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Columna número 209

Para el desarrollo, no hay atajos

¿A quién le cree usted, al CSE o a las otras fuentes? ¿Quién vio una gran movilización ciudadana, para pensar que uno de cada cuatro ciudadanos se estaba verificando?

Edmundo Jarquín | 5/8/2012
@mundoj1

La amenaza de sequía, al menos en una parte del país, ha provocado algunos pertinentes comentarios que ponen en evidencia las vulnerabilidades de nuestro desarrollo.

Un dirigente empresarial dijo que los recurrentes riesgos climáticos podrían ser amortiguados si se expandía de manera significativa el área de riego. Nadie puede estar en contra de esa propuesta. Desde hace muchas décadas se viene discutiendo el tema, porque resulta contradictorio que siendo en la subregión centroamericana el país con mayor disponibilidad de recursos hídricos, tenemos en términos relativos la menor área regada.

Otro dirigente gremial del sector privado, sin poner en cuestión la deseabilidad de ampliar el área de riego, puso en duda su viabilidad. Independientemente de las mayúsculas inversiones que se requieren, señaló que con los costos de la energía no era posible operar rentablemente los sistemas de riego.

La pertinencia de ambas posiciones ilustra una verdad que por sabida no se puede dar por asimilada en las políticas gubernamentales: para el desarrollo, no hay atajos. Se requiere un esfuerzo sostenido de trabajo, ahorro, inversión, y, desde luego, de condiciones de confianza política y seguridad jurídica que hagan posible ese esfuerzo.

Ni ampliar el área de riego, ni cambiar la matriz energética para tener tarifas que hagan rentable operar sistemas de riego, son cosas de corto plazo. Pero hay un error frecuente: las cosas cuyos resultados se alcanzan en el mediano y largo plazo, tienden a postergarse en su inicio, cuando debería ser todo lo contrario, ya que por ser de largo plazo, mayor la urgencia de iniciarlas, como lo ilustra aquella sabiduría popular según la cual “el camino largo hay que empezarlo pronto”.

El error mencionado tiende a ser más frecuente en momentos de relativa bonanza y holgura, como la que actualmente se deriva del auge en los precios de todos nuestros productos de exportación, de la ejecución de proyectos de infraestructura que se venían gestando hace dos o tres gobiernos (la carretera Acoyapa-San Carlos, es un buen ejemplo), y del financiamiento petrolero venezolano.

Solamente así se explica, por el “encandilamiento” que producen factores coyunturales, que el gobierno no atienda los reclamos para mejorar el ambiente político-institucional, ni las solicitudes para discutir y establecer un Agenda de Desarrollo que permita crecer más y mejor. O que, como ha sido subrayado repetidamente, se realicen  aquellas inversiones, en educación por ejemplo, sin las cuales el desarrollo es imposible.

Pero al error del gobierno también se contribuye desde otros sectores, que también “encandilados” por el destello de esos positivos factores coyunturales, olvidan que la estabilidad autoritaria, por sólida que luzca, siempre es transitoria. El gobierno de las personas siempre pasa. Solamente perdura el gobierno de las leyes.

Inversión y desinversión

A propósito de las necesarias inversiones para el desarrollo, lo que está ocurriendo en materia de infraestructura de carreteras en Nicaragua es, al menos, paradójico. Ya señalábamos que proyectos cuya gestión ante las fuentes multilaterales de financiamiento se inició hace varios gobiernos, como la carretera Acoyapa-San Carlos, se completaron recientemente. Es el caso también de la carretera San Ramón-Matiguás, en Matagalpa. Son buenas inversiones y enhorabuena que se hayan completado.

Pero el caso es paradójico, indicábamos, porque al mismo tiempo carreteras que se habían construido hace años, se están perdiendo. Es el caso lamentable de la carretera que desde Boaco va hasta Río Blanco, atravesando las muy productivas zonas de Muy Muy y Matiguás, en que el pavimento está siendo sustituido por enormes baches y verdaderos cráteres. O lo que ocurre con el tramo Matagalpa-San Ramón, en que también se ha venido perdiendo el pavimento, de tal forma que es cada vez más penoso llegar al tramo recientemente inaugurado.

Es decir, no ganamos mucho invirtiendo en unas partes y desinvirtiendo en otras. Como si una persona invierte en mejorar el corredor de su casa, mientras descuida el mantenimiento del techo. Perderá el techo y perderá el corredor.

Pero claro, deja más rédito político a corto plazo cortar las cintas de las inauguraciones. Pero el país lo que necesita son réditos políticos a largo plazo. Y estos no se ven.

Gobierno verificado

Las jornadas de verificación ciudadana en el padrón electoral han tenido un resultado contradictorio para el gobierno: solamente han servido para verificar una irregularidad más de un proceso electoral que bajo ningún estándar será creíble y legítimo.

“El gobierno verificado en su talante antidemocrático”, se podría titular el episodio. En efecto, lo único realmente verificado en las jornadas de verificación, es que el gobierno de Ortega, y sus subordinados en el Consejo Supremo Electoral (CSE), siguen adelante dejando en escombros el sistema electoral. Organizan y realizan elecciones, como también se organizaban y realizaban en el extinto bloque soviético y otros lares autoritarios. Con una pequeña y nada sutil diferencia: si aquellos, pese a su inmenso poderío y la posibilidad de atragantar al mundo con sus dosis de “real politik”,  no sobrevivieron, menos Ortega, un omnipotente de un pequeño país -hablando en términos geoeconómicos y, por tanto, geoestratégicos-    como es Nicaragua.

Precisamente, sobre el caso del fin del Stalinismo y la Unión Sovíética, el escritor cubano Leonardo Padura, en su novela sobre el  asesinato de Trostky, “El hombre que amaba a los perros”, señala lo que es bastante conocido pero inevitablemente olvidado desde las cumbres del poder: “…la venganza de la historia suele ser más poderosa que la del más poderoso emperador que jamás hubiese existido…..”

Según el Consejo Supremo Electoral (CSE), en la primera jornada se verificaron el 25% de los inscritos en el padrón electoral. Es decir, uno de cada cuatro. Según el Instituto para la Democracia (IPADE), solamente fueron uno de cada 7 ciudadanos, es decir, menos del 15%. Otras fuentes, vieron aún menos ciudadanos. ¿A quién le cree usted, al CSE o a las otras fuentes? ¿Quién vio una gran movilización ciudadana, para pensar que uno de cada cuatro ciudadanos se estaba verificando?

Probablemente solo Ortega, y los miembros de su círculo, desde esas alturas que marean, vieron esa multitud verificándose.

Los demás, desde la llanura, verificamos otra cosa.

Comentarios

1
John Bonachon

O es que nadie lo lee la "suspirante"presidencial del 2012 o esta cerrado los comentarios en este post pues no le son favorables

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