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La revolución es proceso, no accidente

En torno y al interior de la revolución –sobre todo en su propia conducción política— hubo modos de concebir sus fenómenos de forma no dialéctica, sino al contrario, con lo cual deformaron las ideas acerca de la revolución y dejaron de ver su origen como un proceso

Onofre Guevara López | 9/12/2014

Hemos ignorado el proceso histórico de la revolución nicaragüense. Más que eso: no lo queremos conocer.  Nos conformamos con el discurso inmediato sobre lo que está frente a nuestros ojos. Como quien dice, le damos las espaldas a nuestro pasado, nos auto desmemoriamos por pura comodidad, por no decir por pura pereza mental.

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No es que se pretenda ver a todo el mundo convertido en ratón de biblioteca, buscando curiosidades o desempolvando textos antiguos, sino algo más esencial y, por ello, más beneficioso: tratar de interpretar lo descubierto,  darle una interpretación coherente junto a otros datos encontrados sobre el medio social de la época donde tuvieron su origen. Es decir, interpretar la historia para encontrar las formas más adecuadas de aprovechar su herencia, y evitar que sean los hechos de otros momentos los que moldeen nuestra forma de pensar. Menos vivir conforme los intereses de quienes controlan el poder económico y político en determinada época.

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Necesario es, entonces, ver unos y otros hechos contradictorios como partes de un mismo proceso histórico que vive la sociedad; no verlos como productos de milagros o accidentes sociales que pueden o no tener conexiones con unos u otros intereses materiales y políticos. Mucho menos ver siempre los acontecimientos como frutos de las inteligencias individuales, los cuales pueden ser unas veces acertados y otras veces erráticos, sino verlos según las condiciones concretas en las que se producen. En fin, necesitamos ver los procesos históricos según los intereses de las clases sociales y no como resultados de intereses individuales; como acciones colectivas, pero donde lo individual aporta lo suyo.  

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A nuestras costillas y frente a nuestros ojos, todavía sentimos y nos confrontamos por  la revolución popular sandinista. Unos la apoyamos, porque algo de nuestras ideas y acciones habíamos invertido para que ocurriera; otros la odiaron, porque contradecía algo o mucho su modo de pensar y los intereses que les eran propios, o ajenos, pero con los cuales se identificaban. Además, en torno y al interior de la revolución –sobre todo en su propia conducción política— hubo modos de concebir sus fenómenos de forma no dialéctica, sino al contrario, con lo cual deformaron las ideas acerca de la revolución y dejaron de ver su origen como un proceso.

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Acerca de ese fenómeno escribí y ha comenzado a circular el libro “Nicaragua. Mi lectura sobre su historia contemporánea”, tratando de presentar la lucha política por el poder como un proceso integral, distinto a la manera parcializada de cómo ha sido presentada: como resultado de ideas  “notables” señores libero-conservadores de los partidos tradicionales, actuando sobre una base social marginada, solo utilizada como un instrumento para acciones parciales e intrascendentes. Y, más que todo, ajenas.

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Con ese mismo tema en mente he escrito, y circulará pronto, un trabajo sobre los perfiles y trayectorias de los pioneros de las luchas sociales populares –sindicalistas y socialistas o como las dos cosas a la vez— que son desconocidos, o ignorados adrede, no solo por los políticos de las clases dominantes tradicionales, sino también por la dirigencia de lo que fue la revolución sandinista. En la introducción hago breve  referencia de las condiciones históricas en las que nació y creció el proceso revolucionario ignorado, incluso, por el FSLN. Reproduzco la contraportada de ese trabajo, donde resumo mis ideas al respecto:

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“Un fenómeno aún no estudiado, es el exclusivismo de la lucha anti dictatorial que se atribuyó la dirigencia del FSLN, que la llevó a menospreciar los aportes a la lucha de las generaciones precedentes de revolucionarios. Es una concepción anti histórica, anti dialéctica y, en definitiva, filosóficamente algo  similar al solipsismo idealista (solo yo pienso, solo yo existo).

“Para esa dirigencia no existieron el PTN, el Comité Pro Democracia el Bloque Anti Fascista de los Trabajadores, el PSN ni el MR como antecesores del FSLN, todos los cuales –como está comprobado—, son eslabones de la misma cadena que al Frente le tocó cerrarla, como el último eslabón. A este le  correspondió aprovechar todo lo acumulado durante varios períodos de una lucha histórica, y luego supo aprovechar también las nuevas condiciones propicias para lograr el triunfo. Este triunfo, no vino de la nada. No fue algo espontáneo en la historia, ni solo valedero por la actividad armada del Frente. 

“Ese error conceptual de los más influyentes de la DN, contribuyó a su propia decadencia hasta hacerla degenerar en un caudillismo de quien todo lo manda, todo lo define, todo lo hace girar en su entorno, y cree que nada debe existir fuera de su control.

“El proceso tuvo raíces de acciones populares y con dirigentes caracterizados en su momento, con sus aciertos y sus errores. Hemos escrito los perfiles y las trayectorias de al menos 18 de ellos, tratando de ayudar a comprender y a rescatar ese pasado inadvertido y demostrar que, de una u otra manera, son eslabones ignorados de la cadena revolucionaria de nuestro país. Todos ellos tuvieron una relación personal con quienes formarían el FSLN, comprobando la función de las cadena y la invalidez de su solipsismo idealista que le quitó vigencia como organización de vanguardia de ideales éticos y morales”.

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Ese trabajo lo hemos hecho en homenaje a los 99 años que Domingo Sánchez Salgado Chagüitillo, cumplirá el muy próximo 20 de diciembre del corriente y por finalizar año 2014.

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