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Sergio Ramírez celebra 70 años y 50 de vida literaria

“La literatura me sirvió de albergue”

El escritor habla de la revolución, los errores de los 80, la idea del poder de Ortega, la política y los oficios compartidos.

Octavio Enríquez | 6/8/2012
@cabistan

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El capitán Agustín Prío, pequeño y unos ojos reflejados enormes en sus lentes, se levantó de la mesa hace ya años y me señaló el sitio exacto donde se sentaba el escritor.

-- Ahí, en esa mesa-- dijo, mientras las mujeres que le acompañaban en su famoso cafetín servían un helado.

Habló también de otra mesa conocida como la mesa maldita, lugar de conspiraciones contra el régimen de Anastasio Somoza García, abatido por un joven poeta, mientras bailaba mambo en septiembre de 1956, escenas todas de la novela Margarita está Linda a la Mar. También del escritor.

Aplicado todas  las noches, Sergio Ramírez Mercado, entonces un estudiante de derecho en aquel León donde habría de conocer la crueldad de la dictadura de Somoza, el valor literario del derecho y al amor de su vida, Gertrudis Guerrero, se sentaba a comerse un sándwich de queso derretido y a beberse un vaso de leche contra la costumbre del estudiantado que llegaba en busca de unas copas después de haberse rebatido todas las cantinas de la ciudad.

Precisamente el rito de comer el sándwich lo hacía después de visitar a su novia, con quien en poco tiempo cumplirá 50 años de casado. El Capi Prío es el personaje favorito de su novela Margarita, con la que ganó el Premio Alfaguara en 1998, uno de los más importantes de la lengua española, que le garantizó un tiraje de 200 mil ejemplares.

El escritor nicaragüense cumple este año 50 en el oficio y 70 de vida.  Prío ya murió, pero qué otro Sergio Ramírez puede describirse, sino éste del viejo capitán, un personaje atrapado entre la realidad y la ficción.

A muy tempranas horas, Ramírez se sienta frente a su computadora, disciplina espartana, se encierra en una oficina a la que llama la cápsula espacial, interrumpido únicamente, y muy pocas veces, poquísimas, según su sobrino Pedro, por una de las nietas que lo saca sin miramientos al patio para que la acompañe a escuchar  el trino de los pájaros.

Son horas  de silencio, de hacer y rehacer párrafos que cuentan la vida de personajes como aquel envenenador,  el elegante Oliverio Castañeda, de Castigo Divino, la gran novela centroamericana como la llamó Carlos Fuentes, nombre que la literatura les prestó generosa a los Ramírez para llamar a una de sus mascotas preferidas, el guacamayo Oliverio, que observa en algún rincón del patio de esta casa en los Robles, bautizada como Los Chilamates desde la  entrada,  y una prueba de que la literatura termina fundiéndose con la realidad toda la vida hasta confundirse ambos paralelos.

Los dibujos del niño

¿El escritor se hace o ya viene así? Ramírez cuenta que, en cuclillas, en el piso de su casa en Masatepe, que recuerda cobijada por la sombra del volcán Masaya, dibujaba pequeñas historias con una tiza, similar a las historietas del Fantasma, enmascarado, lleno del misterio que desde entonces lo cautivó.

En aquella máscara, en aquel misterio siempre latente, está latente precisamente la pasión por la crónica periodística,  que ha hecho ver Carlos Fuentes en la crítica a la obra del nicaragüense.

Precisa que la empleada limpiaba apurada los dibujos del niño, y era aquel su arte efímero entonces, dice, pero más que eso: un rastro del narrador que luego se iría cultivando con la influencia del cine. Su tío Ángel Mercado era el dueño del único en la ciudad.

Tenía un operador que era un borracho. En una de sus farras, finalmente Mercado eligió al sobrino, de 12 años, como su nueva mano derecha; ya pintaba los carteles de las películas que semanalmente llegaban al pueblo, los colocaban en el parque o en la estación de ferrocarril, luego cobraba la entrada y era el gerente oficial de un negocio que le permitía mirar todas las películas del cine mexicano y norteamericano.

“Entre los primeros recuerdos de la película que yo vi, no recuerdo el título, en una sábana colgada de los árboles se proyectaba esta película. La secuencia que no olvido es la de un ladrón con un pañuelo sobre la boca, con una lámpara sorda que va acercándose a una caja fuerte en la semioscuridad”, se acuerda.

