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Café humeante

La otra masacre de las Jagüitas

Hemos pasado a la ostentación del control de la justicia que sin reparos asume que se trató de un error el ataque contra una familia inocente

Octavio Enríquez | 23/7/2015
@cabistan

La Policía Nacional no es la única responsable de la segunda masacre—ahora judicial— contra la familia de Milton Reyes y su valiente esposa Yelka Noemí Ramírez, a quien he visto llorar, con el brazo derecho morado contando que un oficial le había pateado a su hijo muerto el 11 de julio.

La madre contó que este oficial, de quien todavía se desconoce su nombre, llamó a su esposa delante de ella para decirle que se tranquilizara, que había matado a unos niños y esto iba para largo. Aún con el gatillo caliente, él no tenía duda alguna que saldría impune.

Este miércoles a espaldas de las víctimas, el Ministerio Público rebajó de homicidio culposo a imprudente el ataque militar producido contra esta familia en el marco de un supuesto operativo antidrogas que acabó con dos niños y una joven muerta, dos infantes lesionados y dejó dos adultos vivos de milagro.

La tipificación en la acusación permitirá una pena de uno a cuatro años según el código penal y no un castigo mayor. Es cierto que los principales responsables del crimen son quienes dispararon el gatillo, pero también el supervisor policial y quien dio la orden final de que acribillaran con más de 40 balazos el vehículo en que viajaba esta familia inocente. Sin embargo, nadie sabe quiénes son, porque sus nombres han sido mantenidos bajo reserva como todo en el caso que cumple hoy 12 días de impunidad.

No se puede más que sentir dolor e indignación como periodista y ciudadano. De la masacre de las Jagüitas hemos pasado a la ostentación del control de la justicia que sin reparos asume que se trató de un error; hemos pasado a ver un sistema sicario, sin pudor ni vergüenza de sus integrantes, sino orgullosos por los atropellos cometidos.

En estos momentos están mirando hacia otro lado silbando, pero permítanme recordarles que en esta historia fatídica nadie pasa por alto en la opinión pública que son responsables la Fiscalía, que debía acusar por delitos que no fuesen leves como finalmente lo hizo; la primera comisionada Aminta Granera, quien dijo sentir el dolor de madre y abuela al ver el resultado in situ del crimen cometido por sus agentes;  y está el Jefe Supremo, el comandante Daniel Ortega, que dedicó 15 segundos a la masacre en plena conmemoración de la revolución sandinista para calificar de dolorosos los hechos y orientar que se perfeccionen los operativos, asumiendo indirectamente que los niños muertos eran bajas colaterales de la guerra contra el narcotráfico y no el resultado de la descomposición promovida por las altas esferas del poder.

Ahora lo hemos entendido plenamente. El comunicado inicial de la Policía justificando la masacre, reconociendo la experiencia de los oficiales antinarcóticos y señalando al padre de no detenerse en un lugar oscuro y rural de Managua lo que “motivó” sus disparos, anunció adonde se cargaban los dados. Y no fue con las víctimas por supuesto.

¡Qué pena por ustedes que dicen ser funcionarios públicos! Hágannos el favor de verse en el espejo: Poderosos y violadores de derechos humanos.

 Reportero de Confidencial que da cobertura a los Juzgados de Managua y al área de seguridad.

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Las buenas pláticas, las que se cocinan en casa, siempre van acompañadas con una taza de ese invento maravilloso para el paladar. En esta columna alcanza de todo: vida cotidiana »

Acerca del Autor

Periodista. Soñador empedernido. Amante de las investigaciones. Premio Ortega y Gasset 2011. Y papá 24 horas.

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