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En el inventario autoritario de Ortega

Edmundo Jarquín | 31/7/2012
@mundoj1

En el inventario autoritario de Ortega habrá que agregar el dilema al que ha sometido a la sociedad nicaragüense de cara a las próximas elecciones municipales: participar o no participar en las mismas, en circunstancias que, después de las mayúsculas irregularidades y fraude de las tres últimas elecciones, no ha mejorado en absoluto el sistema electoral, de conformidad con las recomendaciones de la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europea, el Grupo Promotor de Reformas Electorales, y muchas otras voces autorizadas, nacionales e internacionales.

En ningún país democrático los ciudadanos son enfrentados al dilema de votar o no votar, porque haya mayor o menor confianza en el sistema electoral.

Y digo que el dilema lo enfrenta la sociedad, porque no se trata solamente de la oposición. Autorizadas voces que en el pasado, para fortalecer el sistema democrático y las vías civilizadas de solución de las diferencias políticas, llamaban a votar por los candidatos y partidos políticos de la preferencia de los ciudadanos, ahora se abstienen de hacerlo porque enfrentan ese dilema. Es el caso de la Conferencia Episcopal, líderes religiosos de otras denominaciones y organizaciones del sector privado y de la sociedad civil.

Desde luego, ese dilema no lo enfrentan los partidos políticos, organizaciones y personeros que forman parte de la coreografía del poder Orteguista.

El dilema se plantea a la verdadera oposición, que se aglutinó en torno a la candidatura de Fabio Gadea Mantilla en las pasadas elecciones. Sectores de la misma tienen sólidas y respetables razones para no participar, particularmente quienes son más sensibles a las preocupaciones y motivaciones de la población del Pacífico, en especial la parte urbana, dónde ya en 2011 la abstención fue alta, por el escepticismo y desencanto derivado del fraude en las municipales de 2008.

Otros sectores de la oposición tienen, también, sólidas y respetables razones para participar aunque están conscientes del perverso andamiaje electoral. En la vasta zona geográfica y demográfica del país, conocida como “corredor de la Contra”, que va desde Nueva Segovia, en el noroeste, hasta el departamento del Río San Juan, en el sureste, incluyendo partes de la RAAN y la RAAS, donde la participación en las últimas elecciones fue más alta y Fabio obtuvo su mayor votación, hay una fuerte demanda para participar en las elecciones. Ahí la oposición al Orteguismo está más organizada y es más militante, y cree que tendrá la fuerza para impedir que el Orteguismo se apodere de municipios que actualmente no controla. Los sectores de la oposición que son más sensibles a las preocupaciones y motivaciones de esa parte del país, encuentran en esa base política que deben cuidar, una fuerte razón para participar, en adición a otras que sustentan.

Creo que desde una perspectiva estratégica de la lucha para recuperar la democracia, lo fundamental es que ambos sectores, los que irán y los que no irán a las elecciones, se respeten recíprocamente, y se preparen para las futuras luchas, que inevitablemente vendrán, y que si no se enfrentan unidos, también inevitablemente, se perderán.

Desde el punto de vista del Orteguismo, estas elecciones ya las perdió. La enorme cantidad de alcaldías que el Consejo Supremo Electoral (CSE) le tiene asignadas, no podrá nunca reclamarlas como una victoria legítima, por la sencilla razón que todo el proceso está viciado de ilegitimidad. Después del 5 de noviembre, Ortega, simplemente, habrá reforzado su imagen dictatorial, y no hay dictaduras eternas.

Una oportunidad más, un pretexto menos

La concesión del waiver (dispensa) de la propiedad por el gobierno estadounidense tiene, entre sus muchos efectos, tres inmediatos.

El primero, y enhorabuena, porque evita a Nicaragua dificultades en el acceso al financiamiento de los organismos financieros internacionales. Las consecuencias de la carencia de ese acceso hubiesen sido  extremadamente dañinas para el gobierno de Ortega, pero también para Nicaragua.

