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Conferencia Episcopal alerta: apatía y miedo ante problemas sociales y abusos de poder

Obispos cuestionan indolencia ciudadana

Obispo Báez de Managua: “estamos creando una sociedad humanamente degradada”. Obispo Herrera de Jinotega: temo que vaya creciendo estado de violencia, que haya mas armados”

Octavio Enríquez | 16/3/2015
@cabistan

La indolencia de los ciudadanos frente a los problemas sociales y el abuso de poder—expresado en la ilegalidad, el autoritarismo o la corrupción—  ha colocado a Nicaragua en un laberinto sobre el que los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua reflexionan en su en su más reciente mensaje pastoral.

Los obispos han llamado a los nicaragüenses a dejar de ser “simples espectadores de la realidad”, viviendo esclavos de la consigna “sálvese quien pueda” y han suscrito en ocasión de la Cuarezma un documento de seis páginas que en tono sencillo pretende apelar a un cambio a la actitud personal y no para incentivar protestas en las calles contra el gobierno de Daniel Ortega, según sus promotores.

Tranquilo en su despacho, en la Arquidiócesis de Managua, el Obispo Auxiliar Silvio José Báez, vestido con su hábito negro, lamenta la situación extrema que vive el país y recuerda las palabras del Papa Francisco que describió la globalización de la indiferencia con el verbo “balconear”, que es sentarse en el balcón y ver desde arriba lo que sucede sin inmutarse.

“Esta indiferencia a nivel social y político nace muchas veces en el seno de la familia, en las familias se viven relaciones frías, hay parientes que no se hablan desde hace muchos años, hay vecinos que tienen problemas, ancianos que están abandonados, o enfermos que nadie los visita y a la gente no le importa nada”, dice Báez.

“Hay una actitud interior de indiferencia que indudablemente se manifiesta también frente a la problemática social. Nosotros hemos querido llamar a la conversión, ¡estemos alerta, se nos está yendo de las manos la construcción de una sociedad justa!”, advierte el religioso.

Las posibles razones fueron discutidas por la Conferencia Episcopal el pasado ocho de marzo cuando uno a uno los Obispos empezaron por hacer una lluvia de ideas para explicar lo que luce como una claudicación de la condición de ciudadanos de los nicaragüenses. Algunos obispos pensaron que no interesa lo que pase, porque pesa la decepción a la política que manifiesta gran parte de la gente, o quizás no existe un entusiasmo al ver los rostros de siempre participando una y otra vez. Los más contundentes dijeron que hay miedo.

“Una sociedad humanamente degradada”


Las razones, como se puede ver, son múltiples. Báez, un carmelita de 57 años originario de Masaya,  un intelectual educado en Roma donde se desempeñó como vicedecano de la Facultad de Teología del Teresanium, se queda pensativo cuando le pregunto qué clase de país estamos construyendo.  A diferencia de las otras preguntas, en esta calla durante unos segundos.

“¡Qué pregunta más difícil la que me hacés! Bueno mirá, una sociedad en donde la mayoría se siente sin responsabilidad frente al futuro, donde hay una gran mayoría que cree que la solución es tender la mano para que le den, donde hay una gran mayoría que tiene miedo y el miedo vuelve egoísta a las personas, porque mucha gente por salvar su puesto de trabajo, su privilegio, su vida, también es indiferente. Estamos creando una sociedad humanamente degradada y esto no le va hacer bien a nadie. Nosotros  decimos en la carta responsabilicémonos; primero ante Dios, después ante nuestra conciencia, ante los pobres que son los preferidos por Dios, a quienes Jesús puso en el centro de sus preocupaciones y su ministerio y responsabilidad frente a las generaciones futuras”.

La Carta Pastoral hace hincapié en que los bienes, el dinero o la riqueza no son realidades negativas en sí mismas, pero agrega que se vuelven ídolos mortíferos cuando se vuelven contra el ser humano, logrando esclavizarlo. Precisamente en esa idolatría es donde los jerarcas encuentran la raíz de las ambiciones de poder, la evasión fiscal o el servilismo.

Báez describe a un país cuyo vicio mayor parece ser el de las estadísticas. Así lo llama: vicio. “Crecimos el tanto por ciento, ahora tenemos el 80% (de clases pobre), el 20% de ricos, ahora tenemos la gasolina subió tanto, vivimos de números, es importante: la iglesia es la primera que lo tiene que hacer, es importante que lo hagamos todos, que las estadísticas yo lo llamo vicio porque casi que lo absolutizamos, que nos sirvan como un instrumento para encontrar los rostros y dramas familiares y personales”, añadió.

