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Los manipuladores de imágenes

Somos mirones tengamos o no la intención de serlo, Susan Sontag

Guillermo Rothschuh Villanueva | 25/1/2015

I

Con el advenimiento de la llamada Civilización del Espectáculo se produjo un ascenso prodigioso en el dominio de la imagen. Su crecimiento geométrico produjo cambios esenciales en la manera de ver y entender el mundo. Las reyertas encaminadas a la desentronización de las palabras pasaron a ocupar un primer plano. Por primera vez en la historia de la humanidad se da crédito a lo que se ve. Los debates abiertos a partir de los noventa del siglo pasado continúan. Desde los años cincuenta el francés Guy Debord había advertido con agudeza las transformaciones en marcha. Denunció que la vida dejaba de ser vivida para ser representada. El consumidor real –afirmó- se convierte en un consumidor de ilusiones. La multiplicación exponencial de las mercancías crea consumidores no ciudadanía. El cine y la televisión se convertían en los aliados fundamentales en la irradiación de este nuevo fenómeno. Luego vino a sumarse internet.

Dentro de esta misma línea de razonamiento el francés Jacques Baudrillard sostuvo años después -cuando la realidad virtual había sustituido a la realidad real y verdadera- que esta nueva era estaba preñada por simulacros. En el presente siglo otro francés -Frédéric Martel- expuso que la Cultura Mainstream se había convertido en la cultura dominante. Una cultura fabricada para ser consumida por mayorías ubicadas hasta donde lleguen sus satélites y medios. El centro de gravedad de esta cultura está ubicado en Estados Unidos. Cine, música, programas de televisión, videojuegos, conciertos musicales a gran escala, diversiones a granel y exaltación extrema del esparcimiento son los rasgos fundamentales de una cultura creada para las mayorías. Los nuevos embates traen consigo una nueva geopolítica de la cultura y de la información en la era digital, como deja establecido Martel. Una mudanza soberbia.

Las comunicaciones son el lugar central desde donde se dispara esta cultura a través de una multiplicidad de redes. Una cultura con predominio absoluto de la imagen. La televisión se convirtió en el medio de comunicación más importante. Todavía continúa siéndolo. El catalán Manuel Castells lo sintetizó de manera lapidaria. “La televisión formula el lenguaje de la comunicación social”.  La televisión es el catalizador por excelencia. El chorro de imágenes  cautiva. Transformó las maneras de hacer política, redefinió el concepto de noticia, los deportes quedaron encuadrados dentro de su campo, las guerras desde entonces se hacen de manera distinta y la religión -plagada de imágenes- ha sido subvertida desde sus raíces. Las imágenes pueblan nuestro imaginario. A donde quiera que dirijamos la mirada la televisión está presente. Internet funciona bajo la lógica televisiva.

II

Vivimos en un contexto modelado por las imágenes. El predominio de la televisión vino a dar mayor vida y prestancia a la fotografía. Como ocurrió con la radio su despegue y consolidación no supuso la muerte de la fotografía. En este cambio de época los dueños de los grandes emporios mediáticos, esos nuevos ricos, vividores y capitanes de la industria –como les llama Régis Debray- se apartan de la letra impresa para invertir en la imagen. Dispuestos a reordenar nuestra visión del mundo la imagen ha sido elevada a la medida de todas las cosas. El ojo cree en lo que ve. El ser humano se apega a la sentencia de Santo Tomás. Ver para creer. El potencial de las imágenes se ve multiplicado. La imagen ha pasado a ser la prueba de las pruebas. La imagen sirve de testimonio. La imagen conserva nuestra memoria. La imagen nos ofrece certeza. La imagen equivale a verdad. Veo por lo tanto creo, repiten los ingenuos.

