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Diferencias sí, división no

Edmundo Jarquín | 26/3/2012
@mundoj1

En otras ocasiones hemos señalado que la esencia de la democracia es la tolerancia frente a las discrepancias, la aceptación de la legitimidad del derecho a la diferencia de opiniones, y que la prueba superior del espíritu democrático es la capacidad de alcanzar acuerdos a pesar de esas discrepancias y diferencias. Todo lo contrario del totalitarismo, ya sea capitalista como el caso del fascismo, o socialista como en el caso del comunismo, en que se pretendía la unanimidad de opiniones, llegándose al extremo de exterminar a quienes se consideraba diferentes, o contrarios, como fue el caso de Hitler y Stalin.

Señalamos lo anterior, porque a propósito de las diferencias que han surgido en la Alianza PLI en cuanto a cómo gestionar un eventual diálogo con el gobierno para recuperar la institucionalidad democrática, desde el oficialismo y sus allegados han tratado de ver en esas diferencias de opinión divisiones insuperables. Es lógico que así sea por el talante obviamente totalitario del Orteguismo, dónde la menor discrepancia, por ligera que sea, es intolerable, al extremo ridículo que en días recientes enviaron un proyecto de reforma legal entre cuyos objetivos está eliminar de los billetes en circulación la firma del recién defenestrado Presidente del Banco Central, quién se atrevió a manifestar una discrepancia técnica con Ortega en cuanto al manejo de las reservas monetarias del país.

Pero sería ingenuo no darse cuenta que incluso voces de incuestionables credenciales democráticas se han alzado manifestando preocupación frente a lo que desde sectores de la Alianza PLI luce unilateralismo demasiado solícito de un diálogo al cual, hasta ahora, el gobierno ha prestado oídos sordos, cuando no lo ha tratado con sorna y espíritu burlón. Como también sería ingenuo no darse cuenta que la gestión no democrática de las diferencias arriesga que las mismas se conviertan en división, y cuestiona seriamente la calidad del liderazgo de quién así actúa. Fabio Gadea y yo hemos sido categóricos sobre el tema: respeto a las diferencias de opinión, sí, división de la oposición, no.

En mi comentario de la semana pasada decía que “han sido numerosas las voces nacionales e internacionales que se han alzado reclamando transformaciones profundas en el sistema electoral, incluyendo autoridades del mismo, como paso primario e indispensable en el proceso más amplio de rescate de la institucionalidad democrática”.

Reclamar lo anterior hace todo el sentido del mundo, porque de los escombros en que está la institucionalidad democrática lo que requiere atención con mayor urgencia es la recuperación de la confianza y credibilidad del sistema electoral. Pero el sentido de esta demanda no termina aquí: en torno a la misma concurre una amplia correlación de fuerzas, incluyendo las que dentro y fuera de Nicaragua respaldan las recomendaciones de los informes de la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos (OEA).

Finalmente, y si del sentido de esa demanda de reforma del sistema electoral se trata, una manifestación categórica del gobierno en la dirección de atenderla, sería una de las “medidas de confianza” que normalmente se acostumbran para hacer viable cualquier diálogo y negociación orientado a la solución de conflictos y controversias.

El gobierno, entonces, tiene la palabra.

Agua potable y basura

Esta semana hicieron noticia dos hechos íntimamente relacionados. Se conmemoró el Día Mundial del Agua, y el diario La Prensa publicó una serie de reportajes sobre los lugares más contaminados de Nicaragua por el desecho no seguro de la basura y otros factores, como la infiltración de agroquímicos en las fuentes de agua.

Especialistas en temas de agua destacaron que pese a nuestro gigantesco potencial hídrico, uno de cada dos nicaragüenses no tiene acceso a agua potable. Vergonzoso.

Y los reportajes de La Prensa ilustran, en dimensión nacional, lo que cada nicaragüense atestigua en su entorno local, especialmente en la capital, Managua. Nicaragua se ha convertido en un gigantesco basurero. También vergonzoso.

Las limitaciones en el acceso al agua potable se explican por la carencia de inversiones, y por la ineficiencia con que se gestionan las inversiones realizadas. En casi todas las ciudades hay limitaciones en cuanto al suministro y/o la calidad del agua. En Managua es un problema mayúsculo que impone un gran costo a las familias, especialmente a las pobres. Son limitadísimos los barrios de la capital en los cuales no escasea el agua durante muchas horas del día y/o de la noche.

Pero la contaminación de las fuentes hídricas está poniendo limitaciones adicionales al acceso al agua. Es decir, se da la combinación perversa de pocas inversiones en agua potable, ineficiencia en la gestión de las existentes, y más y más contaminación de las fuentes hídricas, a lo que se suma el despale despiadado que progresivamente seca esas fuentes.

