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Café humeante

Hay oídos de oídos

Octavio Enríquez | 23/3/2012
@cabistan

Es difícil imaginar una vida sin sonidos. Los especialistas dicen que el  oído es uno,  sino uno de los más importantes órganos del cuerpo humano.

Oyendo aprendemos a hablar cuando somos niños. Oyendo bien, gozamos del equilibrio que impide que cada paso resulte una caída, pero como ni los dedos de las manos son iguales, seguro hay oídos de oídos.

Está el oído del poderoso que se levanta  todas las mañanas, y sentado en su cama, es seguro uno de los oídos más privilegiados de la tierra.  “Bendito seas”, le dicen sus más cercanos.

El poderoso se despierta y, antes de comerse su gallo pinto, escucha el trino de los pájaros, un poderoso gesto contemplativo.  Después atiende a la esposa, la primera consejera de su gobierno, que manda a colocar árboles llenos de luces en toda Managua para que siga la Navidad, para que siga la alegría, o  le canta, para ser más expresiva, corridos en plenos actos públicos, cantos en que lo llama el Gallo Ennavajado.

El poderoso no necesita hablar para expresar la infinita bondad que le prodigan, bastan los gestos, el color rosado chicha, pero debe ser oído ante todo. Por eso, no hay manifestación vacía en sus largos recorridos por el país y lejos de creer que los asistentes van obligados, porque en su mayoría son empleados públicos, el gobernante agradece que “construyan la revolución”.

Hay oídos de oídos entonces. Los pobres escuchan así de la lucha contra la pobreza, de que los revolucionarios también tienen derecho a progresar. Y junto a doña Rita en el barrio, también mejora la vida de los asesores, los ministros y los familiares que, vaya casualidad, empiezan su jornada recordando al mandatario que es un escogido de Dios.

Quienes están abajo deben escuchar el discurso que puede durar horas, o minutos, porque está también el oído del caudillo que ya no está en el poder. Aquel que ya nadie atiende como antes, entre los mismos que lo llamaban hermano, que ya no se levanta en la mañana y dice que cambiará la vida de los nicaragüenses, aquel que no escucha ya “su trabajo es admirable”, “son sabias sus palabras señor Presidente”.

Ahora es todo lo contrario. “Es hora de retirarse, escuche a las bases”, “ya usted cumplió su papel en la historia”, “es usted un traidor, entregó el partido al Frente Sandinista”.

Hubo una vez un mandatario en Nicaragua que decía que lo habían acusado de ladrón, y hasta hay legajos de legajos en los tribunales que lo inculpan, pero él dijo que no.  Una sonrisa en los labios. Después aceptó que se había “robado el corazón de los nicaragüenses”. Basta oírlo para entender que hay oídos de oídos en la política y hay  palabras de palabras.

Comentarios

3
Hurón

Una columna-chifleta contra Alemán en este momento del campeonato, es un poco más que tonto. Te recomendaría dejar de leer a Sancho Más, ese anacrónico permanente.

2
Hay oídos tranformados

Hay también oidos que no oyen pero ven. Esos oídos no escuchan absolutamente nada y en complicidad con sus grandes amigos los ojos y la boca, solo ven grandes fajos de dólares. Entonces solo ven, oyen y hablan las pocas neuronas que quedan en el cerebro para decirles muy a lo interno del ser que los porta "oye amigo todo está bien, aprovechemos, que para mañana es muy tarde".

1
alfonso

Dicen los doctores que el oído es el último sentido en morir. Oímos antes de nacer y oímos después que han cesado sus funciones el corazón, los pulmones, los ojos, la piel.... somos oído antes de llegar y cuando nos vamos. También es cierto que, como todo sentido, el oído es selectivo. Y el de los hombres-fuertes, aún más. Porque todos los sonidos le llegan desde abajo. No de los lados ni del frente. ¡Menos de atrás! Aunque todo podría ser una ilusión. En el filme Matrix el agente Smith le sentencia a Neo cuando lo tiene contra los rieles y el sonido del tren se torna en estridencia: Listen up, Mr. Anderson. It´s the sound of your death.

Descripción

Las buenas pláticas, las que se cocinan en casa, siempre van acompañadas con una taza de ese invento maravilloso para el paladar. En esta columna alcanza de todo: vida cotidiana »

Acerca del Autor

Periodista. Soñador empedernido. Amante de las investigaciones. Premio Ortega y Gasset 2011. Y papá 24 horas.

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