La disciplina y el humor

La madre Luisa Mercado, de profesión maestra, lo marcó desde siempre por la disciplina. El padre Pedro Ramírez, de oficio tendero, con el humor. Ambos rasgos de las novelas que escribe, entre ellas Un Baile de Máscaras, un lugar común para la historia del nacimiento de un  niño, una fiesta de disfraces, o para una mujer que duerme de día y vive de noche, u otro que excava excusados tan hondos que ya ahí escucha a gallos cantar; en la portada está el beduino que no es otro que su padre, y unas velas y un músico flotando en las nubes.

“Algunos de los personajes son reales  pero son de los años 40.Yo en la mesa de mi casa vivía oyendo historias y muchas veces las historias son las mismas y se van repitiendo. Una de las historias que mi padre contaba obsesivamente es el eje de la novela: mi tía Ángela Ramírez había resultado embarazada por un novio, no era ningún jovencito, ella tampoco, siendo soltera, y esto era un escándalo”, dice Ramírez sobre aquel mundo familiar, donde había otros personajes como su abuelo músico o su abuelo protestante e inventor.

Recuerda a sus hermanos, Rogelio, al que su padre mandaba a buscar cada vez que hacía peleas en el parque, o su hermana Luisa, piadosa, siempre preocupada por los demás.

En esa vida familiar fue que se largó para estudiar derecho. De esta pequeña ciudad, de cinco mil habitantes, dedicada a la agricultura y comunicada por el ferrocarril y una carretera de macadán, partió a León, la capital universitaria del país ubicada al occidente. Tenía 17 años.

Ahí se encontró con el drama de los que no podían pagar sus estudios. De esa vivencia nació el cuento El Estudiante. Ahí también supo de la lucha contra Somoza al que reprochó su abuso del poder, pese a que en su familia eran liberales, fieles al partido desde la época de José Santos Zelaya.

“Yo creo que lo que la gente más odiaba de Somoza era la falta de oportunidades, la represión, la continuidad del régimen, cuando llegué a León en 1959, menos de tres años atrás habían ajusticiado a Somoza. Los Somoza no le perdonaban a León que ahí, de donde era su madre, hubieran matado a su padre. Le tenían rencor a la ciudad”, dice.

La masacre y Somoza

El 23 de julio de 1959, Ramírez fue testigo de la masacre de los estudiantes. La imagen es cinematográfica. La gente corriendo de un sitio a otro. Él miró a una niña aterrada, los cadáveres. Uno de sus tíos, Gustavo Mercado, llegó a buscarlo. Llevaba una mortaja porque en la radio había escuchado que su sobrino era uno de los muertos.

“En la confusión yo corrí por la banda izquierda, la mayoría de los heridos y muertos se dieron por la banda derecha, por la posición de la ametralladora. Yo entré de cabeza junto con otros estudiantes en un zaguán muy estrecho de este restaurante el Rodeo. Muchos se tiraron por el muro, no sé por qué subí por escaleras estrechas. Me encontré una niña muy aterrorizada en una cama, eran las hijas de los dueños del restaurante que no estaban en el restaurante, que no estaban en ese momento. Me subí al balcón, miré los cuerpos tendidos en la calle”, dice.

Ramírez fue siempre un destacado estudiante. Se graduó de abogado. Trabajó de cerca con el rector  de la Universidad Nacional Autónoma de León, Mariano Fiallos Gil; ocupó cargos burocráticos de importancia, incluso uno regional en Costa Rica en el Consejo Superior de universidades de Centroamérica (CSUCA), hasta que recibió dos oportunidades que le abrieron caminos diferentes.

Uno: estudiar en Stanford, Estados Unidos, donde podría continuar especializándose en administración pública. Dos: viajar a Alemania en 1973, una beca completa, y dedicarse al vicio que se le metió hondo desde niño: contar historias. 

Se decidió por escribir y en Alemania, además de la vida cultural--que otros escritores buscaban en Paris-- él se encontró con varios de sus referentes, entre ellos Willy Brandt, el ex canciller alemán que pidió perdón a los judíos, de rodillas, una imagen que le reveló que los verdaderos estadistas son humildes.

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Vea documental completo sobre Sergio Ramírez en el sitio de Esta Semana.

Comentarios

6
Guillermo

Realmente, las dolorosas confrontaciones en que desemboco el alejamiento de Sergio Ramirez y la creacion de una tienda aparte llamada MRS (que no es el mismo MRS de hoy, tan confundido y anodino, un cero a la izquierda de la izquierda, pero derechoso y... financiado por la Embusa!!!) lo impactaron y lo resintieron mucho... Aunque el mismo reconoce que Daniel Ortega no alento el "vulgareo" del cual fue victima... En su libro "Adios, Muchachos" don Sergio, hizo tanto como pudo para no dejar ir todo el enojo que le causaron las diferencias politicas!!! Eso es profesionalismo!!!

