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Por la verdad histórica

Mis detractores insisten en conminarme a rectificar y arrepentirme por mi mal comportamiento. Siempre he dicho que cargo con mis errores. Esa misma petición formulo a todos ellos

Guillermo Rothschuh Villanueva | 2/8/2015

A raíz de mi reclamo al periodista Joaquín Absalón Pastora, por haber mentido descaradamente en su libro Cincuenta Años de Radio (2006), al decir que yo había asumido el papel de verdugo al ordenar el cierre definitivo de El Momento —radioperiódico bajo su dirección—  en vez de rectificar se lanzó contra mí. No obstante de haberle aclarado que mi cargo en el Ministerio del Interior, fue de director de Relaciones Públicas y que contrario a sus afirmaciones, estando en ese puesto, fui yo quien se encargó de abrir su noticiero, ha insistido en sostener lo contrario. Cada cierto tiempo Pastora repite una y otra vez el falso estribillo que escribió en su libro. Me señala de haber ejercido la censura en su contra y me pide que rectifique por haber incurrido en este despropósito. Su empecinamiento me ha llevado a pensar que actúa de mala fe. Solo de esta manera puedo juzgar su actitud. Pese a evidencias en contra, jamás ha querido entender, que más bien actúe a su favor. Estamos frente a un memorialista desmemoriado.   

Tampoco logro comprender qué motivos tienen algunos periodistas de atribuirme culpas que no tengo. En una larga entrevista que me hizo Fabián Medina a principios de los noventa del siglo pasado para El Semanario, formuló la siguiente interpelación: Una pregunta personal, ¿te arrepentís de algo que hayas hecho en estos años que llevas trabajando en la comunicación? Alguna gente critica el momento en que estuviste en la Dirección de Medios. Mi respuesta fue contundente. 1.- La dirección de medios se creó dentro de la concepción francesa. Por eso nació adscrita al Ministerio de Cultura. 2.- A mí me correspondió la etapa que estuvo en el Ministerio de Cultura. Saboreé lo amargo y dulce de un cargo difícil de jinetear. En diferentes ocasiones el Ing. Jaime Chamorro Cardenal —director de La Prensa— ha tenido la entereza de expresar que yo nunca censuré a ese diario. ¿A qué razones atribuir tanta maledicencia? Comprendo los motivos para mentir del exdirector de El Nuevo Diario y del gerente general de Banpro. Trataron de lavarse las manos después de congraciarse con el gobierno cerrando El Alacrán.

Con el ánimo de aclarar ante la opinión pública el papel que me correspondió jugar en el caso del cierre de El Momento y evitar futuros infundios, voy a demostrar una vez más la falsedad de las palabras de Pastora. Cuando se produjo el cierre de su noticiero indiqué al Comandante Tomás Borge, Ministro del Interior, lo inadecuado de esta medida. Agregué, que si me dejaba resolver la crisis, lo lograría de inmediato. El Comandante Borge me dijo que la Dirección de Medios estaba bajo responsabilidad del Comandante René Vivas, vice-Ministro del Interior. Ante mi insistencia lo llamó y le indicó que dejara en mis manos la resolución del conflicto. Durante mi paso por la Dirección de Medios en el Ministerio de Cultura, había establecido una buena relación con don Manuel Arana Valle, dueño de Radio Mundial, donde funcionaba El Momento, le llamé por teléfono pidiéndole que se presentara a mi oficina junto con Pastora. Cosa que ambos hicieron. Don Manuel dejó testimonio de la forma que me conduje como director de medios en el libro Radio Mundial. El sueño de un radiodifusor (2008).  

Como algunos miembros del clan de falsedades, han sido antiguos periodistas de El Nuevo Diario —deseo recordar igualmente— que el doctor Danilo Aguirre Solís, director de ese medio, al ser entrevistado por el periodista Carlos F Chamorro en el programa televisivo Esta Noche, reiteró que yo no había estado en la Dirección de Medios en el Ministerio del Interior, que fui director de Relaciones Públicas, y contrario a lo dicho por Ernesto Aburto, nunca había censurado El Nuevo Diario. Ni siquiera la sumatoria de tantas evidencias ha sido suficiente para que los apologistas de las mentiras sigan con sus embustes. El poeta Pablo Antonio Cuadra, antes que ninguno, se había encargado de aclarar las relaciones de respeto que forjamos cuando él se desempeñaba como director de La Prensa y yo estaba al frente de la dirección de Medios en el Ministerio de Cultura. Un periodista de la Corporación, despistado como siempre, dijo que contaba con veinte censores y otro con mentalidad más afiebrada que había llegado a censurar Pancho Madrigal. ¡Dios mío, cuanta mentira!

Mis detractores insisten en conminarme a rectificar y arrepentirme por mi mal comportamiento. Siempre he dicho que cargo con mis errores. Esa misma petición formulo a todos ellos, ahora que pongo ante los ojos de los nicaragüenses, la siguiente fotografía que apareció en primera plana de El Nuevo Diario en la edición del jueves 7 de enero de 1982.

Con esta nueva prueba ¿será que sobra y basta? Espero que tengan la humildad de disculparse, no ante mí, sino ante la opinión pública, a quien han venido mintiendo y tratado de engañar.   

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