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Palabra que así sucede…

La actitud del gobierno orteguista de no dejar entrar al país al caricaturista francés Julles Berjeaut, solo puede verse como una animalada. Los escritores del mundo ya saben que Centroamérica Cuenta…con una Nicaragua de régimen zoológico

Onofre Guevara López | 26/5/2015

Siendo la palabra “la facultad natural para expresar el pensamiento por medio del lenguaje articulado”, los seres humanos, sin el intercambio del pensamiento a través de la palabra no vivirían en sociedad, sino en manadas. Por esta verdad tan chiche de entender, la actitud del gobierno orteguista de no dejar entrar al país al caricaturista francés Julles Berjeaut, solo puede verse como una animalada.  Los escritores del mundo ya saben que Centroamérica Cuenta…con una  Nicaragua de régimen zoológico.

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La más elemental acepción del sustantivo reacción, es la acción provocada por otra acción. De manera que la reacción de Ortega ante la acción de las Palabras en libertad es oponerle la acción de sus palabras cautivas. Por ejemplo: cuando dice “Vamos adelante y en victoria”, es que va hacia atrás y tomando todo a la brava; se define “En fe, familia y comunidad”, porque cree que nadie sabe que a sus niños les regala empresas con las cuales forman un holding, o sea una comunidad de empresas familiares.

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Es lógico, los enemigos de la palabra saben hablar, aunque sus palabras no las usen para decir lo que sienten, sino lo que les conviene. Cuando los terroristas dinamitaron el periódico humorístico Charlie Hebdo, y causaron la muerte de varias personas, Ortega envió sus condolencias al presidente francés con palabras diplomáticas, pero al humorista “Jul” –tan ciudadano francés como Hollande— el falso condolido no lo dejó entrar al país sin encontrar palabras que lo justifiquen…     

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Quien no le hace honor a su palabra, ¿es que no tiene palabra o no tiene honor?  Puede ser que no tenga ni la una ni lo otro, y no lo estamos diciendo sin pruebas: cuando se juramentó como presidente en 2007, Daniel juró que respetaría la Constitución, pero no cumplió su palabra, porque no era  palabra de honor, sino palabras de ocasión. No le guardó fidelidad a ese compromiso con la patria, porque tenía compromiso consigo mismo de reelegirse indefinidamente. Tampoco tiene humor, pues como “Jul” venía invitado para disertar sobre “Humor contra barbarie”, don Daniel actuó con barbarie contra el humorista.

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No solo los individuos con permanente aspiración a vivir en el poder y del poder carecen de palabra de honor, no esconden tras las palabras sus fallas constitucionales, no encadenan las palabras ni practican su poder con propósitos distintos al significado de sus palabras. Qué va. Cada quien tiene su modito de matar pulgas con las palabras. Y en el periodismo no pocos son  ajenos al juego con las palabras con fines nada franciscanos…

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En el universo de la comunicación –ahora más extenso y veloz que nunca— a diario hay secuestros de las palabras que deberían servir para informar, pero que por razones de interés particular para las grandes agencias de noticias se callan o les ponen sordina. En Hawai y en Alaska, dos territorios bajo coloniaje gringo disfrazado de “Estado”, se están produciendo movimientos nacionalistas en contra de su respectivo estatus colonial y, por lógica, en pro de la independencia. Es posible que usted no haya leído ni escuchado palabra alguna sobre esas luchas en los medios locales. Y  no precisamente porque las palabras se hayan ahogado en Hawai  y congelado en Alaska.  

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En Guatemala, Otto Pérez Molina está aparentando escuchar las palabras del pueblo contra los corruptos y en demanda de sus renuncias, pero ante las palabras que demandan su propia renuncia, se está haciendo el sordo.  Ni sordo ni ciego don Otto, pues no hay gobernante que ignore estar rodeado de corruptos, y estos no dejan de robar, porque que estando junto a un jefe igual o más corrupto, tienen asegurada la impunidad.      

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La derecha salvadoreña ni siquiera ha pensado en el significado de las palabras de la beatificación de Oscar Arnulfo Romero, entre tanto las palabras de su asesino les son inolvidables. Los gobernantes de Nicaragua tienen cierta afinidad con las palabras de esa derecha, en cuanto a que proclaman una fe cristiana que no tienen. Allá la derecha no le han hecho caso a la beatificación de Romero, y el gobernante de aquí no le han hecho ningún caso a las palabras de la Conferencia Episcopal que, por cierto, ya cumplieron su primer añito de olvido.

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Hay palabras destinadas a provocar equívocos.  Doña Aminta y su Policía, con la segura orientación de su jefe supremo, le otorgó al boxeador Román González la medalla “Amistad Policial”.  Seguramente la merece, pero es a su hermanito Milton a quien correspondía otorgarle la medalla de la amistad a la Policía por el milagro de la metamorfosis de una supuesta sustancia psicotrópica, en un dizque inocente y oloroso talco.

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Don Milton Arcia, fue hallado culpable de calumniar a quien le destruyó su hotel en construcción. Ahora, ya se sabe con cuantas palabras la justicia orteguista sabe contar cómo se le puede dar tras cuernos palos… al mismo  ciudadano.

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Que las palabras no siempre coinciden con los hechos, lo demuestra una Universidad  Nacional “Autónoma” que le obedece a Ortega la orden de castigar al abogado constitucionalista Gabriel Álvarez, por el delito de enseñar derecho constitucional… en donde manda quien vive violando la Constitución.    

Cronología imperial (*)

1810.- Noviembre. Los Estados Unidos deciden la ocupación de la Florida Occidental, lo que hizo por medio de las armas sin que mediara una declaración de guerra contra España.

1811.-  15 de enero. El congreso norteamericano, acuerda que los Estados Unidos no pueden ver sin inquietud el hecho de que parte de los territorios propiedad de España pasen a manos de otra potencia, por lo que atendiendo su propia seguridad, se verán obligados “en determinadas circunstancias, a la ocupación temporal de dicho territorio (Florida Occidental) que quedará pendiente de ulteriores negociaciones”.

1819.-  El entonces futuro presidente de los Estados Unidos, Andrew Jackson, recibió del gobierno español la Florida Oriental, mediante un tratado que fue ratificado dos años después.

1823.- 2 de diciembre. El presidente James Moroe (1817-1825) le puso el sello imperial a los Estados Unidos con la llamada “doctrina Monroe”, cuya divisa fue y es “América para los (norte) americanos”. Las otras potencias coloniales quedaron notificadas de no meterse más donde los gringos ya consideraban sus territorios. (Continuará)

(*) Resumida de Guía del Tercer Mundo-86.

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