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¡El canal peligra!

Resulta particularmente relevante y motivo de preocupación las implicaciones e información contenidas en el mapa publicado por HKND, que motiva los presentes comentarios del suscrito

Salvador Montenegro Guillén | 4/1/2015

A mediados de la última semana del 2014,  el concesionario HKND colocó en su portal web varios documentos relativos a las ‘obras de inicio’,  entre los que destaca la publicación del mapa titulado “Esquema del Proyecto del Canal de Nicaragua”.    La relevancia de la presente mención sobre dicho mapa es que presenta  información  -a vuelo de pájaro-  sobre el diseño y la concepción ingenieril de costa a costa del concesionario de las obras por primera vez, que incluye el especialmente sensible  segmento de la ruta propuesta a través del Gran Lago de Nicaragua.   No  obstante, continúa sin presentarse detalles ni  justificación  técnica de las razones que condicionan u obligan la decisión de atravesar con un cauce el lecho de este cuerpo de agua.

Las  entusiastas presentaciones de explicación y publicidad realizadas  por los promotores de la iniciativa del canal por Nicaragua e iniciativas amparadas bajo la Ley 840,  han enfatizado de manera triunfalista las ventajas comerciales y económicas del esperado desempeño de este proyecto en el futuro, sin referirse hasta ahora  con la responsabilidad necesaria a los riesgos ambientales asociados con dichas posibles intervenciones, invitando subliminalmente  para que aceptemos las consecuencias que serían irreversibles  y que constituirían forzosos daños innecesarios e injustificados,  como si tuvieran que ser parte obligatoria del precio que debemos pagar por el esperado  desarrollo socioeconómico derivado del proyecto.

Mediante contribuciones anteriores, me he referido al impacto y degradación que causarían  las   obras propuestas por HKND  sobre el Gran Lago Cocibolca, arrastrando así a la condición de elevado riesgo ambiental al más importante cuerpo de agua centroamericano,  el lago tropical más grande de Las Américas  y principal recurso hídrico nicaragüense, cuya vocación para el suministro del vital agua potable tanto a nivel nacional como centroamericano,  y la irrigación de vastas extensiones de excelentes suelos hoy ociosos, constituyen los usos óptimos para su riqueza hídrica.   En vista que ambos usos demandan buena calidad del agua, la preservación de estrictos criterios de calidad son consustanciales con la protección ecológica lacustre.   En esta ocasión, en lugar de ocuparme de la particular vulnerabilidad lacustre ante las posibles intervenciones,   invito a considerar al Gran Lago Cocibolca  no como la innecesaria víctima ambiental colateral,  sino en su carácter hidrodinámico activo, imprevisible, e incontrolable, sumamente capaz de destruir agresivamente en poco tiempo las obras de construcción,  operación y mantenimiento que con alto costo y esfuerzo se plantea concretar con el  proyecto estandarte de la Ley 840.

