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Auto de fe en el BCN

El debate actual, en torno a la validez de los registros estadísticos del BCN, es producto de una rebelión intelectual individual, de un solo economista, uno solo, que con su coraje ético profesional representa la dignidad nacional, que sobrevive apenas al derrumbe cultural del país y a la bancarrota moral

Fernando Bárcenas | 20/8/2015

“Soy amigo de Platón, pero, más amigo de la verdad”

Nuestra realidad de atraso económico y cultural ha producido el sistema o modelo corporativo absolutista de gobierno que tenemos en estos días amargos en Nicaragua, del cual se retroalimenta, con más énfasis, un atraso cultural mayor, y se consolida de manera redundante la sustracción de derechos a la población. Este proceso de burocratización galopante fomenta a la vez tendencias anarquizantes en la sociedad, por la carencia de un método científico en la toma de decisiones. Los acontecimientos imprevistos se imponen al país sin una causa comprensible, y se agrava, también, la opacidad y la incertidumbre, reduciendo al ciudadano a la pasividad, mejor dicho, a la indefensión, propia de una narración kafkiana cargada de laberintos burocráticos y de alienación.

Prevalece, entonces, por desgracia, una sensación surrealista o de pérdida de la racionalidad, como nunca antes en nuestra historia moderna. El absolutismo, como improvisación total, es doblemente absurdo, porque hay un abuso caprichoso en el centro del poder, y un vacío de conciencia previsora frente a la realidad. En una primera fase, la calidad humana se contrae para sobrevivir, e involuciona como ser social. Las encuestas de opinión no registrarían más que contradicciones de conciencia. Es un eco del despertar de la anarquía en ciernes, que nos hace retroceder como nación.

Debate lúcido sobre la deformación del BCN, en el análisis de los fenómenos económicos

El debate actual, en torno a la validez de los registros estadísticos del BCN, es producto de una rebelión intelectual individual, de un solo economista, uno solo, que con su coraje ético profesional representa la dignidad nacional, que sobrevive apenas al derrumbe cultural del país y a la bancarrota moral. He allí, la importancia excepcional que para la suerte política de este país tiene la posición intelectual solitaria adoptada por el doctor Adolfo Acevedo, frente a un coro rústico, reunido por el COSEP, para emitir con voz ronca y desafinada cantos de sirena que, al parecer, encantarían a los oyentes.

Prueba de virtud, señalaba un filósofo latino, es desagradar a los malvados. Se trata, para las víctimas de este sistema, de avanzar hacia una cultura algo más racional y perdurable, recuperar la lucidez intelectual activa, fomentar una lucha clarividente, con una visión social progresiva.

En la carrera de economía, en todas las universidades del país, los estudiantes deberían intimar a sus profesores para que antes de continuar sus clases analicen el debate actual en torno a los registros estadísticos del BCN. Si las nuevas generaciones no aspiran a una formación científica consistente con la debida aplicación del conocimiento técnico en las instituciones del Estado, ¿a qué sirven al país sus estudios profesionales? Para saber algo, decía Séneca, no basta con haberlo aprendido. Si los herederos de nuestro destino como pueblo, no se pronuncian como dueños de la transformación consciente del rumbo del país, su vida caerá como peso muerto en el platillo equivocado de la balanza de la historia: en el platillo que junto a los corruptos, recoge a los que toleran los abusos y a los que callan.   

Los registros estadísticos del BCN como propaganda ad hoc

El Banco Central lleva registros estadísticos y contables, que para el COSEP son un fin en sí, o bien, se elaboran con fines propagandísticos, que es una forma de alienación embrutecedora. Los resultados de las operaciones matemáticas en el BCN adquieren vida propia, separados de la realidad. Su fin –según el criterio que ha expresado el presidente de COSEP- no es la reproducción por medio de variables explicativas de la realidad dinámica, sino, atraer inversiones y conseguir financiamiento a cualquier costo. En tal sentido, los errores se convierten en una amenaza, no porque constituyan una eventualidad profesional, sino, porque obligan a revisar la relación de causalidad entre la realidad y los guarismos que pretenden explicar la acción de los agentes económicos.

De ahí que la burocracia se esfuerce en negar los errores con histeria, en ocultarlos, o en saltar sobre ellos como simples obstáculos.

Lo que debería atraer inversiones y facilitar préstamos es la realidad económica, su tendencia evolutiva, y la información transparente y oportuna sobre dicha realidad, no la credibilidad a ciegas en los datos registrados en el BCN, en una situación de arrogancia burocrática frente al control y a la auditoría ciudadana. El auditor, en este caso, debe ser auditado por la ciudadanía. Es esa, la auditoría ciudadana, la que genera confianza en un inversionista serio.

