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Un mercader ambulante, un politólogo y un desempleado analizan el caso de Nicaragua

Orteguismo: "régimen híbrido"

The Economist Intelligence Unit ubica al orteguismo como “régimen híbrido” con bolsones de democracia con autoritarismo. Problemas con independencia del poder judicial, concentración de poder sin rendición de cuentas, e irregularidades en sistema electoral

Octavio Enríquez | 26/1/2015
@cabistan

Siendo ayudante de camión, Antonie Alarcón, padre de tres hijos, 31 años, decidió cambiar de trabajo. Un salario diario de 3 dólares con 75 centavos, es decir 100 córdobas, no le alcanzaba para vivir en Ciudad Darío, un pueblo ubicado a 45 kilómetros de la capital.

Siguió los pasos de su padre, supervisor de semaneros en la localidad, y se convirtió en un miembro de ese ejército de mercaderes ambulantes que en la vieja Managua conocían como “corteros”.

Era aquella una marabunta de comerciantes que ofrecían puerta a puerta todo tipo de telas, cobertores, sobrecamas, toallas que aún hoy para el viandante atento pueden ser detectables de barrio en barrio. Alarcón vende abanicos, pailas, sillas plásticas, termos, cestos para ropa sucia, mercancía al crédito que sus clientes pagan en cuotas cada semana.

En el segundo país más pobre de América Latina, él gana por comisión. Un dispendio equivalente a 30 córdobas por cada 100 recuperados del crédito, explica este hombre al cargar este jueves varios recipientes en el sector de Rubenia en Managua, adonde llegó a las 8:30 de la mañana proveniente de Darío.

Dice con pesar, con mucho énfasis, que le va bien algunas veces, es cierto, pero otras el retorno a casa se transforma en una preocupación. Los clientes no pagan y algunos convierten la cancelación del crédito en una promesa recurrente que nunca llega a ser una realidad.

Para Alarcón, la palabra democracia sirve para algo, pero el primer mandamiento de sus actuaciones es otro. “Si no trabajás, no comemos”, dice en referencia a su familia. El principal problema viene a ser en su cabeza el desempleo.

“La democracia no es pareja”


Nicaragua es gobernada desde 2007 por el presidente Daniel Ortega, que había dirigido el Ejecutivo en el período 1984-1990, hasta el final de la revolución sandinista. Según un estudio sobre las democracias en 165 países del mundo, elaborado por The Economist Intelligence Unit (EIU) y publicado por la BBC, el régimen de Ortega está ubicado en el puesto número 94 de 165 países en un índice democrático, tras la evaluación de indicadores como proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, el funcionamiento del poder público, la participación política y la cultura política.

José Castañeda, estudiante de cuarto año de diseño gráfico, es desempleado. Recibe una llamada de celular en las afueras de las oficinas de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), el brazo partidario en las universidades del partido de gobierno. Espera urgido al secretario general de esta organización en la Universidad Politécnica. Lo busca con angustia para solicitarle ayuda económica. Empleo no tiene.

Castañeda es padre de gemelas y se queja que “la democracia no es pareja”. La desigualdad del sistema que beneficia a pocos y deja por fuera a muchos lo marca. El ejemplo a mano para él es su relación con el ex secretario general de UNEN en la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI), Camilo Brenes, que no le ayudó económicamente pese a las solicitudes que le hizo desde 2010.

“Había otras personas que estaban a la par de él, que no pagaban”, se queja de la gestión de Brenes y ahora espera a Oscar Leiva, el sucesor en la UNEN, de quien dice le ha extendido la mano en un par de ocasiones. Este diseñador gráfico no se define como “Danielista”, tal como se autonombran los seguidores del mandatario sandinista. Vive en un anexo a la colonia 15 de mayo en carretera norte, poblada por profesores de la Universidad Nacional Agraria, adonde él corta el zacate de los patios vecinos a cambio de 200 córdobas por el trabajo.

La respuesta a la falta de equidad y voluntad del Ejecutivo sandinista por cambiar las cosas, la tiene bien claro. “A veces por echar más en la bolsa nos olvidamos de los que más necesitan, los que están más allegados son los que se pegan a la teta”.

El déficit de la desigualdad

Nicaragua es un país de desigualdades. Según el sociólogo Cirilo Otero, entrevistado por Confidencial a finales de octubre de 2013, el 10% de la población del país acapara el 50% de la riqueza nacional, mientras el 90% encuentran desprotegidos. Este último dato incluye a los pobres y a la precaria clase media existente en la nación.

