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Confidencial en Sandy Bay y Walpasiksa, comunidades bajo el asedio narco

Un viaje al paraíso perdido

Octavio Enríquez Segunda Entrega | 25/6/2012
@cabistan

Después de dos horas en panga, con la espalda destrozada, se avista Littledukra, la primera comunidad de Sandy Bay, localizada a 55 kilómetros desde Puerto Cabezas, la capital de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).

Será cuestión de cinco minutos para que la lancha con un motor de 200 caballos de fuerza, algo inusual para el resto de pescadores que se desplazan en cayucos o botes sencillos, nos lleve  finalmente a Ninayari (Nombre Largo), la entrada oficial a las diez comunidades de Sandy Bay moradas por al menos 15 mil personas, pescadores en su mayoría, aunque otra parte de la gente cultiva la tierra igual que lo hicieron sus ancestros.

El sitio es de una belleza encantadora. Palmeras, sol, niños jugando felices a la vera del camino y también lo es la costa caribe en general con sus historias de piratas, un rey gobernando durante la colonización española, y la música que en todos los tiempos invita a bailar para convertir  cuanto se vive en un recuerdo perenne.

No habrá entrevistas

La gente además es hospitalaria, dice el intérprete que nos acompaña, pero en estos días de junio la comunidad de Sandy Bay resiente haber sido engañada por un oficial de la Policía que llegó semanas antes disfrazado de vendedor de trufas, y que luego participó activamente en un operativo contra cuatro dirigentes a los que la Policía acusa de narcos, entre ellos Downly Mendoza Cisneros, el supuesto cabecilla.

Los comunitarios cuentan que el vendedor fue recibido con los brazos abiertos, no se esperaban el engaño. “Era un agente de la DEA (la agencia antidrogas de Estados Unidos)”, asegura uno de los comunitarios, el  más dispuesto a hablar en esta tarde calurosa, en la que los líderes prohíben las entrevistas y las fotografías.

La tensión entre el equipo de Confidencial y líderes comunitarios aumenta en la escuela, de donde saldremos a la pequeña casa de madera que una familia misquita nos ofreció de hospedaje. El director del colegio se niega a ofrecer datos sobre la situación educativa de las comunidades. No solo eso. Llega acompañado por sus colegas. Todos rodean a los periodistas en un pequeño rancho, donde corre algo de aire para aliviar el clima de infierno.

Algunos alzan la voz y reiteran al intérprete que no habrá entrevistas. Un hombre de camisa blanca, dientes de plata,  identificado como el líder, dice que mañana deberemos irnos de Ninayari. El resto lo apoya pese al intento del intérprete de convencerlos.

La razón de esta decisión es inquebrantable. Dicen que el periodismo no es confiable para ellos. “En vos podemos confiar, pero en ellos no. Ya estamos aburridos de otras publicaciones que nos han puesto como un paraíso del narcotráfico, la otra vez nos dijeron que éramos un barrio de Miami por las casas grandes”, lamenta otro.

La publicación más antigua en que se señala a la comunidad de narco se hizo hace ya más de una década en los diarios nacionales, pero a lo largo de estos años varios relatos periodísticos han ahondado sobre el trasiego de la cocaína o la posesión de miles de dólares en manos de unos cuantos. Eso ocurrió en julio de 2005 cuando, en un solo operativo por ejemplo, las autoridades incautaron más de 600 mil dólares que estaban en manos de un solo hombre, Marvin Funez.

Un pueblo de contrastes

En Sandy Bay (Bahía Arenosa) se notan los contrastes. En el pueblo se ven muchas casas de tambo y entre esa pobreza sobresalen algunas de concreto, de dos pisos y hasta tres, que las autoridades aseguran provienen del negocio de la droga.

Sus dueños construyen terrazas para tener una buena vista al mar en construcciones que impresionan, incluso en Puerto Cabezas, donde los materiales para edificarlas son más baratos.

En Sandy Bay una bolsa de cemento cuesta hasta 275 córdobas, mientras la arena es cuatro veces más costosa y hay que pagar a obreros para que la lleven desde el muelle de concreto hasta el sitio de la construcción, una vida cara que se siente en productos como la gaseosa por la que se paga diez córdobas en el pacífico, mientras vale 30 en esta comunidad.

Me dice un periodista, que no quiere que mencionen su nombre, que en diciembre era imposible encontrar cemento en Puerto Cabezas. Las ferreterías entonces mandaban la mayoría hacia Sandy Bay donde unos cuantos construían. La única opción era comprar al precio de esa bahía, sostiene. ¿Cuánto hay de leyenda en todo lo que se dice de este sitio? 

Flor Abicio, contadora de la ferretería Sandy Bay, ubicada en Puerto, recuerda que es verdad que hubo mucha venta de material de construcción entonces, pero desmienten que estén ganando mucho y al contrario dice que más bien no les resulta traer cemento desde San Rafael del Sur, porque las empresas quieren llevar hasta allá no menos de 42 mil bolsas.

“Aquí casi no traemos mucho cemento. Sale más bien pérdidas. En ese tiempo (diciembre) habían bastante venta de todo tipo de materiales de construcción y por lo general la gente de Sandy Bay viene más, al que viene se le vende”, explica la contadora.

También abundan las motos en el poblado caribeño. Cuando se cruza el camino en Ninayari, se destacan en un poblado donde todos andan a pie.

La mayoría de las que vemos son marca Honda Tornado y en el mercado pueden valer cinco mil dólares, una suma difícil de pagar para un pescador.

Un joven, de playera y short, se pasea exhibiendo una cadena gruesa de plata. Tiene 15 años y la moto es un regalo de su padre. En la noche, las luces de las motocicletas alumbrarán la oscuridad generalizada.

Alberto Brooks, concejal y originario de Sandy Bay, cree que hay mucha desinformación y explica que la gente con casas grandes es porque son acopiadores de langostas que comercializan sus productos a buen precio en el exterior. Son 35, a lo sumo 40 familias. Llegan a ganar, según él, entre 75 mil y 150 mil córdobas cada quincena.

Gonzalo Paiz, el superintendente de los moravos, insiste que por cinco narcotraficantes no deben sufrir los comunitarios que se ganan lo que tienen con el sudor de la frente.

Comentarios

1
erasmo perez

me gusta ia mosca

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