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Censura y monopolio

No hay marcha atrás en cuanto a éste proceso electoral, pero hay mucha marcha hacia adelante para recuperar la democracia.

Edmundo Jarquín | 18/8/2012
@mundoj1

Interrogado el principal Asesor Presidencial en materia económica sobre el último informe de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (FUNIDES), contestó en dos vías que dejan mucho que desear, pero sobre todo que ilustran el perfil totalitario del régimen Orteguista. “Totalitarismo light”, liviano, suave, como Teodoro Petkoff, exguerrillero venezolano y ahora destacado periodista, ha calificado al gobierno de Chávez, pero totalitarismo al fin.

Sobra decir la seriedad técnica y el rigor analítico de esos informes de FUNIDES. Pero el que no suscriban, al pie de la letra, todo lo que el gobierno dice y quiere escuchar en materia de cifras socio-económicas y proyecciones de la economía, parece ser motivo suficiente de irritación gubernamental.

Lo primero que dijo el mencionado Asesor, fue que hace tiempo habían discutido con las autoridades de FUNIDES que esos informes, antes de hacerse públicos, se le presentarían al gobierno. Resulta evidente el intento de censura previa, en vez del debate abierto, como corresponde a un espíritu democrático. Y ya sabemos lo que censurar significa: evitar opiniones diferentes o informaciones perturbantes. Si eso no es impulso autoritario-totalitario, es difícil encontrar otro calificativo.

Lo segundo que dijo es que los informes de FUNIDES carecen de “credibilidad” porque se meten en “politiquería”. Así, de “politiquería” calificó al hecho que en la Agenda para el Desarrollo de diez puntos que FUNIDES ha divulgado, igual que el COSEP y AMCHAM y muchas otras organizaciones, se indique la necesidad del Estado de Derecho y la institucionalidad democrática, para tener seguridad jurídica y confianza política que haga posible un flujo sostenido de ahorro e inversión. De paso, y con aire de sorna, en la misma declaración el Asesor en cuestión le recomendó al Presidente del COSEP, recordando el famoso “zapatero a tu zapato” que Ortega le espetó al entonces Alcalde de Managua, Dionisio Marenco,  que se dedique a trabajar en los temas económicos y se olvide, también, de la política y la institucionalidad.

Una lectura cuidadosa de esas declaraciones revela nítidamente lo siguiente: si los gremios empresariales y las organizaciones de la sociedad civil no pueden opinar de política, y a los políticos se les niega también ese derecho al no contarse bien los votos, y establecer en la Asamblea Nacional una aplastante mayoría que excluye cualquier diálogo y negociación, lo que el Orteguismo sencillamente reclama es un monopolio de la política para sí mismo.

Que del monopolio de la política el Orteguismo derive al monopolio de la economía, y de las vidas y haciendas de todos los nicaragüenses, solamente hay un paso. Si eso es totalitarismo light o heavy, es indiferente, porque es totalitarismo al fin y al cabo.

Sin marcha atrás

Cerrado el plazo de inscripción de candidaturas para las próximas elecciones municipales, solamente queda concluir que no hay marcha atrás en ese proceso: ya se sabe quienes participarán, quienes no lo harán, y bajo qué condiciones se realizarán las mismas.

Cabe, sin embargo, reflexionar sobre los rasgos fundamentales de ese proceso para intentar otear sobre el futuro.

Primero, Ortega tuvo la habilidad, y factores que le ayudaron,  de llegar a las municipales sin modificar un ápice el sistema electoral, tan fuertemente cuestionado nacional e internacionalmente a raíz de las fraudulentas elecciones de 2008 y 2011. La treta, porque nunca fue más que eso, una treta, una artimaña, de crear expectativas sobre un diálogo para cambiar autoridades electorales y atender las recomendaciones de reformas al sistema electoral, le resultó. En el camino ha quedado tendida una cuota importante de credibilidad de la oposición, tensiones dentro de la misma, y algo que también Ortega buscaba: escepticismo en parte importante de la población, sobre si votar o no votar, ya que, como sabemos, la abstención le favorece.

Ortega se siente tan seguro, que hasta se ha dado el lujo de hacer ostentación de su invitación a la Organización de Estados Americanos (OEA), para que venga a observar las elecciones municipales, lo que contrasta con la renuencia que manifestó, hasta última hora, para que hubiese observación electoral internacional en las elecciones de 2011. Pero este tiro le puede salir por la culata, o bien porque ningún gobierno quiera financiarle a la OEA la observación de una pantomima electoral, o bien porque el gobierno o los gobiernos que financien una eventual misión (porque la OEA no tiene recursos para tal fin en su presupuesto ordinario) establezcan términos de referencia de la observación que permitan documentar que el fraude está en todo el sistema y el proceso, y no solamente en el día de la votación.

Pero por más seguro que luzca Ortega, no se ve manera que pueda reclamar la legitimidad democrática del proceso electoral. Y como llegará el momento en que no tendrá tantos astros alineados a su favor, los límites a su impunidad antidemocrática serán crecientemente mayores. Para eso debe esta preparada la oposición, y esa capacidad no se inventa de la noche a la mañana. 

El segundo rasgo específico del proceso está caracterizado por las reacciones de protesta, dentro del FSLN, frente al dedazo Orteguista en la designación de candidatos. Esto no estaba en el guión de Ortega. Y aunque los que protestan le juran fidelidad, la lectura de procesos semejantes sugiere que podríamos estar frente a un mar de fondo, y que son las primeras manifestaciones de resistencia a la “privatización Orteguista” del FSLN, manifestaciones que podrían crecer cuando la cobija de las regalías y prebendas no de para todos.

El tercer rasgo es el de la dispersión de la oposición, cuando menos en cuanto a proyección de opinión pública. Si en el dilema de participar o no en las elecciones, las aguas de la oposición se separaron, es importante conservar mínimos de respeto a partir de los cuales la oposición (que no está integrada solamente por partidos políticos)  se pueda rearticular para futuras y más importantes batallas.

En la perspectiva de mantener esos mínimos, es importante que los sectores que decidieron no participar, no hagan una campaña activa por la abstención. Y los que han decidido participar, que den la mejor batalla electoral posible, documenten minuciosamente el fraude sistémico y, sobre todo, entiendan que el adversario es Ortega, evitando descalificaciones que solamente abonan a la fragmentación y el descrédito recíproco.

Ciertamente, no hay marcha atrás en cuanto a éste proceso electoral, pero hay mucha marcha hacia adelante para recuperar la democracia, y para eso debemos prepararnos.

Comentarios

1
Pedro Z

En Nicaragua tenemos mucha gente con gran preparacion y con grandes deseos de que haya progreso en Nicaragua,uno de ellos es el Dr. Edmundo Jarquin,pero para nuestra desgracia,los orteguistas no valoran el conocimiento sino el sometimiento .
Es innumerable la lista de profesionales que deberian estar al frente del gobierno, para de esta manera salir de la pobreza.Pero lo que vemos es una gran cantidad de ex-militares a cargo de las instituciones,un ejemplo es el ex-capitan EPS nombrado director del INSS. El resultado es: de sobra conocido.

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