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Centenario del inicio de la I Guerra Mundial

La guerra es un fenómeno digno de estudiarse, hasta hoy sólo han dejado desolación y muerte

Lilly Soto Vásquez | 10/7/2014

En  este año 2014, se cumple el centenario de los inicios de la I Guerra Mundial, la gran guerra que inició una nueva época en los asuntos mundiales. Para algunos de los estudiosos y de los sobrevivientes –en su momento- “todo lo que había ocurrido entre 1914-1918 era una atávica aberración de las normas de la vida civilizada”. (McNeill, William,1998: 343). Las víctimas de semejante masacre han sido calculadas en 60 millones y los costos en 260 mil millones de dólares. (Kennedy, Paul, 1998: 442)

Las causas, según el ex ministro de colonias de Alemania, Denburg, fueron las siguientes:

El mundo durante el último medio siglo, se ha democratizado y el poder e influencia de las dinastías ha tenido que dar paso al espíritu de nacionalismo y de raza. Eso ha acontecido en Rusia, en donde el zar se ha declarado campeón del paneslavismo sosteniendo que todos    los pueblos de la raza eslava deben ser dominados y protegidos por Rusia. El declaró que el ataque de Servia por Austria era una cuestión de vida o muerte para Rusia y lo mismo era para Austria, que tiene más de 20 millones de súbditos eslavos, la cual, si accede a las aspiraciones de Rusia habría accedido a la destrucción de su Imperio. Que la guerra haya estallado en la actualidad, como consecuencia del asesinato de Sarajevo (del Archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona de Austria y de su esposa, la archiduquesa Sofía, duquesa de Hoenberg ,realizado por el estudiante Gavrilo Prinzip, de 19 años, natural de Grahovo, población del distrito de Luvno, la bomba inicial fue lanzada por el tipógrafo Nedeljko   Cabrinovik, de 21 años .El hecho ocurrió el 28 de junio de 1914) o más tarde, eso no tiene importancia porque la guerra era inevitable. Alemania ha tenido que ir a la guerra por sostener a su aliada, porque si permitía la destrucción de Austria se hubiera encontrado enteramente  aislada y rodeada de enemigas. Francia, que es la que ha proporcionado el dinero a Rusia para prepararse en su afán de obtener la revancha del 70 y en cumplimiento de su alianza, ha tenido que entrar también en el conflicto; Inglaterra, cuya teoría ha sido durante siglos   sostener el equilibrio europeo, dividiendo los países en dos bandos más o menos iguales, para así, al decidirse a tomar participación, inclinarla balanza en el lado que ella tomara, con el   pretexto de la violación de la neutralidad de Bélgica ha ido a la guerra, temerosa, en realidad, del engrandecimiento de Alemania. En conclusión, el origen de la guerra actual es la agitación     paneslavista, viendo la necesidad de sostener el prestigio ruso el que obligó al Zar a encararse con Austria. De manera que lo que se está decidiendo es si los rusos han de   dominar desde el mar Amarillo hasta Berlín o si Alemania misma combatiendo a las naciones civilizadas del Oeste, logrará sostener y mantener la civilización europea libre del knout de los cosacos. Dos soluciones, pues, se presentaban a Alemania: declararse vencida sin combatir o ir a la guerra en el momento más propicio para conquistar el lugar apetecido. No le quedaba otro recurso. (Calvo,Gonzalo y Brissa, José. La guerra europea. 1914-1915.Tomo I, Barcelona, Maucci: 372-373).

El texto con que el emperador Francisco José del imperio austro-húngaro declaró la guerra a Servia es el siguiente:

No habiendo respondido el Gobierno real de Servia de un modo satisfactorio a la Nota que le fue   remitida por el ministro de Austria en Belgrado con fecha del 23 de julio de 1914, el Gobierno imperial y real se halla en la necesidad de acudir él mismo a la salvaguarda de sus intereses y recurrir para dicho fin a la fuerza de las armas. Austria se considera, pues, a partir de este   momento, en estado de guerra con Servia. (Calvo,Gonzalo y Brissa, José. La guerra europea. 1914-1915.Tomo I, Barcelona, Maucci:50).

Ante estos hechos, el gobierno británico procurando el mantenimiento de la paz europea, propuso una acción simultánea de Inglaterra, Francia, Alemania e Italia, con el fin de asegurar a Austria todas las satisfacciones legítimas a procurar un arreglo equitativo del conflicto, pero todo lo propuesto se estrellaba en Berlín.

El 31 de julio Alemania proclamaba el estado de preparación de guerra y cortaba las comunicaciones entre ella y el resto de Europa y proseguía contra Francia, en secreto, preparativos militares.

