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Acusados denunciaron al jefe de investigaciones de la Policía por torturarlos

Relatos de horror en juicio por masacre sandinista

Juez declara culpables a todos los acusados, en un proceso plagado de irregularidades y violaciones a los derechos humanos. Para “Los tirapiedras” Fiscalía pidió dos años de prisión

Ismael López | 11/10/2014
@lopezismael

Fue un relato de horror. Minutos antes de que fueran condenados por el juez Edgard Altamirano por la masacre del 19 de julio, en un maratónico juicio que concluyó la noche del pasado jueves, Eddy Gutiérrez, Jairo Obando y Wilfredo Balmaceda hicieron uso de la última palabra, un derecho de todo acusado al final de un  juicio, para declararse inocentes y denunciar torturas de parte de altos jefes policiales.

Gutiérrez, con la voz entrecortada, dijo que cuatro días después de ser capturado, autoridades de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ) lo llevaron a una casa particular donde lo esperaba el Comisionado general y jefe de investigaciones de la Policía Ramón Avellán. “Había dos vehículos, dos prados, una camioneta crema como del 2010 o 2006 y otra blanca más moderna… El señor Avellán me llevó a una casa particular y ahí comenzó la peor tortura, una cosa fea que no se la deseo a nadie”, dijo.

El relato de Gutiérrez sorprendió a todos en el séptimo y último día del juicio en el que los 12 campesinos acusados de la masacre del 19 de julio fueron encontrados culpables de una matanza en la que cinco simpatizantes del FSLN murieron y 29 más resultaron heridos, luego de que dos caravanas fueran refaguedas en el kilómetro 75 de la Carreta norte y en San Ramón, Matagalpa cuando el país celebraba los 35 años de la derrota de la dictadura somocista.

“Comenzaron a ocuparme de sand bag como dicen pues, sopa de muñeca... En ese momento decidieron que yo tenía que ir a traer a Jairo (Obando). Yo con el comisionado de auxilio judicial como a las 11 salimos de ahí y fuimos a la casa de Jairo a capturarlo llegamos como a eso de la una”, relató Gutiérrez, mientras sus familiares, presentes en la sala de juicio, lloraban.

Gutiérrez, Obando y el capitán retirado del Ejército, Pablo Martínez Ruiz, prófugo de la justicia, fueron los tres tiradores de la Carretera norte, según la tésis de la Policía y la Fiscalía. Sin embargo, de este último no se aportó una sola prueba durante el proceso y apenas fue mencionado por la fiscal María Oviedo durante los alegatos finales del juicio.

Los tiradores de San Ramón, habrían sido Rosendo Huerta, con la complicidad, según el veredicto del juez, de su cuñado Zacarías Cano.

Jairo Obando fue el último de los tres procesados en hablar. Tomó el micrófono, saludó a los presentes y se declaró inocente.

“Fui capturado el tres de agosto a la una de la mañana. Me torturaron como si yo fuera un delincuente. Uno, con el perdón de ustedes, me puso el Ak en el ano, el otro en las costillas y el otro en la cabeza. Me dijeron aquí vas hacer lo que digamos hijo de la tal por cual, porque estás en nuestras manos, si no ya sabes, si no tu familia se va a morir y los vamos a decapitar manos por manos y pies por pies. Y yo tuve miedo porque la verdad mi familia es todo para mí”, dijo Obando.

“A media noche –continuó Obando– me tiraban hormigas y yo sin camisa, solo con pantalón sin zapato y sin nada, me tiraban hormigas … me tiraban patadas a darme a mí. Me trataban como animal después me bajaron y me llevaron como un perro y me jalaban y me arrastraban como animal. Me dijeron que me iba a bañar porque iba a dar una entrevista. Y yo con miedo y nervios y todo y me sientan en una mesa y están 8 personas apuntándome con una Ak de civil, pero sí encapuchado para que yo hiciera lo que ellos me iban a decir y si yo me movía o hacia un movimiento en falso, aquí te morís hijueputa… “.

“Me torturaron y tocaron lo más débil de mí: mi familia. Yo por mi familia, dije, ni modo que me maten, voy hacer lo que ellos digan”, relató Obando.

Confidencial buscó una reacción en la sala de juicio donde estaban presentes Avellán y el jefe de la DAJ Comisionado general Juan Ramón Gámez, pero huyeron a preguntas de los periodistas.

Los tres acusados narraron que el video presentado por la jefa de la Policía Aminta Granera en conferencia de prensa, en el que ellos aparecen confesando el crimen, fueron obligados a filmarlo.

“Quiero dejar claro que en el informe (video) que pasa la Policía dice que de mi libre y espontánea voluntad les he dado una entrevista en donde yo acepto los cargos que ellos me señalan. En ningún momento le he dado a la Policía una entrevista de mi libre y espontánea voluntad y ellos muy bien lo saben. Si yo les hubiera dado una entrevista de mi libre y espontánea voluntad aceptando los cargos que me señalan, yo al inicio de este juicio me hubiera declarado culpable, señor juez”, dijo Balmaceda.

Marlon Aburto, defensor de los únicos tres de los 12 acusados que hicieron uso del derecho a la palabra, dijo que el juez Altamirano debió tomar en cuenta el testimonio de sus defendidos en el veredicto.

