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Pequeña gran diferencia

La agenda técnica del COSEP no podrá avanzarse mucho y por mucho tiempo, si a la vez no se avanza en la agenda institucional que ciertamente recoge intereses nacionales.

Edmundo Jarquín | 21/10/2012
@mundoj1

Esta semana se presentó, por su autor, el Profesor de la Universidad del Norte de Texas, John A. Booth, el excelente estudio sobre “La Cultura Política de la Democracia en Nicaragua 2012”.

De conformidad con versiones periodísticas, en el período de comentarios, preguntas y respuestas, el Profesor Booth estableció alguna semejanza entre el caso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México, en todo el largo período previo al año 2000 en que reconoció por primera vez su derrota en las elecciones, y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

“Veo a Nicaragua moviéndose al PRI” (tituló un periódico la crónica de la presentación del estudio del Profesor Booth, citándolo). Tiene razón el Profesor estadounidense al comparar, a grandes rasgos, dos modelos de autoritarismo que tienen alguna parentela. Sin embargo, hay una pequeña gran diferencia, que con seguridad no se le escapa al Profesor Booth, pero que no se reflejó en la versión periodística. El partido de la revolución mexicana (1917) pasó a llamarse Partido Revolucionario Institucional (PRI), entre otras razones, porque después de un largo período de inestabilidad y confrontaciones internas, incluyendo matanzas entre sus dirigentes, se decidió institucionalizar la no reelección. Volvió así el partido de la revolución, al menos en una parte importante, a lo que fue una de las motivaciones de la revolución mexicana: “Sufragio efectivo, no reelección”, fue el lema aglutinador de la lucha de los revolucionarios contra la larga dictadura de Porfirio Díaz.

Todo lo contrario de lo que ha ocurrido en el Frente Sandinista, que está literalmente “privatizado” por Ortega. La institucionalización de la revolución dio a México un largo período, de más de medio siglo, de estabilidad autoritaria y fuerte proceso de crecimiento y modernización económica y social. El respeto inequívoco a la no reelección, y por tanto a la alternancia en el poder dentro del PRI y, consecuentemente en México, explica en buena parte la larga y estable sobrevivencia de un modelo autoritario. Esos relevos en el poder explican, también, la pacífica transición que se dio el año 2000, en que el PRI perdió y aceptó la derrota en las urnas electorales, porque los cambios de Presidentes implicaron nuevas percepciones y sensibilidades al máximo nivel de dirección política del PRI y del país. Uno tras otro esos Presidentes fueron progresivamente abriendo el sistema político para sintonizarlo con las nuevas realidades del país y de su entorno internacional. Así se explica, del mismo modo, que después de 12 años en la oposición el candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto,  haya ganado las elecciones del pasado mes de julio, sin que nadie crea que este triunfo del PRI sea un retorno al pasado.

Lo comentado tiene enormes implicancias prácticas para nuestro país. Quienes crean, porque los hay quienes lo creen, en un ejercicio de la así llamada “pragmática resignación”, que en el fondo raya en una visión de cortísimo plazo de  lo que son sus intereses, de que aquí estamos entrando en un largo período de estabilidad autoritaria, como en México, se equivocan, como la propia historia de ese país lo demuestra. Como también se equivocan si creen que la “privatización” del FSLN no se va a desbordar a una creciente “privatización” del país, que entrará en choque con los intereses de muchos nicaragüenses.

La alternancia en el poder durante la mayor parte de los 70 años de dominio priísta, antes del 2000, acotó el desborde de los intereses del gobernante de turno. No es lo que está ocurriendo en Nicaragua, como ya se empieza a ver con la fuerza expansiva que, apalancándose en el poder político, está teniendo el poder empresarial del círculo gobernante.

