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Regresión en el ejército: después de 20 años, vuelve el continuismo militar

La "reelección" del general Avilés

Intereses del comandante Ortega y los “empresarios de uniforme” coinciden en romper la tradición institucional, descarrilando la carrera militar. “Volvemos a otra crisis de identidad, pero hoy está la respuesta: ‘Somos empresarios en uniforme y respondemos a un proyecto político’”, dice analista

Octavio Enríquez | 14/12/2014
@cabistan

Las fuerzas armadas entrarán a una nueva etapa el 21 de diciembre de 2014 cuando, según el Código Militar, al presidente Daniel Ortega le toca anunciar quien será el Jefe del Ejército. Desprovisto de sorpresas, consultores y ex militares consultados por Confidencial dan por un hecho la reelección anunciada del general Julio César Avilés, de 57 años, el primer jefe militar que continuará en el poder, después de los cinco años en su cargo, desde la transición democrática de los años 90.

El mando de Avilés inició en febrero del 2010. Al momento de su reelección, el general dirige una institución formada por 10, 404 militares entre oficiales, suboficiales y soldados y preside la junta directiva del poderoso Instituto de Previsión Social Militar (IPSM), el brazo financiero de la institución. Según su balance patrimonial, al 31 de diciembre de 2007 el IPSM contaba con 65.4 millones de dólares. A partir de esa fecha, los datos se manejan ocultos al público.

La gestión de Avilés empezó con el anuncio informal de su nombramiento en noviembre del 2009. Una fotografía lo registra sonriente cuando conoció la notificación de su  nombramiento vestido de camisa manga larga y jeans al final de un viaje a occidente. Dice que encendió el radio y escuchó que el presidente Daniel Ortega había aceptado la propuesta del consejo militar y firmó su nombramiento en un acto partidario.

Nunca había ocurrido tal ruptura de protocolo. Los otros jefes militares habían merecido un acto formal en Casa Presidencial, pero Ortega lo nombró cuando protagonizaba un acto de su partido en la plaza que construyeron en Managua para celebrar los resultados electorales que en 2008 favorecieron al sandinismo bajo protestas de fraude.

El 21 de febrero de 2010 se convirtió en el cuarto Comandante en Jefe que ha tenido el Ejército de Nicaragua desde la salida del general Humberto Ortega el 21 de febrero de 1995, cuando la ley estableció la prohibición de la reelección después de los cinco años en el cargo, asi como impedimentos de parentesco entre el jefe del Ejecutivo y el jefe militar.

El General Ortega fue reemplazado por su Jefe de Estado Mayor, el mayor general Joaquín Cuadra y así se inició una tradición institucional que está a punto de romperse.

“A diferencia de cualquier institución del Estado nicaragüense, el Ejército tenía una línea estratégica de desarrollo institucional y el eje de esa línea es la sucesión de mandos y lo que llamé en un momento para el nombramiento de Omar Halleslevens (2005-2010) la ley no escrita: el sucesor del Comandante en Jefe era el Jefe del Estado Mayor”, explica el consultor en seguridad, Roberto Cajina, vinculado al Ejército desde los años 80.

La propuesta del Presidente

El plazo de mando de Avilés se encontraba fijado en cinco años y luego se iría a su casa, lo que debería cumplirse en febrero próximo, sin embargo, la reelección recaló en el seno de la cúpula en 2013 meses antes que se planteara la reforma al Código Militar.

“El cambio con Avilés ocurrió hace un año. Había una propuesta del Presidente para que se quedara y él lo empezó a vender con su equipo de trabajo. Entiendo que el Presidente quiere tener una estabilidad en sus cargos principales, gente que no le vaya a meter ruido en su proyecto político y llevarlo sin mayores angustias. Para él, esos cargos son importantes y quiere tener lealtad absoluta con oficiales de gran confiabilidad”, explicó un ex miembro de la cúpula militar que conoció de cerca los entretelones de la negociación.

En esas conversaciones, hubo ofrecimientos de uno y otro lado, pláticas que más de un calendario después el Ejército mantiene en reserva. Confidencial llamó al vocero de la institución, el coronel Manuel Guevara, para consultarle sobre estos cambios y no respondió su celular, mientras la Comandancia ignoró una solicitud por correo electrónico que este diario realizó para lograr una entrevista con el general Avilés.

La estela de sus comparecencias públicas permitió reconstruir la estrategia de la reelección. Avilés aceptó en público las nuevas reglas del juego el 27 de noviembre de 2013, unas reglas que tenían padre en el Ejecutivo y que habían sido impuestas desde la Asamblea controlada por el FSLN sin consultar a nadie más que al estamento militar.

