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Juicio a revisión

Edmundo Jarquín | 8/3/2012
@mundoj1

Soy de los que en más de una ocasión ha reconocido que entre las pocas cosas positivas del gobierno de Ortega, están los esfuerzos que se han venido realizando para cambiar la matriz energética de manera que la generación de electricidad dependa menos del petróleo. Lo hice la primera vez cuando en el 2008 se anunció el proyecto hidroeléctrico Tumarín.

Las últimas informaciones, por cierto escasas, confusas y hasta contradictorias, en materia de energía, incluyendo las apresuradas y poco explicadas reformas legislativas que tienen que ver con la tarifa eléctrica y la “deuda energética” disfrazada, para engaño de ciudadanos y empresas, de “subsidio”, me llevan a revisar ese juicio positivo.

Veamos. Mientras Nicaragua no reduzca sensiblemente la tarifa de la energía eléctrica, de lejos la más alta de Centroamérica, jamás vamos a mejorar la productividad y la competitividad, y por tanto no tendremos ni las inversiones, ni los nuevos empleos, ni el crecimiento económico que necesitamos para salir del atraso y pobreza en que estamos. Con las actuales tarifas, y su impacto en los costos de producción y en el costo de la vida, casi el único atractivo para invertir en Nicaragua son los bajos salarios. Así que el tema tiene implicancias macroeconómicas, pero también y de manera importante, tiene consecuencias a nivel del costo de la vida, el número y calidad de los empleos, y los sueldos y salarios. Los empleados y trabajadores deben saber que su capacidad reivindicativa en materia salarial está limitada, entre otras razones, por la tarifa de la energía.

Ahora bien, la única manera sostenible de reducir la tarifa eléctrica es generando más y más energía con recursos naturales renovables. Y en este sentido algo ha cambiado positivamente la matriz energética en los últimos 5 años, pero ha sido en base a proyectos eólicos y geotérmicos que ya venían en marcha antes que empezara el gobierno de Ortega. Incluso algunos hídricos, como el mayor aprovechamiento del lago de Apanás. En ese contexto, Tumarín lucía como el barco insignia de los esfuerzos del gobierno de Ortega para cambiar la matriz energética.

¿Pero qué ocurre con Tumarín? De nuevo la falta de transparencia informativa impide saber a ciencia cierta que está pasando. Y por el contrario se alimentan dudas en cuánto a si se construirá o no, y cuándo se iniciará su construcción.

Ya en otra ocasión levantamos la duda, ante informaciones confusas y fragmentarias procedentes del gobierno, en cuánto a la forma en que Tumarín impactaría en la tarifa eléctrica. Nos preguntamos entonces sobre la eficacia del proyecto, más allá de reducir la factura petrolera, si el mismo no contribuía a reducir la tarifa.

Ocurre que con motivo de las informaciones sobre el retraso en la construcción de ese proyecto, se mencionó una cifra de inversión sustancialmente superior a la indicada originalmente. Según la última cifra, la inversión por cada megavatio de capacidad instalada andaría alrededor de 4.5 millones de dólares.

Lo anterior me llamó la atención, y estos días revisé las cifras de inversión de 4 diferentes proyectos hidroeléctricos de un país centroamericano, y resulta  que en ninguno de esos casos la cifra de inversión por megavatio de capacidad instalada supera  los 3.5 millones de dólares, y en uno de los casos la cifra no llega a los 3 millones.

Las autoridades del gobierno, y la Asamblea Nacional, están en la obligación de dar a los nicaragüenses una explicación sobre semejante diferencia del 30% o más, porque se trata de generar energía con recursos que nos pertenecen a todos los nicaragüenses, y lo menos que podemos esperar, por las razones anotadas, es que el mencionado proyecto ayude a reducir la tarifa eléctrica. Pero con los montos de inversión que se mencionan, la recuperación de la misma haría muy difícil que ese objetivo se logre.

