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Una pelea de dos estilos contrapuestos

Si la pelea hubiera seguido hasta que uno de los púgiles cayera al suelo vencido, como ocurría a principios del siglo XX, o hasta que un gladiador levantara el dedo en señal de derrota durante el imperio romano, lo más probable es que Mayweather pondría su pie en el pecho de Pacquiao, con la arena vacía

Fernando Bárcenas | 5/5/2015

La pelea entre Pacquiao y Mayweather, llamada sin razón boxística la pelea más grande del siglo, fue como temíamos una réplica de lo que imaginamos. Cumplió nuestras expectativas más pesimistas. Aunque comercialmente, con 500 millones de audiencia, que equivale al 70% de la mayor audiencia de todos los tiempos (el mundial de fútbol en Alemania, en 2006, con 715 millones), es sin duda la mayor proyección mundial del boxeo jamás vista.

De Pacquiao hay poco que decir. El 83% de sus nocaut los realizó de 1995 al 2005, entre 17 y 27 años de edad, en los pesos de 130, 135, 140 libras. El mismo porcentaje de nocaut, 83 %, lo hizo antes del sexto asalto. De modo, que su pegada disminuye con la edad, con el aumento de peso, y con el avanzar de los rounds.

Shane Mosley dice que Pacquiao es insistente. Es como tener enfrente un enjambre de avispas. ¿Cómo es posible –comenta- que este hombre tan pequeño pegue con tanta fuerza? La respuesta la tiene Newton. En un parpadeo Pacquiao salta con su jab de izquierda fulminante. La fuerza que impacta en la mandíbula del adversario es producto de la masa por la aceleración.

Rocky Marciano, un peleador de baja estatura (180 centímetros), con un alcance de brazos igual al de Pacquiao (170 centímetros) y un peso de 187 libras, muy pequeño para la máxima categoría de boxeo, tenía un estilo similar, agazapado, abriéndose camino con el jab de izquierda, daba un salto repentino con el puño derecho en diana explosiva. Pero, Marciano resistía extraordinariamente también, cualquier cosa. Los comentaristas de los años cincuenta, al verle desfigurado impertérrito, afirmaban por la radio que el adversario podía tirarle un barril de cerveza en la cara.

Mayweather es el boxeador defensivo más grande de todos los tiempos. Posee una flexibilidad instintiva, más rápida que el pensamiento. Se adapta al combate de sus adversarios con comodidad, en virtud de sus reflejos extraordinarios. Ha sido diseñado por la naturaleza para sobrevivir a base de velocidad. Para apreciar su talento se requiere observar la pelea en cámara lenta. Entonces la anticipación instintiva, vista bajo la dilatación artificial del tiempo, da lugar a que aparezca en fracciones de segundo una táctica inteligente, normalmente oculta. La emoción que le falta a sus peleas, viene sustituida en el microcosmo de las centésimas de segundo, por la precisión escalofriante del tirador de cuchillos.

Como boxeadores de poder, sorpresivamente, no hay una gran diferencia a lo largo de la carrera profesional de ambos púgiles. Mayweather ha noqueado en el 54 % de sus peleas, mientras Pacquiao ha noqueado en el 58 %.

Pacquiao tiene una estatura 4 centímetros menor que Mayweather, y su alcance de brazos es inferior en 13 centímetros. Sin embargo, está habituado a pelear con adversarios más grandes, y los ha derrotado con una mayor combatividad. Su ventaja comparativa se iría desgastando al envejecer el combate. Sus piernas perderían imperceptiblemente el impulso felino para acortar distancias con saltos sorpresivos. Este desgaste invisible de Pacquiao, a partir del cuarto round le daría la distancia suficiente a Mayweather para que sus reflejos actuaran con comodidad, en las fracciones de segundo necesarias para ondular la cintura hacia atrás, y esquivar golpes, o hacia adelante, para contragolpear. O para girar a su izquierda, y dejar pasar el jab de derecha del peleador zurdo, mientras su propio jab alcanza en dos o en tres oportunidades seguidas el rostro del contrario.