Al pie del monumento al soldado, bajando La Loma de Tiscapa donde  gobernó con mano de hierro Anastasio Somoza Debayle hasta la revolución de 1979, el jefe militar no se negó a la posibilidad de su reelección cuando por su cercanía a las propuestas del mandatario sandinista los señalaban de construir una nueva Guardia Nacional.

“Yo soy un soldado de la patria y estaré en el lugar que la patria me necesite”, dijo Avilés circunspecto junto a sus oficiales más cercanos en el acto en que rendían homenaje a los soldados que han caído en cumplimiento del deber.

La ruta en el Legislativo

El espaldarazo  a Avilés nació legalmente el 12 de noviembre cuando el Poder Ejecutivo mandó un proyecto de reforma al código militar, tres días después que la Comandancia refrendó las reformas constitucionales que permiten la reelección indefinida del mandatario sandinista pese a que la Constitución los define como “apartidistas” y “no deliberantes”.

El coronel retirado Carlos Brenes, hoy un destacado miembro de la asociación de militares patrióticos que adversa a Daniel Ortega, lamentó que Avilés sea un jefe a la medida del caudillo sandinista.

“Es un jefe atado, sumiso, deliberante y lo hemos visto haciendo cabildeos en Asamblea Nacional sobre el Código Militar y la Constitución y eso está prohibido. Lo hemos visto actuando a él y a muchos oficiales en escala de mando ejerciendo acciones políticas, uniformados y sin uniforme”, explica.

En el nuevo código militar, el mandatario sandinista borró la línea del artículo ocho en que se prohibía la reelección del jefe militar, pero la intención de moldear al estamento militar se ha dado en distintos momentos. Ortega flexibilizó la normativa militar y extendió la edad de retiro y el tiempo de servicio de los oficiales para conservar a quienes fueron formados durante la revolución, mientras se fue afianzando una relación directa que dejó convertido en inexistentes las funciones de control del Ministerio de Defensa.

El retiro sorpresivo de Balladares

El veinte de diciembre de 2013, la nota de prensa 182/2013 anunció el retiro sorpresivo del mayor general Oscar Balladares, ahora ex jefe del Estado Mayor, un alto oficial de larga trayectoria y respeto entre las tropas. En su lugar, Avilés nombró al general Oscar Mojica Obregón, antiguo director del brazo financiero militar, lo que provocó revuelo en la institución y en los círculos de ex altos oficiales.

 “En las llamadas telefónicas que nos hacíamos los ex militares, no podíamos creer que el elegido resultara ser alguien que no se había ensuciado las botas”, dijo el ex miembro de la cúpula militar.

Mojica es un comodín en medio de la reelección de Avilés, alguien que está puesto ahí para desempeñar un doble rol, según el consultor Cajina: “uno vinculado a los negocios del IPSM y otro para los negocios individuales en los que de coronel para arriba se vienen involucrando y que están de alguna manera vinculados a estos negocios institucionales del IPSM”.

La salida de Balladares significó la ruptura con la sucesión militar y un golpe a la tradición política institucional de quienes combatieron en los 80, y aceptaron a inicios de los 90 la despartidización del ejército. “Es un golpe a nuestra educación”, dijo Brenes. El coronel retirado, que era el jefe defensivo de Managua cuando a mediados de los ochenta se pensaba en una invasión de Estados Unidos, calificó como “manoseo político” lo ocurrido con el Ejército.

De acuerdo con su tesis, los militares abandonaron su posición de equilibrio en la sociedad para inclinarse del lado de Ortega y de sus intereses a cambio de prebendas. En los últimos meses, los nicaragüenses han visto cómo el Ejército da protección y traslada en sus helicópteros a los inversionistas chinos y estadounidenses que trabajaban en el desarrollo del proyecto del Canal Interoceánico.

Los empresarios en uniforme

“El Ejército no sólo va cuidar, es juez y parte en el tema del canal, porque es empresario  a nivel de institución y los mandos son empresarios individuales y tienen actitudes empresariales como cuerpo a nivel de la sociedad. Trabajan en las bolsas de valores, tienen constructoras, hospitales, cementeras, ferreterías, bancos, universidad y tienen de todo. Hay una pérdida de valores estratégicas en la función del Ejército”, dice Brenes.

El consultor Roberto Cajina remarca que el Ejecutivo ordena a las instituciones dar todas las facilidades al Ejército para dar custodia a proyectos de interés gubernamental. “Anduvieron custodiando unos barcos que andaban haciendo inspección petrolera, han andado con los chinos de un lado para otro, han usado helicópteros del Ejército, lo mi-17, eso es una prebenda del gobierno; que Ortega le da en esa relación de doble vía”, explica.

