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La respuesta campesina al canal

En nuestra región estamos sorprendidos y no podemos salir del asombro al ver chinos en todas partes, escoltados hasta en el supermercado por la Policía Nacional

Elba Rivera Urbina | 19/4/2015

Yo soy hija de fundadores de Nueva Guinea y por mis raíces  campesinas no  tengo ningún interés en el negocio de venta de tierras. Tampoco quiero que mi hijo e hija sean empleados de una empresa de Hong Kong.

 ¡Campesinos son libres!

Como hijos e hijas de campesinos nos hemos criado en el campo con amplia libertad, porque el verdadero campesino es una persona libre como el viento, es su propio jefe, pues la gran bondad y virtud de ser campesino son  el goce  de libertad y una tranquilidad que da la amplitud del campo, es un sentimiento único del cual no goza la gente de la ciudad que se gana el dinero como empleado. El campesino planifica su tiempo y sus tareas como él quiere, trabaja cuando y como él quiere, no se interesa en el gran capital, por eso no conoce la presión del tiempo ni las tramas que se hacen debajo de la mesa en la vida de la ciudad, ¡Su vida es tranquila y libre de los dolores que trae consigo la vida urbana! ¡Los cultivos, los animales, la naturaleza y todo el complejo "finca" lo hace libre del estrés del empleado! ¡Ese es un sentimiento que no se puede describir, no se puede comprar y por eso tampoco no se puede vender!

Fundación de Nueva Guinea

Nueva Guinea fue fundada hace casi 50 años, fundada por campesinos peones de Carazo, Diriamba, Somoto y Chontales, esos hombres y mujeres soportaron toda clase de tempestad climática, peligros  y la escasez. Igualmente este proceso de colonización del Sureste avanzó y se repitió con muchas comunidades que nacieron en todo el antiguo  departamento de Zelaya, como en Cerro Silva, Punta Gorda, zona de amortiguamiento de la reserva Indio Maíz.

Expusieron sus vidas porque tenían las esperanzas puestas en poseer una vez en la vida la tierra que trabajaban, en esas tierras miraban un futuro prometedor y desde el primer momento vieron la selva como la tierra bendecida con la cual dejaban la esclavitud del patrón, dueño de las fincas ganaderas, de los cafetales, algodonales y cañaverales donde trabajaban como peones, dejaron atrás la dependencia y la miseria de ser posante en la finca del patrón.

En nuestra región estamos sorprendidos y no podemos salir del asombro al ver chinos en todas partes,  escoltados hasta en el supermercado por la Policía Nacional. ¡No podemos creer que 50 años después muchos de esos campesinos regresen a la situación patrón-mandador-jornalero!

Yo nací en el seno de una familia "nómada". Mis padres no tenían dónde vivir, ellos vivían posando donde familiares y los suelos de Nueva Guinea fueron para ellos el primer suelo que pisaron y que les dio  la sensación de estabilidad y de dignidad. Me resisto  a aceptar el hecho que tantos pueblos cercanos al Río Punta Gorda y al Lago tengan que desaparecer  y que la gente tenga que repetir la historia de su desgracia migratoria.

 

Desde la fundación de Nueva Guinea y sus colonias  hemos vivido en pobreza, pero en pobreza con dignidad, una pobreza que ha sido marcada especialmente por ataques externos de la política y por ofertas deshonestas de muchos  comerciantes. Pero ahí hemos vivido y ese es el hogar de miles de familias campesinas.

La peor de las  incertidumbres que nos trae el canal es ¡no saber para dónde ir! Y  saberse obligado a vender, salir de la  casa y dejar los suelos que con mucho costo hemos durante décadas aprendido a cultivar y a querer y ver con lágrimas en los ojos como los tractores y aplanadoras destruyen y desaparecen la casa, la cocina, los corales, los cultivos permanentes como coco, cacao, café y más.

¡Dejar el hogar, dejar seres queridos en los cementerios, dejar toda una historia de vida  y comenzar otra!

¿La pregunta, además de la incertidumbre, es de qué y cómo vamos  a vivir en el futuro, cuál será el futuro de los hijos e hijas?

Durante años el campesinado  ha sufrido  invasiones y explotación, se acercan los negociantes de tierra, flora y fauna, llegan las guerras y las malas decisiones de los políticos que han llevado al sufrimiento al campesinado. Políticos o negociantes o ambos juntos que aprovechándose de la desinformación, de la situación y de la baja escolaridad  del campesinado saquean y engañan. Ahora  otra vez toca sufrir una decisión política, una decisión sobre de la cual el pueblo no fue consultado, porque si el pueblo hubiera estado de acuerdo, nos tendríamos aplicar a nosotros mismos el dicho aquel que dice, que quien por su gusto muere que lo entierren parado. Pero en este caso, las "autoridades" tomaron la decisión y el campesinado y las nuevas generaciones pagarán las consecuencias.

