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Obama y Castro en simbólico apretón de manos que marca una nueva diplomacia

Nuevo mapa EEUU Latinoamérica

El deshielo entre Cuba y Estados Unidos es celebrado con beneplácito por todo el continente. El gran reto será avanzar en la democratización y el respeto a los derechos humanos en la isla

Carlos Salinas Maldonado | Enviado especial | 11/4/2015
@CSMaldonado

Ciudad de Panamá. Un apretón de manos entre el presidente de Cuba, Raúl Castro, y el de Estados Unidos, Barack Obama, la noche del viernes en la inauguración de la VII Cumbre de las Américas tiene el simbolismo de un movimiento tectónico que reacomoda el mapa de la política en Latinoamérica. Ambos mandatarios se encontraron en Panamá –tras un largo esfuerzo diplomático del presidente de este país, Juan Carlos Varela– para abrir una nueva era en las relaciones entre Washington y La Habana de cara a una reconciliación de ambos países. Hasta el presidente Nicolás Maduro, de discurso incendiario, guardó sus diatribas antiimperialistas y dijo que era tiempo de “hacer historia, tiempo de paz”. La gran pregunta que se cierne ahora es si de los gestos de Panamá se pasará a acciones y que si tras un acuerdo entre Cuba y Estados Unidos este primer país encarará reformas que permitan democratizar la Isla y una mejora en los derechos humanos.

La respuesta a esa pregunta parece negativa, si se toma como referencia el actuar de grupos paraestatales que desembarcaron en Panamá bajo la bandera de la sociedad civil. Estos grupos fueron invitados por organizaciones civiles panameñas para participar en una serie de foros en los que se discutiría el papel de los organismos no gubernamentales en el fortalecimiento de las democracias de América Latina. Fue en el Foro de la Sociedad Civil inaugurado por el presidente Varela donde se dio el primer gran gesto de una cumbre basada en gestos: Varela, sin citar países de forma concreta, hizo un llamado a no temer a la sociedad civil. “No existe un país fuerte sin una sociedad civil fuerte”, dijo el Presidente.

Los simpatizantes del régimen de Castro, sin embargo, intentaron boicotear el foro, exigiendo la salida de éste de representantes de organizaciones cubanas críticas con el gobierno y de disidentes. No sólo intentaron reventar las mesas de trabajo, sino que también golpearon y amenazaron a los críticos y disidentes. Una acción que inmediatamente fue condenada por Estados Unidos y que dejó en evidencia que una cosa es el apretón de manos ante las cámaras y otra muy diferente la visión de ambos países sobre libertad, la participación civil en política y los derechos humanos.

La diplomacia panameña, que según fuentes que trabajan de cerca con la Cancillería de este país intenta que la Cumbre sea un éxito y que pasé más allá de discursos de buenas intenciones, ha intentado calmar las aguas para evitar una crisis que quitara las miradas del escenario principal: el Centro de Convenciones de Atlalpa, donde Castro y Obama discutirían sobre sus diferencias y el futuro de sus relaciones. Todos los discursos leídos la noche de la inauguración de la Cumbre, el viernes, apuntaban en esa dirección: “Damos un inicio a una nueva etapa de unidad hemisférica basada en el respeto a las diferentes formas de gobierno”, dijo Varela. “Tenemos un compromiso con la paz”, dijo por su parte el Secretario General de la OEA saliente, José Miguel Insulza, quien agregó que este era un “evento de gran trascendencia” por el acercamiento cubano-estadounidense.

Ortega parco en reunión del SICA


Hasta los presidentes más impetuosos de la región, como Maduro y Daniel Ortega, guardaron su retórica anti-imperialista para no desviar el foco de la cumbre en el momento inaugural. Ortega participó en una reunión del SICA con Obama y se mostró atípicamente parco, respetando el protocolo del encuentro. A diferencia de la cita con la CELAC realizada en enero en Costa Rica, cuando el presidente de ese país Luis Guillermo Solís tuvo que dar por terminado el encuentro después de que Ortega nombrara como su representante al independentista puertorriqueño Rubén Berríos, el Comandante asistió a la reunión del SICA con Obama para jugar un papel de actor secundario, arropado por su esposa y vocera oficial, Rosario Murillo, el vicecanciller y secretario de cooperación, Valdrack Jaentschke, y el presidente del COSEP, José Adán Aguerri. También viajó en la comitiva oficial Rafael Ortega Murillo, hijo mayor de la pareja, y fuentes de Cancillería dijeron que el contacto de prensa de la delegación fue en todo momento Juan Carlos Ortega, director de uno de los canales de televisión de la familia presidencial.

