Confidencial » Opinión » Leer artículo

El país de Telémaco

Una concepción clepto-patrimonialista del Estado y de la función de gobierno; una perspectiva prebendaria de la economía; y, una percepción y práctica hiperteatral de la democracia

Andrés Pérez Baltodano | 16/2/2015

Al igual que José Adán “Chanito” Aguerri –el vocero del COSEP– Telémaco Talavera es lo que en Nicaragua llamamos un “buena gente”. Digo esto, atenido a lo que de él me han dicho algunas personas que lo conocen. Buena gente o no, Telémaco Talavera se ha convertido en el principal propagandista del ortegamurillismo.  

¿Cuál es la visión de país que con su sonrisa bonachona y su discurso altisonante nos vende el súper asesor presidencial? Respondamos a esta pregunta siguiendo el mismo formato que usamos hace dos semanas para discutir la visión de país que defiende “Chanito” Aguerri. Esto facilitará el análisis de las congruencias, tensiones y contradicciones entre el “país de Telémaco” y el “país de Chanito” que presentaremos en una próxima entrega.

Para empezar, señalemos que la Nicaragua ortegamurillista que promueve Telémaco Talavera está construida a partir de: una concepción clepto-patrimonialista del Estado y de la función de gobierno; una perspectiva prebendaria de la economía; y, una percepción y práctica hiperteatral de la democracia.

  • Una concepción clepto-patrimonialista del Estado y de la función de gobierno.

El concepto patrimonialismo se deriva de la sociología europea y, más concretamente, de la obra del brillante sociólogo alemán Max Weber. Este concepto debe utilizarse con mucho cuidado porque una aplicación mecánica del mismo puede oscurecer, más que iluminar, la naturaleza específica de nuestra realidad social. [i]

El régimen que nos gobierna no es patrimonialista; aunque sí podemos decir que tiene rasgos patrimoniales. El patrimonialismo hace referencia a un modelo político-institucional en el que, como lo apunta Leonardo Girondella Mora, “el soberano es visto como el señor que dispensa su favor y su gracia al pueblo; los puestos públicos no son asignados por capacidad y competencia sino por lealtad y simpatía; no hay una formación estricta y regulada de los funcionarios sino una nominación que obedece a la conveniencia de quien posee la autoridad; la actividad de dichos funcionarios con frecuencia se extiende más allá de lo que les está expresamente señalado; el desempeño de los cargos se remunera sobre todo por el usufructo que de ellos se pueda hacer; se obedece más a la disposición individual del gobernante que a leyes fijas y establecidas…”.

Sin lugar a dudas que la descripción anterior retrata varios aspectos fundamentales del ortegamurillismo. En el modelo patrimonialista clásico estudiado por Weber, sin embargo, el poder patrimonial es un poder absoluto legitimado por la tradición que lo ejerce un faraón, o un zar, o un príncipe o señor. En este sistema, la economía está sometida a los caprichos del que ejerce el poder.

          En el caso del régimen ortegamurillismo, ni el poder de la pareja gobernante es absoluto, ni la economía del país es manejada de acuerdo a los caprichos de Daniel y Rosario –aunque ellos quisieran manejarla de esa manera; ni el ortegamurillismo funciona con una base de legitimidad legal, carismática, o tradicional que justifique frente a los ojos de los nicaragüenses, la corrupción y los abusos de poder de la familia gobernante.

El ortegamurillismo, como lo hemos señalado en otras ocasiones, depende para su sobrevivencia de la colaboración activa de los capitalistas nicaragüenses. Esta colaboración ha sido ampliamente reconocida por “Chanito”. Apenas hace unos días declaró satisfecho: “Entre los años 2008 y 2014 hemos logrado consenso en 93 [de] 97 leyes [económicas aprobadas]” (Nicaragua Empresaria, 3/02/2015). El Kupia Kumi entre el gobierno y los capitalistas del COSEP le permite al ortegamurillismo obtener, entre otras cosas, el apoyo que recibe de los organismos financieros internacionales.

Concluyamos, pues, señalando que el ortegamurillismo funciona con algunos rasgos patrimoniales, pero no tiene ni la fuerza, ni la legitimidad, ni el grado de autonomía, de un sistema patrimonial clásico. Es por esto que yo quisiera sugerir una “enmienda amistosa” al artículo de Edmundo Jarquín publicado en Confidencial la semana pasada (Confidencial, 07/02/2-15). En su artículo, Jarquín caracteriza al ortegamurillismo como “sultanista” y a Daniel Ortega como un “sultán”. En la sociología Weberiana el “sultanismo” es la expresión más extrema del patrimonialismo.

Sin lugar a dudas que los Ortega Murillo salivan por acumular un poder sultánico. Pero –y este es un pero de fundamental importancia para la articulación de una política de resistencia frente al régimen actual– ellos no tienen ese poder. Nuestros remedos de emperador y emperadora, como el emperador del cuento de Hans Christian Andersen, caminan desnudos. Reconozcamos esta verdad y evitemos recubrir sus pieles curtidas por la corrupción de un poder que no poseen. Y por supuesto: ellos pueden llegar a convertirse en sultanes y faraones. Peor aún, ellos pueden llegar a transformar “su poder en derecho y nuestra obediencia en un sentido de obligación”. Lo lograrán, si no somos capaces de superar la mediocridad de nuestros partidos de oposición, y si no logramos articular una fuerza política efectiva dirigida no solamente contra las ambiciones de Ortega y Murillo, sino también contra las de sus aliados en el COSEP y otras instituciones.

