Confidencial » Opinión » Leer artículo

¿Por qué son la excepción y no la regla?

Edmundo Jarquín | 30/4/2012
@mundoj1

En los últimos días se han dado dos hechos de positivo interés para todos los nicaragüenses.

En La Haya se inició, con buenos augurios para nuestro país, la etapa de alegatos orales en el juicio que Nicaragua inició ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para delimitar fronteras marítimas con Colombia. Concluida esta etapa, el juicio queda para fallo, aunque el mismo tome algunos meses.

También se conoció que la Agencia Nicaragüense de Promoción de Inversiones, “ProNicaragua”, recibió un gran reconocimiento, por su eficiencia, en el Estudio Comparativo Mundial de las Prácticas de Promoción de Inversiones, realizado bajo el liderazgo del Banco Mundial.

Si este tipo de hechos fuesen la regla, y no la excepción, nuestro país habría salido adelante, resolviendo muchos de sus más acuciantes problemas. ¿Por qué? En ambos casos nuestro país ha tenido, en verdad, políticas de Estado, entendiendo por tales aquellas que trascienden de un gobierno a otro, se mantienen en el tiempo más allá de los períodos gubernamentales, y, sobre todo, trascienden las miras estrechas de las políticas partidarias, atendiendo al interés nacional y no del partido político del gobierno de turno, y menos del gobernante de turno.

En el caso del juicio en La Haya, los pasos iniciales se dieron hace mucho tiempo, y ha existido una gran consistencia en la posición sostenida por Nicaragua, pese a que han transcurrido varias décadas y varios gobiernos. Es más, nuestro Agente ante la CIJ, y coordinador del equipo legal que representa los intereses nacionales, ha sido Embajador de Nicaragua en La Haya casi ininterrumpidamente por  tres décadas.

Aunque de menos data, algo semejante ha ocurrido con “ProNicaragua”, agencia que se estableció a inicios del gobierno del Presidente Bolaños, y que se venía gestando desde antes. Pero lo más importante, y quizá por ser una Alianza Público-Privada, con fuerte incidencia de actores no gubernamentales, entre ellos la cooperación internacional que estableció estándares que han sido respetados, es una entidad que de manera importante ha escapado a la extendida partidarización, que ha sido una verdadera plaga de nuestra administración pública, acentuada al extremo en el actual gobierno. Precisamente, al escribir este comentario, leo que según la Federación de Trabajadores del Servicio Público, han sido 19,000 los empleados públicos, despedidos desde el 2007, independientemente de sus méritos y sin reconocimiento de sus derechos. En “ProNicaragua”, de lo contrario no se le hubiera extendido el encomiable reconocimiento internacional, en general ha prevalecido la meritocracia, es decir, el empleo y rango en base al mérito profesional y no la filiación política.

Si lo que ha ocurrido en los casos mencionados, continuidad y consistencia en las políticas, y cargos asignados por mérito profesional y no por favores políticos, se diera en todo el Estado, otro gallo nos cantara.

Ahora bien, y como lo demuestran los países más exitosos, continuidad de las políticas no significa continuismo de los gobernantes, y esto, lamentablemente, no pareciera entenderlo Ortega.

Reformas electorales

Otra noticia relevante ha sido el proyecto de reformas a la ley electoral, que el ilegal Presidente Ortega envió a la Asamblea Nacional.

Aunque es muy pronto todavía para conocer el verdadero alcance de esas reformas, y es preciso esperar la opinión de expertos electorales para tener un juicio firme sobre las mismas, algunas cosas resultan claras.

La más importante, sin duda, es que se puede tener una ley perfecta, pero si quien la administra y juzga en base a la misma, no se corresponde en su conducta con esa ley, ésta de nada o poco sirve. Los fraudes electorales en las elecciones municipales del 2008 y en las elecciones generales del 2011, se cometieron precisamente violando la ley. No es por casualidad, entonces, que entre las recomendaciones que emitió la misión de observación electoral de la Unión Europea, después del desastre de las recientes elecciones de noviembre del 2011, se indique que independientemente de algunas necesarias reformas a la normativa electoral, sobre todo se requiere “un CSE (Consejo Supremo Electoral) comprometido con los principios de neutralidad, transparencia, independencia y sujeción a la ley”.