Biosfera de la humanidad

Por su riqueza y belleza natural nuestra región en 2003 fue nombrada por la UNESCO  Biosfera de la Humanidad. Este territorio es tan rico y tan bello que ha alcanzado el nivel y el valor cultural más elevado, pues su valor no sólo nos beneficia a nosotros como nicaragüenses sino que  tiene un valor incalculable para la humanidad entera.

Ni para el campesinado ni para  la humanidad el canal tiene el valor que tiene la Región Autónoma Caribe Sur como región, al contrario, el canal viene a matar la cultura y  a destruir esa biodiversidad única y majestuosa. Señoras y señores, ¡el ambiente y la cultura no tienen precio!

El canal es una obra económica que hace más rico a los ya ricos, le sirve a los grandes, aquel país que está en la lucha por dominar el mercado mundial, le sirve aquellos y aquellas que están involucrados en los grandes  negocios.

Los nicaragüenses como individuos y como país desde un principio perdimos la negociación, pues la ley no nos deja posicionados como para poder  negociar con los dueños de la ruta. ¿O alguien cree que los campesinos tienen la posición y la capacidad de negociar con el presidente de la comisión negociadora y con los dueños del territorio canalero?

Casi en todos los negocios los campesinos históricamente han sacado la peor parte, cuando venden  la producción, pierden, cuando venden sus animales, pierden, cuando venden la tierra, pierden, cuando venden madera, pierden, ¡en todo negocio pierden! ¿Será entonces, que ahora el campesinado vaya a ganar cuando le toque negociar con el elocuente universitario Telémaco Talavera, o con los chinos y teniendo en contra la ley  840, ley del canal? No quiero ofender a nadie, pero este negocio del canal me parece más un  negocio de tigre suelto con burro amarrado.

Lo que más duele, es lo que ya pasó, ¡que es la  venta del territorio!

El lago de Nicaragua y el Río  Punta Gorda son monumentos nacionales y pertenecen al tesoro de la humanidad. Yo no entiendo como algunos nicaragüenses se alegran por  los empleos que traerá un negocio que ni si quiera es propiedad de Nicaragua.

Es como que alguien venga a mi casa y me diga: “te voy a comprar tu casa quieras o no!” Y luego quien me compró la casa la convierta en un floreciente hotel de varios pisos, y le dé empleo en la construcción a mis hijos, y a mis hijas les de empleo de camarera, y cocineras.

¿Debo yo estar feliz porque un rico progresa y aumenta su riqueza en lo que fue mi casa, mi finca? ¿Y debo alegrarme porque mis hijos después de ser dueños sean sirvientes? ¡No le veo lógica! ¡Pues mi casa aunque sea pobre, tengo el gusto que es mía! Y si es pequeña, uno grande la sueña.

Desde hace 30 años trabajo en las áreas de educación, medio ambiente y agricultura orgánica ahí en Nueva Guinea y  en otros municipios de la Región Autónoma Caribe Sur.  Pero también lucho porque es la tierra donde conviven varias culturas, porque ahí convive gente que representa la diversidad y la riqueza natural y cultural de Nicaragua. Por la vocación forestal del trópico húmedo, el gran potencial productivo y sostenible de la RACS, RACN y Río San Juan nosotros hemos predicado y practicado las bondades de la agricultura orgánica y forestal. ¡En el trópico húmedo crecen los árboles, crecen los cultivos, crecen los pastos, crecen los animales, y hasta nuestras familias crecen!

¿Por que entonces vender ese patrimonio y ese potencial a un proyecto ajeno a las necesidades de Nicaragua?

Algo he aprendido en mi vida de campesina viviendo sin tierra y con tierra, y es que cuando llego a conseguir un pedazo de tierra ya no la vendo, porque la tierra es la que da estabilidad, me  da vida y tranquilidad. La tierra es un símbolo de patria o madre.

Por  eso la patria y la tierra no se venden,  al contrario se convierte en un paraíso para la producción de alimentos sanos y abundantes,  ¡en un lugar lleno de vida, en un país limpio y bonito!

 

*Elba Rivera Urbina, M. A., es originaria de Nueva Guinea, RACS, es fundadora de la escuela montessori Jan Amos Comenius en Nueva Guinea, donde trabaja, y vice presidenta del Foro de Educación y Desarrollo Humano, Managua. Estudió ciencias educacionales y ciencias políticas en la universidad de Tubinga, Alemania Federal.

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