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'La clave del éxito está en la persistencia, el orden y el aseo', asegura Ana Vivas

El secreto de una experta en batidos

La propietaria de Siembras y Cosechas nunca llegó a la universidad, pero es el rostro de una exitosa empresa que promueve una vida saludable por medio del consumo de frutas

Cinthia Membreño | 9/8/2015
@LaMembrete

Quien haya experimentado el caluroso verano de Nicaragua, coincidirá en que uno de los mayores placeres de la temporada es refrescarse con una fruta fresca del Trópico. Si se pueden mezclar varias de ellas, mejor. Y si a la ecuación añadimos leche, helado o yogurt, pues todavía más rico. Vamos, pensará usted, que no se olviden del hielo, ¡porque me derrito!

En todas estas exigencias pensó Ana Vivas cuando ideó Siembras y Cosechas, un exitoso local donde venden –a nuestro juicio– los batidos más sabrosos de Managua. Al diseñar el menú del local, no pensó precisamente en los centenares de clientes que tendría en el futuro sino en sus seis hijos, quienes mostraban una gran aversión a las frutas. Esta madre de familia diseñó entonces una estrategia para “engañar” su paladar. Y lo logró, conquistando además al que quiera alimentarse sanamente.

Originaria del departamento de Río San Juan, Ana vivió durante veinticinco años en Costa Rica. Aunque regresó hace seis a Nicaragua, en su hablar todavía se asoman vestigios del acento del Sur. De aquellos días también quedó la filosofía empresarial que ahora aplica en su país natal, pues su pasión por el negocio de la comida la impulsó a abrir unos cinco restaurantes de cocina tradicional mientras residía en el exterior. Sabor Nicaragüense, el más grande de todos y ubicado en el corazón de San José, es el único que ha quedado de ellos.

Una mujer con ambiciones

Hace tres años, esta emprendedora consideró que Nicaragua necesitaba tener un exitoso local de batidos como los muchos que observaba en San José. Por fortuna, encontró un empresario dispuesto a compartir ideas para emular su exitoso modelo de negocio. “Me dijo: ¡claro! Véngase a la tienda. Yo le ayudo, venga a aprender”, recuerda, agradecida. Aquel gesto permitió que Ana inaugurara el primer local de Siembras y Cosechas en Estelí, la ciudad donde nació su esposo. Lo hizo, no sin antes convertir a sus hijos y compañeros de clase en catadores de su producto.

“Desde que comencé a hacer batidos, a pintar mi local y colocar la maquinaria, imaginé mi negocio expandiéndose por toda Nicaragua”, confiesa quien ahora posee una red de 35 sucursales en diez departamentos del país. Su éxito ha sido tal, que incluso abrió un establecimiento en Bluefields. “La marca se ha posicionado tanto, que pareciera que tuviéramos diez o veinte años en el mercado. Nos hemos convertido en una referencia”, expresa.

Para montar su primer local, Ana invirtió 15 mil dólares que consiguió gracias a su esposo, quien vendió una finca para apoyarla en su nueva aventura empresarial. Sus clientes también ayudaron a que su negocio creciera. Muchos de quienes probaban su producto en el Norte de Nicaragua también le sugerían que expandiera la empresa y se ofrecieron a alquilarle locales en otros departamentos, principalmente en Managua. “Me dejaban las direcciones para que fuera a verlos”, admite entre risas.

La filosofía del compartir


La dueña de Siembras y Cosechas sabe que el éxito de su negocio también genera impacto en la cadena de consumo nacional. Por ello, decidió comprar las frutas con las que elabora sus batidos a los productores de los departamentos donde ubica cada una de sus sucursales. “Ahora estamos apoyando a unos muchachos de Estelí para que creen plantíos de fresa y logremos abastecernos de esta fruta que escasea en Nicaragua”, indica.

La evolución de su empresa también hizo que Ana diseñara estrategias para mejorar procesos. Antes importaba, como comerciante individual, los vasos y la maquinaria necesaria para elaborar su producto. Después de tres años en el mercado, consiguió contactos en Filipinas y Brasil, desde donde trae los mismos insumos pero bajo la sombrilla de una empresa fortalecida y con una presentación mucho más moderna. Gracias a esto, la venta mínima ronda los 120 batidos diarios en sus locales más pequeños y llega hasta 350 vasos en una buena temporada.

Para ella, el éxito o el fracaso de un empresario depende más de la persistencia de la persona que de las dificultades que pueda presentar la economía. “Mucha gente dice, ay, a mí me va mal. Pero si nos levantamos a las diez de la mañana y nos acostamos a las tres de la madrugada viendo una película, no veo cómo. Si yo me tengo que levantar a las tres de la mañana para estar en Managua a las seis, lo hago. Si tengo que viajar a la frontera para revisar mi producto, voy”, manifiesta.

Pero Ana reconoce que el apoyo de entidades como el Instituto Nicaragüense de Turismo (INTUR) también ha jugado un valioso rol en la promoción de su negocio. En numerosas ocasiones, la han invitado a eventos de gran afluencia turística, como torneos internacionales de surf, Nicaragua Diseña, ExpoImagen y Expo Ometepe. El sector privado también se ha enterado de su propuesta. El pasado jueves, por ejemplo, de la sucursal que posee cerca de la rotonda de Cristo Rey salió un encargo de 500 batidos para un call center que organizó un evento para sus empleados.

Un cambio de mentalidad

Esta empresaria nicaragüense asegura que haber vivido en el exterior cambió su concepto del mundo de los negocios, en específico del ámbito gastronómico. “Cuando uno está en otro lugar mira todo diferente, aprendemos de lo bueno de cada país. Aprendí a invertir mis ganancias en los locales, en lugar de coger el dinero y gastarlo de inmediato. Yo me preguntaba por qué había hecho tanto en Costa Rica y no en Nicaragua, esa fue una de las razones por las que regresé”, dice.

Curiosamente, el éxito de Ana ocurrió sin haber llegado siquiera a la secundaria. “No estudié, llegué hasta sexto grado, pero sé cómo tratar bien al público y a mis colaboradores (…) He comprendido que para que un negocio sea exitoso, debe haber aseo y orden”, añade.  

Desde pequeña, ella soñaba con tener un restaurante y durante su adultez descubrió que el negocio de la comida era su fuerte. Con una empresa en Costa Rica y 35 sucursales de Siembras y Cosechas en Nicaragua, el reto de expandirse le apasiona. Para finales de año, pretende superar las 50 sucursales de batidos y ya está coordinando esfuerzos para cruzar fronteras. Centroamérica no está entre sus planes, sino el Caribe.

“Me llama la atención Cuba. La isla está en una etapa de crecimiento y quiero aprovechar ese momento. Ahora es cuando más turistas están llegando. Es hora de tener presencia allí, ser parte de la novedad. Estamos haciendo todos los trámites para lograrlo”, advierte.

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