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San Ramón, una opción para librarse del estrés de la ciudad

Turismo con aroma a café

La oferta es atractiva: conocer la vida del campesino nica, visitar las montañas matagalpinas y saborear la comida local.

Cinthia Membreño | 2/9/2012
@LaMembrete

Los primeros rayos de sol que se filtran en las ranuras de la pequeña casa de madera en la que vive Daniel Torrez Lira, un joven de 22 años originario del municipio de San Ramón (Matagalpa), funcionan como un reloj despertador natural. Aún somnoliento, él se levanta, se baña, se viste, desayuna y emprende una caminata de tres kilómetros que lo separan del sitio donde labora.

Pero la caminata de Daniel no se contamina con el típico ruido de los centros urbanos. En su lugar, sus oídos escuchan con atención el canto del guardabarranco, del sinsonte y de los chocoyos, especies que lo observan desde las ramas de los árboles que han crecido en La Pita, comunidad en donde vive este chavalo. A lo lejos, un par de monos congos anuncian su presencia con la gravedad de su aullido. Los perros, escondidos en el monte, se alborotan. 

Daniel no es el único transeúnte en ese camino de tierra. Otros campesinos de la zona, quienes se dirigen a las plantaciones cargando sus machetes, calzando botas de hule y acompañados de sus perros, se lo topan con cierta regularidad. Cuando esto sucede, todos se saludan de una peculiar manera: algunos ladean la cabeza y se dicen “ohele”. Otros, presionan su lengua contra el cielo de la boca y la dejan caer, produciendo un fuerte sonido parecido al tic tac del reloj. 

Después de 45 minutos, la caminata que este matagalpino realiza diariamente lo conduce hasta las oficinas de la UCA San Ramón, el centro operativo de una unión de 21 cooperativas agropecuarias que ofrecen -como mayor atractivo- la oportunidad de involucrarse en las actividades del campo, de convivir con los campesinos nicaragüenses y de conocer la flora y fauna que se encuentra en este municipio norteño. 

En ese lugar que para un citadino parecería remoto, Daniel Torrez trabaja como guía turístico desde hace cuatro años y medio. Pero no sólo él brinda este tipo de servicios. Otros 12 chavalos también se han formado como guías y reciben a visitantes que creen en el comercio justo, que desean hacer pasantías o que simplemente quieren alejarse del ajetreo de las ciudades.

Una alternativa económica

Al igual que con estos jóvenes guías, la UCA San Ramón ha creado nuevas formas de trabajo para aquellos campesinos que buscan diversificar sus actividades económicas. La idea de tener nuevas fuentes de ingreso no nació de la nada. Esto se debió, en gran parte, a una estrategia pensada por las cooperativas de Matagalpa para enfrentar la caída que sufrió el precio del café a nivel mundial entre 1999 y 2000.

Aura López, una delgada campesina de 39 años, reside en La Pita junto con su esposo y sus cuatro hijos. En su casa, hecha de tablas y ladrillo rojo, funciona una rústica venta en donde se ofrecen productos de consumo diario. En el patio, su familia ha construido una habitación independiente en donde turistas pueden hospedarse mientras visitan la comunidad de La Pita.  

Desde hace un par de años, Aura ofrece este tipo de servicio. Ella explica que recurrió a esta alternativa porque las ganancias obtenidas con la recolección de café no eran suficientes para mantener a su familia. Aunque ella y su hija se muestran tímidas ante la cámara fotográfica, ambas tienen varios años de relacionarse con completos desconocidos. Después de un par de días, todos son amigos.  

Este tipo de contacto se ha dado gracias al nacimiento del  Programa de Agroecoturismo Rural Comunitario, una iniciativa que resultó de una alianza entre CECOCAFEN (organización de cuatro grandes cooperativas asociadas) y UCA San Ramón. En 2003, el proyecto arrancó con tres cooperativas. Nueve años más tarde, son 45 familias provenientes de comunidades como La Pita, La Reina, La Corona y El Roblar, las que se han involucrado en dicho proyecto.

Darling Reyes, coordinadora de la iniciativa, afirma que el equipo técnico de UCA San Ramón (cuya central se localiza en el casco urbano del municipio) se encarga de organizar las visitas de los turistas y de conseguir fondos para ejecutar programas que no sólo se limitan al turismo, sino también al crédito, a la promoción de la equidad de género, a la comercialización del café, entre otros.

Con este apoyo, los campesinos de estas cuatro comunidades han logrado diseñar una serie de servicios que van desde exposiciones sobre el comercio justo hasta la participación de los visitantes en la recolección del café y posterior degustación de la bebida. Pero la oferta va más allá de eso.  

