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Café humeante

El poeta que enseña en los pasillos

En el mundo caótico de hoy, Rothschuh demuestra porque el pensamiento crítico sigue siendo una obligación para todos

Octavio Enríquez | 22/4/2015
@cabistan

 

Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo.
Jorge Luis Borges, Funes el memorioso

Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo.

Jorge Luis Borges, Funes el memorioso

 

El recorrido en el dial inicia a las 5:30 de la mañana. A la hora de las noticias. El olor a café y el crujir de la tortilla tostada, con el queso derretido encima, termina de despertarme cuando el locutor empieza con su trajín. Es un día de tragedias. Hubo un naufragio en que 700 migrantes libios se han hundido en el mar cuando viajaban a Europa. Han recuperado 24 cadáveres. Dos: El Estado islámico mató a una treintena de cristianos y en esta sociedad del espectáculo han colgado el vídeo donde a una parte los matan de un tiro y a la otra los decapitan.

Hay información en todos lados. También en los periódicos. En el soporte papel, digital, en la computadora personal, en la portátil o en el teléfono. El twitter me arroja actualizaciones en segundos. Vivimos en una sociedad que se devora a sí misma en el periódico y ni siquiera hace la digestión cuando ya hay material nuevo de qué hablar. ¿En qué momentos perdimos la conciencia crítica entre tanto burumbum?

Tomarse unos minutos para intentar conceptualizar lo que vemos, comparar y adelantarnos a situaciones es visto como un caso extraño cuando debería ser una norma de vida: explicar nuestra realidad.  En el mundo caótico de hoy, Guillermo Rothschuh Villanueva, que me recuerda a Funes el personaje de Borges, demuestra porque el pensamiento crítico sigue siendo una obligación para todos.

Conocí al maestro hace 16 años en la Universidad Centroamericana (UCA), dictando cátedras en los pasillos como una extensión del trabajo en las aulas y los medios, explicando la realidad a partir de los clásicos de la sociología, explicando el periódico, hablando de literatura que suele ser una buena fuente informativa para quienes la disfrutamos con frecuencia. Siempre lo llamé Poeta. La sensibilidad, que se nos ha olvidado en un mundo atrapado por el vértigo de su propio ritmo, es la fuente de este vate que se entiende como cronista de su tiempo y que ha dejado huella en todos aquellos que le han conocido en las aulas.

En los Medios y el Poder en Nicaragua (2015), la crónica se bifurca en dos caminos claramente denotados: el primero cuenta los desencuentros de los medios con el poder y la segunda al género periodístico necesario para vivir, porque pensar y sentir son dos elementos presentes en todo buen texto periodístico y aquí es donde mejor puede hacerlo.

Al primero de estos grandes temas lo llama parte mediático. Es una precisa referencia a lo que ocurre, a la vigencia de la tradición del duopolio histórico que en la televisión se instaló desde su fundación en Nicaragua (1956) cuando de un lado estaba Televisión de Nicaragua y nueve años después Televicentro, Canal 2, propiedad de Octavio Sacasa Sarria. Desde 2007, a la fecha, los principales actores son la familia presidencial y el empresario mexicano Ángel González que incursionó en la televisión nacional a mediados de los años noventa del siglo pasado. Un mapa que el propio autor explica se compone y recompone con la complicidad del Instituto de Telecomunicaciones y Correos (Telcor), cuya traza definitiva además no ha sido realizada.

“Ángel González padece de un apetito insaciable. Su presencia en Nicaragua se acentúa debido a las concesiones onerosas obtenidas durante los últimos veinte años. En ningún país latinoamericano ha encontrado tanta acogida como la recibida por distintos mandatarios, sobre todo por el trato bondadoso recibido por el gobierno sandinista”,  explica.

Una realidad huérfana de televisión y una televisión huérfana de la realidad del país marcan nuestra cotidianidad.  Rothschuh no deja escapar su aspiración: Que sea con olor a Nicaragua. “Necesitamos una televisión que amplíe su visión de país, que nos cuente que piensa la ciudadanía del Caribe estigmatizada por la profusión de noticias relacionadas con el narcotráfico”.

En este panorama desolador, ¿cómo le va a los otros medios? ¿Qué suerte tienen? La pérdida de El Nuevo Diario es otro de los temas sobre los que el autor no se calla, el cierre del suplemento satírico del Alacrán y el golpe que representan para los ciudadanos en general.