La historia humana y su evolución es la del Homo faber, que ha desarrollado su  inteligencia e ingenio para sobrevivir, aprovechar su entorno natural, y convertirse en lo que somos hoy.  Esto es la esencia de lo que conocemos como ingeniería, que ha recibido el auxilio de varias disciplinas de la ciencia y el desarrollo tecnológico moderno.  No obstante, en tanto actividad humana, la ingeniería constructiva no es infalible.   A lo largo de varios miles de años,  asistimos a dos tipos de resultados en el desarrollo de la ingeniería de obras civiles:  los grandes aciertos constructivos que funcionan para el objetivo que fueron desarrollados y perduran durante siglos o milenios, y los estrepitosos desastres y fracasos, de los que existen numerosos  ejemplos en el mundo entero, muchos de ellos catastróficos.   La diferencia entre éxitos y fracasos radica que los primeros fueron concretados aprovechando las condiciones ofrecidas por la naturaleza, diseñados en armonía y respeto de los principios y procesos naturales, encauzando los flujos de energía siguiendo los del  ecosistema sin oponerse a ellos; mientras que  los grandes fracasos de la ingeniería se caracterizan  porque simplemente dichas intervenciones han sido concebidas en contra de la dialéctica de la naturaleza, violentando sus leyes, y por ello luchando contra la lógica y las fuerzas naturales, resultando en consecuencias insostenibles a largo plazo. Actuar contra natura implica asumir y mantener costos no sustentables, padeciendo la aplicación inevitable de las leyes de Murphy.    Es por estas razones  que los llamados  Estudios de Impacto Ambiental se impusieron como norma obligatoria por gobiernos e instituciones financieras internacionales a mediados del siglo pasado, aunque en honor a la verdad,  el espíritu de dichas iniciativas nunca fue el de proteger a las mariposas, las bellas aves o la pureza del agua y el aire del ambiente, sino de evaluar el impacto del ambiente sobre  las obras diseñadas,  asegurando así  que la viabilidad del proyecto de ingeniería contara con la sostenibilidad ambiental necesaria como condición sine qua non para garantizar la rentabilidad proyectada.      La arrogancia de diseñadores que han subestimado las fuerzas de la naturaleza, ha enriquecido mucho el conocimiento con lecciones que deben ser aprendidas de lo que no debe hacerse, y el caso del  proyectado Gran Canal Interoceánico por Nicaragua infortunadamente presenta características de lo que podría llegar a ser  ejemplo para una catástrofe de ingeniería a nivel mundial por insostenibilidad ambiental. 

 Resulta particularmente relevante y motivo de preocupación las implicaciones e información contenidas en el mapa publicado por HKND, que motiva los presentes comentarios del suscrito.     Aunque es poco lo  explícitamente contenido en dicho mapa y naturalmente mucho más lo que omite, los trazos mostrados ilustran de forma suficientemente clara graves errores de concepción y diseño cuyo costo a largo plazo  podría ser desastroso para los  inversionistas,  pero sobre todo para los nicaragüenses, razón por la que resulta  indispensable corregirlos lo antes posible.  

De acuerdo con dicho mapa  e información previa suministrada por HKND,  el diseño del paso del canal a través del Cocibolca,  consistiría en un cauce excavado de 105km de longitud en el lecho lacustre,  uniendo las desembocaduras del río Tule con la del río Las Lajas, con anchura variable (230 – 520m) y unos  30m de profundidad.     Los promotores del proyecto han reconocido  públicamente que dicha excavación –sin precedentes en el mundo- a través del Cocibolca constituye el mayor reto para esta iniciativa.   Cálculos independientes han estimado que el material a excavar  superaría el volumen de 585, 720, 000 toneladas métricas de materiales sólidos del fondo del lago,  y en el referido mapa se muestra la intención del empresario para  construir  islas artificiales  con ese material a ser dragado (identificadas con los códigos LN-CDF1 y 2);  y  paralelamente  al cauce que se  excavaría entre  El Tule y  Las Lajas,  se depositarían también a un costado a lo largo del cauce los sólidos excavados  formando una muralla, cuya geometría,  ancho y elevación  no son precisadas (Identificada con el código LN-OW1).    De esta forma es como proponen solucionar el problema de eliminación de los voluminosos materiales excavados de la zanja, solución que podría funcionar en un cuerpo de agua inerte o estático, pero nunca en un cuerpo de agua dinámico como es  el Cocibolca.     Estas asombrosas decisiones del concesionario,   evidencian el desconocimiento que tienen los diseñadores del canal sobre el  funcionamiento hidráulico del Cocibolca, o en el peor caso un inconcebible  menosprecio o desinterés por lograr alcanzar  la sostenibilidad ambiental indispensable para el funcionamiento indefinido de dicha obra. 

