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Ya viene el cortejo

En Nicaragua se acomodan leyes y decretos según el arbitrio de los que mandan, sin que importe el espectáculo y la vergüenza que nos hacen pasar a sus conciudadanos

Gioconda Belli | 3/2/2015

La insistencia del Presidente Daniel Ortega por presentarse ante el mundo como un hombre de familia viajando a misiones oficiales del gobierno acompañado sobre todo por sus hijas y esposa, no sólo cuesta a los nicaragüenses dinero de sus impuestos, sino que revela un gran menosprecio por las normas de la buena diplomacia.

La foto aparecida en los periódicos que muestra en primer plano, en la cumbre de la CELAC,  a Daniel Ortega con Rosario Murillo y detrás conversando entre ellos, unos de pie y otros sentados, a Camila, Luciana y Rafael Ortega, y a un desconcertado Rubén Berríos viendo el movimiento de los hijos de la pareja, dice más que mil palabras. ¿De qué se trata esta manía del gobernante de viajar como jeque con un cortejo numeroso? ¿Es qué teme morir repentinamente y quiere asegurarse de tener su familia a mano? ¿Es que quiere mostrarle al mundo que él hace lo que le da la gana en Nicaragua? ¿Es que piensa que independiente de lo que se acostumbre, él hará lo que le plazca como un niño rico caprichoso?

Va la mención primero de lo de la familia, porque la presencia de Rubén Berríos y otros representantes del Partido Independentista Puertorriqueño dentro de la delegación nicaragüense en esta reunión de mandatarios del área, resulta aún inexplicable. Apenas se están dando los primeros pasos para que Cuba se libre del lastre del embargo de Estados Unidos y se reintegre sin objeciones de ninguna clase a la comunidad de naciones latinoamericanas, y de pronto sin que ningún evento significativo en Puerto Rico lo explique, Daniel Ortega se saca de la manga a Rubén Berríos y el caso de Puerto Rico y lo lanza al ruedo.

Más que por razones de procedimiento pues no me opongo a un golpe de efecto de este tipo cuando una emergencia imperativa lo amerita (Panamá le cedió a Nicaragua la palabra en una reunión de la OEA en 1979 cuando el pueblo nicaragüense estaba en plena insurrección popular) lo que me parece extraño es que el caso de Puerto Rico haya salido a la palestra pública de la mano de Nicaragua, cuando cabe suponer que toda la atención y apoyo de Latinoamérica en este momento tendría que centrarse en el fin del embargo a Cuba.   ¿Estamos acaso frente a una maniobra cubana de la cual Daniel es el ejecutor? Habrá que ver. Yo no soy de la opinión de que los dirigentes cubanos de modo maquiavélico no quieren el fin del embargo porque éste les provee de argumentos políticos para justificar controles y carencias ante su pueblo, pero si el caso de Puerto Rico se convierte en otro eje de discusión del embargo, con los EEUU, las negociaciones bien podrían estancarse. En esta hipótesis habría que lamentar el protagonismo de Rubén Berríos, tanto si se trata de una maniobra de cúpulas que afectaría los intereses del pueblo cubano, como si se trata de una ansia de protagonismo, pues sabemos que no está respaldado por acciones de masas. No hay indicaciones de que los puertorriqueños hayan dejado atrás las dudas para apostar mayoritariamente por la independencia.   

En todo caso, si la presencia de Rubén Berríos y su súbita intimidad con Ortega es la incógnita que habrá que descifrar tras la CELAC, la presencia de esposa, dos hijas y uno que otro hijo en los foros internacionales a los que asiste Ortega, no tiene más explicación que la falta de medida de lo que es apropiado de la que parece sufrir la pareja presidencial. Parece que, para ellos, salir del país no se justifica si no se convierte en un picnic familiar. Lo más insólito es que este picnic no se lleva a cabo en un parque dentro de la intimidad de la familia, sino en las propias salas de las reuniones donde el resto de invitados llegan a trabajar con seriedad, conscientes de que no lo hacen a título personal, sino como representantes de pueblos y por ende como servidores públicos que deben rendir cuentas de sus acciones. Pero en este país esa responsabilidad para con los gobernados es una ficción: aquí se acomodan leyes y decretos según el arbitrio de los que mandan, sin que importe el espectáculo y la vergüenza que nos hacen pasar a sus conciudadanos.

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