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Café humeante

El periodismo de investigación

Armar el rompecabezas exige metodología, la palabra clave en este oficio cada vez menos frecuente en las redacciones

Octavio Enríquez | 26/5/2015
@cabistan

Al pasar revista por las redacciones de los diarios en Nicaragua y América Latina, cada vez menos se encuentran periodistas que quieran dedicarse al Periodismo de Investigación (PI). No estoy seguro que esto sea una novedad, porque se trata de una disciplina cuyos frutos en general siempre han sido pocos. Es un tipo de periodismo caro que muy pocos directores quieren financiar y requiere un mayor esfuerzo en la reportería.

Las investigaciones periodísticas son aquellas que pueden demostrarse en un juzgado como sostiene Gerardo Reyes, el más conocido de los periodistas colombianos de investigación y el director actual de Univisión Investiga. A él fue a quien leí en su libro, un clásico del género en América Latina, que el periodismo de investigación es como armar un rompecabezas.

Hablemos entonces de ese oficio. A quienes nos dedicamos a este trabajo nos pasa lo mismo que a los sastres que, con solo ver una camisa o un pantalón, se sabe cuándo fue mal hecho. Para quienes viven exultantes la modernidad, al ritmo de los teléfonos celulares y las redes sociales, déjenme decirles que los instrumentos del buen periodismo siguen siendo los mismos de antaño y que en su mayoría, para tristeza nuestra, los periódicos están llenos en la región de grandes titulares con poca sustancia, salvo contadas excepciones.

Para mí es un fenómeno el de las planas vacías, llenas con cosas que no satisfacen—interesan— a la gente. Hay una explicación que va derechito al yo del periodista. El ser humano por naturaleza suele apuntarse a los malos ejemplos en su vida cotidiana. Les pongo un ejemplo periodístico, claro está. En vez de aprender de la búsqueda incansable de dos reporteros, cuyos resultados provocaron la dimisión del presidente de Estados Unidos en 1974, Richard Nixon, solemos pensar solo en la gloria alcanzada, en las escenas en que un tipo quita y pone una maceta en su balcón para avisarnos que pronto tendremos una reunión secreta y pensamos que también eso puede pasarnos a nosotros.
Nos gusta la autoalabanza y el poder más que la gente. Que el poderoso nos sonría y hasta que nos consulte lo que pensamos como periodistas. Tomás Eloy Martínez, el gran escritor argentino y ex miembro del Consejo Rector de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), se quejó de los jóvenes que sin rigor intentan convertirse en héroes. Quieren ser como Bob Woodward y Carl Berstein los periodistas que investigaron a Nixon.

“Lo que está enfermando a la profesión periodística es una peste de narcisismo. Una inmensa parte de las noticias que se exhiben por televisión están concebidas sólo como entretenimiento o, en el mejor de los casos, como diálogos donde las preguntas no están sustentadas por información. Y entre las radios y los periódicos se ha creado un atroz círculo vicioso, que empieza o termina con entrevistas que las radios hacen a personajes destacados por los periódicos, para que éstos publiquen, a su vez, las reacciones de esos personajes, y así hasta el infinito”, escribió Martínez .

Para tranquilidad de los pesimistas del panorama general, los engaños en el periodismo suelen durar poco hasta que la falta de consistencia termina derrotando a sus autores, porque carecen del alma para el ejercicio y terminan convertidos en fantasmas encarcelados por su ambición. Aunque debo decir que hay notables excepciones que han sido expuestas en las conferencias del Instituto de Prensa y Sociedad, que cada año convoca al concurso para elegir a la Mejor Investigación de América Latina.

Investigaciones a la Iglesia Católica en Costa Rica, a los checazos del ex presidente Arnoldo Alemán, periodistas que decidieron investigar el acuerdo secreto entre el gobierno de El Salvador y Las Maras; la corrupción en Brasil con trabajos que pueden durar años y costar mucho dinero.

