marisa a su hermano.

— ¿Cómo que malévola? Esta es una organización cachimbona. Estoy orgulloso de esta organización.

Marisa trabajaba en la Fundación Salvadoreña de la Vivienda Mínima como activistas en los barrios y comarcas y estaba en los radares de los informantes de ORDEN.

Ese día el Mayor d'Aubuisson le dijo a su hermana que era una tonta útil a quien los jesuitas le estaban lavando el cerebro.  El poderoso militar se refería a los cursos que dictaba el sacerdote jesuita Ignacio Ellacuría (rector de la UCA de El Salvador, y asesinado por los escuadrones de la muerte en 1989) sobre la Teología de la Liberación en los que Marisa participaba.

—Mira Roberto –le contestó— como mi hermano te quiero, pero como militar te estoy aborreciendo y peor ahora que sé que sos el director de esa cosa tan diabólica que se llama ORDEN.

Ese día los hermanos d'Aubuisson casi rompieron su relación… Después de terminar la acalorada discusión, el Mayor le dijo a su hermana mirándola de frente y señalándola con el dedo índice:

—El día que caigas presa o te detengan, quiero que sepas que no voy a mover ni un dedo de mi mano para sacarte.

***

El 24 de marzo de 1980 Monseñor Oscar Arnulfo Romero estaba oficiando una misa en la capilla del Hospital La Divina Providencia, manejado por monjas carmelitas para atender a enfermos de cáncer, cuando un carro Volkswagen se estacionó frente a la puerta principal de la capilla. Un rifle salió de la ventanilla trasera y un certero disparo perforó en el pecho del arzobispo, justo en medio del corazón. Romero quedó en un charco de sangre frente al altar.

“El proyectil que quitó la vida a Romero era blindado y explosivo de calibre 25. La bala penetró a la altura del corazón y siguió una trayectoria transversal”, expone el informe de la autopsia.

La noticia sobre el asesinato de Romero corrió rápido en El Salvador. Marisa d'Aubuisson recuerda que en la Colonia donde ella vivía la gente gritaba desde los balcones: “Pongan la radio que mataron a Romero”.

“Yo sentía como si la tierra se me venía encima. Aparte de la muerte de quien yo consideraba mi pastor, una señora histérica en la calle decía d´Abuisson, ese fue d´Abuisson… se salió con su gusto”, relata Marisa, en su oficina de la Fundación Oscar Arnulfo Romero que dirige en El Salvador. “Yo decía ojalá no tenga nada que ver (mi hermano), pero eso era vox populi no lo detuvo nadie. Para mí fue una situación de doble pesar, de rabia, de tantos sentimientos juntos. No quería ni salir en público por vergüenza”, recuerda.

El mayor Roberto d´Abuisson fue el fundador de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), que por 20 años gobernó en El Salvador hasta que, en el 2009, fue derrotada por el FMLN. Según una investigación de una comisión de Naciones Unidas, d´Abuisson fue el fundador de los Escuadrones de la Muerte y autor intelectual del asesinato de Romero y de decenas de crímenes más.

Murió en 1992 de un cáncer en la garganta en la total impunidad. Tenía 49 años. Marisa cuenta que su hermano fue expulsado por mala conducta de escuelas religiosas y para moldearlo su madre lo inscribió en una escuela militar en la que después de bachillerarse decidió quedarse para entrar al Ejército.

Marisa d'Aubuisson recuerda que en la Colonia donde ella vivía la gente gritaba desde los balcones: “Pongan la radio que mataron a Romero”

Lo demás es conocido: escaló posiciones hasta llegar a ser unos de los cabecillas de ORDEN. Posteriormente, en 1979, después de un golpe militar, propinado por oficiales jóvenes del Ejército, fue expulsado de las fuerzas armadas. Pero fue a partir de ese momento que el mayor comenzó a operar en las sombras.

“Después de su expulsión oficial él se lanza a organizar esa represión no estatal, no oficial, pero protegida. Él tenía su base en la Guardia Nacional, el general Eugenio Vides, director de la Guardia Nacional, lo acogía y así surgen los escuadrones de la muerte, que eran grupos civiles perseguidores de las organizaciones populares y líderes. La oligarquía pone sus ojos en él y en actividades públicas él demuestra todo su rechazo y todo su odio a las organizaciones populares”, cuenta Marisa d´Abuisson.

— ¿Quién le inculcó ese odio?– se le pregunta a Marisa una tarde de marzo en su oficina.

“La Escuela de las Américas y el Ejército”, afirma.  “Él estudio en la Escuela de las Américas un curso que se llamaba ‘Método de Guerra Sicológica, ahí entraban las torturas, las amenazas, las desapariciones. Él es hijo del militarismo estadounidense. Yo siento que a mi hermano lo usaron y él se dejó usar…”.

