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Mientras la atención oficial se centra en la lucha contra el narcotráfico

Crece la adicción: grave amenaza a la salud pública

Una espiral que empieza con tabaco y alcohol, sigue con marihuana y termina con cocaína o crack; unas 5,400 personas han sido atendidas en los últimos cinco años.

Cinthia Membreño | 29/10/2012
@LaMembrete

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Hasta hace un par de meses, la vida de William era como una moneda. Tenía dos caras. Durante la semana, era un capitalino de 29 años que trabajaba en Café Soluble S.A, padre de dos bebés y esposo de una joven. Pero cuando llegaba el fin de semana, salía a festejar con sus amigos, bebía alcohol sin control y terminaba inconsciente en algún callejón de Managua, luego de consumir crack. Su rutina fue así hasta que ya no pudo más. 

Dos meses antes de tocar fondo, William llegó borracho a uno de los tantos expendios de la capital. Con C$200 en mano, pidió que le vendieran 20 piedras de crack, pero el repartidor le informó que el “producto” se había agotado. Al dar la vuelta, lo primero que sintió fue un puñetazo que aterrizó en su cara. Segundos después, un drogadicto que quería robarle su dinero hundió un puñal en medio de sus costillas. William se incorporó y, a como pudo, salió corriendo en busca de sus amigos, pero estos habían desaparecido.

Aún después de este violento episodio, William continuó consumiendo alcohol y cualquier droga que le pusieran enfrente, tal como lo había hecho desde los 14 años, cuando empezó a inhalar pega. Uno de los muchos domingos que amaneció tirado en una esquina, se vio a sí mismo en el peor de los estados. Rompió en llanto y, desconsolado, emprendió el trayecto hasta su casa. Su hija, quien lo esperada en la entrada, corrió hacia él y lo abrazó.

-         Papi, ¿trae lo de mi Corn Flakes? – le preguntó esperanzada la niña.

Su padre, el mismo que había salido de su trabajo con C$2,600 correspondientes a su quincena, había bebido desde el medio día del sábado hasta cerca de las siete de la noche. A esa hora, uno de sus compañeros de tragos dijo que quería consumir cocaína. Él lo llevó hasta el lugar donde la vendían y, luego de inhalarla juntos, perdió la conciencia. Cuando regresó a su casa y escuchó la pregunta de su hija, no supo qué responder. “Me quebrantó el corazón. No llevaba ni un solo peso”, dice el joven, apesarado.

Un hombre nuevo

Sentado en la cama que le asignaron cuando ingresó al Centro de Ayuda y Rehabilitación del Alcohólico (CARA), William se presenta como un hombre nuevo. Desde Agosto del corriente año, él ha venido trabajando en un proceso de rehabilitación que, de salir bien, le ayudará a convivir con su adicción. Con charlas motivacionales, lecturas bíblicas, deportes, rondas de limpieza y sesiones de trabajo, tanto este joven como la otra veintena de pacientes que viven temporalmente en el centro, han creado una rutina de vida que será de utilidad para cuando se reintegren a la sociedad. 

Vanessa Conrado, psicóloga especialista en adicciones quien también labora en CARA, explica que lo más difícil para un adicto es aceptar que tiene un problema. “La mayoría de las personas se vienen a dar cuenta de eso hasta que están aquí. Es bastante complejo romper esa negación. ¿Cómo se les hace ver? Mostrando las consecuencias que ha generando este comportamiento en su conducta o en su familia”, asegura.

La ventaja de William es que él sestaba consciente de que tenía un problema. Por ende, los días más duros de su vida fueron los de su proceso de desintoxicación. Le costaba mucho dormir y, si lo hacía, tenía pesadillas. Pensaba en abandonar el centro y su cuerpo le pedía alcohol y crack. Además, había llegado con unos prejuicios que lo ponían nervioso. “En las calles se dice que en los centros de rehabilitación te golpean y maltratan”, expresa.

