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Pan de Vida nació en un horno de ladrillo en San Juan del Sur

El buen sabor del pan artesanal

Un pequeño negocio familiar de una pareja de norteamericanos que llegaron a la playa desde Chicago, logró expandirse en Nicaragua gracias a Internet y a la publicidad boca a boca. Ahora están en Managua y ya son una franquicia regional

Cinthia Membreño | 15/8/2015
@LaMembrete

“¿De dónde demonios salió este lugar?”, se preguntó Oliver Best cuando probó el primer trozo de pan de banano que compró en Pan de Vida, una sencilla panadería que encontró a la entrada de la ciudad de San Juan del Sur, uno de los destinos turísticos más famosos de Nicaragua. El joven no entendía cómo algo tan delicioso podía elaborarse tan lejos de Managua, pero concluyó que era mejor así. Si la tienda hubiese estado demasiado cerca de su casa, corría el riesgo de engordarse. O peor aún, caer en bancarrota.

Lo que no sabía el ex director creativo de la revista cultural HECHO era que terminaría adquiriendo una franquicia para montar la filial de dicho negocio en la capital. Aunque había trabajado para la industria alimenticia durante su juventud y contaba con experiencia como empresario, su territorio eran las artes visuales para medios de comunicación. Cambiar de ámbito fue un reto. “El proceso de hacer pan artesanal en un horno de ladrillo es muy diferente a elaborarlo industrialmente porque los tiempos son distintos. Pero a mí me gusta experimentar, aprender cómo se hacen las cosas desde cero”, asegura.

Una panadería de playa


Tiempo antes de convertirse en panadero, Oliver conoció a Eric Slater, propietario original de Pan de Vida y quien descubrió San Juan del Sur durante un viaje mochilero que hizo por Centroamérica junto a su esposa Stephanie. Originarios de Chicago, decidieron montar en Nicaragua un negocio familiar similar a una galería de arte. En lugar de exhibir pinturas, el local mostraría una variedad de deliciosos panes dulces y salados. Arrancaron en 2009 con un presupuesto de 10 mil dólares y la responsabilidad de pagar US$300 en renta. El plan de hacer arte con alimentos parecía prometedor, pero alcanzar el éxito tomó su tiempo.

“Establecimos como meta ganar cien dólares al día, era todo lo que necesitábamos para pagar la renta. Al principio yo surfeaba cuatro días a la semana, ahora lo hago cuatro veces al mes”, dice Eric entre risas. “Durante el primer año vendíamos muy poco pan. Nuestros clientes eran amigos o turistas que visitaban la ciudad, pero luego llegó (el equipo técnico) del programa Survivor y todo cambió para nosotros. Pasamos de ser un pequeño negocio familiar a convertirnos en una empresa que manejaba encargos. Nunca teníamos lo que ellos buscaban, pero les pedíamos que nos dieran un par de horas para elaborarlo y cumplíamos. Así logramos triplicar las ganancias”, recuerda.

Poco a poco, la pequeña panadería fue haciéndose famosa entre los políticos y empresarios que poseen residencias vacacionales en el departamento de Rivas. Los jóvenes de clase media como Oliver y su esposa, Eugenia Arana, también se convirtieron en fieles visitantes del local. “Éramos de esos clientes que no podían dejar San Juan del Sur sin comprar pan de la tienda”, expresa Eugenia, quien ahora funge como gerente general de Pan de Vida Managua. Eric incluso recuerda cómo ella le compraba hasta treinta dólares en productos, llenaba su camioneta de focaccia, pan de banano, galletas de chocolate, entre otros, para tenerlos de reserva en su casa capitalina.

La franquicia, una estrategia de negocio

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Los propietarios de Pan de Vida Managua adquirieron la franquicia en un momento de transición. La revista HECHO, manejada por Oliver y sus socios, había dejado de circular. Y Eugenia, quien se desempañaba como relacionista pública, renunció a su trabajo para darle un nuevo giro a su carrera. Desempleados y con ganas de emprender un proyecto nuevo, estos jóvenes cuentan que se sintieron motivados al observar cómo una pareja de extranjeros adquirieron la primera franquicia de la panadería para montar una sucursal en Granada.