A veces, cuando el pobre se encuentra más afligido, el Obispo reconoce la importancia de una palabra de aliento. No hay, según él, un gesto que sí se hace en el nombre de Dios se pueda considerar como desperdiciado. Báez explica que la clase política en cambio tiene otro problema. Grave como los otros. Resulta ser su distanciamiento de los pobres, lo que ha acentuado una profunda desilusión entre los ya desilusionados. El religioso carmelita apuesta porque  se recobre nuevamente la dimensión del ser humano y se le coloque nuevamente al centro de todo. Ese es el antídoto a la actual realidad.

“Este principio de ponerle alma a la política, ponerle espiritualidad, es decir poner a la persona humana concreta en el centro es lo que puede devolverle credibilidad y eficacia a la acción política en Nicaragua. Nosotros decimos: Es una política alejada del pueblo”, recalca.

Durante sus años de servicio, Báez se ha expresado públicamente a favor de la institucionalidad democrática, el respeto de derechos humanos y la libertad del individuo en un régimen cuestionado precisamente por denuncias de ese tipo.

Los obispos no se callaron ante los problemas coyunturales. En el mismo documento señalaron sus puntos de vista sobre la construcción del canal interoceánico, un megaproyecto que llaman “tecnológico” y del que mostraron preocupaciones por las repercusiones que conlleve en la ecología nicaragüense.

El gobierno de Ortega entregó en 2013 la concesión para construir la obra de ingeniería al consorcio empresarial HKND, presidido por el desconocido inversionista Wang Jing, que se encargará de gestionar un proyecto cuyo costo es estimado en 50, 000 millones de dólares. Las promesas de cambio y de un futuro mejor no convencen a los religiosos.

“Nos preocupa el pueblo, los campesinos pobres y los medianos productores de la zona afectada por este proyecto, quienes viven en zozobra e incertidumbre de cara al futuro; no tienen certeza de que recibirán el precio justo por sus tierras; saben que pueden ser víctimas de desplazamiento forzoso; no saben adónde irán, pues no se conoce un plan de ordenamiento territorial que les asegure una organización laboral y social digna”, dice la Carta Pastoral.

Los grupos armados

La CEN toca el tema espinoso de la presencia de grupos armados, que el gobierno se niega a aceptar porque para el Ejército y el Ejecutivo únicamente existen bandas delincuenciales y no alzados inconformes con Ortega.

Los obispos reconocen la existencia de grupos armados en zonas rurales, pero explican que no se les puede ignorar. Sobre el papel del Estado, en la resolución de estos conflictos, denuncian actos de represión y de violencia criminal con claros “matices de terrorismo”, que han enlutado y puesto en zozobra a muchas familias y comunidades de zonas rurales, los cuales han quedado en la impunidad.

El documento señala a la Policía y el Ejército, cuya presencia crea pánico e inquietud entre la población para los religiosos, una situación que confirma palabra por palabra el Obispo de Jinotega, Carlos Herrera.

Vía telefónica, el Prelado, un franciscano cauto y de pocas palabras, asegura que le preocupa la tranquilidad de las familias de su diócesis. Esas familias son objeto de amenazas. “Están viviendo con temor, ha habido asesinatos que no se han aclarado. Hay zozobra hay inseguridad y eso hace que los padres no manden a sus hijos a la escuela”, se queja el religioso de Jinotega.

La situación de intranquilidad se extiende a los religiosos que trabajan en la zona y que le han dicho a Herrera que no se puede hablar mucho. Los temores crecen a medida que la incertidumbre no se resuelve. “Yo temo que vaya creciendo ese estado de violencia, que haya más armados”, dice Herrera. El religioso pide respeto a los derechos humanos de los ciudadanos y les dice por igual a los alzados que no es con violencia cómo se logrará un cambio.

Publicarán cartas pastorales desde el 2000

El Obispo de León, Monseñor Bosco Vivas, asegura que en el seno de la Conferencia Episcopal existe una iniciativa que pronto someterán a aprobación de la publicación de las cartas y documentos emitidos por ellos desde el año 2000.

“Lo anterior está publicado. Sería hacer otra edición. Es interesante. Aunque fueron situaciones que se vivieron, por una parte son historia importantísima que nos advierte en que si repetimos errores podemos repetir las consecuencias de esos errores: las guerras”, dice Vivas.

La indiferencia de la que habla la Carta Pastoral de marzo,  “se nota en que las personas están metidas en sus problemas particulares y están tratando de resolver sus situaciones difíciles que atraviesan su familia, en ese sentido es una cuestión de egoísmo, la situación es cómo romper esta situación y la respuesta es la palabra de Dios que venga a golpearnos el corazón para hacernos sensibles a las necesidades de las personas que nos rodean”, redondeó Vivas.

