Confidencial » Opinión » Leer artículo

Innovar en apicultura

La apicultura necesita aumentar. Sus innovaciones inician cuando el ser humano percibe que puede cosechar miel y cera con regularidad de la misma colonia, y construyen colmenas con vasijas de barro y canastas cónicas

René Mendoza Vidaurre | Edgar Fernández y Yeris Lanzas | 9/3/2015

Si las abejas desaparecieran, a la humanidad sólo le quedarían cuatro años de vida

Albert Einstein

Últimamente ha habido alarma mundial sobre las abejas. Ellas producen miel y polinizan los cultivos y la vegetación; su reducción afectaría la agricultura y la biodiversidad. Aquí ponderamos su impacto en la agricultura, revisamos su evolución, y basado en una experiencia en el municipio de San Juan del Río Coco (Madriz, Nicaragua) sugerimos innovar en una apicultura vinculada a su entorno económico, ecológico, agrario y social.

Un estudio de Klein y sus colegas (“Importance of pollinators in changing landscapes for world crops”), con datos FAOSTAT-2005, encontraron que de 115 cultivos, 87 aumentan su producción con polinización (39 de 57 cultivos y 48 de 67 productos derivados de cultivos); el 20% de la producción total es por cultivos que aumentan la producción de frutas y hortalizas con polinización animal, y 15% proviene de cultivos que aumentan la producción de semillas con polinización animal. Constatan el efecto en la producción en 92 de 108 cultivos: sin polinización en 13 cultivos (atemoya, nuez de Brasil, melón, cacao, kiwi, nueces de macadamia, maracuyá, papaya, rowanberry, zapote, calabazas, vainilla y sandía) la producción baja en 90% o más, en 30 baja de 40 a 90%, en 27 baja de 10 a 40% y en  21 cultivos baja a menos de 10%. Para Centroamérica, Roubik (2002, “The value of bees to the coffee harvest”) sobre coffea Arabica en Panamá, concluye que la polinización de abejas no nativas le aumenta su producción hasta en 50%. De aquí, si los servicios de polinización declinan, nuestra dieta se empobrecería nutricional y culturalmente.

Las abejas importan, pero ¿se van reduciendo? En Inglaterra el Fondo de Conservación de Abejorros afirma que se acabaron 2 especies de abejas en los últimos 70 años y que 6 se encuentran en peligro de extinción; en Estados Unidos el Departamento de Agricultura (USDA) afirma que de 6 millones en 1940 y 1950 se redujo a 2.5 para 1990. Sin embargo, United Nations Environment Programme (2010) afirma que los datos a nivel mundial sobre la reducción no son concluyentes; Aizen (2009, “The Global Stock of Domesticated Honey Bees Is Growing Slower Than Agricultural Demand for Pollination”) constata que en los últimos 50 años las colmenas han aumentado cerca del 45%, mientras el crecimiento de cultivos es 400% en ese mismo período (Manzano, 2014, “Beeodiversidad”). La alarma halla sentido en la creciente deforestación e intensificación agropecuaria –mecanizada y dependiente de agro-químicos; de ahí la reducción de abejas en Europa y en Estados Unidos hasta ahora, la ‘muerte’ de abejas en zonas de agricultura intensiva en América Latina y la ‘emigración’ de abejas en zonas de agricultura extensiva por sequía (no flores) o invierno (flores inadecuadas para abejas). Más se deforesta y se impone una agricultura de “revolución verde” menos abejas hay; menos polinización más se estanca la agricultura.

La apicultura necesita aumentar. Sus innovaciones inician cuando el ser humano percibe que puede cosechar miel y cera con regularidad de la misma colonia, y construyen colmenas con vasijas de barro y canastas cónicas (5000AC). En el s. XVI Francois Huber innovó el cuadro movible, Lorenzo Lorrain Langstroth la colmena de uso estandarizado (1851), el ebanista Juan Mehring un aparato para estampar cera (1857), Franceso de Hruschka el extractor o centrifuga para remover la miel del panal sin romperlo (1865), Abbé Collin perfeccionó el excluidor de reinas (1865), el agricultor George Layens la colmena horizontal apto para trashumancia (1874). En correspondencia, la producción mundial de miel creció de 678,759 ton en 1961 a 1,592,701 en 2012, año en que la suma de todos los países de Centroamérica alcanzó el 0.46% de la producción mundial. Nicaragua de 20 tons en 1961 pasó los 100 en 1979, los 200 en 1995, los 300 en 1996, y los 400 tons desde 2000; según CETREX en el período 2007–13 Nicaragua exportó un promedio de 211TM/año.