Después de los quince días que duró su desintoxicación y posterior adaptación, William cambió radicalmente de actitud. Su programa, el cual tiene una duraciónde tres meses pero que también se puede extender hasta un año, según las necesidades del paciente, le ha ayudado a darse cuenta que no necesita consumir drogas.

Según explica Conrado, un elemento vital para que el adicto tenga un desenvolvimiento como el de William es que su familia debe ser parte vital del proceso. Por ello, se requiere que los parientes asistan todos los domingos a sesiones psicológicas grupales, así se promueve el diálogo entre ambas partes y se enteran de la recuperación del adicto.

Falta de comunicación

Durante su recuperación, William se dio cuenta que una de las razones por las que terminó siendo adicto es porque proviene de una familia disfuncional. Sus padres se separaron cuando él era pequeño y, tiempo después, se volvieron a casar con otras personas. Aunque insistían en darle lo mejor, no hacían un esfuerzo para tener una buena comunicación.

Danilo Norori, director de la Clínica Equilibrio, insiste en que el fenómeno adictivo tiene como raíz las relaciones familiares. “¿Cómo puede pasar alguien siendo adicto durante quince años y que  nadie se dé cuenta de que tiene un problema?”, pregunta el médico al referirse al caso de William.

El experto brinda dos posibles causas. La primera es que las familias se vuelvenn islas en las que cada quien anda por su lado. La segunda es que si se dan cuenta de este problema, optan por desentenderse del asunto. Sea cual fuere el caso, la única explicación que William tiene al respecto es que supo esconder bien su problema. Lo camufló durante quince años.

“Las tres principales características de una familia disfuncional es que no hablan honestamente entre ellos, no sienten y encuentran formas indebidas de lidiar con el dolor. Tampoco confían en nadie”, indica Norori. Adicionalmente, el experto expresa que cuando en los círculos familiares alguien presenta este tipo de problemas, todos se enferman. De allí la importancia de asistir a terapias grupales, aunque sean obligatorias. 

El centro de rehabilitación

El sitio donde William se rehabilita es uno de los 17 centros que están reigstrados en el Instituto Contra el Alcoholismo y la Drogadicción (ICAD). Francisco Landero, su director, indica que hay muchos otros lugares que también brindan este tipo de servicios, tales como las clínicas privadas. Con ello, el número de puntos que atienden adiciones se eleva a unos treinta en todo el territorio nacional.

Róger de la Rocha, presidente de CARA, informa que ellos solicitan una contribución de US$150 mensuales a los pacientes para brindarles las atenciones básicas. Si el paciente no cuenta con las posibilidades, se les hace un análisis financiero que les permite conseguir una beca. Sin embargo, estos esfuerzos no son suficientes para operar a como se debe.

La misma carencia de presupuesto ha generado malestares entre los representantes de los sitios de rehabilitación. Muchos de ellos, explica Francisco Landero, alegan que deben obtener un 20% del dinero decomisado por las actividades del narcotráfico o bien, solicitan que la industria licorera y tabacalera destine parte del pago de sus impuestos para promover programas de rehabilitación y prevención. 

La realidad: marco legal vs fondos

Ante estas solicitudes, Landero asegura que hay una confusión con el marco legal de Nicaragua en este tema. El director explica que hasta hace dos años, la Ley 285 (de Estupefacientes, Sicotrópicos y Otras Sustancias Controladas) establecía la distribucion de ese 20% que los centros todavía solicitan, pero eso cambió con la introducción de la Ley 735 (de Prevención, Investigación y Persecución del Crimen Organizado), en la cual se deroga el inciso que especificaba la repartición de fondos.

La única explicación que el director tiene para esto es que la adicción es un tema de salud pública que debe verse no sólo desde la rehabilitación, sino de la atención previa. “Ellos no son las únicas instituciones que atienden el tema, también están los hospitales, los centros de salud y las clínicas provisionales. Todas las enfermedades que producen las adicciones son atendidas a través del sistema de salud”, justifica.

