Confidencial » Blog » Leer artículo

Entre autores y personajes

¿Desgasta el vivir, morir y soñar?

Según los médicos y escritores Deepak Chopra y Brian Weiss: “venimos para aprender, mientras no aprendamos, volveremos”. Me falta aprender, nuestra generación tiene mucho por aprender y hacer

Francisco Bautista Lara | 31/7/2014

“El tiempo se había hecho añicos” 

Mo Yan

 “El tiempo se había hecho añicos” 
Mo Yan

Cuando estuve en Taiwán (1995) tuve la oportunidad de descubrir, a partir de amenas conversaciones con pobladores comunes, monjes y monjas budistas y taoístas en sus monasterios, los encantos de la cultura, las creencias y la religión en China, a pesar de la influencia occidental y global de la que esta región no está exenta. No es lo mismo leerlo o que te lo cuenten, que escucharlos, desde su convicción natural, con los argumentos aprendidos y las prácticas cotidianas, asomándose a su cosmovisión, del cómo explican la vida y la muerte, cómo entienden el mundo, la felicidad y la reencarnación. Desde la milenaria cultura que en occidente comprendemos poco, el escritor chino Mo Yan en “La vida y la muerte me están desgastando” (2006; título original: Shengsi pilao), cuenta con agradable humor sobre lo último. Después de disfrutar la lectura de la novela, comparto el mensaje esencial que el relato plantea: morimos y nacemos, el camino para aprender es morir y nacer de nuevo.

China es relevante en el panorama contemporáneo por su beligerancia en todos los ámbitos. Desde 2008 es la segunda economía mundial, tiene la mayor población entre las naciones, el mandarín es la lengua más hablada y su presencia en Latinoamérica es creciente, particularmente ahora cuando ha entrado a formar parte del viejo sueño de Nicaragua, que a veces nos entusiasma y otras nos atormenta como una pesadilla: el Canal Interoceánico

En cuanto al más importante reconocimiento internacional, el premio Nobel que se otorga por aportes en beneficio de la humanidad, en el 2000 el Nobel de Literatura fue concedido al escritor y dramaturgo Gao Xingian (Ganzhou, 1940), disidente del régimen comunista, actual ciudadano francés. En 2010, el intelectual, activista de los Derechos Humanos y pro reforma en la República Popular de China, Liu Xiaobo (1955), a pesar de la queja oficial, recibió en prisión, el premio Nobel de la Paz. En 2012, la Academia Sueca concedió a Mo Yan -Guan Moye-, (1955), el Nobel de Literatura, siendo el primer chino residiendo en China y sin ciudadanía extranjera en recibirlo.

Según Mo Yan “El Nobel es un premio occidental, es difícil para los extranjeros comprender la literatura china. Además, es compleja de traducir a otros idiomas”. Reconoció ser “un escritor de las personas, no del Partido”, que la Revolución Cultural era “atribuible a los errores de unos cuantos mandatarios”, reconoce que “la censura en China era un mal necesario” y que, “lo que escribió Marx en el Manifiesto Comunista es de una belleza magnífica. No obstante, me parece muy complicado llevar ese sueño a la práctica… el marxismo ha salvado al capitalismo, porque los que realmente se han beneficiado de las bendiciones de esa ideología son las sociedades occidentales”.  Afirma que “un escritor habla de lo que sabe, y en la forma que le es más familiar. Yo crecí solo y hambriento…”. Destaca una aguda crítica social que fluye desde la tradición y lo actual: “Debido a mi origen humilde, las historias que escribía estaban repletas de opiniones de los más comunes…”. La Academia lo calificó como el mejor escritor del momento destacando que “combina los cuentos populares, la historia y lo contemporáneo con un realismo alucinatorio”. Centrado en la tristeza y la belleza, tiene “una imaginación fértil gracias a las tradiciones populares chinas que trata de perpetuar”.

