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Escritor reivindica la memoria de sus 'padres tutelares' al ganar premio internacional

Ramírez: "Yo quería ser como Carlos Fuentes"

Independencia y compromiso con calidad literaria en trayectoria de escritor nicaragüense, destaca jurado presidido por Vargas Llosa. Con más de 50 libros publicados, aún “tengo que escribir mi gran novela”, dice Ramírez

Octavio Enríquez | 12/11/2014
@cabistan

En “Los Chilamates”, la residencia en Managua de Sergio Ramírez Mercado (Masatepe, 1942), el teléfono no deja de repicar desde que se anunció en México que el gran narrador nicaragüense ganó este año el premio internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria.

El jurado lo presidió el Nobel Mario Vargas Llosa y el tribunal resaltó en su decisión  el sentido crítico del escritor y la calidad literaria presentes en su trayectoria, dos valores en los que se parece al fallecido escritor mexicano, uno de sus ángeles tutelares a los que en sus primeras palabras ha querido rendir homenaje.

Ramírez es el escritor de mayor proyección en Centroamérica. Ha publicado más de 50 obras traducidas al portugués, inglés, francés, alemán, italiano, holandés, danés, noruego, sueco, serbio, ruso, hebreo, y mandarín, entre otros, aunque cómo veremos en esta conversación, que resume sus primeras reacciones al otorgamiento del galardón, aún siente que tiene que hacer su gran novela.

¡Muchas felicidades por este nuevo premio!, ¿cómo le avisaron?

Anoche recibí una llamada del Presidente del Consejo Nacional de Cultura de México, que para los efectos es el Ministro de Cultura, para anunciarme que el jurado reunido en Madrid (España) en los días anteriores había decidido otorgarme este premio en su segunda convocatoria y me impuso el voto de silencio hasta hoy a las 11 de la mañana. Tanto Conaculta como la  Universidad Nacional Autónoma, que son los patrocinadores del premio, iban a hacer el anuncio oficial. De manera que esa fue la manera que la noticia llegó a mi conocimiento.

Yo sabía que era candidato porque la Fundación de Gabriel García Márquez de Colombia me había propuesto.

¿Qué significa para usted este nuevo galardón?

Me impone una meditación sobre mi obra literaria. La obra literaria se va construyendo de jalones, en el camino. Yo he recorrido ya un largo camino. Cuando un premio reconoce la obra de una vida, pues lo mínimo que uno siente es satisfacción; que un jurado de esta categoría, donde está Mario Vargas Llosa, Juan Goytisolo, grandes escritores de la lengua tome esta decisión. De manera que te decía de meditación, porque no significa sentarse en una piedra en el camino y decir yo hasta aquí, sino recibir un impulso y seguir escribiendo hasta el final. La tarea de un escritor es escribir y en la escritura no hay tercera edad, y uno sigue escribiendo y escribiendo hasta el día final.

El jurado destaca el papel como “intelectual libre y crítico de alta vocación cívica” y hablan de su compromiso, de “una  literatura comprometida con la alta calidad literaria”, ¿qué sintió usted cuando leyó esto?

Yo pensé en Carlos Fuentes, cuyo nombre lleva el premio porque yo de chiquito quería ser como Carlos Fuentes. Cuando comencé a escribir siendo adolescente, y me encontré con la figura de Carlos Fuentes y su obra literaria, pero también con su conducta.  Carlos Fuentes no tenía pelos en la lengua, y llamaba al pan-pan, al vino-vino. No se arredraba. Sentía que su deber de escritor le imponía un deber ciudadano y por el hecho de tener un altavoz con sus novelas, su trabajo literario, debería usar esa voz en favor de una causa o de las causas. Yo aprendí de allí que si uno es escritor no puede dejar de ser ciudadano y usar su voz para hablar. Quizás es un poco arrogante decir hablar en nombre de los que no tienen voz, pero es lo que siempre he sentido.

En una de sus primeras reacciones a la prensa internacional, usted dijo que “los astros se habían alineado”, porque muchos de sus tutores literarios tenían que ver con el premio

Yo le decía a mi mujer: ´Mirá que coincidencias estas. Me dan este premio que se llama Carlos Fuentes en el año en que celebrábamos el nacimiento de Julio Cortázar. El primero en ganárselo fue Mario Vargas Llosa, se da ahora por segunda vez, y me propone la fundación Gabriel García Márquez. Entonces los astros se han alineado de una manera estupenda para mí, es decir mis dioses tutelares. Antes los griegos creían que cada Dios se convertía en una estrella y también lo creían los aztecas, y esos dioses tutelares se alinearon para que yo pudiera recibir este reconocimiento. Son los que me enseñaron a escribir. Para mí fueron maestros en todos los sentidos. A todos los he conocido, a todos los llegué a conocer, a todos los he tratado, los leí profundamente y ¡vaya estoy siempre bajo su protección tutelar!´.