El politólogo Humberto Meza, candidato a doctor en ciencias políticas por la Universidad estatal de Campinas, ubicada en Sao Paolo en Brasil. Según Meza, pese a que el estudio del EIU ubica a Nicaragua como un “régimen híbrido —a medio camino entre un una débil democracia formal y un fuerte autoritarismo-- en realidad la situación del país tiene muchas deudas.

La crítica la acentúa no sólo por los controles del Frente Sandinista de Liberación Nacional en los poderes del Estado, ni la parcialización de los tribunales de justicia, ni la desconfianza en la Policía Nacional, sino por las desigualdades sociales. Nicaragua es un país donde no hay acceso de los ciudadanos a servicios públicos de calidad y derechos como salud o educación, mientras el machismo radical se expresa en el asesinato de mujeres. Las bajas oportunidades laborales para un capital humano joven que empieza en edad productiva es otra de las quejas del experto.

 “Tenemos una gran falta, como sociedad, de revisar nuestro ideario de democracia. ¿A qué apostábamos cuando hicimos una revolución en 1979 y cuando cambiamos de sistema en 1990?, ¿Qué teníamos en mente cuando diversificamos nuestros canales de representación en Organismos No Gubernamentales, movimientos sociales, sindicatos, o incluso aquellas mismas Asociaciones de Suscripción Popular que fueron eliminadas por el pacto PLC- FSLN?, ¿Qué es el tipo de proyecto de sociedad que está presente en las calles cuando los campesinos marchan contra el canal, cuando la gente se convoca a protestar por el alto precio en la gasolina o cuando vemos a los enfermos del Nemagón marchar lamentablemente de Chinandega a Managua?... Eso es lo que me gustaría que se tomara en cuenta cuando pensemos en Democracia en Nicaragua”, dijo el politólogo.

Según el estudio, Nicaragua logra un promedio de 5.32 en una escala de democracia de 0 a 10 tras evaluarse distintos parámetros, ubicándose a la par de otras naciones como Guatemala, Venezuela, Ecuador, Tanzania, Montenegro, entre otros, mientras el índice ubica a Costa Rica y Uruguay como las únicas “democracias plenas” de América Latina

El análisis de The Economist Intelligence Unit dividió a las democracias entre plenas, imperfectas, regímenes autoritarios e híbridos. La clasificación de Nicaragua le parece curioso a Meza, porque la institucionalidad electoral del país avergüenza a los nicaragüenses, tanto en los resultados como en la caracterización del proceso lleno de exclusiones, favoritismos, poca información y falta de acceso a las urnas, lo que se evidencia  a su criterio en que varios nicaragüenses no cuentan con cédula.

Según el estudio de EIU los regímenes híbridos como Nicaragua son aquellos que viven irregularidades en las elecciones, tales que usualmente las alejan de ser libres o justas, el gobierno presiona a los partidos de oposición y cuenta con serias debilidades más prevalentes que las democracias consideradas imperfectas. Además, el gobierno no es democrático, la sociedad civil es débil, y existe una tendencia dominante hacia la corrupción.

El politólogo Meza advierte un riesgos metodológico en el estudio. “El más importante de esos riesgos es evaluar y medir cuantitativamente a la ´Democracia´ en sí misma. Medir democracias, así a secas, implica asumir partido, es decir, con cuáles parámetros estamos entendiendo a la “Democracia”, y en este caso, el estudio toma partido por aspectos institucionales como sistemas electorales, estado de derecho, qué tan funcional es un gobierno o cuáles son los sistemas de participación”, señaló a través de correo electrónico.

Al borde del autoritarismo

Por su parte, el sociólogo Manuel Ortega Hegg, presidente de la Academia de Ciencias, elogió la metodología utilizada por el Economist Intelligence Unit, porque va más allá de los indicadores electorales y toma en cuenta otros factores como la cultura política.

Ortega Hegg explicó en el programa televisivo Esta Noche que en la primera medición Nicaragua estaba en democracias imperfectas, pero “de 2008 para acá Nicaragua pasó a ser régimen híbrido y ha seguido bajando hasta encontrarse en el punto más bajo que ha alcanzado el país en todos estos años, está al borde de la clasificación de regímenes autoritarios”.

El especialista destacó que la categoría en la que Nicaragua puntuó más bajo es en el tipo de gobierno con 3.3 en el sentido de que, según Ortega, no se atiene a las leyes y no gobierna con el consentimiento de los ciudadanos, ni abre tampoco espacios a la pluralidad de los ciudadanos.

Entre los puntos destacados por el informe en el caso de los gobiernos híbridos está el tema de la corrupción y el debilitamiento de la sociedad civil. “Hay una involución de la cultura política nicaragüense, que venía abriéndose espacio en el país, hemos tenido una involución desde 2008 y tenemos bajo la participación política”,  declaró Ortega Hegg.

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