Dejemos al autor y volvamos a la novela a la cual nos referimos: “La vida y la muerte me están desgastando” (2006), es un extenso y fascinante relato que recoge tradiciones y acontecimientos políticos, sociales e históricos de China durante los últimos cincuenta años del siglo pasado (1950-2000), comienza el 1 de enero de 1950. El tirano terrateniente Ximen Nao, uno de los narradores, es ejecutado sin que de sus labios saliera “ni una sola palabra de arrepentimiento”,  “como un hombre de hierro”, arrogante, reencarna sucesivamente en burro - “el alma de un hombre encerrada en el cuerpo de un burro”-, después en buey, asume la humillación de ser cerdo y perro. Cada vez sabía que tendrían que matarlo para dejar de ser lo que era, hasta que al morir como perro, el señor Yama del inframundo le dijo: “…te voy a enviar una vez mas de vuelta como miembro del reino animal… espero que durante esos años seas capaz de purgar el odio que alberga tu corazón” y lo regresó mono; después de morir, volvió finalmente como el niño Lan Qiansui, una reencarnación en la que podría “tener una oportunidad para sentirse orgulloso”.

Mo Yan es narrador y personaje, recorre el ciclo de la vida de cada uno de los animales en las que el alma de Ximen Nao reencarna en el proceso de existencia y evolución, en cada vida sufre las injusticia de las que tiene que aprender y mejorar, conserva el lejano recuerdo del hombre que fue y que en cada nueva transmigración, es más distante. “Solo quiero llevar una vida tranquila y ser mi propio amo. No quiero que nadie me diga lo que debo hacer”. El perro pensó: “De ahora en adelante no podía confiar en nadie más que en mí mismo”. El señor Yama dijo al alma del hombre que salía del buey: “¿Por qué no borras de tu mente los malos recuerdos y buscas la felicidad?”.

Las culturas orientales y muchas de las precolombinas creen en la reencarnación, el cristianismo que condiciona nuestras creencias y comportamientos culturales, no.  Con esto del canal por Nicaragua, un sueño que viene y se va, un de ja vú recurrente, me pregunto: ¿será que viejas generaciones vuelven para hacer posible lo que antes se frustró?

Desde tiempos remotos soñamos en un canal que a través de nuestro territorio uniera los océanos, ha sido: “el paso codiciado”. Seguiremos soñando hasta que sea posible o hasta que un día nos cansemos ¿de morir? ¿de nacer? ¿O de pensar en el pasado? No sé ustedes, espero volver. Según los médicos y escritores Deepak Chopra y Brian Weiss: “venimos para aprender, mientras no aprendamos, volveremos”, me falta aprender, nuestra generación tiene mucho por aprender y hacer.

Estoy comenzando a pensar –sin llegar a convencerme-, que algunos asuntos recurrentes (políticos, sociales e históricos) en nuestra sociedad no son debidos a la “cultura política” como escribió con seriedad Emilio Álvarez, ni al “inconsciente colectivo” sobre lo que diserta Aldo Díaz Lacayo, ni a la “herencia genética”, según insinúa Mario Urtecho desde la ficción en “Mala casta” –expresión del Güegüense-, sino que la explicación está en lo que cuenta Mo Yan. No sé ustedes, piensen como quieran, según el recuerdo consciente o inconsciente que como individuos o colectividad, guardan, guardamos. ¿No dicen que los primeros habitantes del continente vinieron de Asia cruzando el estrecho de Bering en sucesivas oleadas migratorias?

Nos vemos en la próxima, ¿quién sabe? Me gustaría asomarme para ver qué pasará después…

Descripción

Estimados lectores, a partir de la fecha, dos veces al mes, compartiremos con ustedes a través de este espacio, breves artículos sobre literatura, para invitarlos a leer, disfrutar y »

Acerca del Autor

El autor es escritor, académico y consultor nicaragüense, especialista en seguridad ciudadana y policía. Economista, master en Administración y Dirección de Empresas »

Entradas Antiguas