Propongo, entonces, que modifiquemos el concepto de patrimonialismo agregándole, como lo hace el sociólogo Peter Evans, el prefijo clepto, para hacer referencia a la conducta cleptómana y por lo tanto vulgar, ilegal e ilegítima del gobierno actual. Hablemos entonces de clepto-patrimonialismo.

El concepto cleptomanía hace referencia a una “propensión morbosa al hurto” (RAE). Esta propensión es notable en el régimen actual, como se desprende del insólito y ofensivo enriquecimiento de la familia gobernante a lo largo de su vida en el poder. Calcule usted si con el supuesto sueldo mensual de 3,200 dólares que devenga Daniel Ortega, alguien puede vivir como viven los Ortega-Murillo y todavía “ahorrar” para comprar los canales de televisión, las empresas de producción audio-visual, los hoteles y los otros negocios y propiedades que el periodismo investigativo han señalado como parte de la fortuna de la familia gobernante (ver, por ejemplo, “Los Ortega son Nueva Oligarquía”, La Prensa, 2014/07/18).

La conducta cleptómana del ortegamurillismo no ofende a Telémaco Talavera, quien no ve, ni oye, ni dice pío frente a lo que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal hubiera llamado “una nueva danza de la corrupción” en Nicaragua. Peor aún, Talavera, intenta perfumar el fétido ambiente en el que se ha sumergido Nicaragua con sus frases llenas de alabanzas y entusiasmo por la calidad del régimen que nos gobierna. De España regresó hace unas semanas “cargado con ilusiones” por lo que él profetiza para nuestro país (La Prensa, 04/02/2005). En Cuba, declaró que Nicaragua vive ahora “su mejor momento” (La Gente, 09/02/2015). Insensible a la corrupción que lo rodea, pregona que con la construcción del canal, “todo el mundo será ganador…todo mundo va a ganar…”(19 Digital, 03/11/2014). Pretende ignorar que si el famoso canal llegara a construirse en nuestro país, los niveles de corrupción que hoy existen se elevarían a niveles inimaginables.

  • Una perspectiva prebendaria de la economía

El concepto prebendalismo está íntimamente relacionado con el clepto-patrimonialismo antes discutido. Se usa en este artículo para hacer referencia a una manera de ver y entender la economía nacional como un botín. Dentro de esta visión, como lo señala James Blackburn, “los recursos públicos son apropiados extensamente para beneficios personales o de un pequeño grupo de poder”. Operando dentro de esta misma visión, “las élites políticas distribuyen sus favores a cambio de legitimación política”.

En el caso del ortegamurillismo, el “botín” de la economía nicaragüense se distribuye, fundamentalmente, entre la familia gobernante y sus allegados, y la elite empresarial representada por “Chanito” Aguerri. Nuestros pobres reciben las migajas de este botín a través de la política y los programas sociales del gobierno.

Ya hemos hablado del Kupia-Kumi entre el gobierno y los capitalistas del COSEP. Preguntémonos ahora: ¿Cuál es la naturaleza de la política social del ortegamurillismo?

Empecemos señalando que los programas que se desprenden de esta política son necesarios y deberían ser adoptados y expandidos por cualquier gobierno, de cualquier orientación política en nuestro país. Una adecuada política social, sin embargo, debe trascender el carácter prebendario y clientelista de la política social ortegamurillista. Más concretamente, debe convertirse en un mecanismo para la promoción de los derechos ciudadanos de los pobres y marginados de nuestro país.

La política social del gobierno, contrario a lo que argumenta Talavera, no facilita el “empoderamiento” de los pobres en Nicaragua (ver La Gente, 09/02/2015). Esta política –y los programas que la integran– ofrece beneficios materiales a los pobres, al mismo tiempo que los subordina a los intereses y ambiciones del régimen imperante.

 Para apreciar la naturaleza de la política social ortegamurillista, recurramos al ejemplo histórico de la llamada Elizabethan Poor Law en la Inglaterra de 1601. Esta ley, y la política social que la acompañaba, no estaba diseñada para transformar y superar las condiciones estructurales que generaban pobreza e inseguridad en la sociedad inglesa antes de su democratización. Más bien, ellas servían, como lo explica el gran teórico social T. H. Marshall, para “preservar las estructuras de poder con cambios mínimos".

La Elizabethan Poor Law en Inglaterra, agrega Marshall, "no trataba los reclamos de los pobres como una parte integral de sus derechos ciudadanos, sino como una alternativa a la ciudadanía". Esto mismo sucede con la política y los programas sociales del ortegamurillismo. Esta política social y sus programas están construidos como una alternativa al desarrollo de los derechos ciudadanos, porque reproducen la sumisión política de los sectores más débiles de nuestra sociedad.