Pocas cosas atentan más contra la salud de la población que esos dos factores: la limitación en el acceso al agua potable y la basura. Unprograma masivo y sostenido en ambos frentes, dónde pueden combinarse esfuerzos de gobierno central, alcaldías, empresas, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos, daría resultados a corto plazo. Al menos en cuanto a la basura, un esfuerzo como el indicado parece llevar adelante la Alcaldía de Estelí con la campaña “Echémosle la vaca a la basura”, algo relativamente semejante a la campaña sobre “las bolas más grandes”, que en su oportunidad impulsó el exalcalde de Managua, Dionisio Marenco.

Con un programa como el que propongo, en pocos años el perfil sanitario del país mejoraría notablemente, y cuantiosos recursos dedicados a la medicina curativa podrían ser destinados a otros fines.

Y que conste, que quienes más sufren las consecuencias de esa combinación perversa de factores son los pobres, para quienes atender las consecuencias de la insalubridad   -como una diarrea-  absorbe una proporción significativa de sus ingresos.

Si de soluciones y no de propaganda se trata, ahí tiene el gobierno un desafío relativamente fácil de enfrentar. Si no lo hace, es porque no quiere. 

Comentarios

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Luis

Jarquin,

Admiro tu trayectoria y también algunas persona que trabajaron para vos en DC me han comentado siempre cosas buenas de vos.

Pero, ya es hora que dejes el protagonismo .... simplemente perdiste el liderazgo cuando de dejaste que MRS pactara y vendiera sus valores. Ni una persona ni partido ni empresa es nada si no tiene valores grandes y no puestos a pruebas. La verdad es verdad por su propio ser y no por soportes relativisticos.

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dos dedos de frente

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Dos dedos de frente

Jarquín continúa en dicho artículo con frases sin sentido, para un político:

“La prueba superior del espíritu democrático es la capacidad de alcanzar acuerdos a pesar de esas discrepancias y diferencias”.

¡Eso de prueba superior es una frase propia de la demagogia! Si la discrepancia no afecta un principio político de la organización, el resto de puntos en acuerdo pueden permitir que sobreviva la unidad. Pero, Jarquín no aborda los principios de la alianza, ni el método del centralismo, de modo que escribe frases sin sentido, sobre “pruebas superiores de la democracia”, en abstracto.
SIGUE

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Dos dedos de frente

En un artículo de opinión titulado “Diferencias, sí, división no”, en la edición de EL NUEVO DIARIO del 26 de marzo, el señor Edmundo Jarquín escribe:

“En otras ocasiones hemos señalado que la esencia de la democracia es la tolerancia frente a las discrepancias”.

Esta sentencia es también falsa como en otras ocasiones. Por dos motivos. Primero, porque hay que evaluar el carácter y la trascendencia de la discrepancia. Si nos lleva a líneas políticas opuestas, a acciones divergentes, esta discrepancia se convierte en una contradicción, en un enfrentamiento político. Por ejemplo, buena parte de la oposición a Somoza, aún la conservadora, se separó de

Agüero cuando este pactó con Somoza. He allí una diferencia sobre la línea política que lleva a una separación definitiva.

En segundo lugar, la afirmación de Jarquín también es falsa porque la discrepancia es admisible mientras no se haya votado una resolución. Si la discrepancia persiste después de la votación, hay indisciplina organizativa, es decir, ya hay división.
SIGUE

3
Francisco

Escenarios de Motivaciones del Coordinador del MVE, a su propuesta de Diálogo Político con el Presidente de la República:

1.- Coincidencia con el sector del empresariado aglutinado en el COSEP y su acción de cogobierno con el FSLN.(Su alianza actual)
2.- Propuesta sin concenso político, de partidos políticos opositores (Aliados en el PLI u otros representados en la Asamblea Nacional).
3.- Tiene todo su derecho de retirarse de la política, realizando previamente los arreglos con el FSLN, que le permita continuar su vida sin riesgos políticos que afecten su vida privada e intereses económicos.
Nota:
Bajo estas hipótesis, no se puede considerar lo propuesto por Montealegre,como un Diálogo Nacional, ya que no es representativo ni él ni su movimiento político de los intereses de sectores mayoritarios de éste país.

2
EMA del más allá

Dialogar con el régimen incosntitucional y dictatorial de Ortega equivale a legitimarlo. Me extraña la posición ingenua de gente pensante como usted de que este gobierno quiera negociar nada con la oposición cuando tiene control absoluto de todos los poderes del estado. Estoy muy de acuerdo con lo que escribió Sofía Montenegro sobre este tema. Ortega solo negocia o ¨dialoga¨ cuando se siente acorralado, que no es la situación actual. Solo basta ver la falta de interés que ha mostrado sobre el tema. Abran los ojos!

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moe

Aunque sea en una gran desventaja politica hablar con el partido de gobierno,...si Eduardo logra que se cambien los magistrados del poder electoral y los demas cargos vencidos, creo que por lo menos es un buen comienzo,...pero no hacer nada como los que se oponen, y sentarnos a esperar,...eso no es ninguna oposicion politica,...sigue adelante Eduardo,...

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