Curiosamente, el mapa publicado muestra referencias de profundidad del fondo del lago utilizando curvas batimétricas, aunque la empresa ERM que elaboró el mapa ha declarado que no llevó a cabo un levantamiento propio del relieve del fondo;  a pesar de ello sin prudencia ni sonrojo declaran con exactitud de centímetros la profundidad de las isóbatas  o líneas de profundidad -equivalentes a las curvas de nivel en mapas topográficos- mostradas ( -1.83m, -4.57m) ,  es decir que los proponentes se responsabilizan con dos decimales de la exactitud de estas profundidades expresadas, a pesar que probablemente estas cifras hayan sido extrapoladas del estudio de hace cuarenta y dos años del INFONAC, o quizás del estudio del Cuerpo de Ingenieros y Marina norteamericanos del siglo antepasado. La gravedad de la falta de información fiable sobre la morfometría del fondo y la distribución de acumulaciones de sedimentos es que no permite cuantificar ni masa o volumen de los sedimentos depositados ya presentes en el fondo. En consecuencia, las decisiones relacionadas sobre el comportamiento de los sólidos acumulados, que constituyen el principal problema para cualquier cauce navegable, nos muestran que se están tomando sobre la base de asumir supuestos y estimaciones peligrosamente a tientas, en una apuesta sumamente riesgosa.   

Sabemos que el Cocibolca ocupa la parte media de la depresión tectónica binacional de 42 mil km2, o Cuenca 69, que cubre unos 8 200 km cuando el nivel superficial del agua  está en la media histórica de 31.10  metros sobre el nivel del mar.      A los efectos de este artículo,  me refiero  solamente a tres hechos que caracterizan el comportamiento del Cocibolca,  relevantes al tema:    1)  Es  un Lago Somero.  Con unos 12m de profundidad promedio (63% del área del fondo medía menos de 9m en 1972); la masa de agua de hecho constituye una delgada lámina de agua que cubre la  extensa planicie del fondo.  2)  Receptor masivo de sedimentos.  La muy erosionada cuenca Tico-Nica descarga en este lago  unas 50 mil toneladas de lodos y arena cada uno de los días del año según el Banco Mundial, y este problema inició con la invasión española hace 500 años.    3)    La acción constante del viento, es el factor ecológico de mayor relevancia  para la hidrodinámica lacustre.  Este  cuerpo de agua, solamente se encuentra estático en fotos o en mapas, pero nunca en la realidad.   Estos tres simples hechos, le confieren capacidades  destructivas que deben ser considerados a los fines de la construcción  y mantenimiento del cauce pretendido, son fuerzas naturales  extraordinarias e incontrolables  que sorprendentemente los proponentes parecen ignorarlas o subestimarlas.  

Unas semanas atrás, nos enteramos que tres generadores eólicos en Amayo  resultaron dañados por rachas de viento superiores a 15 metros por segundo, apenas unos 54kph.  Esta velocidad no es inusual,  ocasionalmente las rachas del viento en el  Cocibolca pueden superar 30m.s, o 100kph.  El promedio de velocidad del viento en la zona  es de 9 metros por segundo,  que ofrece energía eólica abundante.   La razón del interés en aprovechar con un parque eólico la energía del viento, es porque es limpia, constante, y  potente.       Esta fuerza del viento, es la misma que origina  corrientes lacustres poderosas en nuestros grandes lagos,  especialmente las de circulación Langmuir que se establece del Noreste hacia el Suroeste,  y que una vez establecida,  en razón a la turbulencia propia de este fenómeno natural en este cuerpo de agua somero,  resuspende el material depositado en el fondo,  arrastrando cantidades gigantescas de lodo, transportándola en el sentido  y dirección de su desplazamiento.     La ya mencionada deposición de 50 mil toneladas diarias de material erosionado desde la maltratada cuenca binacional  a lo largo de varios siglos,  ha acumulado una agregación de capas de sedimentos de varios metros de espesor en el fondo del lago,  una  espada de Damocles sobre el cauce previsto.  