Estos trabajos de los periodistas son el referente del buen periodismo que se está realizando en América Latina y un ejemplo de que las cosas se pueden hacer mejor. Un reportaje mal hecho, para aquellos que persisten en la senda equivocada, deja siempre a un lector desilusionado e insatisfecho. Nunca olviden eso. Los decepcionados son quienes nos leen y el efecto es inmediato. Es de desconfianza, como aquel hombre que deja cuidando a sus hijos con alguien y, al regreso, no los encuentra sanos y salvos. ¿Cómo pudo pasar esto? ¿Podré creerle a esta persona? La respuesta es no.

La Definición

El verdadero periodismo de investigación tiene características. Responde en primer lugar al interés público y sigue siendo, según Reyes , “el mejor valor agregado” que puede ofrecer un periódico aunque provoque dolores de cabeza a sus directores, tan necesarios como los buenos periodistas, porque muy pocos están dispuestos a arriesgarse y a invertir en un periodismo costoso.

En el PI, el poder intenta ocultar los hechos, lo que se exacerba en sociedades como la nicaragüense donde la falta de acceso a la información es parte de la vida cotidiana en una redacción. La investigación en el PI se desarrolla a cuenta del periodista, lo que viene siendo el tercer requisito. ¿Qué quiere decir esto? ¿Acaso un informe de la Contraloría puede convertirse en una investigación? La respuesta es no, pero si no hubo por supuesto un trabajo del periodista. Ahí está la palabra clave para armar el rompecabezas: la metodología, la otra no aparece en ninguna parte pero es el sentido común.

El sentido común está desde el principio evaluando la viabilidad de lo que pretendemos hacer. “Después de delimitada la historia hay que preguntarse: ¿Es viable investigarla? La respuesta está en la cantidad de periodistas que integran el equipo de investigación, las horas de trabajo que se puedan dedicar, los recursos económicos, tecnológicos y técnicos que cuenta el periódico”, dice el periodista argentino Daniel Santoro, maestro también de la FNPI .
Ese sentido, el menos común de todos los sentidos contradictoriamente, permite que el periodista tenga la madurez suficiente para archivar la historia si no se encuentran datos, si no hay resultados del proceso de investigación.
Las etapas para elaborar una investigación periodística son las siguientes, al menos desde mi experiencia:

1. Definición del tema.
2. Planteamiento de hipótesis.
3. Recopilación de información.
4. Cruce de datos: se plantean posibles conexiones a partir de los resultados de la investigación
5. Escritura de informe
6. Edición
7. Publicación, que incluye ahora las plataformas donde se piensa difundir la información y recursos como audios.
8. El día después: ¿Qué pasará después de la publicación del informe?

La Metodología

Por lo tanto, una investigación, siguiendo los pasos metodológicos enunciados, no es asunto de días como muchos creen. Puede durar meses y hasta años. En mi experiencia personal, la investigación en que más he participado, siguiendo pistas y documentando, fue el caso de la Distribuidora Nicaragüense de Petróleo y cómo esta compañía terminó en manos de familiares y empleados del presidente Daniel Ortega. Una investigación que tuve el gusto de realizar con el colega Moisés Martínez, del diario La Prensa, y que recibió una mención honrosa en el concurso latinoamericano de PI de Ipys durante 2012, donde se divulgó que la red de gasolineras más grandes del país había quedado en manos de la familia presidencial tras un turbio proceso.

Sobre la escala técnica de la investigación periodística, permítanme decirles unas cuantas cosas. No debe olvidarse que la metodología, que usemos, cruza el proceso de planteamiento de la historia, la recopilación de datos, el cruce de datos, y al finalizar, que no solo es el proceso de escritura, sino también los seguimientos noticiosos que daremos al trabajo publicado hasta completar las entregas con las que contaré toda la historia.

El proceso de inicio se relaciona con la manera cómo nos enteramos de lo que pasa y ahí nosotros decimos haremos un trabajo (Definición del tema). Este dato disparador puede estar marcado por la observación del periodista, porque alguien se lo contó, o una mezcla de ambas.

