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Café humeante

El sueño del diamante rojo

Octavio Enríquez | 17/4/2012
@cabistan

No sabe si al resto le ha pasado, pero John siente a  veces que vivió un sueño. Son las mismas escenas, la imagen colorida, hasta la misma voz y el mar que hace que pronto la piel se le erice como ocurre con las gallinas que saben que van a ser desgañotadas.

Cree que la voz después de tanto escucharla ha terminado por ser la suya. Él cree que el niño es él. Pero no. John no fue tan flaco, y él ve a un niño de seis años meterse al mar. Es un día caliente de esos de abril en Nicaragua y —ahora que está despierto— quiere verle sumergirse como en una película, retroceder unos cuadros en el DVD, pero no puede.

No entiende por qué, cuando está por terminar el sueño, cuando se ahoga en desesperación, el niño sale acompañado por un hombre barbado que lo salva de las aguas que ya no son tan calmas como en un principio, sino que han comenzado a agitarse. Aguas borrascosas a las que el niño  se ha adentrado preso por la curiosidad.

Recuerda que dentro del mar, el niño ha visto un diamante rojo. John ignora si esto tiene un significado. Los sueños suelen tenerlos. Las más viejitas dicen en el país, por ejemplo, que soñar con agua sucia es la muerte. Bueno, el agua del niño que recuerda John era azul y limpia.

Si se ve una serpiente, cuidado, son enemigos al acecho. Pero en el sueño tampoco hay un reptil, y los únicos personajes que aparecen una, y otra vez, son el niño flaco y el hombre barbado que le recuerda al enjuto San Pedro de la iglesia con las llaves de los cielos entre sus manos.

Aún no encuentra la llave para descifrar el sueño —piensa—. Medita. Agarra su computadora, ocioso, y mete algunos datos en el Google, que todo lo sabe en el mundo actual, y encuentra estas líneas para explicarse: “Los sueños son manifestaciones mentales de imágenes, sonidos, pensamientos y sensaciones en un individuo durmiente, y normalmente relacionadas con la realidad”.

Demasiado enciclopédico, piensa. Continúa: “Para la psicología, los sueños son estímulos esencialmente anímicos que representan manifestaciones de fuerzas psíquicas que durante la vigilia se hallan impedidas de desplegarse libremente”.

¿Manifestaciones de fuerzas psíquicas? ¡Avemaría!, exclama.

“Soñar es un proceso mental involuntario en el que se produce una reelaboración de la información almacenada en la memoria”.  Vamos acercándonos. Eso lee, sigue sin comprender pero va llegando a la memoria que almacena todo. No sabe qué episodio de su vida pudo quedarse guardado, o cómo fue posible llenarlo, si sueña con ese niño desde que tenía ocho años. No sabe y esto le martilla la cabeza.

Quien está tranquilo es Pedro. Se levanta después de tres horas de sueño. Se acuerda que acaba de soñar. Y ahí está John, un señor de cuarenta años, que sueña en el sueño de Pedro con un niño de seis que va entrando al mar, el bebé deja las aguas calmas, busca las picadas, porque desde allí ve un hermoso diamante rojo.

La vida, piensa Pedro, ¿qué otra cosa es, sino un largo sueño?

Comentarios

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H. Sandino

Hola Octavio. Me gusta tu cuento. ¿Borgiano? Ja, bueno, adelante y nos vemos el sábado en el taller. Saludos y respetos. H. Sandino

Descripción

Las buenas pláticas, las que se cocinan en casa, siempre van acompañadas con una taza de ese invento maravilloso para el paladar. En esta columna alcanza de todo: vida cotidiana »

Acerca del Autor

Periodista. Soñador empedernido. Amante de las investigaciones. Premio Ortega y Gasset 2011. Y papá 24 horas.

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