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Voy a curar mi homosexualidad

Yo sentí la libertad el día que me acepté como soy. Y vivo mi homosexualidad con orgullo. Y disfruto de mi sexualidad sin prejuicios. Nadie nos puede señalar porque tenemos gustos diferentes al resto. Nadie nos puede imponer dogmas religiosos

Carlos Salinas Maldonado | 28/1/2015
@CSMaldonado

En las redes sociales circula esta volante que asegura, con un 100% de garantía, que después de tres meses sometido a un tratamiento a base de mensajes bíblicos, un homosexual puede convertirse en heterosexual. ¡Un milagro! Eso es tan increíble y misterioso como multiplicar los peces y los panes o convertir el agua en vino. La volante asegura que un tal Alexis Pinto, a través de siete pasos que no enumera, me convertirá a mí, un desviado de los caminos trazados por el Señor, en todo un macho heterosexual, a la moda bíblica. Porque, según el documento de propaganda, yo vivo en pecado, en la oscuridad. Soy un paria. Y si no, lea la Biblia, nos dice, y cita: “Dios nos libró del poder de la oscuridad y nos llevó al Reino de su amado hijo, por quien nos salvó y nos perdonó muchos pecados (Colosenses 1, 13-14)”. De esta manera, en tres meses iré convirtiéndome en heterosexual: el primer mes después de escuchar los milagrosos siete pasos, seré un 50% menos marica, el segundo mes un 75% y el tercer mes ya estaré totalmente curado de esta enfermedad que me quita del buen camino, que me sumerge en las honduras siniestras de Satán. Es decir, que para los señores que promueven esta “conferencia magistral” -estos 'cursos' son comunes entre grupos evangélicos- no hay explicación genética a la homosexualidad, todo se resume a un puñado de ‘creencias’, dogmas religiosos y prejuicios. Aquí cualquier explicación científica no tiene cabida. ¡Qué triste seguir discutiendo este tema en pleno siglo XXI, el siglo del conocimiento! Pero como hay todavía muchos que se sujetan del temor, de sus propios prejuicios, de sus dogmas malignos, de la religión y de la ignorancia para imponer su corta visión del mundo, me doy a la tarea de responder a la volante que circula en las redes sociales. ¡Y así, de una, ya renuncio al Reino del Señor!

1. Las creencias religiosas o la fe que muchos tienen en un ser supremo cuya existencia no estará nunca científicamente probada (Lean, por favor, la maravillosa novela El día que la virgen llegó a la Luna, de Rolf Bauerdick, publicada en español por Salamandra) es usada por fundamentalistas para establecer dogmas basados en sus propios prejuicios, temores y tal vez hasta en gustos reprimidos. Basados en esos dogmas, quienes no sean como yo, quienes no hagan lo que yo, quienes no cumplan con mi interpretación de los textos religiosos deben ser “salvados”, porque mi obligación es salvarlos en nombre de Dios. O, de plano, eliminarlos, porque agreden a Dios. Esto último es lo que hacen los extremistas del Estado Islámico en aquellas zonas que han invadido. Estos hijos de Alá, en nombre de su Dios han ordenado terribles matanzas de homosexuales. Son sádicos y están seguros de que mientras más hagan sufrir a sus víctimas, más congratulado estará su dios con ellos. Porque a ese Dios le gusta el sufrimiento, le causan placer las mutilaciones, los ahorcamientos, las apedreadas, y, sobre todo, lanzar a un pobre muchacho, con las manos atadas, desde una torre para que caiga aplastado contra el asfalto. Vean las imágenes. Mi primera reacción fue de terror, de espanto, luego de indignación y, sinceramente, he pasado a un nivel de cabreo que me ha llevado a la receta bíblica del “ojo por ojo” (Yo también cito el libro sagrado, abundante en citas sangrientas y en llamados a la represalia: Éxodo 21:24). Pero yo no soy ellos. Nosotros no somos así. Espero que una vez que termine el reino de terror que estos bárbaros están imponiendo, sus miembros sean juzgados por crímenes contra la humanidad.

