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Miguel Ángel Bastenier, columnista de El País

“Solo existe el periodismo, la vida está dentro”

Maestro de más de 400 periodistas latinoamericanos.

Octavio Enríquez | 8/8/2012
@cabistan

No fue una sorpresa en América Latina que esta semana la Universidad de Columbia concediera, entre otros, el Premio de Periodismo Maria Moors Cabot, a uno de los más prestigiosos en el mundo, a un rostro conocido: el periodista español Miguel Ángel Bastenier.

Sea como reportero, o como profesor, este barcelonés, de 70 años, ha estado vinculado a América Latina, adonde ha viajado para impartir clases o ha colaborado en el rediseño de varios periódicos.

De hecho, él mismo dice que les ha impartido clases a 400 periodistas en la región y a 1000 en España, toda una legión de jóvenes que llegaban hambrientos de conocimiento a sus cursos, pero de los que no muy pocos salían devastados antes las críticas mordaces del maestro.

Bastenier ya está jubilado, pero sigue como maestro destacado en la escuela del diario español El País. Actualmente es columnista de este periódico español, al que antes sirvió como subdirector,  encargado de las relaciones internacionales hasta 2006.

En Cartagena, Colombia, país al que está vinculado de modo afectivo, es profesor de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), presidida por Gabriel García Márquez, donde imparte un taller de periodismo puro que dura un mes y al que asistimos por lo menos cinco periodistas nicaragüenses.

El jurado justificó la decisión de premiar a Bastenier, según un comunicado de Prisa, al resaltar su compromiso con “la práctica de un periodismo de calidad en las Américas, así como con enseñar a otros cómo ejercerlo con la misma independencia y el mismo amor por la profesión con los que él desempeña el oficio”.

Bastenier es pequeño de estatura, fumador empedernido, y centra sus clases en limpiar los textos de palabras de más, de incongruencias, más otros consejos como ir al grano en las noticias, un problema por el que pasan todos los que ejercen el oficio.

Bastenier respondió a Confidencial vía correo electrónico unas preguntas, horas después de la concesión del galardón, donde además de periodismo, habla de algunas de sus preferencias y gustos personales y donde el humor ácido que lo caracteriza sale a flote.

¿Qué estaba haciendo cuando le informaron lo del premio? ¿Dónde estaba?

Me llamó a casa el presidente del jurado y aunque me hizo jurar que no contaría nada a nadie, me dijo que el premio ya era mío.

¿Cómo se toma este reconocimiento un hombre que nunca ha buscado galardones?

Con una alegría inmensa que me ha hecho descubrir algo que no sabía: me gusta que me premien. No soy quien creía que era.

Tanto tiempo después, ¿qué sigue significando el periodismo en su vida?

Solo existe el periodismo. La vida está dentro.

¿Cómo ha logrado intercalar su oficio con la docencia? Me refiero a las clases en El País y la FNPI.

Estando jubilado; viviendo 24 horas al día; y no admitiéndome (a mi mismo) un no por respuesta.

¿Cuántos alumnos han recibido clases con usted y cuál es el problema que enfrentan en su mayoría a la hora de escribir?

En América Latina unos 400, y en España unos 1.000. Decidir qué es lo que quieren contar; qué entra y qué no entra, y conseguir que el redactor jefe no moleste.

¿Cómo valora el periodismo en AL? ¿Qué tenemos y qué falta?

Hay voluntad, esfuerzo, ánimo sin fin y muy buena materia prima humana. Pero los órganos de prensa equiparables a los mejores europeos o norteamericanos son muy pocos.

¿Qué le gustaría extrapolar del periodismo español al latinoamericano y viceversa?

El entusiasmo. La técnica.

¿Qué es el periodismo que usted conoció frente al internet, Twitter, Facebook y las redes sociales?

El periodismo no es tan diferente. Cambia el soporte que permite hacer muchas más y mejores cosas; pero la palabra escrita sigue ahí.

¿Sigue leyendo a los clásicos en vez de los escritores de moda, lee ya libros electrónicos?

No leo escritores de moda; sigo leyendo a los clásicos, pero sobre todo de los siglos XIX y XX. No leo el libro electrónico.

¿Algo que lo defina a usted en su vida cotidiana, además del gusto por un buen cigarrillo?

La mayor contribución de España a la cultura universal: el pan con tomate y jamón.

¿Qué le gustaría que dijeran los periódicos al día siguiente de su muerte?

Aquí reposa un profesional.

 

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Profesión de fe

El periodista español ha publicado varios libros que son referentes en la formación de quienes se dedican a este trabajo. El Blanco Móvil (2001) es quizás uno de los que más se consultan en las escuelas a nivel de Latinoamérica. Ahí Bastenier define al periodista, también conceptos como la objetividad, en la que no cree, porque él apuesta por un juego limpio y honesto frente a los hechos.

Bastenier define lo que llama su profesión de fe al oficio en el libro Cómo se escribe un periódico (2009). “No creo que sea posible dedicarse a la práctica del periodismo en español sin antes aclarar una cuestión. Mi primera lealtad no es a Dios, que en caso de necesidad solo podría ser el de los católicos; a la Patria, aun teniendo dos, España y su cómplice natural, Colombia; ni a ninguna institución—monarquía, república—o ideología—socialismo, liberalismo, anarquismo--. Mi primera lealtad solo se la debo a la lengua de España y de gran parte de América Latina”.

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