5
Frambuel Naranjo

Para Nelson Mandela: Gracias por la correccion. Ruben Dario tuvo discipulos de su poesia que mas tarde brillarian por Luz propia tales como don Miguel de Unamuno, Ramon Valle-Inclán y Jacinto Benavente. Esto sin embargo no le quita fuerza al clamoreo de que Gabo tiene algo en contra de Dario; donde esta sentado historiacamente que hasta otros gigantes tales como Pablo Neruda y Federico Garcia Lorca se han quitado el sombrero ante la inmensa obra de Ruben Dario.

4
Nelson Mandela

Para Frambuel Naranjo, estimado amigo en primer lugar se llamaba don Miguel de Unamuno no José y en segundo lugar Juan Valera nunca fue discípulo de Darío, al contrario Rubén tuvo mucho que agradecerle a Valera que le dedicara la carta prólogo para su libro Azul, siendo Valera un autor consagrado en la España de finales del siglo XIX y miembro de las Real Academia de la Lengua Es.pañola.

3
El Alba de Oro

Una joya de Sergio Ramírez Mercado, su libro, “El Alba de Oro”, compendio de prepotencia anti imperialista, anti burgués, anti empresarial, antípoda a su vida actual. ABRIL DE 2002: “Pablo Antonio Cuadra 1912-2002” por Paul Berman autor de A Tale of Two Utopias (Norton). En este ensayo dibuja el perfil de un personaje de constancia poética y periodística: un escritor nicaragüense inseparable de la historia de su país. Entrevista: En 1987 visité a Pablo Antonio Cuadra en La Prensa... cuando lo visité la vida difícilmente podía parecerle buena. El FSLN, estaba en el poder, y La Prensa trataba una vez más de encarar a un gobierno opresivo.
Cuadra uno de los codirectores del diario. Los sandinistas se empeñaban en cerrar el periódico.
Pues, ¿quiénes eran los sandinistas de los años ochenta, desde la perspectiva de Cuadra? Eran impostores. Los describía como enemigos de la cultura.
Interpolé una pregunta: ¿Acaso los sandinistas no eran poetas o, por lo menos, algunos de ellos? Eran famosos en todo el mundo por haber hecho "la revolución de los poetas". Cuadra se encrespó ante la pregunta. Dijo que los mejores poetas de Nicaragua, los jóvenes, los que de verdad tenían talento, habían marchado al exilio. Mencioné a Sergio Ramírez, el novelista, quien fue vicepresidente en el gobierno sandinista. Cuadra se encolerizó. Culpaba a Ramírez de orquestar el engaño que había puesto a Nicaragua en manos de los sandinistas.

2
Frambuel Naranjo

Viendo la foto que acompaña esta nota, donde está retratado Gabriel Garcia Marquez, debemos recordar que a pesar la obra de Gabo y de que ha sido influenciado por otros literatos latinoamericanos; este nunca ha dedicado palabras públicas a Rubén Darío, a pesar de ser este uno de los padres de la literatura en español. Darío no solo se destacó como poeta, tambien lo hizo como periodista, narrador y analista político, e hizo la transición del español antiguo al moderno en la poesía, teniendo como discipulos a José de Unamuno y Juan Valera entre otros gigantes. ¿Será que Gabo tiene envidia del bardo?, o ¿es la competencia silenciosa entre nicas y colombiches?. Juzgue Ud. a Gabo, porque Darío ya tiene su lugar en la cúspide.

1
Frambuel Naranjo

Leyendo al premio Nobel de Literatura, Aleksandr Solzhenitsyn, autor de "Archipielago del Gulag" o a Huber Matos, que son apenas la punta del iceberg de como el sistema comunista puede oprimir a la gente; uno se da cuenta que aquel que negoció con los opresores de la creatividad y de las ideas nunca pudieron, por voluntad propia, servir a la justicia. Sin ética y sin sentido quisieron implantar la pobreza como regla, pero ellos viviendo del aprovechamiento de recursos, que de otra forma hubieran sacado a Nicaragua de la miseria. Ello tiene consecuencia en la miseria colectiva, y la pérdida de valores en la que esta inmersa la sociedad nicaraguense, asi como en la cubana y venezolana. Por ello los que hicieron y ya no hacen, son contribuyentes de lo que hicieron. Nicaragua ahora está en 2do. como país mas pobre de América; sin duda antes el índice económico estuvo mejor.

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