La hermana del Mayor compara que otros militares estuvieron en La Escuela de las Américas, pero él se destacaba por su carácter extrovertido. Tenía fama de valiente. “Lo vieron como el salvador del comunismo y la oligarquía le dio todas las facilidades para que se moviera, tuviera casas de seguridad, carros a su disposición. Él también tenía mucha convicción, no lo hacía porque le pagaban. Cuando murió sólo dejó un terreno que había comprado, nunca le interesó acumular riquezas. Vivía bien, eso sí, le ayudaban a mantener a su familia”, confía.

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Cuando el mayor d´Abuisson fue expulsado del Ejército pasó a vivir en la clandestinidad, pero desde Guatemala, donde era protegido por un general del Ejército, grababa programas de televisión que se transmitían en El Salvador.

“Esos programas no lo perdíamos”, cuenta Marisa. “Decían esta noche habrá un mensaje del Mayor Roberto d´Abuisson, y lo teníamos que ver porque él leía la lista de los comunistas. Pasadas dos horas de esos programas comenzaban a ametrallar la casa de las personas mencionadas”.

Marissa d´Abuisson rememora que a la familia Samayoa, por ejemplo, le pusieron bombas en sus casas. “La gente huía de mi hermano… yo deseaba verlo para hacerle un llamado de conciencia, pero era imposible porque él estaba convencido de que a los comunistas había que arrasarlos”.

La mujer no olvida una de las últimas conversaciones que sostuvo con su hermano, uando ya la guerra estaba declarada, y el FMLN había liberado bastante territorio en la zona norte del país. El Mayor le comentó que había ido a los cuarteles a hablar de la necesidad de aplicar una medida terrible llamada “Tierra arrasada”. Un amigo de él,  (el teniente coronel) Domingo Monterrosa (también graduado en la Escuela de las Américas), la había comenzado a aplicar en Mozonte, donde en tres días asesinó a casi 900 campesinos….

“Estábamos en la casa de mi mamá y por alguna razón salió el tema político y de la guerra y dice él: para librarnos de esta guerra la solución es tierra arrasada en todo el norte del país. Y yo le digo, moriría toda la gente de esa zona que no tiene nada que ver con la guerra. Desgraciadamente sí, me respondió, pero lo que se tiene que hacer, se hace y no levanta cabeza ningún comunista en este país”, recuerda.

El mayor d´Abuisson le puso como ejemplo, según Marisa, la masacre de 1932 en el occidente del país, cuando el Ejército mató a 30 mil campesinos que se habían rebelado contra el Gobierno.  

–Mira si la guerrilla ha tenido éxito en occidente, claro porque no se les ha olvidado lo de 1932– remarcó d´Abuisson.

***

Marisa d´Abuisson siempre ha estado ligada a causas sociales. Es la menor y la única de la familia que no está vinculada a ARENA. “A mi mamá le daba vergüenza que la gente fundadora de ARENA le preguntara por esa otra hija que nunca estaba en las reuniones”, relata la mujer. “Para mi mamá era difícil, y me decía que era imposible que yo no estuviera apoyando a mi hermano cuando tanta gente buena lo apoyaba; entonces se inventó que yo vivía fuera del país”, añade.

Los hermanos d´Abuisson se distanciaron durante los ochentas. Marisa relata que a ella nunca le dieron la dirección de donde vivía su hermano. “Roberto había dado orden que no se me dijera dónde vivía porque me consideraban peligrosa y que yo lo podía entregar a la guerrilla que nunca se me pasó por la cabeza”, dice.

El Mayor d´Abuisson estuvo a punta de romper aquella promesa que le hizo a su hermana en 1977, de qué si algún día caía presa no movería ni un dedo para sacarla. Cuando ya la guerra se había intensificado contra el FMLN lo llamaron para decirle que había detenido a una Marisa en el norte del país.

 –No le hagan nada, métanla a una oficina– dijo el militar. Se subió a un helicóptero y llegó al lugar a cerciorarse de que aquella Marisa no era su rebelde hermana menor.

“Creo que sí, me quería y en el fondo admiraba mi postura de no ceder y de tener mis convicciones que siempre le manifesté provenían de la fe que me llevaba a asumir compromisos con los sectores más empobrecidos”, relata.

Cuando el mayor d´Abuisson estaba agonizando en una cama, ya sin poder hablar, en la fase terminal de su cáncer de garganta, los hermanos Marisa y Roberto volvieron a reunirse. “Desde el 3 de enero, hasta el 22 de febrero de 1992 que murió lo visité a diario. Había mucha gente que quería verlo y él había ordenado que no quería ver a nadie. Solo me dejaba entrar a mí y a dirigentes de ARENA, ya no se podía hablar con él”, recuerda.

En una de esas visitas Marisa le dijo a su hermano que rezaran, que se arrepintiera de todo el mal que había hecho, que le pidiera perdón a Monseñor Romero. Ante la imposibilidad del Mayor de hablar, su hermana le señaló que si estaba arrepentido que le apretara la mano derecha que segundos antes le había agarrado. El militar nunca apretó la mano de su hermana menor… sólo la haló hacia él para darle un beso en la mejilla.

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