He reproducido y adjunto una sección del mapa publicado por HKND, destacando sobre el mismo algunos elementos de interés.   Al observar dicho  mapa con la ubicación del posible cauce de 105km desde el Humedal Ramsar Sn Miguelito hasta Rivas, se aprecia la extensión del área lacustre al norte del cauce,  que se extiende aproximadamente  por 3 600 km2 ubicados a barlovento del cauce trazado.   Según las empresas eólicas locales,  la velocidad promedio del viento es de  9 metros por segundo (32kph) en esta parte del lago.  De acuerdo con la experiencia internacional, con dicha velocidad de viento las corrientes de agua que se forman tienen capacidad de arrancar y resuspender desde el fondo, especialmente si es de escasa profundidad, desplazando corriente abajo cada hora una modesta cantidad de lodos, estimada en Veinte toneladas de materiales por cada hectárea barrida por la corriente. En nuestro caso, entonces hablamos de 7 200 000 toneladas de sedimentos transportables por la circulación de Langmuir directamente hacia el cauce a ser construido, en UNA HORA.   Esta fuerza natural, movida por el viento es incontrolable,  y el  significado de esta cifra no es trivial, ya que en menos de cuatro días a la velocidad promedio del viento  (o producirse  por eventos extremos rachas de mayor velocidad), el material arrastrado por las corrientes podría azolvar completamente el cauce, rellenando hasta la inutilidad la zanja que tomaría meses o años excavar.   Es decir, la obra faraónica con la que se compromete el futuro del país de excavar un cauce en el fondo del Gran Lago Cocibolca, podría colapsar por fuerzas naturales asociadas a las corrientes lacustres  movidas por el viento, especialmente bajo condiciones de tempestad o eventos extremos asociados al cambio climático.  

El diseño de estas obras solamente puede hacerse estudiando y midiendo la velocidad de las corrientes, y su comportamiento diario a lo largo del año,  estableciendo la capacidad de carga de las corrientes Langmuir  -y otras aún desconocidas-   por unidad de área barrida,  midiendo la profundidad y  cantidad de sedimentos acumulados en el área lacustre en un mapa batimétrico  levantado a conciencia,  y determinando el desplazamiento  de dichos sólidos en función de la hidrodinámica lacustre.  Esto es lo que HKND debe hacer antes de decidir si excavará o no un cauce imposible de mantener abierto y funcional a través del Cocibolca, comprometiendo innecesariamente el futuro de nuestro país. 

Hidráulica de corrientes lacustres, transporte de masas, morfometría lacustre,  todos son asuntos ingenieriles esenciales para entender las razones por las cuales no puede apostarse el futuro de Nicaragua a los dados de la ignorancia o la arrogancia de un ingeniero de ferrocarriles, que diseña una obra para un país que no es el suyo.   Lejos de constituir un ejercicio académico, contar con esta información resulta crucial para decidir si resulta posible o no construir un cauce en el fondo del Lago Cocibolca.     En consecuencia, la construcción de las islas artificiales no resulta una buena idea, el Cocibolca no es una charca o piscina estática.    La propuesta de construir una muralla paralela al cauce, alteraría también de forma insospechada la dinámica de deposición de sedimentos en el área sur del cauce, ya que modificaría necesariamente el patrón de circulación de las corrientes, especialmente porque su dinámica es aún desconocida.  

Las propuestas mostradas en el mapa de HKND referido,  para descartar los sedimentos excavados construyendo islas  artificiales y murallas lacustres muestran desconocimiento  elemental de la  hidrodinámica del Gran Lago Cocibolca.   La pretensión de excavar un cauce de 105km está destinada a recibir corrientes lacustres constantes y poderosas (en ángulo de colisión de casi 70º) cargadas con sedimentos, cuya incontrolable naturaleza es sinónimo de desastre.  

Aún es tiempo para rediseñar una ruta terrestre que salve de estos peligros al Canal por Nicaragua, que de acuerdo con los diseños contenidos en el mapa de HKND, tiene su destino fatal definido por las arriesgadas decisiones  de los mismos proponentes.   El canal por Nicaragua, peligra hoy más que nunca en la historia. 

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