Confidencial » Opinión » Leer artículo

Doble discurso y doble moral

No se puede pedir respeto de santos o héroes para quienes ahora son empresarios que defien­den sus bienes y acumulan capital practicando las reglas del capitalismo salvaje, y no la hermandad revolucionaria que un día pudieron haber practi­cado. No se puede exigir credibilidad política para el partido cuando éste se utiliza para conservar intereses y privilegios personales

Ernesto Castillo Martínez | 10/3/2015

En 1969 invitado a un seminario de religiosos y laicos les decía: “En Nicaragua para lograr que los marginados puedan participar en bienes y servicios comunes, es más necesaria la reforma política que el incremento al desarrollo porque mientras no se logre una justa participación en el poder de decisión, la distribución de los bienes y servicios será siempre injusta”.

Y citaba a Pablo VI en la Populorum Progresio: Mientras en algunas regiones una oligarquía goza de una “civilización” refinada, el resto de la población pobre está privada de casi todas las posibilidades de iniciativas y responsabilidades viviendo muchas veces en condiciones de trabajo indignas de la persona humana”.

La derrota en las elecciones del 90 generó en el FSLN un  descontrol inicial que propició la desorganización y el abuso en la política de conservación de bienes. Lo que al inicio fue acumulado para solventar necesidades de la revolución, impuestas por el bloqueo y la guerra, de pronto resultó ser en gran parte capital, en bienes y propiedades, de algunos dirigentes políticos y de gobierno. Esto originó la creación de nuevos propietarios capitalistas y la desprotección de la gran masa de usuarios sin acceso a las medidas de adjudicación y legalización de la nueva propiedad individual.

 

Lo que al principio fue un  secreto a voces, y se conoció como “La Piñata” enriqueció a no pocos dirigentes: Ingenios azucareros, bananeras, industrias, grandes extensiones de terrenos agrícolas y urbanos, mansiones etc.

El cuestionamiento hecho al gobierno sandinista sobre todo a partir del 90, de haber procedido atropellando el derecho, para aplicar las medidas que afectaron la propiedad, es extendido en lo general, a las actuaciones, tanto para alcanzar el poder como para defender la revolución: creación de tribunales especiales, normas sobre orden y seguridad pública, control de divisas, regulación del mercado interno y de exportación, etcétera.

El FSLN nunca pensó tomar el poder utilizando los instrumentos legales vigentes de la época somocista. Eso hubiese significado renunciar, desde entonces a la lucha armada y apuntarse a un cambio a través de elecciones. Se optó abiertamente por la ruptura violenta y el desmantelamiento del aparato dictatorial con medidas revolucionarios y no con los recursos legales tradicionales.

Lo que al inicio fue acumulado para solventar necesidades de la revolución, impuestas por el bloqueo y la guerra, de pronto resultó ser un gran capital, en bienes y propiedades de algunos dirigentes políticos y de gobierno. Se perdió el control en el apresurado proceso de distribución y legalización de bienes que,  originaron la creación de nuevos propietarios capitalistas, y la desprotección de la gran masa de usuarios sin acceso a las medidas de adjudicación y uso a la nueva propiedad individual.

La realidad nos hizo constatar que las medidas de conservación de capital para la sobrevivencia política, lo que produjeron fue un nuevo grupo de propietarios y capitalistas particulares.

Grandes propietarios que han logrado que la participación de los trabajadores se limite, en la mayoría de los casos, a ceder sus acciones en las empresas. O a lo más,  tratar de conservar su puesto de trabajo, excepción hecha del pequeño grupo de dirigentes que se convirtieron en propietarios individuales.

¿Será que desaparecieron esos valores por los que lucharon y murieron miles y miles  de hombres como nuestros Carlos Fonseca, Jorge Navarro, Julio Buitrago, Casimiro Sotelo, Germán Pomares, y tantos nicaragüenses que vivieron y murieron como revolucionarios? Pero si no llega al pueblo el pan, el trabajo digno, la revolución comenzará a despertar de nuevo y se iniciará un nuevo ciclo en la historia y los explotados emprenderán una nueva lucha contra los explotadores, en los que hay antiguos “revolucionarios”.

Doble discurso y doble moral

Vivimos una etapa de deshumanización en la que el mercado no deja espacio para los ideales y hay que enfrentar la realidad. No se trata de exigir a todos (somos humanos), la santidad de que nos hablaba Leonel Rugama. No es que deba condenarse el obtener remuneración económica por el trabajo necesario para sostener a la familia. Pero no se puede pedir respeto de santo o héroe para quien ahora es empresario, que defiende sus bienes y acumula capital, practicando las normas del capitalismo salvaje, y no la hermandad revolucionaria que un día pudo haber tenido.

No se puede exigir credibilidad política para el partido, cuando éste se utiliza para conservar intereses y privilegios personales.

Si un dirigente o político dedica su esfuerzo y voluntad para ser dueño de empresas, tierras y bienes de capital, necesariamente será implacable con aquellos que dice defender. Para obtener utilidades deberá sustituir la solidaridad  por los números.