¿Qué dice Talavera frente a todo esto? Intentando tapar el sol con un dedo, el súper asesor presidencial nos abruma con el uso de la palabras “empoderamiento” y “protagonismo” en su discurso. En Cuba aseguró que los bonos de apoyo a los productores permiten “empoderar a la familia y lograr un mayor nivel de equidad” (Granma, 12/02/2015). Ya antes había celebrado el  “protagonismo” del pueblo nicaragüense en la construcción de la “realidad presente, y la nueva realidad que vamos construyendo cada día”(Revista en Vivo, 20 de Mayo, 2014). Y por supuesto que Talavera no se olvida decir que, “las mujeres también están siendo empoderadas” por la política social del gobierno ortegamurillista (19 Digital, 12/02/2015).

  • Una percepción y práctica hiperteatral de la democracia.

Ricardo Coronel Kautz –empresario sandinista y hermano del Presidente de la Autoridad del Gran Canal de Nicaragua– articuló en forma cruda y descarada el sentido de la teatralidad ortegamurillista en un artículo que publicó en el Nuevo Diario hace algunos años (23/9/2005). Defendiendo las actuaciones políticas del FSLN, escribió en esa ocasión que “la política no es más que el juego de la demagogia, la manipulación, el manoseo, el engaño, la venta de ilusiones, la trampa, el jueguito, la compra y venta de voluntades, el chantaje, el cinismo, las coimas, los pactos prebendarios, el nepotismo, la llamada corrupción, el abuso de la palabra y tráfico de influencias, la media mentira y media verdad, y todo lo demás”. El FSLN, concluyó, “ha tenido que aprender ese juego”.

Efectivamente, para el ortegamurillismo, la democracia es una pantomima en la que la pareja gobernante y su comparsa actúan para mantenerse en el poder. La naturaleza “teatral” de la democracia ortegamurillista se expresa, usando el estudio sobre teatralidad de Juan Villegas, en “un comportamiento que se realiza como si se estuviese en un escenario”.  Así pues, la pareja presidencial y sus allegados “adquieren la categoría de actores y actrices  [. . .] es decir, no se comportan naturalmente sino que asumen personajes en función de la existencia de unos espectadores”.

Es importante aclarar que toda democracia contiene elementos de teatralidad que se expresan en la conducta de los políticos que se ven obligados a simular su adhesión a los principios de este sistema, aún en situaciones en que sus conductas violentan las normas sustantivas del mismo. La teatralidad de la democracia ortegamurillista va mucho más allá de este tipo de simulación. En el caso de la pareja gobernante, ellos no operan dentro de un modelo democrático determinado y, por lo tanto, no tienen que simular su adhesión a una normativa política determinada. A Daniel Ortega lo hemos visto, a través del tiempo, simular su adhesión a la democracia versión Yamahiriya de Gadafi, a la versión leninista soviética, a la versión “cristiana” de su “socialismo-solidario”, a la versión chavista del socialismo del siglo XXI y a otras. Y no dudemos de su capacidad para empezar a alabar la versión rusa-putinezca, o a la versión china-comunista, si en algún momento decide que esto le conviene.

Lo único que ha expresado Daniel Ortega con convicción es su interés en la “democracia directa”. Y por supuesto que hay que ser bobo para no darse cuenta de que lo que él quisiera con este tipo de participación, es anular las restricciones que imponen las leyes del país sobre el Ejecutivo, e imponer una “democracia” de gritos y plaza pública que le permitiría manipular la necesidad de los pobres y los oportunistas que dependen de él.

Telémaco Talavera juega hoy un papel central en el show de la democracia ortegamurillista. En una entrevista radial realizada antes de las elecciones del 2012, el asesor presidencial para asuntos agropecuarios, educativos, canaleros, turísticos, y misceláneos, anunció con entusiasmo la acreditación oficial del Consejo Nacional de Universidades para participar como “acompañante nacional” en las elecciones del 2012. De esta manera, señaló el “súper-asesor”, las universidades se prestaban a “contribuir al fortalecimiento de la Democracia [y] la participación ciudadana”. Así pues, no satisfecho con contribuir personalmente a la democracia hiperteatral del ortegamurillismo, Talavera arrastra con él a la juventud universitaria nicaragüense para, según él, contribuir “a la formación integral de los jóvenes de nuestro país”.

Para terminar: una oración por Nicaragua

¿Perdoná señor a Telémaco Talavera porque no sabe lo que hace? No. Entendé y perdoná a los que por su pobreza se ven obligados a hacerse el sueco para recibir un chancho o una teja de zinc. No perdonés a los que se hacen los chanchos para vivir como suecos en Nicaragua.

Próxima entrega: Chanito y Telémaco: Dios los cría y el diablo los junta

[i] Las ciencias sociales latinoamericanas y latinoamericanistas han padecido de “eurocentrismo”. Autores como Juan Linz –quien popularizó el uso del concepto de patrimonialismo en América Latina– han adoptado el vocabulario conceptual de las ciencias sociales europeas para estudiar la realidad social latinoamericana. El resultado de esta práctica ha sido claramente negativo.

Más en: Política

Otros artículos del mismo autor