Para Febrero de 2014, la segunda franquicia de Pan de Vida abrió en los Altos de Santo Domingo, un residencial de clase media alta ubicado en Managua. Oliver y Eugenia invirtieron unos 30 mil dólares para la construcción de un horno de ladrillo refractario, la remodelación del local y la adquisición de equipo tecnológico. Contrataron también a un equipo de seis empleados para elaborar un menú similar al de la panadería original, y diversificaron la oferta agregando varias opciones de sándwiches y pizzas que elaborarían artesanalmente.

Entre las ventajas con las que contaron los dueños de la franquicia de Managua, destaca que Oliver ya tenía experiencia como empresario. Por otra parte, no tuvieron que contratar a diseñadores o fotógrafos porque Oliver tiene experiencia en dicho ámbito. “Hacer pan es un tipo de arte. Si esta fuese una panadería industrial probablemente no me hubiese interesado el proyecto. Disfruto este trabajo porque tenés que poner manos a la obra. Tomo las fotos de nuestra panadería y elaboro todos los diseños. Todavía hago lo que hacía antes, pero soy mi propio cliente. No tengo que trabajar para otros”, indica Oliver.

Otro punto a su favor fue que pudieron absorber a toda la clientela que no podía viajar a San Juan del Sur con regularidad y ganaron otros en el residencial donde se ubican. Por su parte, los más de 9 mil seguidores que poseen en su página de Facebook dan una puntuación de 4.8 estrellas a sus productos y aseguran que son de los mejores que han probado hasta ahora, aunque los dueños no sean los mismos.

“Somos propietarios diferentes, pero tratamos de mantener el menú igual que en San Juan del Sur para que los clientes lo reconozcan. Tienen altas expectativas porque conocieron la primera tienda. Se ha creado una especie de competencia entre las filiales porque todas saben que una mala reseña que exista en una de ellas afectará a las demás”, afirma Eric, quien además de vender franquicias construye hornos de ladrillo valorados en cinco mil dólares para clientes privados. De igual manera, asesora a los propietarios y empleados de cada sucursal de Pan de Vida.

La apuesta por el restaurante ambulante


Eric asegura que la clave del éxito de Pan de Vida ha sido la publicidad boca a boca. Para él, los nicaragüenses han sido los responsables de la expansión de su negocio y la promoción de su nombre. “A veces voy a Matagalpa, me presento y le digo a la gente que tengo una panadería que probablemente no conocen. Me sorprendo cuando me dicen que estoy equivocado, que sí han escuchado de ella”, confiesa.

Gracias a Craigslist, un popular sitio web estadounidense de anuncios clasificados, también logró vender una franquicia de su panadería en Panamá. Para los próximos años, a este joven le gustaría ver franquicias del negocio en cada una de las capitales de Centroamérica, así como de sus ciudades más turísticas, entre ellas Antigua o Bocas del Toro. “Estoy muy involucrado en los primeros meses de operación. Luego superviso durante seis meses o un año. Luego de eso, nadie me llama a menos que haya un problema. Nadie lo hace para decirme: ¡Eric, tuvimos un muy buen día!”, bromea el joven.

Junto al empresario, Oliver y Eugenia también desarrollan otro proyecto. Hace unos meses, compraron un gigantesco camión de carga Mercedes Benz de 1978 para remodelarlo y convertirlo en un verdadero restaurante ambulante, como los que se observan en Nueva York o Estados Unidos. La idea es ubicarse cerca de complejos de oficinas o viajar a puntos céntricos de Managua, como Carretera Sur, para estar cerca de donde vive la mayoría de clientes que les han pedido expandirse todavía más. “Vamos a probar áreas y ver dónde responde mejor la gente”, promete Eugenia.

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Pan de Vida Managua está ubicada en la entrada a los Altos de Santo Domingo, en el Costado Oeste de Ecami. Su número telefónico es el 2255-1029.

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