En 50 años de apicultura, Nicaragua, según datos del Censo Nacional Apícola 2006 tiene 733 apicultores y 24,903 colmenas. La apicultura en el municipio San Juan del Río Coco ilustra algo de lo que pasa en el país y en el mundo; entre 1963 y 2014 se invirtieron más de 3000 colmenas en más de 300 apicultores, pero el Censo recoge que hay 85 apicultores con 619 colmenas. ¿Qué ha pasado? En la década 1960-70 la apicultura surgió por iniciativa de hacendados y con asistencia técnica del estado, con una lógica de polinizar café y extraer miel; las colmenas duraban más de 10 años, no se practicaba trashumancia porque había bosque, en invierno complementaban con dulce de panela y no regulaban sombra en árboles próximos a las colmenas. En la década 1980 la iniciativa vino de la cooperativa CORCASAN con finqueros, buscando extraer miel y polinizar, las colmenas duraron hasta 5 años, no practicaron trashumancia y le daban azúcar a las abejas en invierno. Desde 2002 la iniciativa viene de la cooperación internacional y del mercado, buscan extraer miel y en casos aislados polinizar, rotación de colmenas es casi anual, en invierno hacen trashumancia porque no hay flores adecuadas, dan azúcar a las abejas y no invierten en la oferta florística.

Ese estancamiento en apicultura se debe a una visión en que se obvia el contexto en el que las innovaciones emergieron, en una Europa que pasó por la Ilustración, una humanidad que buscaba controlar abejas en un ambiente de flores, las innovaciones se centraron a la biología de las abejas y a las condiciones físicas que las hiciesen productivas. La actual apicultura está basada en la creencia de que su desafío mayor es ‘trabajo físico’, de recibir-proveer recursos, tecnologías y capacitaciones desde afuera, y en que “ya todo está inventado.” Es una visión económica que somete a las abejas y las separa de su entorno agrario, ecológico y social.

Frente a esta realidad, desde una experiencia en San Juan del Río Coco, sugerimos innovar con una visión integradora, reconociendo y gestionando la tensión inherente en los vínculos entre abejas, agricultura, biodiversidad y humanidad, y entre la mejoría del bien común y la apropiación individual, disputas que van transformando los territorios con flores, cultivos, abejas y familias organizadas. En esta visión, tecnología, crédito y comercio responden a los vínculos tensionados; así, productividad no es “meterle más colmenas y mecanizarla” pero invertir en los vínculos que resultan en miel, cera, propóleos, café, cacao, maracuyá, aire, agua, tierra… Parte de este proceso es la rotación de cultivos proveyendo flores en diferentes épocas del año, mediería entre productores grandes que necesitan polinizar sus plantaciones y pequeños apicultores, servicios de polinización, inventario floral como bien colectivo y cooperativas facilitadoras de esos vínculos. Visto así, la apicultura rompe el cascarón de su “cajita” y re-emerge de los vínculos.

Si esta innovación en proceso tiene el potencial de responder a 50 años de apicultura y productividad agropecuaria estancadas, ¿cómo mejorarla y replicarla en el trópico húmedo del país y de América Latina?

----------------------------------------------------------

René ([email protected]) es PhD en estudios del desarrollo, colaborador de Wind of Peace Foundation (http://peacewinds.org/research/), investigador asociado de IOB-Universidad de Amberes (Bélgica) y del Instituto Investigación y Desarrollo, Nitlapan-UCA (Nicaragua). Edgar es colaborador de Wind of Peace Foundation. Yeris es apicultor e innovador en el municipio San Juan del Roco.

Más en: Economía

Otros artículos del mismo autor