Como resultado, los centros que trabajan con fondos propios, se quedan de brazos cruzados.  Sin embargo, para Wiilliam esas carencias no son su prioridad. El afirma que el solo hecho de vivir allí temporalmente en CARA le ha cambiado radicalmente la vida. “Aquí me di cuenta que no necesito consumir drogas y que, además, no tengo por qué”, analiza.

Reinsertarse en la sociedad

Dure el programa tres, seis o doce meses, reintegrarse a la sociedad es uno de los pasos más decisivos en la vida de un adicto que se ha rehabilitado. “Después de salir de este lugar, es difícil que las personas te crean, es difícil demostrarles que sí se puede. La adicción tiene muchas consecuencias”, se lamenta William.

Cuando este joven se recupere tendrá que probar muchas cosas. Más que recuperar la confianza de su esposa y del resto de la sociedad, lo más importante para este William será probarse a sí mismo que puede cumplir con el plan de egreso personalizado que se diseñará para él en su centro de rehabilitación.

“Uno (el especialista) va viendo cuánto han avanzado y qué cosas les hacen falta. En eso se basa el plan de egreso, te llevas tareas. No es que te vas a desligar por completo”, explica Danilo Norori. El experto en adicciones indica que ese seguimiento dura unos dos años, ya que al cerebro del adicto le toma entre seis y veinticuatro meses volver a crear las redes neuronales aptas para la recuperación del paciente.

La importancia de los redes de apoyo


Desafortunadamente, no todos los rehabilitados cumplen con este período. Muchos, a como William se lo ha propuesto, salen de los centros convencidos de que volverán a caer en el vicio. El resultado final, sin embargo, es que no todos logran hacerlo. La razón principal es que carecen de una red de apoyo que los aleje de situaciones de riesgo.

Tanto Vanesa Conrado, de CARA, como Danilo Norori, de la Clínica Equilibrio, coinciden en que asistir a las sesiones de autoayuda -sea Alcohólicos Anónimos (AA), Narcóticos Anónimos (NA) o ALAS (programa enfocado en familias codependientes, los que todavía no existen en Nicaragua)- es clave para un proceso de recuperación exitoso. 

“Si el paciente ingresa a estos grupos, la posibilidad de una recaída será menor o probablemente no se dé. Pero si el paciente descuida su seguimiento, es muy posible que recaiga. Nosotros hacemos incapié en la asistencia a esos grupos. AA funciona, NA funciona. Ellos tienen que estar allí”, afirma Conrado.

De igual manera, Norori recalca la necesidad de que los rehabilitados se alejen de los amigos de consumo y los lugares que junto con ellos frecuentaban. “También debe haber un plan de recuperación, por escrito, que permita evaluar de manera puntual el progreso del egresado. La familia también lo necesita”, asegura el experto.

En tan sólo tres días, William habrá cumplido tres meses de vivir en CARA. En teoría, estará listo para dejar la institución, convertirse en un paciente de seguimiento y reinsertarse a la sociedad. Pero el joven quiere quedarse treinta días más, pues considera que aún no está listo. Sus hijas, de diez y cinco años, tendrán que comprenderlo. 

“Antes de entrar aquí, aparte de ser un enfermo, me dedicaba a cocinarle a mis hijas todos los domingos. Las dos se mueren porque regrese a la casa y les haga una buena comida, en especial mi hija mayor. Ella me pide que le cocine el pollo asado que tanto le gusta. Ambas quieren que salga de aquí”, dice William, emocionado. Ese día llegará, cuando él lo solicite.


Panorama de las adicciones en Nicaragua

*Consumo empieza a los 14 años

Francisco Landero, director del ICAD informa que no existen estudios generales actualizados que definan el comportamiento de las adicciones en Nicaragua. El único estudio reciente que se puede citar, indica, es uno que se realizó hace seis años y que revela que la edad en la que se inicia el consumo de drogas ronda en los 14 años. La sustancia con la que siempre se inicia, relata, es el tabaco, seguido del alcohol, la marihuana, la cocaína y el crack.