Y si Ortega considera que con su proyecto de reformas está satisfaciendo los requerimientos de credibilidad en el sistema electoral, sin que  haya cambios creíbles en las autoridades electorales, se equivoca. La credibilidad democrática de las elecciones depende de que todos los ciudadanos puedan ejercer con libertad su derecho al voto, y que sus votos se cuenten bien, y eso no depende tanto de tal o cual artículo de la ley, sino de que quienes administran el sistema electoral actúen con neutralidad política. Y sobre esto, las actuales autoridades electorales carecen, completamente, de credibilidad.

El pasado como futuro

Por la razón anterior,  la comparecencia en pleno del mismo Consejo Supremo Electoral (CSE) convocando a las elecciones municipales del próximo mes de noviembre, se podría titular “ofreciendo el pasado como futuro”.

¿En qué confía Ortega, para creer que con ese CSE se pueden tener unas elecciones creíbles, desde el punto de vista democrático? El cambio de ese CSE ha sido demandado de diversas formas por las Iglesias, el sector privado, las organizaciones de la sociedad civil, la oposición, y la comunidad internacional. Esta misma semana el Canciller Santos estuvo en Europa, y en el caso concreto de la Unión Europea, trascendió que en Bruselas se le reiteró la negativa a restablecer la ayuda presupuestaria mientras no haya en Nicaragua pleno respeto a la institucionalidad democrática. Y otros factores internacionales, como la incertidumbre  sobre el proceso político venezolano y el debate político en los Estados Unidos, tampoco avalan esa aparente confianza de Ortega en que se puede ir adelante con el proceso electoral municipal con las mismas autoridades en el CSE.

Entonces, ¿en qué confía Ortega? Yo, francamente, no tengo una explicación.

Comentarios

2
lucido

No se que nos pasa a los nicaraguenses, estamos claro que que este gobierno esta igulito a la epoca de 1936 año de gestacion de la dictadura somocista, pero claro el nivel de escolaridad y academico del pueblo estaba años luz del que ahora se tiene, sin embargo, no hacemos nada en serio y responsable, estamos atrapados en componendas, pactos, convenios, dadivas donde lo que le interesa a la nueva clase politica es solo su bienestar por que no se visualisa un verdadero liderazgo en la oposicion mucho menos en la desidencia del partido de gobierno, no hay disposicion de iniciar una verdadera lucha civica, no se si sera al esoterismo de la primera dama que nos tiene como "jugados de cegua"s, vemos los males y no hacemos nada, solo quejarnos, pasemos a la verdadera accion, si no vamos por otros 40 años para derrocar otra dictadura y quizas peor que la de los somozas.

1
alberto

Tiene mucha razon Sr Jarquin. Aqui las leyes existen y creo que en las sociedades no existan leyes que contradigan la logica o el interes publico en favor de lo privado. Eso no es logico. Asi que este payaso de Presidente que no se como es tan sinico y sinico ante todo y todos, viene otra vez sinicamente a tirar papelillo en el circo para que la gente crea que esta lloviendo. Que le importa a este tipo hacer reformar o propuestas...(si al final el violara las leyes y a quien se atraviese tambien). Todo lo que esta haciendo es querer aparentar sinicamente que esta preocupado en algo? Claro que esta preocupado en que crean que es un hombre de bien e interesado en hacer las cosas bien. jajaja. Pero es tan sinico y predecible como siempre. Veanlo encaramado por tercera vez en el poder y ahi querra perpetuarse y todos seguiran esperando siempre algo de él: Que nos saque de la pobresa o se encargue de los pobres y de los haraganes y de los tontos y de los que se hacen sus fieles seguidores, solo para parasitar a la sociedad.

Asi que solo dejo esa inquietud... Cada propuesta pestilente de este sujeto no conlleva el bien comun sino lo contrario. Pongale la firma Ud. y todos los que vivimos aqui y tenemos identificacion de este pais.

Más en: Política

Otros artículos del mismo autor