Nicolás Maduro también se mostró parco. A pesar de que la víspera de la Cumbre el mandatario venezolano había reiterado que llega a Panamá para exigir a Obama que derogara un decreto en el que les impuso sanciones a siete funcionarios venezolanos, para lo que iba a entregarle al mandatario estadounidense diez millones de firmas, al aterrizar en suelo panameño Maduro pronunció un discurso inesperado. “Venimos constructivos, para hacer historia mediante el respeto. No es tiempo de imperialismo sino de paz”, dijo Maduro quien con una sonrisa socarrona aseguró a los periodistas que “esta cumbre va a estar buena”.

El acercamiento EEUU-Cuba


Fuentes cercanas a cancillería dijeron que este apaciguamiento de los líderes del Socialismos del Siglo XXI se debió a un intenso trabajo diplomático de Panamá y potencias regionales como Brasil, que pretendía evitar una erupción retórica para centrarse en los gestos entre Obama y Raúl Castro. Más allá de un apretón de manos se espera que Obama anuncie que Cuba dejará de estar en la lista de países que auspician el terrorismo, una decisión que según The New York Times el presidente está cerca de tomar, a la espera de recomendaciones finales de sus asesores. Además, Obama y Castro sostuvieron una conversación telefónica previo a la Cumbre y sostuvieron una reunión paralela a la agenda oficial del evento. El primer gran gesto que comenzaba a mover el mapa diplomático de la región fue la histórica reunión que mantuvieron el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, y el canciller cubano, Bruno Rodríguez. Es la primera vez que dos cancilleres de estos dos países distanciados por más de medio siglo se reúnen, en la que es sin duda la reunión más importante en el proceso de diálogos para establecer relaciones diplomáticas.

Para los disidentes del régimen cubano, sin embargo, esta cumbre es sólo retórica. Critican el hecho de que se le haya permitido a Cuba, una dictadura que viola los derechos humanos, su participación en el evento, en violación a la Carta Democrática de la OEA. María Werlau, activista y analista cubana radicada en Nueva Jersey, Estados Unidos, dijo a Confidencial que esta era la “Cumbre de la farsa”. No se espera “nada más que una foto de familia. Tenemos que leer la Carta Democrática Interamericana y ver a qué Estado le van a dar la corona de legitimidad, a una dictadura de 56 años. Por eso es una farsa”, dijo. Para Werlau, lo que se estaba desarrollando en Panamá era “la diplomacia del “calzón quitao”, que no es más que dar todas las concesiones sin nada a cambio, con la idea de que es el enemigo el que va a cambiar de idea”. La analista sí reconoció que en Cuba hay una gran expectativa por los cambios económicos que las negociaciones con Estados Unidos puedan generar, además de que el mandatario estadounidense es más popular en la Isla que los Castro, pero se mostró escéptica ante la posibilidad de verdaderos cambios políticos.

Obama, sin embargo, ha mantenido un discurso conciliador y optimista. “Los cambios históricos de nuestra política que anuncié el pasado diciembre representaron un quiebre con una estrategia que, durante más de 50 años, no logró mejorar las condiciones políticas o económicas del pueblo cubano. Como parte de ese anuncio, los gobiernos de Cuba y Estados Unidos se comprometieron a negociar el restablecimiento de relaciones diplomáticas, cuya ruptura se produjo en 1961, y Estados Unidos tiene la intención de cumplir con ese compromiso”, dijo Obama en una entrevista facilitada a la prensa por la Casa Blanca. “Estoy convencido que el enlace beneficiará a los Estados Unidos y a Cuba; mejorará las vidas de los cubanos de a pie e impulsará la cooperación más efectiva a través del hemisferio. Hemos visto un aumento en el contacto entre el pueblo de Cuba y Estados Unidos y el entusiasmo del pueblo cubano hacia estos cambios demuestra que vamos por el camino correcto”, agregó.

En Panamá, Ben Rhodes, consejero de seguridad nacional del gobierno estadounidense, dijo que “entramos en un nuevo territorio. El presidente cree que el enfoque basado en el aislamiento ha fracasado”. Y bajo esa premisa Obama y Castro se encontraron en Panamá, acelerando el proceso que, aparentemente, terminará con un inevitable restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países. Un reacomodo en el mapa político del continente, que para unos será el legado de la era Obama en el hemisferio y para otros un triunfo de la diplomacia cubana. La trama apenas se desarrolla y aunque ha alcanzado un punto importante con un apretón de manos, todavía falta esclarecer qué papel jugará Estados Unidos en la democratización de Cuba. El presidente Obama ya lanzó en Panamá una frase bastante elocuente: “la sociedad civil es la conciencia de nuestros países”, dijo. La disidencia cubana lo escuchaba atentamente. 

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