Cuando se es patrón- dirigente político priva la condición de patrón sobre la de compañero. Es de humanos, incluidos los políticos, el cometer errores. Los caudillos creen y llegan a convencerse que no cometen errores. Los errores se los dejan a los demás.

Pedirle a un capitalista tradicional que defienda a los pobres hasta las últimas consecuencias es un contrasentido.

Para ser capitalista se necesita que existan los pobres, aquí, en Zaire, Burundi, Haití, y aún en los mismos Estados Unidos. Si los dueños de capital consideran que la mejor manera de contribuir a solucionar la pobreza en el mundo es aumentando el capital que  generará trabajo, que a su vez, abrirá el mercado, es cosa de ellos. Cada quien es libre de teorizar y elegir los medios que considere adecuados para enfrentar el problema de la pobreza.

Cuando la ética pública es flexible, cuando la opinión pública tiene en general un concepto negativo de la política, la corrupción se tolera, porque se llega a considerar una consecuencia inevitable del ejercicio del poder.

En Nicaragua, Managua especialmente, se nos presenta de manera descarnada el contraste entre la desesperanza y la satisfacción: Gasolineras y rotondas, salarios de funcionarios de gobierno y diputados, zonas francas y negocios turbios, proporcionan a un reducidísimo número de antiguos y nuevos ricos, satisfacción y placeres, como los que se reflejan en anuncios de televisión.

 De otro lado, pero muy cerca, en el mismo corazón de Managua, desempleados desesperados, niños que no podrán ir a la escuela por tener que buscar la comida para su familia en semáforos, basureros, calles y mercados empujados de forma vertiginosa a la miseria.

Yo confisqué, pero no a favor de ningún líder de la revolución, porque se confiscó en nombre del pueblo y para el pueblo. “Lo más grave ocurrido a no pocos dirigentes del FSLN no es haber perdido el poder, sino la identidad y en algunos casos hasta la vergüenza. Cuando vuelva a explotar la paciencia de los pobres, surgirán nuevos líderes y los actuales estarán en la otra acera, defiendo sus intereses”.

¿Hasta cuándo podremos seguir viviendo esas contradicciones, que parecen insalvables, sin explotar? Los dirigentes de cualquier partido no pueden exigir credibilidad política y respeto de santos o héroes practicando las reglas de un capitalismo salvaje cuando los partidos políticos se utilizan para conservar intereses y privilegios personales. El doble discurso es resultado de una doble moral que no puede esconderse.

No quisiera olvidarme de mi amigo entrañable Profesor José de La Cruz Pérez con quien colaboré en la edición de su libro Cartas a la Presidenta doña Violeta de Chamorro. Por ello  incluyo unos extractos.

Y cito: “Le había prometido algunos consejos que le puedan ayudar en el asunto de la propiedad. Que todo el mundo dice es prioritario. Por de pronto no se preocupe por los beneficiarios de la Reforma Agraria si son campesinos de verdad. De los que se tenga duda de que sean campesinos, se les puede someter a pruebas: detector de mentiras, o a falta de éstos podría encargárseles trabajar unos quince días en la roza o deshierbe de la tierra  siguiendo a un buen puntero; el ordeño nocturno y en invierno en alguna finca chontaleña, o abrir unos claros en la montaña para la siembra, -sin sierra eléctrica por supuesto-: y si un jurado compuesto por campesinos de los que ganan 7 u 8 córdobas al día los aprueban, pues se les recomienda para que les legalicen el título”.

El ex Presidente Ortega también firmó el decreto 59 del 30 de Agosto de 1979 que entre cosas decía: “Las mansiones y residencias de lujo expropiadas bajo el decreto 3 será destinadas a: guarderías infantiles, centros de recreación infantil y otros locales destinadas a la niñez. Las quintas y casa de veraneo expropiadas será destinadas a centros de vacaciones de los trabajadores asegurados y sus familias”.

Quienes tienen cargos de dirigencia en el FSLN actual, deben recordar que a los miembros y militantes se les inculcaba que para llegar a ser dirigente, tenían que ser los mejores, los más honestos y auténticos defensores de los pobres y explotados. Si esos dirigentes aspiran a merecer respeto y votos, deben ganárselos por su forma de vivir y actuar ahora, y no por un pasado que volun­tariamente han dejado a un lado.

No se puede pedir respeto de santos o héroes para quienes ahora son empresarios que defien­den sus bienes y acumulan capital practicando las reglas del capitalismo salvaje, y no la hermandad revolucionaria que un día pudieron haber practi­cado. No se puede exigir credibilidad política para el partido cuando éste se utiliza para conservar intereses y privilegios personales.

El doble discurso es resultado de una doble moral que difícilmente puede esconderse.

--------------------------------------------------

Miembro del Grupo de los Doce y Ex Ministro de Justicia.  Palabras durante la presentación de su libro “Ensayos y opiniones sobre la realidad nicaragüense”.

Más en: Política

Otros artículos del mismo autor