“A mí, Marlon Aburto, con experiencia de andar litigando, fui militar mucho tiempo, hasta ganas de llorar me dio, porque nunca iba a pensar que en este país iba a pasar eso”, dijo Aburto.

Carlos Baltodano, que defendía al transportista Walter Balmaceda, a Erick Salgado y los hermanos Torres, conocidos como “Los tirapiedras”, denunció que sus clientes también sufrieron torturas.

“Hasta yo, que fui militar, me quedé asustado de la forma en que torturaron al hombre. A mi mis clientes me lo dijeron pero les dije no lo digan para no predisponer la decisión del juez pero también fueron torturados”, dijo Baltodano.

“Por ejemplo a Erick (Salgado) él me comentó que lo agarraron como saco de papas, les daban golpes con el puño en sus costados, le daban con la culata del fusil en sus costados –dijo Baltodano--. “A Juan José y a Gregorio (Torres) también los golpearon. A Walter no lo golpearon pero psicológicamente si lo torturaron”.

Norwin Solano, abogado del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, dijo que no es la primera vez que denuncian torturas de parte de altos jefes policiales en la DAJ. Catalogo la denuncia como un retroceso en la protección de derechos humanos.

La foto que contradice la tésis de la Policía

La misma noche que la Policía ubica a Eddy Gutiérrez en la escena del crimen disparando, su cuñada Emigdia Torres le tomó dos fotografías. El sistema de la cámara Sony revela que la primera foto fue captada el 19 de julio a las 9 y 20 de la noche y la segunda a las 9 y 21.

En la fotografía se observa a Gutiérrez que carga a su hija dormida para subirla a una camioneta. Torres, que fue uno de los testigos del defensor Marlon Aburto, le dijo al juez que ese día, celebraban en la casa de la mamá de Gutiérrez el Divino niño y que le pareció gracioso que el acusado cargara a su hija, mayor de 10 años.

“Esto es un mal precedente para la justicia y digo que es un mal precedente porque aquí va a venir un jefe de la policía diciendo que la inteligencia le dijo esto lo otro de ustedes de mí y a todos nos van a meter preso porque en este juicio no hubo ni un testigo que lograra a ninguno de los acusados, ninguno de ellos es culpable”, dijo Carlos Baltodano, otro de los defensores.

Condenados todos

Después de concluir el juicio, Altamirano se tomó una hora y media para dictar su veredicto. A Salgado y los hermanos Torres, conocidos militantes sandinistas de Ciudad Darío, los declaró culpables por Daños agravados. La Fiscalía pidió para ellos dos años de prisión.

Los tres habrían sido contratados por el transportista Walter Balmaceda para apedrear las caravanas, que los buses aminoraran la velocidad y que así fueran blancos fáciles de los tiradores. 

Balmaceda, según la tésis de la Fiscalía, fue contactado por su primo (los abogados defensores niegan que sean familia) Wilfredo Balmaceda para orientarle que buscara a “Los tirapiedras”.

Altamirano culpó a Walter Balmaceda por el delito de asesinato y lesiones graves. La Fiscalía pidió para él 18 años de prisión. José Olivar Meza Raudez, es un campesino de San Isidro acusado de brindar alojamiento a los involucrados en la masacre. El juez lo condenó por el delito de encubrimiento. La fiscal Oviedo pidió para él 15 años de cárcel.

El resto de acusados fueron encontrados culpables de asesinato, crimen organizado y conspiración y lesiones graves. Para todos la Fiscalía pidió 30 años de cárcel.

 

ABC del caso

El juicio arrancó el pasado tres de octubre bajo fuertes medidas de seguridad. Según la investigación policial los preparativos para la masacre comenzaron el 10 de junio cuando se reunieron en Ciudad Darío, Matagalpa, Leonel Poveda, Wilfredo Balmaceda, Eddy Gutiérrez,  Pablo Martínez Ruiz, Rosendo Huertas –señalado de ser uno de los tiradores en San Ramón, Matagalpa-- y José Cortez. El objetivo era planear el atentado.

Después se unirían al grupo Zacarías Cano, Jairo Obando y Walter Balmaceda. Sin embargo, durante los siete días que duró el juicio, el Ministerio Público presentó como testigos a policías y personas que resultaron lesionadas durante la estrategia.

Uno de los testigos estrellas de la Fiscalía era Cleofás Ríos, un militante sandinista que viajaba en el bus que conducía aquella noche Walter Balmaceda y en el que transportaban “Los tirapiedras”, dijo al juez Altamirano que ellos pasaron por el lugar de la tragedia a las 10 y 30 de la noche, casi una hora después de la tragedia.

“Yo vine aquí señor juez a decirle la verdad”, dijo Ríos ante el asombro de la fiscal María Oviedo. 

Domingo Ruiz, responsable político del FSLN en la comunidad de Los Encuentros, Ciudad Darío, también desfiló como testigo propuesto por el defensor Carlos Baltodano. Le contó a Altamirano la misma versión de Ríos: que aquella noche pasaron por el lugar cuando ya la tragedia se había consumado.

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