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Causas y especulaciones

Hay que poner las cosas en su lugar: con la reanudación de las relaciones diplomáticas con Cuba, Estados Unidos sólo reconocen que la ruptura le ha hecho más daño a su país que a la isla

Onofre Guevara López | 9/1/2015

Es lógico que sucesos políticos como la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, sean verdaderas sorpresas para una población desinformada acerca de las causas de la ruptura, pero no se justifica que analistas especulen buscando sus orígenes en hechos inmediatos, en vez de recurrir a la historia. Sería como justificar al geólogo que ofreciera explicaciones especulativas sobre las causas de un sismo, en vez de indagar sobre la profundidad y la distancia de su epicentro.

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Evadiendo referencias a la centenaria resistencia cubana frente a su poderoso agresor, hay quienes atribuyen la causa del cambio de posiciones a fenómenos de última hora, como la baja del precio del petróleo, siendo este un hecho de reciente data. Hay quienes, aún más especulativos, suponen que el anuncio de la reanudación de la amistad diplomática entre ambos países, es una “traición” de Cuba a sus aliados en el Alba, y otros le atribuyen la “traición” a Barak Obama. Y no falta el argumento de que el gobierno de la isla anda buscando padrino en los Estados Unidos ante la supuesta debacle económica y política de Venezuela.

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¿En dónde dejan el temple adquirido por Cuba en la lucha por su soberanía, amenazada por su gigante vecino dese hace más de 200 años?  Su resistencia ha convertido a la pequeña isla en una potencia moral. Obama –aparte de las muchas coyunturas actuales— no solo está retando poderosos intereses que dominan la política de su país, sino que está reconociendo el fracaso histórico del presidente fundador Thomas Jefferson, quien en 1805, advirtió la necesidad de apoderarse de Cuba para “defender” a Luisiana, recién comprada a Francia en 1803. (Viejo apetito imperial que nada tiene que ver con el precio del petróleo en un mercado internacional que no existía para ese producto, de inútil uso entonces para impulsar diligencias).

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La necesidad de apoderarse del petróleo ajeno –por lo cual los Estados Unidos ya ha destripado a varios países—, es posterior a su deseo de apoderarse de Cuba. Tras ese objetivo, primero le ofreció a España diez millones de dólares por la isla, pero como se negó, le hizo la guerra para quitársela en 1898, tras la cual obtuvo no solo a Cuba, sino también a Puerto Rico en el Caribe y Las Filipinas en el Asia. Pero el espíritu de rebeldía de los cubanos le impidió colonizar a la isla en los  mismos  términos que  lo hizo con los otros territorios usurpados.

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En vez del clásico colonialismo y del nuevo estilo puertorriqueño, Estados Unidos le impuso a Cuba “reformas democráticas” frente al colonialismo español durante 38 años –1898-1959— que incluyeron: dictaduras, gobiernos títeres, gangsterismo político, reinados de las transnacionales gringas y de la prostitución, asesinatos de dirigentes obreros y estudiantiles, analfabetismo de masas, etcétera. Fue entonces que “llegó Fidel y mandó a parar”. Con la reanudación de las relaciones diplomáticas, ese tipo de “reformas” no volverán, como parecen esperarlas algunos ilusos.

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 O sea, que toda esa escoria que floreció bajo la “república democrática” la revolución la mandó de vuelta a su antro de nacimiento. Eso fue  un imperdonable comportamiento para los beneficiarios de la corrupción y del crimen. Los adversarios de Obama, le critican porque no exigió la rendición de Cuba, como si fueran los cubanos quienes les debieran algo a los Estados Unidos. Obama y su equipo conocen la historia, y si proponen un cambio de estilo en las relaciones con Cuba no es por antojo, sino porque es lo único que la historia le exige hacer. Tampoco van dejarla libre de presiones, aunque reconozcan el fracaso de su política de apoderarse de Cuba, y quieran aparecer como el país bondadoso ayudándola a “democratizarse”. También fracasarán, mientras no cambien su bi-centenaria pretensión.

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Como siempre, es mejor recurrir a las causas que a las  especulaciones, porque estas pueden cambiar según las circunstancias y los intereses de quien las hace; en cambio, las causas siguen inalterables, aunque se las pueda interpretar al gusto. Aquí un ejemplo sobre causas y especulaciones: en los comentarios no se dice nada de las causas históricas del conflicto, pero en los mensajes y opiniones en torno a la reapertura de las relaciones diplomáticas Cuba-Estados Unidos, solo aparece el deseo estadounidense de lograr las “reformas democráticas” para rescatar en Cuba el cumplimiento de “los derechos humanos”. Dos mentiras en una:

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La primera: para atrás de la revolución no hay nada que rescatar en materia de derechos humanos, porque en el pasado cubano solo están: a) el sueño jeffersoniado de hacer de Cuba una extensión de su territorio; b) la intervención yanqui contra su independencia (1898); c) las dictaduras de Gerardo Machado y Fulgencio Batista, y los regímenes corruptos seudo democráticos. La segunda: los mensajes políticos norteamericanos sobre su exigencia de los “derechos humanos en Cuba”, los hacen en el mismo escenario y momentos en que policías blancos asesinan a ciudadanos negros, y los dejan impunes.

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Entonces, ¿en dónde obtienen moral las autoridades norteamericanas para presentarse como adalides de los derechos humanos? Hay que poner las cosas en su lugar: con la reanudación de las relaciones diplomáticas, solo reconocen que la ruptura le ha hecho más daño a su país que a la isla. Es una realidad que no cambiarán con especulaciones y deseos.

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El cambio de actitud de Estados Unidos es importante, pero no para esperar la rendición de Cuba ante el viejo apetito imperial de convertirla en una especie de “estado libre asociado” o bajo cualquier otro disfraz. Esto es lo de fondo, lo demás son especulaciones.

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