 

 

“Falta una educación democrática”

*Obispo Auxiliar de Managua, Silvio Báez: en el documento no acusamos a nadie, pero indudablemente hay  responsabilidades

 ¿Por qué es tan importante en las circunstancias actuales que vive Nicaragua ese tema de la indiferencia?

Es un tema decisivo, no sólo para Nicaragua, sino para la convivencia global. Somos humanos en la medida en que tomamos en cuenta a los demás seres humanos, en que buscamos nuestra realización  y felicidad pero sin atentar a la realización y felicidad de los otros seres humanos. Somos seres humanos en cuanto respetamos los derechos y libertades de otros seres humanos. Somos humanos en cuanto sabemos que no podemos ser libres, si los otros no son libres. Nos hacemos libres juntos, nos hacemos humanos juntos.

La indiferencia lo que crea es una pérdida de calidad humana no solo en la persona, sino en la convivencia, es un tema antropológico antes que religioso. El papa Francisco lo ha convertido en un tema central de su mensaje de Cuaresma para los cristianos. Y nos ha recordado cómo desde la fe cristiana, donde concebimos al ser humano como  creado por un Dios que es padre, que como dice el Papa nunca se desinteresa de nosotros, saca la conclusión: nosotros que creemos en este Dios que es bueno, que no se desinteresa de nosotros, nosotros no nos debemos de desinteresar el uno del otro.

¿Qué ocurre con Nicaragua en concreto?

Esta realidad que es antropológica y central en el proyecto de Dios desde la fe cristiana, en Nicaragua ha alcanzado unas dimensiones sociales alarmantes.

¿Qué cosas resultan impactantes para ustedes?

Nos preocupa que la gran mayoría de la población esté viviendo con extrañeza su responsabilidad ciudadana y entonces estamos dejando que la sociedad, o el proyecto de sociedad,  se nos esté yendo de las manos, porque en la medida que una gran mayoría se vuelve apática, desinteresada, poco comprometida, estamos dejando en las manos de  unos pocos el destino  y la construcción y el rumbo de la sociedad. Esto es grave. Para nosotros como pastores, el rumbo de la sociedad y la construcción del futuro del país debe ser responsabilidad de todos.

¿Por qué la gente  debería interesarse en estos temas, se lo digo porque cuando hablamos con ellos, muchos nos dicen que no se mete en política “porque tengo que comer”?

Hay muchas razones. Quizás una razón histórica, cultural, en Nicaragua tenemos a las espaldas una cultura antidemocrática tremenda. La gente continúa esperando todo del “Hombre”, del líder, del caudillo, y la misma gente ha perdido el sentido del servidor público. Aquí la gente  en el inconsciente cree que el pueblo está al servicio de la clase política o de los funcionarios públicos cuando es al revés. Si es el pueblo, el que sostiene a estos servidores públicos que están justamente para rendir cuentas al pueblo. Pero no existe esa mentalidad en Nicaragua. Falta de educación democrática, de una cultura política que lamentablemente se está pasando de generación en generación. 

Otra de las razones es que la gente no capta que las acciones inmediatas necesarias como ganarse el pan cada día, tener un trabajo, salir a vender al mercado para poder tener la comida, para poder poner los frijolitos en la mesa,  o que los chavalos vayan al colegio, o poder pagar unas medicinas necesarias, la gente no capta que eso tiene que ver con el tipo de sociedad que se está construyendo y que eso tiene que ver con el modelo de sociedad que está inspirando determinada ideología, no logra captar la gente. Les parece que es una cuestión de sobrevivencia personal, pero no hemos logrado todavía  captar la profunda  relación y la profunda influencia recíproca entre acciones personales y familiares de trabajo y de salud, o educación, y lo que representa la macroeconomía, o la política concebida a nivel nacional. No logramos captar eso.

Ya hablamos del ciudadano, ¿qué cuota de responsabilidad tiene la clase política?

Indudablemente la cuota  de responsabilidad de la clase política es mucho mayor. Nosotros aquí por ejemplo, en el documento, no acusamos a nadie. Pero sí hacemos una constatación que irremediablemente, ineludiblemente, hace surgir responsabilidades. Cuando nosotros decimos se está creando en Nicaragua, o se está llevando  adelante, un modo de hacer política en el que aparece contar poco la cercanía al pueblo, el interés por resolver sus problemas reales y tomar en cuenta sus expectativas y opiniones

¿Por qué?, ¿cómo viven los políticos y cómo vive el pueblo?

Yo  creo que a los políticos les hace falta ensuciarse los pies en los barrios, en las zonas  rurales de nuestro país. Les hace falta un encuentro amigable con la gente. Los políticos tienen que  pensar que el pueblo tiene rostros y nombres, no son simplemente la masa de las grandes concentraciones, no son el voto que van buscando en las elecciones.  Ni son tampoco las personas anónimas a las que se les ayuda para que estén conmigo.

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