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Un imperativo político y moral

El ágora electrónica sustituyó el ágora griega. Convertidos en auténticas plazas públicas los medios favorecen el diálogo o entorpecen el debate.

Guillermo Rothschuh Villanueva | 21/3/2015

La libertad ha existido siempre,

 pero unas veces como privilegio de algunos,

otras veces como derecho de todos.

Carlos Marx

Cada momento en la historia exige determinadas conductas políticas y posicionamientos éticos. Solo a riesgo de querer desconocer las consecuencias que traen aparejadas las medidas que adoptan los gobiernos, puede una institución o persona alegar que no les importan. El acaparamiento mediático en Nicaragua empieza a reducir los espacios de participación ciudadana. En la medida que la concentración aumenta muchos rostros han desaparecido e irán desapareciendo de las pantallas televisivas y una infinidad de temas continuarán siendo eliminados. Esta forma de invisibilización forma parte de un conjunto de medidas adoptadas por el duopolio televisivo destacada en Medios y Poder en Nicaragua. ¿Se creerán inmunes quienes hasta ahora han dado las espaldas a este problema? ¿Desconocen o no quieren entender que la reducción de espacios mediáticos afectan de manera sensible los procesos de gestación democrática? ¿Acaso no perciben la relación existente entre democracia y pluralismo mediático? ¿A qué atribuir esta ceguera proveniente de diversas instituciones? ¿No miden lo dramático del caso?

Poquísimas voces se escuchan demandando el cese de acaparamiento de medios. Ni siquiera la clase política –la más afectada- pareciera comprender las implicancias que tiene para la vida del país que las pantallas televisivas emanen una sola voz y se tiñan de un mismo color. La alusión a este fenómeno en Medios y Poder en Nicaragua constituye una responsabilidad académica y ciudadana. Las omisiones en que incurren los políticos resultan lesivas tanto para ellos como para la ciudadanía. Una ciudadanía que cada vez se siente menos representada por quienes dimiten de la manera más grosera en un campo de primerísima importancia para la defensa de sus intereses. ¿A dónde pueden acudir o recurrir si la televisión –el medio de mayor impacto y trascendencia- solo deja ver los mismos rostros y los temas que más les atañen están siendo postergados? ¿Cómo no percatarse de esta decisión si ellos mismos han sido eliminados de un tajo por disposición de sus dueños? ¿No se dan cuenta que al paso que vamos las frecuencias continuarán distribuyéndose únicamente a favor de los dueños del duopolio televisivo? Un silencio pernicioso para la sociedad.

La televisión ocupa un lugar central en la discusión de los grandes temas políticos, económicos, educativos, religiosos y culturales. La función de intermediación que realizan los medios, especialmente la televisión, disputa a los políticos la posición privilegiada que ostentaban en el pasado. La relevancia de los medios consiste en hacerse cargo de los grandes problemas ciudadanos. En mediar para su solución. En su capacidad para minimizarlos o agrandarlos, en omitirlos o darles preeminencia. El ágora electrónica sustituyó el ágora griega. Convertidos en auténticas plazas públicas los medios favorecen el diálogo o entorpecen el debate. Propician la armonía o auspician la polarización. Se muestran partidarios de abrir espacio a todos o se inclinan únicamente a favor de los intereses de sus dueños. En la medida que el número de propietarios se reduce como parte de una estrategia política gubernamental, las posibilidades de acceder a sus páginas, pantallas y micrófonos se reducen a cero. La discriminación en las pantallas sigue adelante. Una política que favorece al gobierno. En estos canales televisivos solo dejan escuchar una sola voz. Su voz. Nada más.

Nicaragua es un país con escasa tradición de tolerancia. A los políticos gusta más bien  promover la polarización. El disentimiento no es aceptado como parte del juego democrático. No existe vocación auténtica por el diálogo. La liberación de las ondas hertzianas podría propiciar y alentar el disentimiento. A no penarlo ni condenarlo. Una de las características de los medios en manos de la familia gobernante es no ceder espacio ni permitir que se vean y escuchen otras voces que no sean los rostros y voces de sus partidarios y aliados políticos. Una concepción que revela la manera cerrada con que administran sus medios y su incapacidad para aceptar el disentimiento como parte de su credo político. Son los abanderados de la monocromía. Administran sus medios como cotos cerrados. No existe posibilidad alguna de escuchar críticas menos que permitan expresarse a sus adversarios. Se comportan más como medios de propaganda que como canales informativos. Su discurso es monocorde. Es impensable que formulen algún cuestionamiento al desempeño del gobierno. Solo existen para elogiar y defender a quienes detentan el poder. 