Si uno acepta sin cuestionamientos que la imagen no miente entraríamos en contradicción con las enseñanzas de nuestros primeros maestros. Nuestro punto de partida debe ser otro. Las imágenes se prestan a la mentira. La auspician. El fenómeno se acentúa en la era digital. Ahora los expertos en imágenes pueden fabricar realidades a su gusto y antojo. La realidad verdadera ha sido dada de baja. Los riesgos han sido denunciados una y otra vez con la intención que tomemos conciencia de este hecho. La advertencia de Debray debe ser tomada muy en serio. “La industrialización de la imagen y del sonido confiere a los países más desarrollados el monopolio de las representaciones culturales de la humanidad”. Las estaciones televisivas funcionan en tiempo real. Nunca se cansan. Las grandes cadenas han pasado a ser agentes diplomáticos encantadores. Sus transmisiones son cautivantes, lúdicas y sensuales.

Debemos estar conscientes que la realidad ha sido dado de baja. ¿Cómo interpretar la película Wag the Dog (1997) con Robert De Niro y Dustin Hoffman? ¿Cómo una crítica a los tiempos que vivimos al crear una realidad alterna para encandilar a los televidentes y evitar que se pregunten sobre el escándalo sexual protagonizado por el presidente de Estados Unidos con una becaria o cómo una comedia que hace burla de la actualidad? La mayor lección que nos proporciona es que la realidad puede ser confeccionada mediante imágenes fabricadas para engañar a las audiencias. En la era digital los programas de computación permiten hacer y rehacer nuestro entorno. Tanto a escala doméstica como a escala global. Las jóvenes se pasan horas de horas retocando sus fotografías. A través del Photoshop las acicalan hasta ser otras. Los recursos de antaño resultan anticuados. Vivimos la euforia de la manipulación de las imágenes.

III

El arsenal tecnológico disponible resulta escalofriante. A los primeros retratistas les encargaban retocar las imágenes por encargo. Los ejemplos abundan. El movimiento pictorialista (1885-1915) hizo una rutina de esta práctica. La aparición de las nuevas cámaras fotográficas permitió un vuelco sustantivo. Las posibilidades de manipular las imágenes se dispararon. Las fotografías podían ser trucadas. Cambiar los escenarios donde habían sido tomadas como ajustarlas y retocarlas. Los políticos se sumaron complacidos en esta nueva cruzada. Podían cambiar cuerpos y borrar a las personas que deseaban que desaparecieran. Tanto física como políticamente. Pensaban que desapareciendo rostros y eliminado a las personas consideradas indeseables les permitía a la vez eliminarlas de la historia. Los servicios de los expertos en fotografía y revelado resultaban invaluables. La historia de la fotografía está plagada de falsedades.

A los fotógrafos vinieron a sumarse nuevas funciones y pedidos. Diversos actores sociales, políticos, económicos, religiosos y militares decidieron que en algunos casos era mejor posar ante sus cámaras. Muchas tomas no satisfacían los intereses de los fotógrafos ni la de los fotografiados. La vuelta de tuercas fue brutal. La importancia de la fotografía en las acciones bélicas puede medirse a través de la decisión de William Randolph Hearst. El fundador de la prensa amarilla en Estados Unidos, su herencia más notable en el mundo del periodismo, envío a Cuba un fotógrafo con la misión expresa de fotografiar una guerra que no existía. Ante el reclamo de su enviado le espetó: Encargase usted de la fotografía que yo me encargo de la guerra.  Y la guerra fue. La última colonia de España en América cayó en manos de Estados Unidos (1898) después de la explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana.

El siglo veinte fue prolífico, los registros inducidos van desde fotografías de Adolfo Hitler, Benito Mussolini, Francisco Franco, José Stalin, los Beatles, Oprah Winfrey, Sarah Palin, Benjamin Netanyahu hasta llegar a inicios del siglo veintiuno, Obama-Chávez besándose y un turista encajado en una de las torres gemelas momentos antes de que estas fuesen siniestradas. Susan Sontag deja claro que fotografías emblemáticas de guerras (El dolor de los demás. 2003) muchas fueron trucadas. La foto histórica de Yom Kippur fue posada. Como las cámaras llegaron tarde el 9 de noviembre de 1989 para dar cobertura a la Caída del muro de Berlín, los camarógrafos pidieron a los manifestantes volvieran escalarlo para hacer tomas que mostraron al mundo. Con los programas computarizados la manipulación de imágenes está en lo fino. Las imágenes siguen siendo pervertidas. ¡No todo lo que vemos resulta ser verdad!

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