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A la libertad por la universidad

La diferencia entre la actitud del régimen somocista y la del ortegasandinismo frente a la autonomía de la UNAN revela la naturaleza del régimen actual. Mientras el somocismo fue un régimen autoritario, el ortegasandinismo, además de autoritario, posee una vocación totalitaria que no forma parte de las características que definen al somocismo

Andrés Pérez Baltodano | 24/11/2014

El lema “a la libertad por la universidad”, como lo señala un artículo del ex – Rector de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) Carlos Tünnermann Bernheim, constituye “el distintivo [de la] gestión rectoral” de Mariano Fiallos Gil (1907-1964). La idea que recoge este lema es tan sencilla como significativa: una sociedad libre, señalaba Fiallos Gil, necesita de una universidad en donde sus miembros tengan la posibilidad y la capacidad de “hablar, discutir y discurrir sobre todas las ideas, sobre todas las doctrinas y sobre todas las ideologías, porque la Universidad es libertad de pensamiento y tal libertad es la única garantía del desarrollo de la cultura y de las cosas del espíritu”.

En síntesis: una sociedad libre necesita de una universidad libre. Es por eso que líderes como Mariano Fiallos Gil y Carlos Tünnermann Bernheim comprendieron que la lucha por la libertad durante el somocismo demandaba la defensa de la autonomía universitaria.

No fue fácil; pero en 1958 el gobierno de Luis Somoza Debayle aceptó el derecho a la autonomía que demandaba la UNAN. Sergio Ramírez Mercado señala, en su biografía de Mariano Fiallos Gil, que el ejercicio de este derecho “estuvo desde el comienzo lleno de peligros y amenazas”. Sabemos, sin embargo, que el somocismo tuvo que coexistir con ese islote de libertad llamado UNAN, y que dentro de ese espacio académico se desarrollaron diferentes corrientes de pensamiento que contribuyeron al desmantelamiento del somocismo.

El régimen actual, a diferencia del somocista, no tolera la libertad académica de la UNAN, como se revela en el intento de las autoridades de la UNAN-Managua para silenciar las críticas contra el oscuro proyecto canalero del gobierno y, más concretamente, el pensamiento y la voz del Profesor Salvador Montenegro Guillén, ex-director del Centro para la Investigación en Recursos Acuáticos de Nicaragua (CIRA/ UNAN).

La diferencia entre la actitud del régimen somocista y la del ortegasandinismo frente a la autonomía de la UNAN revela la naturaleza del régimen actual, y hace evidente una de las características que lo diferencian del somocismo. Mientras que el somocismo fue un régimen autoritario, el ortegasandinismo, además de autoritario, posee una vocación totalitaria que no forma parte de las características que definen al somocismo.

Autoritarismo y totalitarismo

El politólogo Juan Linz define el autoritarismo como un sistema político “con un pluralismo político limitado y no responsable; sin una ideología elaborada y propulsiva; sin una movilización política intensa o vasta (excepto en algunos momentos de su desarrollo), y en los que un jefe (o tal vez un pequeño grupo) ejerce el poder dentro de límites que formalmente están mal definidos pero que de hecho son fácilmente previsibles.” El somocismo encaja perfectamente dentro de esta definición.

El totalitarismo, por otra parte, hace referencia a un sistema político fundamentado en “un poder autoritario y total (justamente de ahí proviene su nombre) que no da lugar a la oposición y que se afirma en torno a la fuerte presencia de un partido o estructura política única” (http://www.definicionabc.com).  Una de las principales características del modelo totalitario es “el desarrollo de una máquina ideológica que baja un tipo de cultura o representaciones simbólicas únicas que deben ser consumidas por la fuerza por los habitantes del territorio a fin de impedir que posiciones opuestas o diferentes surjan en el seno de la comunidad” (http://www.definicionabc.com). La Alemania Nazi y el Comunismo Soviético, son ejemplos paradigmáticos de este tipo de régimen.

En Nicaragua nos hemos acostumbrado a hablar del ortegasandinismo como un régimen autoritario comparable con el somocismo. En realidad, el ortegasandinismo es un modelo híbrido en el que se combinan elementos autoritarios y totalitarios. El ortegasandinismo es, repito, un régimen autoritario con una evidente vocación totalitaria.

