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Democracia y desarrollo con justicia social

A veinte años de su fundación, el MRS aún despojado arbitrariamente de su personalidad jurídica desde el 2008, se mantiene beligerante y consecuente con las posiciones que asumió en su fundación

Héctor Mairena | 18/5/2015

El surgimiento del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) hace 20 años significó un hecho relevante e inédito en la historia política del país por varias razones. El fin de la Guerra Fría con la desaparición del Socialismo, la pacificación de Centroamérica y la derrota electoral del FSLN en las elecciones de febrero de 1990, configuraron al despuntar la década, un nuevo contexto para la acción política. Nicaragua había iniciado un complejo período de transición de la guerra a la paz y el camino hacia la profundización de la democracia institucional, con una sociedad políticamente polarizada. El sandinismo, para sobrevivir fiel a sus principios, debía redefinir su estrategia, lo cual solo sería posible en un amplio debate, el que fue impedido por la cúpula orteguista.

El domingo 21 de mayo de 1995, con delegaciones representativas de todo el país, se realizó la Convención Constitutiva del Movimiento Renovador Sandinista (MRS). En ese mismo evento fueron aprobados los Principios, el Programa y los Estatutos y fue electa su primera Junta Directiva Nacional.

La ruptura fue una denuncia en sí misma de que el FSLN estaba siendo privatizado en función de intereses personales y familiares, como se ha comprobado en los años siguientes.

Con el surgimiento del MRS por primera vez en la historia nacional una organización al mismo tiempo que definía su identidad sandinista, reivindicaba de forma inequívoca su compromiso con la  democracia. Los Estatutos aprobados definen que “Nos inspiran la gesta y los ideales de Sandino, nuestro héroe nacional, y hacemos nuestro el legado de las mujeres y hombres que con sus obras, su vida y sus luchas han engrandecido la Patria, han defendido su soberanía y su decoro, y han elevado al pueblo a lo largo de nuestra historia. Rescatar su ejemplo y sus virtudes más allá de sus filiaciones políticas, será propósito de nuestro Partido” (Artículo 3 de los Estatutos). A lo largo de los documentos fundacionales, tanto en su letra como en su espíritu, la convención constitutiva  reiteró la esencia y vocación democrática del MRS. Plantea que “Desarrollo económico con justicia social, ejercicio y participación democrática, son valores consustanciales que el Partido defiende con igual energía” (Artículo 2 de los Estatutos) y se compromete a que tal principio se  mantendrá sea desde el gobierno o en la oposición.

El MRS fijaba así una posición de principios: la democracia ni es táctica ni a conveniencia, por el contrario, su defensa y profundización son condiciones indispensables para realizar las transformaciones que el país necesita y construir una Nicaragua  con desarrollo y  justicia social.

Ya en la discusión y aprobación de las reformas constitucionales en 1995, el MRS tendría un papel  determinante y comprobaría su compromiso con la democracia. Esas reformas afianzaron la independencia de los poderes del Estado, prohibieron la reelección continua y establecieron la subordinación de las fuerzas armadas al poder civil. Todas ellas conquistas democráticas que el orteguismo ha revertido con las espurias reformas constitucionales del 2014.

Otro rasgo relevante del surgimiento del MRS que es un aporte a la historia y cultura política nacional, es su carácter programático. A diferencia de la mayoría de agrupaciones y partidos  políticos que nacen o se mantienen en torno a un caudillo, el MRS surgió y se ha desarrollado,  como la expresión unitaria de hombres y mujeres en torno a sus Principios y Programa; son ellos los que constituyen la guía y el sustento de su conducta y sus propuestas.

El debate y el ejercicio democrático son práctica cotidiana en la vida partidaria y garantía de la cohesión. La realización de siete convenciones nacionales precedidas todas de los respectivos  procesos nacionales, y el relevo generacional en todos los cargos de responsabilidades de dirección son una muestra de ello.

No menos importante es la relevancia que el MRS ha dado desde su origen a la ética política, entendida ésta como la coherencia entre el discurso y la práctica, entre los principios y la táctica. Los valores más preciados de la historia del sandinismo, tales como la honestidad en el ejercicio de las funciones públicas, la rendición de cuentas, la plena igualdad entre sus miembros, el respeto  a las diferencias y la fidelidad a los intereses de las mayorías, están recogidos en los documentos programáticos y su observancia a lo largo de veinte años es lo que hace hoy del MRS la entidad política  nacional de mayor credibilidad. A veinte años de su fundación, el MRS aun despojado arbitrariamente de su personalidad jurídica desde el 2008, se mantiene beligerante y consecuente con las posiciones que asumió en su fundación

 

 

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