A falta de suficiente y precisa información, la duda es la consecuencia. Y con este gobierno……

El premio mayor

La solución a los problemas del país no se logra apostando a sacarse en la lotería el premio mayor. La racionalidad de la conducta individual de quien compra lotería cada semana, con la expectativa del premio, tiene sentido, pero no lo tiene en el caso de un gobierno y un país.

El desarrollo de un país no es resultado de un casual premio mayor, sino del esfuerzo constante, permanente, y en condiciones de creciente productividad, de todos sus agentes económicos, grandes, medianos, pequeños y chiquitos. Y el papel de un buen gobierno, es crear condiciones   -con inversiones en educación, salud, infraestructura, y dando confianza política y seguridad jurídica-  para que el esfuerzo de trabajadores y empresarios sea cada vez más eficiente.

Ha sido un lastre para el desarrollo del país que forme parte de la cultura nicaragüense esa expectativa del premio mayor. Es una cultura nociva porque tiende a sustituir el necesario esfuerzo concreto y cotidiano de gobierno, empresas y ciudadanos, por la expectativa de una solución Providencial, casi mágica.

Comentamos lo anterior, porque el gobierno de Ortega, que no es capaz de mantener las carreteras y caminos de producción, o recolectar y depositar seguramente la basura, o resolver los problemas de agua potable, o garantizar libros de texto en las escuelas, o medicinas en los Centros de Salud, una y otra vez se saca de la manga una de esas promesas o expectativas gigantescas que lo que hacen es fortalecer esa negativa cultura de estar esperando de otro, de la Providencia o de la suerte, y no del esfuerzo individual y colectivo, la solución de nuestros problemas.

En una ocasión fue reanudar la demanda por 18,000 millones de dólares a los Estados Unidos, por los daños causados durante la guerra civil de los años 80, y crear la expectativa que con ese dinero saldríamos de la pobreza. En otra ocasión fue la megarefinería “El Supremo Sueño de Bolívar”, que Chávez financiaría; en su momento hasta se habló de producir un algodón que ya vendría con el color de los pantalones que se harían con el mismo; una y otra vez, del puerto de aguas profundas de Monkey Point en el Atlántico, cuando no hemos sido capaces de hacer funcionar el Puerto de Corinto, en otro tiempo uno de los mejores de todo el Pacífico del continente, con la eficiencia de Puerto Cortés en Honduras, o Puerto Caldera y Puerto Limón en Costa Rica. Y repetidamente, desde luego, el canal interoceánico. Este último, volvió a ser noticia esta semana, pero ya no el canal seco, ni tampoco el semi-seco, utilizando tramos de tierra y agua. Ahora fue, de nuevo, el canal húmedo a través del Río San Juan.

Si la hidroeléctrica Tumarín, tan factible y necesaria, está sujeta a tantos vaivenes, todo lo demás forma parte de los “supremos sueños” del “Supremo”, lo que nos recuerda los versos de Calderón de la Barca que los “sueños, sueños son”.

Pero no se crea que se trata de locuras. Es parte de una línea comunicacional sistemática, que sustituye la solución de los problemas concretos de los nicaragüenses con la droga del premio mayor. Es, en definitiva, una forma de drogadicción social.

Comentarios

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Maximo r Suarez

Estoy muy de acuerdo con el razonamiento de don Edmundo , la politica de haser todos los dias , de que habla el gobierno inconstitucional de don Daniel , nos mantiene narcotizados , y como hipnotizados , creemos que eso se va a cumplir en 5 años de gobierno inconstitucional , pero no se va a poder haser , es dificil , hay que desirle la verdad al pueblo , es como que si yo me sacara el premio mayor de la loteria de play money , 150 millones de dolares , lo primero que pienzo es comprar mucha tecnologia que nesecita el Hospital de Juigalpa Chontales , haser otro Hospital en Nueva Guinea , y no soy gobierno y sueño , me quedaria sin un centavo , pero lo que cuenta seria que yo como pobre pienzo en los demas pobres , podria el señor millonario burgues pensar como pobre si ahora es burgues ?

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