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Un dilema: sumisión o la dura calle

El supremo Daniel controla todas las instituciones, con amor especial el Consejo Electoral, la llave maestra del candado del depósito de nuestras libertades públicas y nuestros derechos ciudadanos secuestrados

Onofre Guevara López | 18/5/2015

El quid del problema político nacional en cápsulas: Ortega reconquistó el poder con dudosa legitimidad en las elecciones del 2006, lo confirmó ilegalmente con el fraude del 2011, desde entonces lo controla con absolutismo y con la desinstitucionalización del Estado logró pavimentarse la vía hacia la permanencia indefinida en el poder.  El supremo Daniel controla todas las instituciones, con amor especial el Consejo Electoral, la llave maestra del candado del depósito de nuestras libertades públicas y nuestros derechos ciudadanos secuestrados.

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Un sandinista, ex funcionario del Consejo Electoral, me confesó haber conocido que el apoderamiento por Ortega de esa llave, comenzó con la repartición de las instituciones públicas con Alemán, cuando a los funcionarios sandinistas se les sometió al adiestramiento de cómo cometer fraude con los votos, lo cual fue el motivo de su renuncia.  Ahora, los aprendices de entonces, están convertidos en verdaderos profesionales en actos electorales fraudulentos, incluidos los orteguistas no oficiales procedentes del arnoldismo.

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Entre ellos está el magistrado arnoldista que volvió al cargo con el rabo entre  las piernas, después de haber renunciado en protesta por los ilícitos que Ortega y Alemán estaban cometiendo en el Consejo Electoral. Él se justificó diciendo que regresó a chupar el hueso, porque “la calle estaba dura”, es decir, que en la calle la vida es dura para quienes trabajan honestamente. Esta diferencia no la hubiese notado el tal magistrado, si en el Consejo Electoral Ortega no les hiciera la vida suave y placentera con el buen pago por sus servicios.  

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Con las libertades y los derechos bajo llave, Ortega hace rato anunció su enésima reelección. Entre tanto, algunos líderes opositores –no la oposición, que aún no existe orgánicamente--, manifiestan tener el dilema de ir a unas elecciones sin garantías de que sus votos no serán robados, o participar para no perder la personalidad jurídica de sus partidos. Fingen no saber que tener esa personalidad es como no tener nada, porque para nada sirve. Por ahora, se conforman con pedir la renuncia de Rivas y de todos sus compinches en el Consejo Electoral, reformas electorales, observación internacional y un padrón electoral con más vivos que muertos.        

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Si llegado el momento –noviembre del 2016— y los opositores continúan sin unidad y con sus débiles reclamos, Ortega podría darse el lujo de quitarle la llave a Rivas, de hacer reformas superficiales y de admitir la observación internacional, porque toda la estructura del Consejo Electoral, desde la cúpula hasta el último burócrata de la última mesa electoral seguirá bajo su control. Entonces, el dilema está definido: entregarse a la voluntad de Ortega, porque la calle está dura, o luchar duro en la calle.

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Hay una tercera opción, pero no viable, no deseada ni conveniente: la lucha armada. Es como decir, no existe otra opción para el rescate de libertades y derechos secuestrados, porque la abstención electoral sin lucha popular en la calle, no sirve. Y dado que el poder político y los beneficios económicos acumulados por el orteguismo son grandes y variados, grandes y variados serían los recursos que utilizaría en su resistencia –incluso las armas— antes de ceder la llave para abrir puertas que encierra, entre otras, la libertad de  elegir.

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Eso indica que no vale enfrentar la lucha solo con idealismo moral. Los opositores están conscientes de que la lucha en la calle, aunque sea cívica, no siempre es pacífica, porque el gobierno usa la represión como otra forma de la guerra. Sin embargo, no existe en la historia un pueblo que haya renunciado a luchar por sus libertades y sus derechos por ningún motivo, y el pueblo nicaragüense, que ya cuenta en su haber muchos años de lucha, con algunos triunfos frustrados, sabe que son experiencias acumuladas que nadie se las puede robar.

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Si la actual generación de políticos opositores por sus intereses clasistas traicionara una vez más, y se rindiera por oportunismo o por miedo ante el poder absoluto de Ortega, de este señor no sería la victoria ni del pueblo sería la derrota. Las contradicciones sociales, políticas y de clases no respetan calendarios ni tienen terminales fijas en la historia, y si en esta ocasión fuere traicionado, ya habrá otras ocasiones en las cuales podrá ser autor de su propio destino, sin intermediarios ni líderes mesiánicos mañosos. La historia solo le exige un requisito al pueblo: luchar de forma organizada.

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Ahora, vamos a los asuntos cotidianos. El hijo de la alcaldesa de Nueva Segovia, con ayuda de mamá y teniendo como fuente de inspiración los sueños de riquezas de los promotores del negocio con el “Gran Canal”, cometió una estafa de 22 millones de córdobas contra una ferretería. El muchacho argumentó que la madera la necesitaba para construir 5 kilómetros de carretera para el Canal.  El negocio le salió fácil no solo por el aval de mamá, sino también por el sueño canalero de la dueña de la ferretería, quien cedió la madera… sin esperar  siquiera “los estudios de factibilidad”.

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A doña Ana Julia Guido, no le gustan los rumores sobre las torturas y la muerte en El Chipote, pero tampoco le gusta investigar nada como es su obligación. Hubo comandantes que se metieron a la revolución para dejar de ser pobres y ahora son millonarios. Parece que doña Ana Julia se metió a guerrillera para dejar de ver las torturas somocistas, pero después de haber sido policía y ahora Fiscal General… no le gustan las torturas ni como rumores, menos reconocerlas en vivo y a todo dolor.

Cronología imperial (*)

1776.-  El 4 de julio las trece colonias norteamericanas, después de largas y cruentas luchas contra Inglaterra, se constituyeron políticamente en los Estados Unidos (dizque) de América.

1803.-  El 17 de abril, el presidente Jefferson le compra el territorio de Luisiana por 60 millones de francos a Napoleón Bonaparte. Los Estados Unidos de poseer un territorio de 2 millones 308 mil 845 kilómetros pasa a tener un territorio de 4 millones 451 mil 675 kilómetros. Al llegar de este modo al Golfo de México, Jefferson avizora la obtención de las Floridas, entonces colonias de España.

1805.-  En noviembre, Jefferson anuncia al embajador de Gran Bretaña, de la posibilidad de hacerle la guerra a España por la necesidad de apoderarse de la isla de Cuba para “defender a Luisiana”.  Un “ligero” sueño de 210 años, y del que los Estados Unidos, no quiere despertar todavía. (Continuará)

(*) Resumida de Guía del Tercer Mundo-86.

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