Cajina considera quela comandancia de Avilés obedece a un esquema de “empresarios de uniforme” que aceptan decisiones del poder político cuando en el pasado el general Humberto Ortega y Joaquín Cuadra tenían mayor capacidad de negociar por su trayectoria política.

“Los políticos en uniforme  era gente que venía de la guerrilla, que tenían una autoridad política, autoridad militar en la guerrilla. Ahora son empresarios en uniforme. Son obviamente otros intereses. Mientras los dos primeros propugnaban por el desarrollo de esa línea estratégica  y el fortalecimiento de esa línea estratégica de desarrollo institucional ahora eso ha quedado relegado”, añade Cajina.

La fractura de la carrera militar

La reelección del jefe militar tendrá una incidencia inmediata en el escalafón y la carrera militar en la institución, debido a que la decisión de mantenerlo supone un bloqueo para los oficiales que deberían haber ascendido con su salida de la cúpula. Cada cinco años, junto al comandante en jefe se iba retirado el Inspector General y asumía el jefe del Estado Mayor.

Ahora los analistas ignoran si continuarán Mojica y el inspector general Adolfo Zepeda, ascendidos el 19 de febrero de 2014, aunque el ex miembro de la cúpula castrense asegura que cualquier “válvula de escape” para Avilés podría estar dada por el movimiento de estos oficiales.

El silencio se impone entre algunos  ex miembros de la institución. El general retirado Herminio Escoto, director de la empresa estatal de abastecimiento de alimentos (Enabas), dice antes de cortar el teléfono que le resulta “incómodo” hablar sobre  una institución de la que ya se retiró. Otros no respondieron el teléfono.

Las vertientes internas

Según el coronel retirado Brenes, dentro del Ejército hay corrientes de pensamiento sin que eso signifique un desafío al mando único de Avilés. Hay oficiales que simpatizan con Ortega y le responden directamente. Otro grupo de difícil acceso es el de contrainteligencia e inteligencia militar, que ocupa los principales puestos desde 2005 cuando subió a la Comandancia el general Omar Halleslevens, hoy vicepresidente de Ortega. Ellos tienen su propio poder e influencia.

 “En un principio pensé que el cambio de tropista (Javier Carrión) a contrainteligencia (Halleslevens) era beneficioso en el sentido que el tropista avasalla y el de contrainteligencia escucha, pregunta, toma decisiones. O tiene toda la información para que alguien tome la decisión. Pero creo que ese encrustamiento de las estructuras de inteligencia en el Ejército ha sido más bien dañino, porque no todos tenían la facultad de Halleslevens de escuchar, de oír, de pensar, considerar opciones y la mayoría no creo que la tengan”, añade el consultor.

En la parte baja de la pirámide militar están también los soldados que ven que su vida puede mejorar si sirven a los intereses de Ortega. En el período 2007-2013, el mandatario ha empleado a una treintena de ex oficiales del Ejército en el Estado según una investigación del consultor  independiente Roberto Orozco. Pero además existe la denuncia de que en algunos casos el caudillo los ha contratado en empresas vinculadas a la cooperación venezolana, bajo el control del mandatario, beneficios que incluyen también a familiares del general Avilés.

“Los que están adentro buscan quedar bien con la posibilidad que me va dar (Ortega) el día que salga. Hay también líneas de pensamiento según los mandos y tienen nivel de educación, formación, experiencia y una confusión de lo que fue el Ejército, cómo lo vio cuando se fundó y cómo se va transformando en esta etapa”, dice Brenes.

La crisis de identidad

El shock a los oficiales por el cambio del Ejército que conocieron y el que está en curso parece un proceso inverso al que vivieron en 1994, cuando pasaron de partidarios a profesionales. Esa etapa histórica estuvo marcada por una crisis de identidad. Los soldados se preguntaban quiénes eran, cuál era su misión y si eran aceptados por la población para gozar de su legitimidad.

“Volvemos  a otra crisis de identidad, pero hoy está la respuesta: ‘Somos empresarios en uniforme y respondemos a un proyecto político’”, explica Cajina.

Cuando el coronel Brenes aún era joven y defendía Managua del ataque enemigo, a mediados de los años ochenta, una llamada le sorprendió a la medianoche. Le avisaron de la comandancia que Nicaragua sería invadida por Estados Unidos. Brenes recuerda que la esencia militar del Ejército era el antiimperialismo, pero “ahora somos amigos de los imperios”.

El futuro del Ejército no es diáfano. Roberto Cajina, dueño de un humor negro que no esconde su franqueza, dice que para ver el futuro del Ejército lo mejor será conseguir un diluyente de asfalto ante el proceso creciente de desinstitucionalización. “El telescopio está lleno de asfalto”, ironiza.

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