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Crónica. La primavera democrática de Guatemala

El día que los guatemaltecos le ganaron a los poderosos

Cuando parecía que Otto Pérez Molina y sus poderosos aliados se salían con la suya y conseguían esquivar la justicia por varios meses, los ciudadanos se les plantaron en todo el país, por lo que los congresistas terminaron dando la espalda a sus dirigentes para quitarle la inmunidad al presidente

Martín Rodríguez Pellecer | Nómada | 2/9/2015
@revolufashion

Para que los días sean épicos tiene que haber incertidumbre. Se sabía que el apoyo de los diputados PP-Líder estaba tambaleando. Y el (todavía) presidente, el (cada vez menos) presidente, Otto Pérez Molina, decidió usar su último cartucho. Desde la mañana de este martes 1 de septiembre de 2015, su sindicato clientelar, la UASP, había bloqueado las puertas del Congreso con clavos y tablas, con sindicalistas armados de palos y con niños y mujeres como escudos. Así esperaban evitar la votación sobre el retiro de la inmunidad al Presidente de Guatemala. Y sí, todos los fantasmas de golpes de Estado pasaron por las cabezas guatemaltecas.

No contaban con que los ciudadanos capitalinos del movimiento contra la corrupción y la impunidad se organizarían para llevar comida y hacer un corredor humano, con rosas blancas incluidas, para apoyar a los policías y permitir que ingresaran los diputados, los trabajadores legislativos y los periodistas. “#QuieroMis105Votos”, les iban diciendo cuando entraban. A las 14.45 dio inicio la sesión, con 113 diputados, de 158. Y ahí empezaron las matemáticas del presidente Pérez Molina. Con dos terceras partes de los diputados, 105 votos, podía perder la inmunidad. Pero entre los 113 conservaba algunas lealtades.

Durante el día, hubo batallas a lo interno de los partidos que conforman la alianza oficialista PP-Líder, como pudieron comprobar estos periodistas que escriben. Antes del pleno, el Partido Patriota de Otto Pérez y Roxana Baldetti convocó a una sesión previa a sus diputados, pero sólo llegaron 25 de los 33. Había ocho congresistas distritales que dejaron de respaldar a Pérez Molina para evitar ser barridos en las elecciones de este domingo 6 de septiembre. Los hermanos Arévalo en Totonicapán, Boris España en Chiquimula, Arístides Crespo en Escuintla. Y algunos fieles a Baldetti, que se sentían traicionados por Pérez Molina. “Se quejaban de no haber tenido apoyos para su reelección”, criticaba uno de los diputados fieles al presidente. Pero era porque su gobierno los estaba hundiendo electoralmente.

Esos ocho diputados rebeldes serían fundamentales para quitarle la inmunidad al general retirado, ahora acusado penalmente de dirigir la estructura de defraudación aduanera La Línea, y probablemente acusado en el futuro de otros escándalos de corrupción.

En el campo de Líder, el partido de Manuel Baldizón, el candidato presidencial que encabeza las encuestas, el escenario era similar. “La orden fue que llegáramos 25 de los 62 diputados para hacer la finta”, se quejó un legislador, molesto. El partido mantuvo el apoyo a Pérez Molina entre junio y agosto porque temía que quitarle la inmunidad –y que pudiera ser enviado a prisión– podría poner en peligro la realización de las elecciones en septiembre. “Pero nos están comiendo los votantes y los alcaldes por seguir defendiendo a Pérez Molina”, resumió otro de los diputados de Baldizón.

Varios diputados distritales de Líder –exceptuando a los 10 que son investigados por la CICIG– oscilaban ayer entre obedecer las instrucciones de Baldizón o las demandas de los ciudadanos departamentales, sus votantes. Optaron, al menos 10 de los 27 que no debían llegar, por desafiar a la bancada y llegar al pleno. Con los 35 de Líder y los ocho rebeldes del PP, la oposición de 65 llegaba a más de 105 votos.

Pérez Molina intentó hasta el último momento convencer a esos ocho diputados del PP. Entre las 14.45 y las 16.15, llamó a sus celulares a cada diputado de los 33 de su bancada. Pero hubo algunos que no le contestaron. Entonces puso al escudero José Fernández Chenal –hijo de un militar compañero suyo en la contrainsurgencia– a pasarle el teléfono a los legisladores que no querían hablar con él. No le atendió el teléfono ni el más experimentado de todos, Oliverio García Rodas, aseguran dos congresistas del PP. El mismo García Rodas lo llamó minutos después para una conversación que no supieron en ese momento el resto de las bancadas opositoras y los ciudadanos. “Presidente, no. No, presidente. Esta votación ya está perdida”, sentenció el veterano legislador.

Eso no lo sabía el pleno ni los ciudadanos. Había 133 diputados presentes, pero 33 eran del PP. Al menos cinco tenían que rebelarse contra Pérez Molina.

Empezó la votación a las 16.15. Las caras de los representantes de la sociedad civil y de los 65 diputados opositores –de ocho bancadas– no daban lugar al optimismo. Sabían que era su última oportunidad de desaforar a un presidente democráticamente electo, por una acusación de corrupción. Y que solo había una votación. Roberto Villate, de Líder, parecía sofocarse y pidió un vaso de agua.

La votación continuaba. En el tablero electrónico iban aumentando los diputados que votaban a favor, en verde, y disminuyendo los que no votaban, en anaranjado: 37, 45, 65 a favor de quitar la inmunidad a Pérez Molina para que enfrentara la justicia. Hasta que de pronto pareció haber un corte y se puso la pantalla en blanco. Sí, una conspiración pasó por todas las cabezas.