Hablo de vocación totalitaria para hacer referencia a los esfuerzos sistemáticos que realiza el ortegasandinismo para re-crear el orden simbólico que da sentido a la realidad material y al ejercicio del poder en Nicaragua. Hablo, pues, de los metódicos esfuerzos del régimen para transformar la dimensión subjetiva de la realidad nicaragüense y, más concretamente, el sistema de valores y significados que sirven para justificar y normalizar la distribución del poder en nuestra sociedad. Los ejemplos que evidencian el ánimo totalitario del actual gobierno incluyen: la apropiación Estatal de la simbología cristiana; el culto a la personalidad de Daniel Ortega que se expresa en la propaganda cuasi-fascista del régimen; los esfuerzos del gobierno por controlar los medios de comunicación del país; el uso de signos que, como los llamados “árboles de la vida”, no son simplemente decorativos sino constitutivos de una nueva estética pensada para normalizar el nuevo poder estatal; y, para regresar al tema de este artículo, la destrucción de la autonomía de la UNAN: la única universidad que, por su condición estatal, tiene la capacidad de escapar al proceso de mercadización que limita la capacidad de las universidades privadas para convertirse en verdaderos centros de generación de pensamiento crítico en Nicaragua.

En síntesis, la domesticación de la UNAN forma parte de la construcción de la maquinaria ideológica que el Estado que controla el FSLN ha venido impulsando en forma gradual pero sistemática desde su llegada al poder en las elecciones del 2006. La importancia que el Estado ortegasandinista le otorga al control de los centros de generación de pensamiento como la universidad, revela la vocación totalitaria del ortegasandinismo. Revela, además, una de las características que diferencian al somocismo del ortegasandinismo. En un estado autoritario como el somocista, los islotes de libertad como la UNAN podían sobrevivir y hasta florecer. En un Estado como el que hoy controla el FSLN de Daniel Ortega, esos islotes son intolerables.

Digámoslo de otra manera: un estado autoritario como el somocista, tenía que co-existir con Rectores de la talla de Mariano Fiallos Gil y Carlos Tünnermann Bernheim. Un Estado con la vocación totalitaria del Estado ortegasandinista solamente puede funcionar con la obsequiosidad de las autoridades que hoy lideran la domesticación política de la UNAN.

Quien siembra vientos cosecha tempestades

La erosión de la libertad académica de la UNAN no empezó con la llegada al poder del gobierno de Daniel Ortega después de las elecciones del 2006. Empezó con la radical expansión del poder del Estado que ocurrió en Nicaragua a partir del triunfo de la Revolución Sandinista en Julio de 1979. En nombre de los “ríos de leche y  miel” que prometía la Revolución, muchos –me incluyo entre ellos– aceptamos como necesario el control estatal de las principales instituciones del país. Una de estas instituciones fue la UNAN. El Estado sandinista la colonizó. Hoy cosechamos lo que todos, por acción u omisión, sembramos.

Todos, entonces, contribuimos al derrumbe de la autonomía de la UNAN; todas contribuimos a la erosión del pensamiento crítico que aún vive en la voz del Prof. Salvador Montenegro Guillén. Todos, por lo tanto, debemos contribuir a la reconstrucción de nuestra máxima casa de estudios y, a través de ella, a la reconstrucción material y moral de nuestra sociedad.

La UNAN no está perdida y puede volver a ser luz en la oscuridad. En ella trabajan y estudian muchos hombres y mujeres que aspiran a lo que todo ser humano aspira: el derecho a vivir dignamente y en libertad. Los estudiantes de nuestras universidades privadas, volvamos a decirlo, tendrían que construir canales de comunicación con los y las jóvenes de la UNAN para potenciar el desarrollo de un pensamiento crítico en Nicaragua.

De la misma forma, los docentes y las autoridades universitarias tendrían que asumir como propio el reto lanzado por el Prof. Montenegro Guillén en una entrevista reciente: “Cada universitario, desde las autoridades máximas hasta los simples maestros como yo tenemos la obligación de luchar por los principios que fundamentan a esta universidad [la UNAN] y a la universidad en general.” Y continúa: “A mayor cargo, mayor nivel de responsabilidad. La autonomía universitaria no es un regalo” (La Prensa, 23/11/2014).

La vocación totalitaria del ortegasandinismo es ilimitada. Pero no es ilimitada su capacidad para transformarnos en una nación de borregos. Ellos van a llegar, hasta donde nosotros, los nicaragüenses que vivimos dentro y fuera del país, los dejemos llegar.

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