Por otro lado, el momento, más bien, el instante, en que Maywether puede ser vulnerable, se hace menos probable con el avance de la pelea, convirtiéndose así, Maywether, en el torero mejor pagado de la historia. Mayweather, además, es un peleador con extraordinaria puntería, la mayoría de sus golpes los acierta. Son pocos; pero, son…, como los golpes de la vida, que abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte, diría César Vallejos.

En la pelea con Pacquiao acertó el 34 % de sus golpes, frente a una eficacia del filipino del 19 %. A su vez, lanzó 1.4 % más golpes que Pacquiao. Pero, con los golpes de poder, los que requieren el dispendio extenuante de una gran energía física, el filipino lanzó 40 % más de estos golpes, de los cuales, acertó sólo el 27 %, frente al 48 % que acertó Mayweather. Es decir, la defensiva y la puntería fueron decisivas, el norteamericano conectó 81 golpes de poder frente a 63 que conectó Pacquiao.

Ese es, en esencia, el arte del boxeador: propinar golpes, y eludir que le den. Hay dos formas de lograr esto, como ejército regular, con fuerzas superiores en la batalla, o como una fuerza guerrillera, con superioridad táctica y desventaja estratégica en los enfrentamientos. Maywether combate como guerrillero en un espacio de 6.1 metros por 6.1 metros. Contragolpea a la defensiva, y ataca sólo cuando el contrincante se toma una décima de segundo de respiro.

Si la pelea hubiera seguido hasta que uno de los púgiles cayera al suelo vencido, como ocurría a principios del siglo XX, o hasta que un gladiador levantara el dedo en señal de derrota durante el imperio romano, lo más probable es que Mayweather pondría su pie en el pecho de Pacquiao, con la arena vacía. Es una forma de ver el desenlace de una pelea aburrida hacia el límite, como una función matemática. Sin considerar que el reglamento, al evolucionar de manera humanitaria para proteger la integridad física del atleta, ha alterado para siempre la lucha de los puños.

La emoción ha sido sustituida por la técnica. El ring casi parece un estrado de alegato jurídico, donde se aguarda el fallo misterioso del puntaje de los jueces. Ahora, los peleadores son hombres de negocios, diría Tyson.

Cuando el combate no concluye hasta que se ha agotado la capacidad de resistencia del adversario, la victoria, que se decreta por votación, no es una victoria real en el mundo del combate físico. Donde además de la habilidad técnica pueden imponerse el valor, la capacidad de sacrificio, el desprecio al cansancio, cualidades del carácter personal, decisivas en un guerrero o en un gladiador.

La destrucción de las fuerzas del enemigo es el objetivo principal de la guerra, y la conservación de las propias fuerzas es el objetivo secundario. El boxeo apasiona porque recoge en una síntesis muy apretada los principios de la guerra. Mayweather, defensivo en extremo, tiene un estilo opuesto al de Rocky Marciano, seguramente, el mejor boxeador de todos los tiempos, por agresividad y poder destructivo. Casi todos sus oponentes eran más fuertes y poseían una técnica superior, pero, Marciano arriesgaba recibir golpes terribles para darle oportunidad a su potente derecha. Terminó invicto en 49 peleas, el 88 % de ellas las definió por nocaut (aunque su rostro lucía más golpeado que el de sus contrincantes).

El 85 % del público iba con Pacquiao, pese a que ponderaban que técnicamente era superior Mayweather. Eso explica el abucheo ensordecedor en el MGM Grand Garden Arena, en Paradis Nevada, cuando entrevistan al final del combate a un Mayweather sonriente, instantes antes que anunciara su próximo retiro en el mes de septiembre.

En el circo romano, donde el gladiador para vencer debía acabar con su adversario, el estilo de Mayweather, de burlar al gladiador contrario con fintas de cintura, al final habría hecho que le condenaran a muerte. La muchedumbre movería el pulgar hacia la garganta, y la espada corta penetraría entre la clavícula y la escápula, directa al corazón arrugado de este extraordinario danzarín de los encordados, que deja algo de decepción en la boca.

Es mejor que se retire. En cada nueva pelea arriesga perder de golpe su magia de encantador de serpientes.

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El autor es ingeniero eléctrico.

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