En estas circunstancias la defensa de la libertad de expresión constituye un imperativo político y moral. Nicaragua y los nicaragüenses nos encaminaríamos en otra dirección si la controversia y el disentimiento no estuviesen penados. Todos resultaríamos beneficiados si hubiese apertura de parte del gobierno en el otorgamiento de las frecuencias radioeléctricas. Este es uno de los principales llamados que formulo en mi libro Medios y Poder en Nicaragua. Insisto en resaltar lo negativo y contradictorio que resulta para el país que la televisión continúe en manos de dos propietarios. Advierto la urgencia que Telcor empiece a regirse por una nueva ley de telecomunicaciones previamente consensuada. El encargado del ente regulador no puede continuar legislando por las vías de hecho. Sobre todo porque la ley no le permite actuar de la forma que lo ha venido haciendo. ¿Cómo parar estos desmanes? La mirada que proyecto sobre las legislaciones de varios países latinoamericanos, la hago con el propósito expreso de asomarnos a otras realidades y extraer las mejores lecciones en el campo mediático. Aunque no dejo de preguntarme ¿bastará una nueva ley?

Mi principal motivación continúa siendo la creación de un sistema mixto de comunicación con reglas claras, sin abusos ni discrecionalidades. La Ley de Telecomunicaciones (Ley 200) afecta sensiblemente los intereses de Nicaragua. Urge la promulgación de una nueva legislación que incorpore todo lo atingente a los retos que plantea la digitalización. La ley actual fue aprobada hace veinte años (1995) y desde entonces resultaba obsoleta en relación con el desarrollo que experimentaban las tecnologías de la comunicación y la información. Las comunicaciones deben contribuir al desarrollo de la nación como indica el Artículo 68 de la Constitución Política. Mantener una política de fronteras abiertas no significa entregar las frecuencias radioeléctricas al mejor postor político o económico. Es contraproducente. Ningún país lo ha hecho en los términos que ha procedido Telcor. Tampoco supone alentar la alcahuetería a favor de solo dos oferentes en telecomunicaciones y en medios audiovisuales. La firma Claro no hubiese conseguido una posición monopólica si el ente regulador hubiese actuado en función de los intereses del país.    

Medios y Poder en Nicaragua expresa un compromiso y toma partido en defensa de la libertad de expresión. Nunca me cansaré de repetir que para su existencia se requiere contar con medios de comunicación con políticas informativas y editoriales amplias. La ciudadanía no ha sido capaz de elevar su voz. Todo lo contrario. Sigue totalmente a espaldas a esta realidad pese afectarle. Los medios prestos a ver la paja en el ojo ajeno deberían ver las vigas y legañas en el suyo. Aunque resulta imprescindible afirmar que las fuentes gubernamentales continuarán cerradas. ¿Cómo propiciar el debate en estas circunstancias? La Ley de Acceso a la Información Pública (Ley 621) nació muerta. La centralización informativa no ha servido de estímulo a medios y periodistas. Más allá de la obligación del gobierno siguen haciendo un periodismo institucional. Continúan acudiendo a las oficinas e instituciones de servicio público para requerir información, en vez de salir al encuentro de la ciudadanía para hacer sentir sus demandas. La mejoría del periodismo nacional pasa por no continuar parasitando alrededor de las instancias gubernamentales.

Aparte de lo anterior en Medios y Poder en Nicaragua incorporo otros aspectos que inciden en la crisis que enfrenta el periodismo. Los medios escritos deben liberarse del temor de publicar textos de más de mil quinientas palabras. El apartado que dedico a la crónica tiene la intención de reiterar mi convicción de su enorme significado. Si no introducen cambios los cronistas tenderán a desaparecer en el momento que más lo necesitan. Vivimos el apogeo de la imagen. Lo cual no supone desertar de la cobertura amplia y detallada que merecen los temas más acuciantes. Mi llamado va encaminado a crear conciencia de la importancia que tiene en la Nicaragua contemporánea defender nuestro derecho a saber lo que ocurre en nuestra sociedad. Informarse –como sostiene Ignacio Ramonet- siempre será una tarea dispendiosa. Con mucha mayor razón para los periodistas que se precian de respetar el oficio. En mi libro encontrarán un llamado de aliento y solidaridad. Una invitación clara y decidida en los reclamos que deben formularle al gobierno como a la clase política ¡Este es uno de mis mayores propósitos!          

Todos estamos convocados a encarar de la mejor manera el momento crítico que vivimos en materia de libertad de expresión. La concentración mediática atenta contra su verdadero ejercicio. Constituye una forma de censura indirecta. Se aparta de lo establecido en la Declaración de Chapultepec (1994) pese que el Comandante Ortega es firmante de dicha declaración. Cada día que pasa se reducen los espacios para que la ciudadanía haga sentir su voz. No deja de preocupar que empresarios y políticos no encaren esta situación como parte de sus respectivas agendas. La libertad de expresión debe defenderse como un principio irrenunciable. Llama poderosamente la atención el silencio que guardan ambos actores en un tema tan delicado. No deja de ser sintomático que carezcan de propuestas. ¿A qué obedece su mutismo? Cada vez más los empresarios son señalados de mostrar una apatía -casi cómplice- al negarse a delinear una política explícita en defensa de este principio. ¿Cuándo asumirán  este desafío?  Dimitir supondría un retroceso cuyas consecuencias ya empezamos a resentir. ¡Debemos convencernos, la democratización de Nicaragua pasa por la democratización de los medios!

Cuando el desasosiego cunde Medios y Poder en Nicaragua pretende convertirse en un canto de esperanza.

 

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