Usted siempre ha expresado el compromiso del escritor con la realidad. Ha hecho periodismo, ha escrito novela, ha hecho crónicas, ¿cómo se siente a esta edad de su desarrollo intelectual, de su carrera como escritor?

A mí me tocó entrar en la política por una puerta dolorosa que fue la masacre estudiantil del 23 de julio de 1959 cuando el Ejército de Somoza disparó contra una manifestación inerme de estudiantes y yo estaba ahí. Sobreviví a esa masacre y desde entonces me hice cargo de mis propias convicciones, mis propios ideales, y son convicciones, ideales, que yo nunca he abandonado. Siguen intactos en mí.  No han cambiado nada. Por lo tanto los llevo conmigo, acompañan mi escritura. Nada de lo que uno escribe puede estar ajeno a ese resplandor ético que la escritura tiene que tener. Yo me siento feliz que a estas alturas del campeonato yo conserve intacto pues esos ideales y yo voy a seguirlos llevando adelante.  Eso es lo que a mí me da lo que el jurado tan graciosamente dice esa virtud de crítica.

En la prensa internacional usted menciona que la realidad se mezcla con la fantasía en Nicaragua y pone el caso del canal interoceánico…

(Ríe) Nosotros vivimos en Nicaragua y no sabemos cuándo la ficción sustituye a la realidad o dónde comienza la realidad o dónde comienza la ficción y yo eso le decía al periodista de El País, que me llamó muy temprano, y me hacía esa pregunta y yo le decía bueno aquí de repente viene un chino que tiene como profesión ser herbolario, que se graduó en una universidad que nadie sabe y que dice que va construir un canal de 300 kilómetros, que como que tuviera la lámpara de Aladino en cinco años y que va costar 50, 000 millones de dólares y muchos se sientan a la vera de ese imaginario canal, esperando ver pasar esos barcos. Empezando que todos vamos a ser ricos y prósperos. ¡Eso es realismo mágico! No puede dejar de serlo. Cuando uno confunde la fantasía con la realidad y cuando un país vive eternamente de sus mitos, ¡eso también es realismo mágico! Seguimos viviendo de los viejos mitos y cualquier farsante, cualquier vendedor de agua de colores viene, toca la varita mágica y el mito despierta y nos vuelve a envolver.

Pero esa es una materia grande para un novelista supongo…

¡Esa será mi novela! (Ríe)

¿Cuál es la más grande satisfacción que usted ha tenido cómo escritor?

Yo no te diría que una sola satisfacción, porque cada vez que termino un libro es una gran satisfacción. Es como un premio. Cuando uno le pone punto final al libro, ya sabe que está, y lo pone en el correo para mandarlo al agente literario, entonces esa es una gran felicidad para mí. Uno escribe para eso: para terminar un libro. Pero mientras estoy haciendo eso ya tengo otro libro en la cabeza y ya estoy desesperado por empezar el otro. Esa es la condena del escritor.

¿Qué siente que le hace falta por hacer en literatura?

Escribir, escribir y escribir, y pienso que todavía tengo que escribir mi gran novela.

¿Cuál sería?

No lo sé. Pero tengo que escribirla. No sé si la vida me va dar tiempo para eso pero no estoy satisfecho con lo que he hecho. Yo siento que debo todavía explorar otros caminos, otros temas, hacer la novela que yo quiero.

 

El gozo de la literatura y la amistad

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez fue uno de los amigos más cercanos a Carlos Fuentes hasta la muerte del escritor mexicano en 2012. Un afecto en la que compartieron el gozo de la literatura y la pasión por las letras en general.

Quizás uno de los reconocimientos mayores que ha recibido la obra de Ramírez, ganador del premio Alfaguara de Novela en 1998, del Premio José Donoso 2011, entre otros, se la dio el propio Fuentes cuando llamó a la novela Castigo Divino (Premio Dashiel Hammett 1990) la gran novela centroamericana.

«Sergio Ramírez ha escrito la gran novela de Centroamérica, la novela que hacía falta para llegar a la intimidad de sus gentes, para viajar a la frontera misma entre sus tradiciones persistentes y sus posibilidades de renovación», dijo Fuentes.

Según Ramírez, compartían encuentros hablando de versos, novelas, cine y boleros donde se encontraba Álvaro Mutis,  García Márquez,  Héctor Aguilar Camín,  entre otros.

 

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