Pero de pronto se proyectaron los nombres de los diputados que no habían votado. Solo de Líder y el PP. Más presión pública. Y sonó un “vamos pues” de diputados de Líder, como suenan los corridos o la tribuna de los palenques de gallos cuando uno de los dos pájaros está a punto derrotar para siempre al otro. Quedaban los del Partido Patriota. Y uno a uno de los ochos fueron votando, y se les sumaron los leales a Pérez Molina. Estalló el grito de los diputados de la UNE y el palco de representantes de la sociedad civil –entre los que resaltaban algunos de #JusticiaYa y una bandera grande de Guatemala– empezó a gritar y aplaudir.

A pesar de la lluvia, los ciudadanos fuera del Congreso, que oían la transmisión en la radio, estallaron también y empezaron los abrazos, las lágrimas, el festejo. Cuetes, vuvuzelas, gritos y tambores. Sobre los charcos, sobre el asfalto y sobre la acera. “El pueblo ganó”, “sí se pudo”, “el pueblo, presente, no tiene presidente”.

El ambiente frente al Congreso y luego en la Plaza Central era de alegría y alivio.

Adentro, los pocos diputados fieles al presidente recibieron la orden de votar para no quedar en evidencia. Las caras de Valentín Gramajo o Gudy Rivera eran las de un velorio. Roberto Villate, jefe de bancada de Líder, no celebraba. “Les guste o no les guste, sin nuestros… 34, 35 votos, no hubiera sido posible quitarle la inmunidad a Otto Pérez Molina”.

Pero en la cúpula de los partidos Líder y PP no había convencimiento ni euforia. Buena parte de la ciudadanía escuchó este lunes el audio de Guatevisión de una reunión del partido en la que Baldizón se mofaba de los manifestantes y llamaba a sus seguidores, con tono agresivo y belicoso, a propinar una paliza el día de las elecciones.

Pero el tono belicoso de Baldizón y Pérez Molina no resistió al movimiento ciudadano y a la presión que hizo entre el jueves y el martes a sus diputados distritales.

Eso sí, hay una diferencia entre el movimiento que logró la renuncia de la vicepresidente Roxana Baldetti el 8 de mayo y el que logró el desaforo de Pérez Molina el 1 de septiembre. Contra Baldetti estaban el MP-CICIG, los ciudadanos y los poderosos (Cacif, EEUU, Baldizón). Contra Pérez Molina estuvieron el MP-CICIG y los ciudadanos desde el principio, pero lo respaldaron desde mayo hasta agosto Estados Unidos, la Cámara de Industria y Manuel Baldizón. Y desde la semana pasada, cuando perdió el apoyo la Cámara de Industria, entró a respaldarlo el multimillonario Mario López, dueño de Tigo.

Esta vez, como en las primaveras, los ciudadanos pudieron más que los poderosos. Presionaron tanto a los diputados, con la manifestación y el paro nacional del jueves 27 de agosto y en los siguientes días, que tuvieron que rebelarse contra Pérez Molina y Baldizón.

Desde este día, Otto Pérez Molina deberá enfrentar a la justicia como un ciudadano común. Un ciudadano común que no podrá salir de Guatemala. Desde anoche está arraigado, contó en una conferencia para cerrar la jornada Thelma Aldana, la jefa del Ministerio Público (MP). “Siempre existe ese riesgo (de la fuga), siempre existe esa posibilidad. Yo en principio creería que el Presidente en ejercicio del cargo, no va a salir del país. Pero como Fiscal, también debo tomar algunas decisiones y creo que el arraigo es una medida precautoria necesaria en este momento”. “En este momento ya es un ciudadano común, puesto que ha perdido inmunidad y, en consecuencia, habrá persecución penal contra el Presidente”. Aldana dijo que se analiza que sea a corto plazo la solicitud de prisión preventiva para Pérez Molina. El dilema ahora está en si será una orden de captura en su casa o en la Casa Presidencial, o si será citado a declarar ante el juez Miguel Ángel Gálvez.

En el momento en el que el juez Gálvez, el que mandó a la cárcel preventiva a Roxana Baldetti, decida que hay peligro de fuga y que Otto Pérez Molina debe ir a la prisión mientras duran las investigaciones y el juicio, en ese momento perderá su calidad de Presidente de la República y asumirá el Vicepresidente. En ese momento la Corte de Constitucionalidad deberá decidir si son aconsejables unas elecciones en estas condiciones.

De momento, la fiscal Aldana, que ha estado a la altura de su antecesora Claudia Paz y Paz, mostró por primera vez emociones frente a la prensa. “Es realmente una mezcla de sentimientos. Me da mucha pena, mucha preocupación, que un presidente, en el ejercicio del cargo, sea sometido a un proceos legal. (Pero está) el hecho de reconocer que en el país ha prevalecido la legalidad. Guatemala está dando muestras de que en nuestro país nadie es superior a la ley. Y que en consecuencia será un mensaje para todos los funcionarios públicos actuales y futuros, de que nuestra actuación debe ajustarse a la Constitución, a las leyes del país, porque de lo contrario la justicia puede llegar a cualquier persona que transgreda la ley”.

La primeravera guatemalteca empieza un nuevo capítulo.

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* Gabriela Ríos, Oswaldo Ical y Rocío Conde contribuyeron a esta cobertura

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