Ahora, gracias al trabajo escabroso dirigido por el presidente del COSEP (lo que hace sonreír maliciosamente a Ortega), los registros estadísticos del BCN adquieren autonomía burocrática, sin función explicativa. Es decir, son producto de la maquinaria y basta. Para Aguerri, entonces, habrá que alabar la maquinaria, otorgarle confianza e infalibilidad.

La economía como actividad epistemológica

El Presidente del COSEP indujo a organizaciones gremiales, asociaciones de bancos y a organismos de análisis de la economía, a suscribir un comunicado de CONFIANZA a priori en el sistema de Cuentas Nacionales, sin comprender que la economía, como ciencia social, obedece a un concepto filosófico sobre la teoría del conocimiento y del actuar humano, que independiza el conocimiento de la metafísica. Es decir, sin comprender que todas las ramas y escuelas de economía parten de la convicción epistemológica que el ser humano no es capaz de enunciar verdades que tengan carácter universal, y que el conocimiento sólo es posible con la investigación científica, de prueba y error.

El conocimiento no se logra haciendo trampas

La ciencia es un proceso investigativo para detectar fraudes, sean errores empíricos, errores de lógica o errores causados por mala intención. La ciencia, más allá de descubrir errores, trata de explicar la realidad concreta y su devenir. Su éxito radica en su habilidad para desentrañar doctrinas falaces, en refutar teorías inconsistentes, y en aceptar, provisionalmente, hipótesis corroboradas experimentalmente, mientras no puedan ser refutadas racionalmente.

Para sorpresa de la nación, el pasado 12 de agosto, José Adán Aguerri leyó un comunicado firmado por El Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), la Asociación de Bancos Privados de Nicaragua (Asobanp), Bolsa de Valores de Nicaragua, la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (Fideg) y Consultores para el Desarrollo Empresarial (Copades), por el cual, estas organizaciones reiteran su CONFIANZA en el Sistema de Cuentas Nacionales. Confianza que no tiene que ver con la racionalidad económica, sino, con una falsa lógica (que infla diferentes burbujas respecto a bienes indispensables), como el invento del queso verde propuesto irónicamente por Keynes para que la gente pudiera coger la luna con la mano.

La lógica, en economía, actúa ciertamente, pero, con retardo. En ese lapso de tiempo diferido, actúa a sus anchas la especulación política, cavando con picos y palas las crisis cíclicas que caerán sobre la población.

Preguntas concretas al BCN

Como lo señala oportunamente el doctor Adolfo Acevedo, el BCN debe responder, concretamente, ¿por qué había una severa discrepancia (del 10 % del PIB) entre las cifras de la balanza de pagos y las cifras de las Cuentas Nacionales (que se hizo evidente para el FMI, en 2014, al no registrar las importaciones de las maquilas en el déficit de cuentas corrientes)? ¿Cómo se corregiría desde sus orígenes este error, sostenido a partir de 2011? ¿Y cuáles efectos tendría esta corrección en el resto de cifras sobre el valor agregado general y sectorial de la economía? Adicionalmente, debía responder ¿por qué, a partir de 2009, se han producido complejos cambios inexplicables en el porcentaje relativo del valor agregado de cada uno de los sectores de la economía, en apariencia, generados aleatoriamente, sin una explicación o relación causal con la realidad económica?

Los registros estadísticos del BCN, en 2009, se lanzan ahora de cabeza y dan saltos acrobáticos en una cama elástica.

Función falaz del comunicado del COSEP y compañía

En lógica, una falacia es un intento de persuadir o de manipular con argumentos que parecen válidos, pero, no lo son. En este caso, sumamente penoso para el país, Aguerri habría usado una falacia descartada en los albores del método científico, conocida como argumentum ad verecundiam, o bien como argumento de autoridad o magister dixit.

Esta falacia consiste en afirmar que algo es verdadero porque se cita a una autoridad en la materia, como si su opinión fuese un argumento de prueba suficiente. La autoridad profesional de las organizaciones que firman el comunicado, redactado por Aguerri, serían la prueba –propia del pensamiento medieval, metafísico-, que las Cuentas Nacionales son de calidad, por tanto, no habría posibilidad de error en las mismas.

El padre del método científico moderno, Galileo Galilei, afirmaba que no es con la autoridad de algún pensador o funcionario que se podía interpretar los fenómenos de la naturaleza, sino, con el conocimiento de un instrumento matemático.

Es ese instrumento, precisamente, el que está bajo duda en los registros estadísticos del BCN.

Ingeniero eléctrico

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