Corporativismo institucional, corporativismo personalizado

Los estudiosos del caso mexicano ha caracterizado el modelo de gobierno priísta, previo al año 2000, como de fuertes rasgos corporativos, es decir, en que el gobierno de turno en cuestiones económicas y sociales se arreglaba con las grandes corporaciones, entendiéndose por tales los gremios del sector privado, de los sindicatos de trabajadores urbanos y campesinos, hasta las organizaciones populares de barrios y comunas rurales. La política, era solamente para el PRI.

Sin embargo, era un corporativismo institucional. No es que las voluntades personales de los gobernantes, a diferentes niveles, no tuvieran incidencia, que sí la tenían, pero esa incidencia estaba acotada, no era absoluta. Diferente es un caso de “corporativismo personalizado” como el de Nicaragua, en que la incidencia de la voluntad del gobernante es absoluta. El único límite que acota esa voluntad, son sus intereses, y como estos intereses, de poder y empresariales son expansivos, los que terminan en verdad limitados son los intereses de los demás.

Bajo un modelo corporativo, las diferentes corporaciones se entienden con el gobierno, no con las leyes. Y cuando hay una confusión total entre gobierno y gobernante, como en Nicaragua, se trata de entenderse con el gobernante, ni siquiera con el gobierno y mucho menos con las leyes.

No es, por tanto, casualidad que el mismo estudio del Profesor Booth haya encontrado que quienes más apoyan el Estado de Derecho en Nicaragua, sean los sectores más vulnerables. Como lo indicó el sociólogo Manuel Ortega Hegg, contraparte en Nicaragua del Profesor estadounidense, “El Estado de Derecho sirve a los que tienen menos poder, y es exactamente lo que ocurre con los resultados aquí (del estudio)”. Agregó: “Quienes apoyan más el Estado de Derecho son los pobres, la gente más vulnerable, mujeres y personas de mayor edad; tiene una lógica. Quién se siente más inseguro busca apoyarse más en la ley”, concluyó.

Todo lo comentado para rescatar la idea que la demanda de institucionalización democrática no debe ser solamente de los sectores políticos. En este contexto, debe rescatarse la importancia de la “agenda institucional” que en su oportunidad formuló el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP). La agenda técnica del COSEP no podrá avanzarse mucho y por mucho tiempo, si a la vez no se avanza en la agenda institucional que ciertamente recoge intereses nacionales. No es necesario vernos en el espejo de la historia de otros países, para llegar a esa conclusión. Basta vernos en nuestra propia historia.

Comentarios

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Marleny Medina

Hola, Cnadiense, por fin, bienvenido..otra vez

1
canadiense nica

Por qué Enrique Peña Nieto ganó las elecciones? por que llevó adelante una pulcra campaña electoral que a vista de los sondeos de intención de voto que le adjudican un cómodo triunfo la cual no fue salpicada ni por su traspié (s); y tambien por que desde el primer día como gobernador del Estado de Mexico (Capital Mexicana), comenzó a trabajar por la Presidencia. Logró acuerdos con los líderes del PRI y su candidatura fue cohesiva". Fue haciendo su tarea. Es cierto lo de la figura delineada por el marketing y lo conveniente de haberse casado con una actriz de novelas muy querida por los Mexicanos. (esto le ayudo muchisimo). Desde entonces se propuso capitalizar desde el principio dos factores: la mediocridad del gobierno federal del PAN y el miedo a sus opositores, mas aun, logro que los medios de comunicacion lo presentara como un tipo apuesto pero también eficaz y logró ocultar las prácticas de represión, corrupción y fraude que arastraba su partido el PRI. No obstante, el PRI tuvo aciertos que lo llevaron a despertar el apoyo popular. "Supieron no exhibirse con personajes desacreditados, hicieron una campaña de comunicación eficaz, con un mensaje claro y Patriotico. Las denuncias contra Peña Nieto no causaron efecto sobre los mexicanos porque están habituados a la corrupción. "Es un asunto que en este país y tambien como Nicaragua se ve como algo normal.

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