2. ¿Por qué negar el simple hecho de que hay personas con gustos diferentes? La sexualidad está llena de misterios, pero también de placeres, y si la aceptamos tal cual es, de felicidad. ¿Entonces por qué combatir al otro sólo por el hecho de que se acuesta con alguien de su mismo sexo? ¿Y si las cosas fueran al revés? ¿Y si nosotros, los desviados según el fundamentalismo religioso, decidiéramos un bien día que lo malo, lo no aceptable, es que un hombre y una mujer se unan por sus genitales? ¡Ah, preguntará algún astuto: ¿Y cómo nos vamos a reproducir?! Suponiendo que la humanidad necesita seguir reproduciéndose, hagamos realidad la novela de Doris Lessin, La grieta: ¡qué sea la luna la que fecunde a las mujeres! Ya, eso es imposible, tan imposible como el milagro de los peces y los panes y el agua hecha vino (¡aunque ése sí debería ser real!). El asunto es: ¿Por qué perseguir a alguien que, desde el punto de vista del discurso heterosexual-religioso, hace lo “malo”? ¡El sexo entre dos hombres es delicioso, se los garantizo, y se disfruta de igual manera -creo yo- que como lo disfrutan los heterosexuales! ¡Y también dos hombres o dos mujeres pueden enamorarse como los heterosexuales! ¡Y aspiran a formar una familia! ¡Y a casarse y tener hijos! La preferencia sexual no nos hace diferentes. Es lo que no logramos meternos en la cabeza. Seguimos criando a nuestros hijos bajo el prejuicio aquel de que lo ‘normal’ es una relación hombre-mujer. A pesar de que el mundo ha cambiado. Hasta la televisión ha cambiado. Mire Modern Family y reciba una dosis diaria de realidad a carcajadas. En Estados Unidos, país de posiciones conservadoras, se ha desatado toda una revolución, con Estados cada vez más abiertos a discutir y aprobar leyes a favor de las uniones civiles entre homosexuales. Eso se está convirtiendo poco a poco en lo “normal”, y sucede que se ha precipitado desde que un negro, Barack Obama, llegó al poder y dijo sí a ese tipo de uniones. Los medios estadounidenses más liberales ya abordan el tema con normalidad y afirman que ser gay no es una opción, es un derecho civil. Aunque todavía haya políticos en ese país, como el conservador Rick Perry, que dice que la homosexualidad es como el alcoholismo.

3. Si queremos seguir discutiendo este tema como si se tratara de establecer la existencia o no de marcianos, ¿por qué no acudimos a la ciencia? ¿Nos empapamos de argumentos científicos? Opino que los científicos deberían estar ocupados en cuestiones más fundamentales para el ser humano como encontrar curas para enfermedades que nos matan, pero dado que vivimos en un mundo lleno de prejuicios y violencia, algunos científicos u organizaciones que defienden los derechos de los homosexuales han decidido usar su conocimiento, y dinero, para entender por qué una persona decide acostarse con alguien de su mismo sexo. Así, un reciente estudio muestra que hay evidencias de que los genes pueden influenciar en la homosexualidad de un ser humano. Según informa la AP:

“Algunos científicos creen que varios genes podrían afectar la orientación sexual. Los investigadores que condujeron el nuevo estudio entre 800 hermanos gays dijeron que sus resultados refuerzan la evidencia previa que apunta a los genes en el cromosoma X”.

Otro estudio realizado por científicos de Estados Unidos muestra que la orientación sexual de los hombres podría estar influencia por los genes. Como informa The Guardian:

“Un estudio entre hombres homosexuales en los EE.UU. encontró nuevas pruebas de que la orientación sexual masculina está influenciada por los genes. Los científicos probaron el ADN de 400 hombres homosexuales y encontraron que al menos dos cromosomas afectan el hecho de que un hombre sea gay o heterosexual”.

Este estudio demuestra que un área del cromosoma X, llamado Xq28 tiene algún impacto a la hora de definir la sexualidad de un hombre, aunque todavía hacen falta más investigaciones para determinar qué nivel de influencia tiene este hallazgo a la hora de definir la orientación sexual masculina. Y antes de que algún gracioso comience a llamar al “Xq28″ el “gen marica”, los invito a leer este reportaje, que reúne información de investigaciones de la genética sobre qué determina nuestra orientación sexual. ¿Nacemos de esta manera?, se preguntan los editores, aludiendo a la famosa canción de Lady Gaga.

Yo supe que era homosexual desde siempre, pero también intenté esconderlo por algún tiempo, cayendo en los tópicos a los que nos empuja una sociedad llena de prejuicios. Una de las ventajas de crecer, de leer, de educarse, de viajar, de entender, es que podemos vencer esos prejuicios y aceptarnos de la mejor manera. Recientemente he terminado de leer la novela de Adam Johnson ganadora del Premio Pulitzer, El huérfano (Seix Barral la edita en español), que nada tiene que ver con este tema (es una historia de amor en el contexto atroz e inhumano de Corea del Norte), pero en la que encontré un párrafo que comparto:

“Ga experimentó una súbita determinación, tuvo la sensación de estar al mando de su vida. ¡Qué sensación tan extraña, tan nueva! A lo mejor era eso a lo que se había referido Wanda cuando, ante el vasto cielo texano, le había preguntado si se sentía libre. Porque ahora sabía que sí, que era algo que se podía sentir, y que le provocaba un cosquilleo en los dedos y le alteraba la respiración. De repente vio ante sus ojos todas las vidas que habría podido vivir”.

Yo sentí la libertad el día que me acepté como soy. Y vivo mi homosexualidad con orgullo. Y disfruto de mi sexualidad sin prejuicios. Nadie nos puede señalar porque tenemos gustos diferentes al resto. Nadie nos puede imponer dogmas religiosos. Y mucho menos: unos patanes, unos charlatanes, no pueden basarse en esos dogmas, en sus mismos miedos y en la ignorancia para aprovecharse del desconcierto ajeno y decir que pueden curar a un hombre, a un muchacho, de esa ‘enfermedad’ que es la homosexualidad. Eso es peligroso. Nos pone a un paso del fundamentalismo que practica el Estado islámico. Cuidado.

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Este texto fue publicado originalmente en el blog del autor. Confidencial lo reproduce con el ánimo de abrir un debate sano sobre este tema, basado en ideas y argumentos, no en insultos, descalificaciones y ataques personales.

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