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Los brasileños en contra del mundial

La realización del Mundial ha evidenciado, dicen los analistas, la enorme e ineficiente burocracia brasileña, los altos niveles de corrupción instalados en el sector público y privado y la incapacidad de las autoridades para llevar adelante las obras de infraestructura que se habían prometido

Rubén Aguilar Valenzuela | 12/6/2014
@RubenAguilar

Los brasileños que se oponen al Mundial no son la mayoría, pero sí un grupo significativo con capacidad para movilizarse y hacer escuchar su descontento a través de la protesta en las calles. El punto central de su rechazo son los recursos que el gobierno ha destinado para la organización del evento que ascienden a 11,500 millones de dólares.

 Argumentan que la organización del Mundial más caro de la historia no trae beneficios tangibles para el Brasil, que quien gana es la FIFA y que los recursos se pudieron haber destinado a mejorar la infraestructura, el transporte, la salud y la educación. Los críticos sostienen que “el futbol es el opio del pueblo brasileño”.

En 2008, el 78% de los brasileños estaba de acuerdo que su país organizara el Mundial, pero ahora sólo el 49% y en 2013 el 48% pensaba que la Copa traería beneficios para el país y en 2014 sólo el 36 por ciento, según la reconocida encuestadora Datafolha. Los analistas sostienen que el móvil real de las protestas es que el Mundial se ha convertido en un símbolo de las promesas sociales no cumplidas.

 El auge del país, su reconocimiento a nivel internacional, no se ha traducido en modificaciones relevantes en la calidad de vida de la gran mayoría de la población sobre todo de las clases medias. El gobierno, eso dicen los que protestan, con la organización del Mundial “quieren tapar los problemas que se vive en el país” y añaden que “ojalá pierda el Brasil, para que la gente abra los ojos a la realidad”.

La realización del Mundial ha evidenciado, dicen los analistas, la enorme e ineficiente burocracia brasileña, los altos niveles de corrupción instalados en el sector público y privado y la incapacidad de las autoridades para llevar adelante las obras de infraestructura que se habían prometido. Los 12 estadios estarán listos para el día de la inauguración, pero no el resto de las otras obras (calles, avenidas, aeropuertos…)

Mailson da Nóbrega, que fuera ministro de Hacienda y ahora dirige el centro de estudios económicos Tendencias, en Sao Pablo, asegura que quienes protestan “está reaccionado al derroche, los proyectos de infraestructura inconclusos, las acusaciones de corrupción, la baja calidad de los colegios y los hospitales, el mal uso de los recursos”.

La protesta es contra el gobierno y no la selección nacional y sus integrantes, que gozan de gran prestigio en la sociedad brasileña. El gran futbolista Romário, parte del equipo que ganó el Mundial de 1994, y ahora actúa como diputado ha dicho públicamente que este Mundial “es el mayor robo en la historia de Brasil”. Las autoridades se han preparado para contener a los grupos, siempre pequeños, que pretendan perturbar el evento. En este entorno ¿qué pasaría si Brasil no gana el Mundial? Ya se verá.

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Publicado originalmente en Infolatam.

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