El segundo, Ortega se queda sin su clásico pretexto del “adversario externo”, al que atribuir las consecuencias de sus ineficiencias y errores. Esto es bueno porque debería llevarle a pensar en términos de la calidad y eficiencia de sus políticas.

El tercero, es negativo: refuerza la impresión de la “inevitabilidad” de Ortega.

Sectores escépticos y apáticos dirán: no hay nada que hacer. Desde un punto de vista democrático, estos sectores no deben preocupar, porque su impresión es volátil y mañana puede cambiar fácilmente. Son sectores honestos, que quisieran algo mejor para Nicaragua, pero lo ven difícil. A la menor perspectiva de que las cosas pueden cambiar, se sumarán entusiasmados a la corriente del cambio.

Otros sectores, que llamaría “interesados”, porque han pasado a formar parte del espeso tejido de intereses económicos que ha creado Ortega, usando y abusando del poder, tampoco son para preocupar. Sus lealtades son volátiles, y a la menor señal, saltan de un barco a otro. Estos sectores deberían preocupar a Ortega.

Pero lo preocupante, en verdad, es que Ortega se crea reforzado en su sentido de indispensabilidad, de inevitabilidad, y no se dé cuenta que la concesión del waiver de la propiedad, porque satisfizo el requisito técnico de solventar un número significativo de casos de propiedades confiscadas a ciudadanos estadounidenses, es una oportunidad para que preste atención a las razones que hace poco tiempo condujeron a que no se concediera el waiver de la transparencia.

Cuando el waiver de la propiedad ya no exista, y eso probablemente ocurrirá más temprano que tarde, porque los casos pendientes ya no son tantos, las razones que llevaron a negar el waiver de la transparencia ahí estarán, y también más temprano que tarde la condicionalidad democrática de la cooperación internacional se hará sentir más intensamente.

Corresponde a Ortega decidir si aprovecha la oportunidad, o cree que mañana podrá desenterrar el pretexto.

Comentarios

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Gerardo Palacios Flores

La historia nos enseña, que cuando un pueblo decide cambiar a un gobierno, no lo hace porque se lo impongan, lo hace, porque cree que es lo correcto. Al leer el articulo de este ex militante del FSLN, ahora convertido en Democrata. Uno ve, como la dependencia intelectual y la fascinacion siguen vigente. En su proceso de involucion, se quedo atrapado en la nicaragua, de los años 70, hablandonos de dictadura, de autoritarismo y de otras falacias, que llenan su mente. En 1990, el FSLN, acepto su derrota electoral, por mas de tres elecciones posterirores acepto su derrota, en ese periodo, don mundo jarquin, se reia y complacido, nos decia que la democracia imperaba en nicaragua. Pero un dia el pueblo decidió darle la oportunidad al FSLN, el partido que con todos sus errores, representó a las clases populares, empobrecidas, por una guerra impuesta por EEUU, y por la politicas neoliberales y el latrocinio de los democratas en los años 90. Es el pueblo el que decide, no unos cuantos camaleones de la politica. Que caminan de acuerdo a las olas o las modas politicas o intelectuales.

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carlos calero

Sr. Jarquin usted tiene una obsesion por DOS, tal parece que no duerme porque està mas pendiente por lo que DOS haga que la mal llamada oposicion; llega a un punto en que cae en la sinrazon y se contradice a monton, usted està mas que convencido que la "dictadura de DOS" durarà mas que su vil existencia, cuando asegura que el waiver (dispensa) desaparecerà y està dictadura sentirà la presiòn de la "cooperaciòn internacional", con lo cual da por hecho que esta "dictadura tendrà al menos unos 20 años en el poder y de suerte usted "no volverà a ver en la oposicion al FSLN" porque ya los años se le estàn acabando y como buen hijo de casa, morirà de nostalgia

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