Los lectores entenderán que el libro revela que existen entonces dos realidades en Nicaragua: la de calle y la de los intereses que impiden cuestionar. Todo es alegría en el panorama oficial. Como un antídoto, ante ese mundo hecho por intereses de los poderosos, son necesarias estas reflexiones.

Luego está la crónica como oficio y el reporteo es vital. Conozco periodistas que sienten una ofensa que los llamen reporteros cuando es el mejor halago que pueden hacerles de por vida.  Eso significa en palabras sencillas que el periodista no se ha quedado en la oficina y ha ido a los sitios para oír, mirar, usar todos sus sentidos como decía Kapuscinski, para contar lo que pasa. Como pueden ver el oficio no ha cambiado desde hace siglos, lo que  hemos cambiado son los profesionales que nos dedicamos a este oficio.

“En esta profesión se perdió algo tan central como el orgullo de lo personal. Ese orgullo implicaba la responsabilidad del periodista por su trabajo: el hombre que pone su nombre en un texto, se siente responsable de lo que escribió. En cambio, en la televisión y las grandes cadenas multimedia, de igual modo que en las fábricas, esta responsabilidad personal ya no existe”, escribió Kapuscinski en su libro Los Cinco Sentidos del Periodista.

En el libro de Rothschuh hallarán más que ese orgullo por contar, ahí está la opinión de Julio Villanueva Chang y Martín Caparrós; leerán sobre las crónicas del Faro  y sus crónicas negras (una riquísima referencia latinoamericana), conocerán del trabajo de reporteros nicaragüenses como José Adán Silva cuyo trabajo debió ser incluido en un compendio de la crónica latinoamericana escrita por Darío Jaramillo Agudelo.

También hallarán la crónica gráfica. Cada uno de los capítulos es acompañado de una caricatura de Pedro Xavier Molina, uno de los mejores del país.

Así como Kapuscinski advierte que se perdió el orgullo profesional por empezar a producir noticias como en una fábrica llena de trabajadores anónimos, Rothschuh lamenta el retorno al lenguaje telegráfico en los medios. No habla de su pobreza, que ya es otro tema lamentable, sino de la brevedad mal entendida por ciertos periodistas. En realidad se trata de un hijo del mundo acosado por la información producida para un lector informado con miles de cosas que hacer, menos leer. “No hay estrategias ni propuestas alternas. Sin miramientos se sujetan a las directrices emanadas por quienes piensan que bastan 100 palabras para conocer lo que ocurre. ¡Cuánta ingenuidad, un regreso al lenguaje telegráfico!”, lamenta el maestro nicaragüense.

A quien vaya los lunes por Confidencial, Esta Noche y Esta Semana, cuando se graba el programa de análisis de la agenda mediática nacional, no le sorprenderá ver a Rothschuh en el pasillo leyendo un poema, conversando sobre un ensayo. Apenas este lunes, hablábamos de Faulkner, García Márquez, Vargas Llosa, y de Nicaragua y sus cronistas. Lee en voz alta, increpa con el dedo—cuando es necesario— y sonríe ante el gusto compartido por la lectura. Leer, dice, es una fiesta. Si vivir también lo es, entonces debemos concluir que experimentar este viaje de la imaginación es la vida.

Para pensar—insisto necesitamos hacerlo más seguido— se debe ser hijo de la inconformidad. Rainer María Rilke dice en su libro Cartas a un Joven Poeta lo siguiente. Les pido que nunca olvidemos sus palabras, que nunca perdamos la curiosidad. He ahí el camino.

“Si su vida diaria le parece pobre, no se queje de ella; quéjese de usted mismo, dígase que aún no es lo bastante poeta como para convocar su riqueza, pues para el creador no existe pobreza ni lugar pobre ni indiferente. Y si usted estuviera encerrado en una prisión, y los muros no dejaran llegar a sus sentidos ningún rumor venido de afuera, ¿no seguiría teniendo su infancia, esa riqueza deliciosa y regia, ese lugar mágico de los recuerdos? Dirija hacia allí su atención”.

Descripción

Las buenas pláticas, las que se cocinan en casa, siempre van acompañadas con una taza de ese invento maravilloso para el paladar. En esta columna alcanza de todo: vida cotidiana »

Acerca del Autor

Periodista. Soñador empedernido. Amante de las investigaciones. Premio Ortega y Gasset 2011. Y papá 24 horas.

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