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No subestimar al populismo y reconectarse con las demandas populares

La oposición ante el espejo de Venezuela

Insisten en restablecer primero la credibilidad en el árbitro electoral, pero mientras tanto Ortega sigue acumulando poder.

Octavio Enríquez | 18/10/2012
@cabistan

Mirándose en el espejo del desempeño logrado por Henrique Capriles en su competencia contra Hugo Chavez en Venezuela, la oposición nicaragüense admitió que su falta de cercanía a la gente, unida a la fragmentación de los grupos que la integran, es una de las causas que le impiden convertirse en un contrapeso político efectivo ante la administración de Daniel Ortega.

Analistas y políticos consultados por Confidencial, sobre las lecciones que arrojan para Nicaragua la elección venezolana en la que Chávez (54%) derrotó a Capriles (44%) expresaron que la clave para romper este aislamiento se ubica en emprender un cambio de estrategia para encarnar las demandas de los sectores populares, aunque la implementación de este giro político difícil ahora.

“(La lección para la oposición nacional) es que unida es más fuerte, naturalmente. Aunque pienso que hacer la unidad por la unidad, sin valorar sobre qué principios se hace la unidad, no lleva a ninguna parte”, dice la analista María López Vigil, editora de la revista Envío.

“Si hubiera estrategia, realizaríamos unas primarias abiertas para generar liderazgos a nivel nacional, departamental y municipal.  Este es el único camino cuando, como en el caso venezolano, no hay uno o unos pocos partidos que recojan a toda la oposición”, dijo el excandidato a vicepresidente por la alianza PLI, el renovador sandinista Edmundo Jarquín.

El domingo siete de octubre, cuando Capriles reconoció su derrota frente a Chávez, la que tuvo un margen de diferencia del diez por ciento, agradeció a los 6.1 millones de votantes que lo apoyaron para evitar la continuación del régimen, unos números que consiguió después de disputarle al oficialismo su bastión supuestamente infranqueable: los barrios poulares.

Durante este proceso electoral, el grupo liberal de la oposición, encabezado por el Partido Liberal Independiente (PLI),  busca la elección de sus candidatos en 40 de los 154 municipios del país a diferencia del MRS que se dedica a trabajo partidario en sus estructuras al mostrarse en desacuerdo con el tribunal que se desempeña como árbitro electoral, y al que consideran desacreditado por las denuncias de fraudes en 2008 y 2011.

Junto a la fragmentación, más que evidente, se debe sumar la falta de compromiso y sensibilidad para encarnar las esperanzas de los sectores populares. “Esa desconexión  está marcada”, dice la editora de la revista Envío sobre la oposición, “en que se insiste desproporcionadamente en temas de “institucionalidad”, olvidando que la “legitimidad” se la han dado a Ortega los programas sociales, esa sensación que tanta gente pobre tiene de que el gobierno les da, les ayuda, se acuerda de ellos, los reconoce… mucha gente de la oposición partidaria nunca hizo eso”.

“Ni tengo seguridad de que esté interesada sinceramente en cambiar la inequidad económica, fiscal, de oportunidades que hoy existe en Nicaragua. En un país en donde los ricos siguen sin pagar los impuestos que deben, los partidos políticos interesados en un cambio deberían estar reclamando esa reforma tributaria. O reclamando la reforma agraria que ya el país necesita”, añade López Vigil.

López Vigil hace la salvedad en el caso de los programas sociales que  los de Chávez no son los mismos de Ortega y que aquí se nota  el contraste entre el enriquecimiento de la familia presidencial nicaragüense y sus proyectos “socialistas, cristianos y solidarios”.

Edmundo Jarquín, miembro del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y ex candidato a vicepresidente sostiene que “durante la campaña electoral del 2011 no sentí esa desconexión. Donde llegábamos eran torrentes de gente. Diferente es la capacidad de hacer tranques y asonadas. Ese control de calle lo tiene el Orteguismo”.

Sin embargo,  todos los miembros de la oposición consultados coinciden en reconocer que atraviesan por un reflujo y una crisis de credibilidad.

 La falta de credibilidad electoral

“La oposición en general no existe”, dice Dora María Téllez, directiva del MRS, así que se expresa sobre el trabajo interno que como organización están realizando.

Téllez narra que se han enfocado en la renovación de liderazgo en su partido, así como en el pronunciamiento sobre temas de interés ciudadano, pero ella considera clave insistir en que la credibilidad perdida del Consejo Supremo Electoral (CSE) que supone la gran diferencia con Venezuela, donde Capriles aceptó los resultados.

“Estamos haciendo un trabajo con mujeres y jóvenes y penetrando a las comunidades de manera productiva, buscando distintas maneras de comunicación con la ciudadanía y estamos trabajando en una posición referente a problemas de la ciudadanía como la economía, la seguridad ciudadana y servicios públicos”, dijo Téllez.

“La primera lección es cuando un sistema electoral tiene confianza los resultados son legítimos y legales. Chávez que ganó las elecciones, ganó con mayoría clara; en Nicaragua Ortega por lo menos se ha robado dos veces las elecciones y prepara un nuevo fraude ahorita. Son dos realidades completamente distintas. Por lo tanto no es comparable hablar de estrategias de la oposición similares en uno y otro lado”, dice Téllez.

Según la directiva del MRS, un punto a destacar de los venezolanos es que era una oposición decidida a hacer su trabajo y “no mantener una pose”.