Un día en La Pita

Imagine que Daniel Tórrez Lira, el joven guía del que le hablábamos antes, lo recoge un día cualquiera en casa de Aura. Es temprano en la mañana y usted recién ha degustado una taza de café caliente y un desayuno que consta de frijoles, huevos, cuajada y tortilla. La noche anterior, acordó con su guía que realizarán una caminata de tres horas por los alrededores de La Pita.

Ha llegado la hora y, al salir de la casa de Aura, un viento frío le recorre el cuerpo, pero usted está preparado. Sus anfitriones le han aconsejado calzar botas de hule, protegerse con una gorra y usar camisa de mangas largas. Junto con Daniel, inicia la aventura.

Durante el trayecto, visitará dos minas de oro en las que podrá adentrarse protegido por un casco e iluminando su camino con un foco. Luego, pasará por una cascada en donde, si así lo desea, podrá tomar un refrescante baño y descansará antes de adentrarse en el bosque. No se asuste si siente más frío que al inicio del sendero, el área por la que usted camina ahora se ubica a unos 1,700 metros sobre el nivel del mar.

Si tiene suerte, podrá escuchar al Guardabarranco, al Tucán Pico Iris o a los Monos Congos. De no ser el caso, no se preocupe, sólo con la caminata será posible observar una gran cantidad de aves, entre exóticas y endémicas. Además, el guía se encargará de enseñarle algunas plantas medicinales y otras aromáticas. Si desea aprender a producir un repelente de mosquitos efectivo, Daniel le enseñará cómo.

Una vez que finalice el tour, ambos regresarán a casa de doña Aura. Después de semejante caminata, es muy probable que desee descansar. Por la tarde, visitará la escuela de La Pita, en donde don Pedro Torrez, el padre de Daniel, ha organizado un acto cultural con bailes tradicionales nicaragüenses. Pedro y sus amigos tocarán Polkas y Mazurcas. Para usted será una fiesta pequeña, pequeña pero acogedora.

Mujeres y jóvenes, proveedores de servicios

Daniel y doña Aura forman parte del grupo de prestadores de servicios turísticos de La Pita. Él ha recibido capacitaciones para convertirse en guía bilingüe. Ella, para ser anfitriona de su sencillo hospedaje. Darling Reyes explica que ambos cumplen con el perfil que promueve el Programa de Agroecoturismo Rural Comunitario.

“El objetivo primordial es que jóvenes y mujeres se involucren en el turismo. De todos los prestadores, un 90% son mujeres y el resto hombres. Además, uno de los requisitos más importantes del programa es que no haya violencia doméstica en sus hogares”, asegura.

Aunque las familias involucradas en la iniciativa residen en las cuatro comunidades mencionadas anteriormente, las que más reciben visitantes son La Pita y La Reina. En gran medida, este comportamiento se debe a que la mayoría de sus guías hablan inglés.

Reyes explica que como resultado de esta diferencia en la afluencia de turistas, las comunidades compiten entre sí. “Cada comunidad ha venido ganando sus clientes fijos. Se desarrolla una competencia por brindar el mejor servicio, eso es lo que he venido notando”, comenta la coordinadora del proyecto.

En su mayoría, los clientes insignia de estas localidades son mochileros y miembros de delegaciones provenientes de Estados Unidos y Dinamarca. Si se dividen en grupos, cada uno muestra un comportamiento distinto. De acuerdo a Reyes, los primeros visitan la zona con mucha más regularidad, pero lo hacen por un par de días y cuentan con un presupuesto limitado. En cambio, las delegaciones se quedan por unos dos o tres meses, se involucran en proyectos de cooperación y dejan mayores ganancias.

Retos por resolver

Precisamente esa diferencia entre visitantes implica un reto para el equipo técnico de UCA San Ramón. La coordinadora del proyecto de agroecoturismo declara que los anfitriones de hospedajes se sienten más cómodos al recibir delegaciones. Es una situación comprensible, tomando en cuenta que este grupo se queda por más tiempo y llega a tener un mayor nivel de confianza con quienes los reciben. 

A pesar de la problemática, los jóvenes guías son un elemento clave para vencer la barrera del lenguaje existente entre sus padres y vecinos. La inversión que UCA San Ramón ha hecho para que los guías puedan dominar el inglés como segunda lengua ha rendido sus frutos.

Y este no es el único reto por vencer. Reyes informa que todavía se necesitan más capacitaciones que, aunque no forman parte del proyecto turístico, sí se relacionan con el mismo. “Se necesita concientizar más sobre el uso de productos orgánicos, hablar sobre la importancia de evitar el despale, la conservación de los ríos, la equidad de género”, indica.

Pero Darling se muestra optimista. Para ella, todo lo que se ha venido haciendo hasta ahora demuestra que, en San Ramón, es cuestión de trabajar en equipo.  

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Visite el sitio web de UCA San Ramón para obtener más detalles sobre costos de alojamiento, tours y demás actividades.

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