Asimismo, Landero aclara que si bien el estudio registra un índice elevado de jóvenes que han consumido algún tipo de droga (50% de la población estudiantil), este porcentaje desciende dramáticamente hasta quedar en un 20% de personas que consumen aleatoriamente, principalmente tabaco y alcohol. “De las drogas ilegales existentes, un 1.5% queda con la marihuana, anfetaminas y otros estimulantes”, indica.

El director también explica que en los últimos cinco años se ha dado una mayor facilidad para ingresar a centros de rehabilitación. En ese lapso, dice, se han registrado 5 mil 400 personas que ingresan en cualquiera de las instituciones aptas para brindar este tipo de servicios. 


¿Quién está a cargo de la prevención?

Alejandra Espinoza, miembro del Departamento de Relaciones Públicas del Centro de Especialidades para Adicciones (CEA), explica que Nicaragua está retrasada en materia de prevención y mucho más adelantado en lo que al consumo de sustancia respecta. “Si vos mirás las películas, en todo, te inducen a consumir. Ninguna te da mensajes de prevención”, se lamenta.

Como ya mencionamos anteriormente, algunos centros de rehabilitación han planteado la necesidad de que la industria tabacalera y licorera destina parte de sus ingresos a los programas de prevención y rehabilitación que tanto se necesitan. No obstante, Francisco Landero afirma que no existe una ley que lo permita “En el caso del ICAD, nuestra ley creadora contempla que ellos deberían ser fuente de financiamiento. Sin embargo, lo que hace la ley es autorizar, a través de la deducción de impuestos, estas donaciones”, informa. 

Así, el correcto funcionamiento de este sistema de recaudación de fondos depende de la sensibilización que tengan las empresas en cuanto a su rol en los programas de rehabilitación. 


Sitio a los cuales puede recurrir en busca de ayuda:

Comentarios

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Jose noe pinell murillo

Es muy interezante darle seguimiento al proceso de rehabilitacion cuando eres un adicto, desafortunaadamente cuando eres un adicto rehabilitado tienes que reinsertarte a la sociedad en donde encontraras nuevamete el problama , definitivamente las drogas y la adiccion a las mismas son un mal social por tanto considero que que una rehabilitacion en el mundo en que vivimos deberia esgar integrada en la edducacion , de la misma manera a xomo nos enseñan en la escuela la educacion sexual deberia exixstir la oportunidad de que los jovenes puedan conocer de la s drogas y adicciones sin necesidad de llegar a toparse de frente coni este problema

2
Msc. Psc. Darvin Olivas Vilchez

Hola que tal el reportaje me parecio interesante, porque hace conciencia sobre el problema, la Adicción, sin embargo considero que estamos atrazado en vision, etica y profesionalismo, me preocupa que personas sin preparacion y conciencia humana sean participes de procesos de recuperación, me preocupa mas a un que exitan centro que violentan los derechos de las personas que sufre esta enfermadad y que se les considere buenos centros y aun peor continuen funcionando, donde estan las autoridades, los derechos humanos, el ICAD, ¿ Quien supervisa y monitorea las practicas clinicas y modelos de tratamiento. considero que es parte del cambio apuntar a mejorar las condiciones, los modelos, y algo muy muy fundamental el Estilo del terapeuta, educador, psicologos, psiquiatras, etc y todas aquellas personas que laboran en esta area.

felicito a la revista poque a traves de estas publicaciones nos informa, los invito a continuar escribiendo.

saludos.

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Carla Chamorro

Sobre el programa de adicciones anoche en Esta Semana:

Muy bueno aunque muy corto y no va del todo al verdadero origen de las causas ya que el menos culpable de todos en esto es el alcohol y fue patético ver al jefe de CARA culpar a los Pellas y de como le dan "solo" dos QQ de azúcar. Sin duda que hay un problema sobre todo cuando quienes lo dirigen los programas están totalmente perdidos. Las causas son mas bien predisposición genética mas falta de Dios. Es un problema Espiritual sobre todo y de una disfuncionalidad casi genetica brutal. Sobre todo en un mundo de consumo...

Esta bien que escriban sobre estos temas, denle seguimiento !

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