Lo he contado en otras ocasiones, pero el dato disparador de la investigación a Tomás Borge surgió tras una entrevista con el comandante sandinista cuando me dijo que tenía en sus cuentas 8 mil dólares. Ahí provocó mi indignación y el hambre por contar su historia, que puede ser la de su enriquecimiento como también la de la revolución que no fue.

El proceso de búsqueda de información, tras la formulación de la hipótesis, inicia con la elaboración de un archivo sobre los temas que nos interesan. En el cruce de los datos, como se llama al momento en que se analiza la información recopilada, cada uno de los hallazgos perfectamente ordenados pueden ayudar a visualizar cosas que al principio no eran notables.

El proceso de escritura implica también tiempo y debería también ampliarse a la edición. Corregir y corregir, reescribir y reescribir antes que pase a manos de nuestros editores para qué con una mirada fresca enriquezcan la investigación periodística. Por eso, la relación con el editor es importante, porque él puede ver lo que el redactor no observa cuando, recién escrito el texto, no se es autocrítico.

Las Fuentes Informativas

Un punto que cruza todo el proceso es la relación con las fuentes informativas. Tengo varias cosas que decir. Primero: las fuentes anónimas no son para citar. Los anónimos proporcionan pistas con las que buscamos historias, porque el lector siempre nos pide cuentas y nos dice cómo sustentaste esto, de dónde sacó este periodista tal información. El abuso con las fuentes no identificadas provoca falta de credibilidad.

En el proceso de reporteo está igual la fuente con acceso a valijas y valijas de información, una especie de Garganta Profunda del Watergate como se conoció al informante que ayudó a los periodistas a rastrear a Nixon. Pero el periodista se encuentra una de éstas muy pocas veces en su vida.

La investigación es buscar, rastrear el tema, buscar de manera lícita las ventanas por donde podemos tener acceso a la información. ¿Qué información está disponible en el Estado en sus sitios electrónicos, quién puede hablar? El plan de trabajo es entonces importante. Hacer una lista de posibles fuentes a consultar. Toca buscarlos en horarios fuera de oficina. A veces funciona así, otra veces es mejor usar a alguien conocido para mandar un mensaje de nuestro interés periodístico, como sea debe intentarse. Si esta persona no quiere hablar, ¿quién en su entorno puede saber algo, quién puede hablar?

En este trabajo, se encontrarán a personas que han sido desplazadas por el poder y que también pueden ayudar. Son conocidos como viudas del poder. Luego está la gente que nadie ve. Son los empleados de bajo escalafón en las dependencias que dan su aporte. A mí me han ayudado muchísimo. Son valiosas fuentes de información para los textos que he presentado y con quienes estoy sumamente agradecido.

Los periodistas de investigación tenemos una legión de críticos, que suelen decir que el trabajo de los periodistas de investigación es levantar el acta de los papeles que alguien poderoso les entregó. Sin embargo no es cierto, a las pruebas me remito. Al trabajo en solitario de horas y horas.

Contra la concepción que pone a los profesionales como transcriptores de papeles enviados por alguien, lo mejor que se puede decir es que los periodistas investigadores siempre están preocupados para que en sus historias se conozca la visión de los personajes cuestionados. Una búsqueda de equilibrio justa y necesaria en medio del proceso para construir una historia que haga a la gente pensar en su realidad inmediata y, por qué no, en su país o su región.

Managua, Nicaragua. Viernes 12 de mayo de 2015
*Profesor de Medios Impresos de la UCA y redactor de Confidencial, ideas principales sobre el oficio, compartidas con el claustro de profesores.

Descripción

Las buenas pláticas, las que se cocinan en casa, siempre van acompañadas con una taza de ese invento maravilloso para el paladar. En esta columna alcanza de todo: vida cotidiana »

Acerca del Autor

Periodista. Soñador empedernido. Amante de las investigaciones. Premio Ortega y Gasset 2011. Y papá 24 horas.

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