La necesidad de las primarias

En el punto central de la unidad coincide Edmundo Jarquín, quien insiste sin embargo en la importancia de que se cuenten bien los votos.

“Si hubiera estrategia, realizaríamos unas primarias abiertas para generar liderazgos a nivel nacional, departamental y municipal.  Este es el único camino cuando, como en el caso venezolano, no hay uno o unos pocos partidos que recojan a toda la oposición. En este caso una alianza de esos partidos sería suficiente para generar una opción poderosa. Pero este, como en Venezuela, no es nuestro caso. Ir y elegir dentro de cada partido en que está fragmentada la oposición, es más de lo mismo”, puntualiza Jarquín.

“Pero lo anterior es solamente una parte del problema. Hay otros dos aspectos. Primero, hay que encantar a los jóvenes e independientes, y estos no van a participar ni sentirse atraídos por elecciones dentro de los partidos que existen. Segundo, no se trata únicamente de crear una oposición fuerte, sino una propuesta de superación de la actual polarización y esto solamente es posible si atares a independientes y si además das un ejemplo que  acentúe las tensiones dentro del FSLN porque ahí también hay malestar por el centralismo y el control familiar”, amplia Jarquín.

Las estructuras del PLI

El acercamiento con la gente es un problema del que parecen estar claros en el Partido Liberal Independiente. Eliseo Núñez Hernández, asesor en estrategias y comunicación de esta agrupación liberal, admite que la oposición se hace a través de comunicados y que falta un “discurso estructurado” cercano a la población.

A esa situación, de distancia con el barrio, se une la falta de presencia de estructuras partidarias barrio en barrio, un punto a favor de la administración Ortega.

“El nivel de estructura no llega a niveles en que pudieras decir que tenés el 90 por ciento de las comunidades estructuradas, eso lo logró  durante el gobierno de Alemán. Después se vino desbaratando. Ese nivel de organización el PLI lo tiene en la zona donde sustituimos al PLC como fuerza política”, dijo Núñez sobre el llamado corredor de la Contra (40 municipios), donde decidieron disputarle las alcaldías al gobierno en estos comicios a celebrarse en noviembre.

Para el analista Manuel Ortega Hegg, investigador asociado a la Universidad Centroamericana,  los opositores visitan los barrios solo en tiempo de campaña electoral y en esa cercanía, que el gobierno si mantiene, se explica un fenómeno cada vez más extendido en América Latina.

“La percepción que tenga la gente de que los líderes, en este caso, el Presidente, está realmente interesado en los pobres y hay evidencias de ello. Y aunque la gente no resuelva sus problemas, si percibe que el gobierno trabaja para resolverle sus problemas, eso es suficiente”, dice Ortega Hegg (Ver entrevista).

¿Por qué los liberales se olvidan de la población una vez que terminan los procesos electorales? Núñez sostiene que tal decisión descansa en el individualismo que profesan en esa ideología, una diferencia marcada con el colectivismo de Ortega, del que asegura “debemos aprender”.

Liberales atados al desgaste PLC

Pero además hay otro factor. Además de la actitud, sobre los liberales organizados bajo Eduardo Montealegre aún pesa la figura de Arnoldo Alemán, el caudillo del Partido Liberal Constitucionalista con el que fueron compañeros en el partido hasta que años después se vieron enfrentados tras las acusaciones de que le hacía el juego al sandinismo.

Para Núñez esa guerra intestina entre bandos la ganó Montealegre, pero aún no está claro porque, si sabiendo cuál es el remedio a la enfermedad, los liberales no continúan con el plan de la unidad.

“La oposición está cicatrizando las heridas de una guerra intestina que tuvo y que nosotros la ganamos. Eduardo Montealegre la ganó, pero con un costo altísimo, que todavía lo está pagando”, sostiene Núñez.

“Nosotros vivimos antes que el FSLN, que lo va vivir también, nuestra propia crisis de sucesión”, explica el representante del PLI.

Los próximos tres años serán decisivos para el papel que se pueda asumir frente a un régimen que tiene ya seis años en el poder, según Núñez que prefiere no dar pronósticos, pero sí reconoce la cuota de responsabilidad que tienen dentro del país que gobierna Ortega.

“La principal cuota que nosotros tenemos que asumir, proviene de la incapacidad que hemos tenido de estructurar un discurso que sea más cerca a la gente y ese es el principal de la oposición que hoy está. Si te vas un poco atrás, creo que los gobiernos que no fueron de signo sandinista no sentaron la plataforma de una institucionalidad fuerte y la prueba es que el FSLN pudo desdoblar la institucionalidad rápidamente”, dice Núñez.

“Cuando tenés un 70%, el horizonte de planificación de la gente pobre probablemente sea el almuerzo, desayunan y lo que tienen que planificar es cómo van a almorzar, entonces no podés predicar en un país simplemente cosas de largo plazo como la institucionalidad, la democracia y todo, cuando hay problemas inmediatos”, añade el representante del PLI sin negar la importancia de todos estos valores democráticos.

Comentarios

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Chicobama

Pero que no hagan marrulladas que rayan en la delincuencia, como el de utilizar nombres de difuntos para sus objetivos políticos. Porque eso es delincuencia. cuando veo eso, lo primero que salta a la vista es que ellos son capaces de todo por alcanzar sus objetivos. "Pero, bien quiero seguirme engañando de que en la oposición todavía hay gente honesta".

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