Los enfoques con los que se ha estudiado hasta hoy, la I GM son los siguientes: 1) Las guerras pueden ser consideradas como un ejercicio más en la política de equilibrio de poder dentro de un sistema de Estados rivales;2) Si las revoluciones democrática e industrial fueron, entre otras cosas, respuestas a una presión demográfica que afectó a Europa occidental hacia finales del siglo XVIII, las convulsiones militares del siglo XX pueden interpretarse del mismo modo, como respuesta  a los choques entre crecimiento demográfico y los límites establecidos por los modelos tradicionales de vida rural en Europa central y oriental en particular, y también en grandes áreas de Asia de forma más diversificada y abigarrada, y 3) la manera en que los países industriales más desarrollados se reorganizaron para la guerra siguiendo pautas imprevisibles e inesperadas, inaugurando la época de las economías administradas que se ha convertido en el sello del mundo contemporáneo, es decir, la supremacía del mandato sobre el mercado como el método preferido para la movilización del esfuerzo humano a gran escala.

Las consecuencias de la I Guerra Mundial, según el historiador inglés Eric Hobsbawm son las que a continuación, se detallan :  

Teóricamente, el compromiso sobre alguno de los «objetivos de guerra» casi megalomaníacos      que ambos bandos formularon en cuanto estallaron las hostilidades era posible, pero en la práctica el único objetivo de guerra que importaba era la victoria total, lo que en la segunda guerra mundial se dio en llamar «rendición incondicional».

Era un objetivo absurdo y destructivo que arruinó tanto a los vencedores como a los vencidos.      Precipitó a los países derrotados en la revolución y a los vencedores en la bancarrota y en el agotamiento material. En 1940, Francia fue aplastada, con ridícula facilidad y rapidez, por unas     fuerzas alemanas inferiores y aceptó sin dilación la subordinación a Hitler porque el país había   quedado casi completamente desangrado en 1914-1918. Por su parte, Gran Bretaña no volvió a     ser la misma a partir de 1918 porque la economía del país se había arruinado al luchar en una guerra que quedaba fuera del alcance de sus posibilidades y recursos. Además, la victoria total, ratificada por una paz impuesta que establecía unas durísimas condiciones, dio al traste con las escasas posibilidades que existían de restablecer, al menos en cierto grado, una Europa estable, liberal y burguesa.

Las condiciones de la paz impuesta por las principales potencias vencedoras sobrevivientes (los     Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia e Italia) y que suele denominarse, de manera imprecisa, tratado de Versalles, 1 respondían a cinco consideraciones principales. La más inmediata era el     derrumbamiento de un gran número de regímenes en Europa y la eclosión en Rusia de un régimen bolchevique revolucionario alternativo dedicado a la subversión universal e imán de las    fuerzas revolucionarias de todo el mundo. En segundo lugar, se consideraba necesario controlar a Alemania, que, después de todo, había estado a punto de derrotar con sus solas fuerzas a toda la coalición aliada. En tercer lugar, había que reestructurar el mapa de Europa, tanto para debilitar a Alemania como para llenar los grandes espacios vacíos que habían dejado en Europa y en el Próximo Oriente la derrota y el hundimiento simultáneo de los imperios ruso, austrohúngaro y turco. Los principales aspirantes a esa herencia, al menos en Europa, eran una serie de movimientos nacionalistas que los vencedores apoyaron siempre que fueran antibolcheviques. De hecho, el principio fundamental que guiaba en Europa la reestructuración del mapa era la creación de estados nacionales étnico-lingüísticos, según el principio de que las naciones tenían «derecho a la autodeterminación». El presidente de los Estados Unidos, Wilson, cuyos puntos de vista expresaban los de la potencia sin cuya intervención se habría perdido la guerra, defendía    apasionadamente ese principio, que era (y todavía lo es) más fácilmente sustentado por quienes estaban alejados de las realidades étnicas y lingüísticas de las regiones que debían ser divididas en estados nacionales. El resultado de ese intento fue realmente desastroso, como lo atestigua todavía la Europa del decenio de 1990. Los conflictos nacionales que desgarran el continente en los años noventa estaban larvados ya en la obra de Versalles. La reorganización del Próximo Oriente se realizó según principios imperialistas convencionales —reparto entre Gran Bretaña y Francia—excepto en el caso de Palestina, donde el gobierno británico, anhelando contar con el apoyo de la comunidad judía internacional durante la guerra, había prometido, no sin imprudencia y ambigüedad, establecer «una patria nacional» para los judíos. Esta sería otra secuela problemática e insuperada de la primera guerra mundial.

El cuarto conjunto de consideraciones eran las de la política nacional de los países vencedores —en la práctica, Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos— y las fricciones entre ellos. La consecuencia más importante de esas consideraciones políticas internas fue que el Congreso de los Estados Unidos se negó a ratificar el tratado de paz, que en gran medida había sido redactado por y para su presidente, y por consiguiente los Estados Unidos se retiraron del mismo, hecho que habría de tener importantes consecuencias. Finalmente, las potencias vencedoras trataron de conseguir una paz que hiciera imposible una nueva guerra como la que acababa de devastar el mundo y cuyas consecuencias estaban sufriendo. El fracaso que cosecharon fue realmente estrepitoso, pues veinte años más tarde el mundo estaba nuevamente en guerra. (Hobsbawn. Historia del siglo XX. 1914-1991. Barcelona, Crítica, 1995: 39 y ss).

La guerra es un fenómeno digno de estudiarse, hasta hoy sólo han dejado desolación y muerte.

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Guatemala de la Asunción , 9de julio  de 2014

 

 

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