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En temporada baja, mil nicas obtienen su visa en el Consulado de Costa Rica

Un día en fila para emigrar

La válvula de escape del modelo económico: la migración a Costa Rica con la esperanza de conseguir un empleo mejor remunerado

Octavio Enríquez | 19/5/2014
@cabistan

Una mujer descansa sentada en una cuneta frente al Consulado de Costa Rica en Reparto San Juan. Estira las piernas en este barrio residencial de Managua y entiende que quizás lo mejor sería quedarse callada, pero no puede y quizás no quiere.

Hace unos minutos riñó con la señora que corta tomates en rodajas para colocarlas encima del repollo seco que acompaña la pieza de pollo y las tajadas que los migrantes nicaragüenses se comen a cambio de diez córdobas.

-Es como medio sin vergüenza que usted diga que no va poner el lomo a otro país, pero bien que se gana la vida vendiéndonos a nosotros-  la increpa.

- Mirá mamita, aquí yo puedo decir lo que quiera, gritar si quiero y nadie me va joder como ustedes que van a ese país- le dice la otra, mientras señala teatral la bandera de Costa Rica izada a sus espaldas.

Un promedio diario que oscila entre 700 y 1,000 nicaragüenses son visados, después de pagar 32 dólares para entrar legalmente a Costa Rica. Ocurre así en temporada baja según el embajador costarricense Javier Sancho.

“En temporadas altas como Semana Santa, la Purísima, Navidad, fin de  año, los viajeros pueden aumentar al doble, estamos hablando de 1,500 hasta 3,000 por día. Hay días que hemos visado hasta 3,000 personas”, recalcó el diplomático que explica que más de 6,400 nicaragüenses escogieron el año pasado el camino de la ilegalidad y fueron regresados por la patrulla fronteriza.

“Siempre he dicho que Costa Rica reconoce el aporte de la mano de obra nicaragüense para su desarrollo. Es muy importante sin ninguna duda. También reconocemos el aporte de los nicaragüenses que desde su remesas dan a Nicaragua, podemos pensar que más de 200 millones de dólares que envían con su trabajo a Nicaragua es una contribución muy importante a la economía del país”, añade el embajador de Costa Rica en Managua.

Viaje en bus a tierra ajena

Julia Mercedes Alemán, de 41 años, toma el bus rumbo a Costa Rica. Arregla la maleta en la casa de San Judas, propiedad de parientes de su esposo, después que bajó de un asentamiento varios metros más arriba de la colina donde se le ve aparecer, proveniente de la casa minifalda, del hogar de sus  suegros.

Ella también tragó el sol de la mañana en el Consulado, un día caluroso, un día de repique de las campanitas de Eskimos, del sonido de las ruedas de las maletas que vienen y van, de taxistas ofreciendo carreras hasta Peñas Blancas, la frontera con Costa Rica, del sonido de la máquina fotocopiadora que no cesa.

Ella era conserje de una empresa privada. Ganaba 2,400 córdobas quincenales hasta que renunció a su trabajo. En ese lugar, conoció a su esposo, un estibador siete años menor que ella, con el que su hijo mayor no estaba de acuerdo que se casara. “Los hombres ahora no saben valorar a las mujeres, mama”, le dijo el muchacho.

La pareja permaneció unida, pero ninguno tenía trabajo porque él había renunciado también en marzo de 2014 y lo que decidieron fue que él se fuera para Heredia, allá la esperaría.

“Se fue a Costa Rica y está trabajando de ayudante en construcción, lo van a pasar a otro lugar donde va trabajar más suave, le va ayudar su hermano”, explica Julia, que cuenta que su familia es de migrantes, que tiene familiares viviendo en Panamá, pero que finalmente se decidió por viajar a Costa Rica para ir adonde su marido y empezar a construir su anhelo con el dinero que recoja, comprar un terreno y construir la casa que no tiene.

Según el sociólogo José Luis Rocha, los migrantes de Nicaragua no tienen 41 años en su mayoría como ocurre con Julia. La mayoría son jóvenes que oscilan entre 18 y 24 años y que suman el 35 % de los migrantes de acuerdo con estadísticas de la encuesta nacional de hogares sobre nivel de vida (EMNV 2005).

El destino principal sigue siendo Centroamérica: Costa Rica, El Salvador y Guatemala, y después figura Estados Unidos.

“Nicaragua se ubica entre los 10 países de América Latina donde tanto los niveles de pobreza como de indigencia juvenil aventajan con creces el promedio regional. En Nicaragua el 55% de los jóvenes pobres –que a su vez son casi el 66% del total- son jóvenes indigentes”, explica Rocha vía correo electrónico desde Alemania.

El investigador recuerda que en el año 2000 los estudiosos del fenómeno de las migraciones calculaban en 105 mil nicaragüenses los que habían emigrado a Costa Rica. “Esta cifra ha ido creciendo año tras año. Migrantes pendulares acuden durante las temporadas de corte de caña, café, banano o melón. Algunos investigadores han calculado que el 75% de las labores agrícolas en Costa Rica las realizan trabajadores originarios de Nicaragua y que las fincas bananeras suelen depender de un 40% de mano de obra nicaragüense”, explicó.

Martha Isabel Cranshaw, coordinadora de la red de migrantes, los caracteriza diciendo que son jóvenes en etapa productiva. “En toda nuestra experiencia hemos visto que la población se va: bien sea porque no tiene trabajo o no encuentra trabajo en Nicaragua o porque el nivel de ingresos allá sería sencillamente mayor. Hay otro grupo que se va por unificación familiar, chavalos y niños que la madre y el padre los dejó por un tiempo o también sus hijos se los llevan para atenderlos en Costa Rica de la mejor manera, con su sistema de salud”, dice.

El sueño de llevarse a la familia

A las puertas del Consulado, Gema Anielka Delgado Acevedo, de 32 años, ocupa el lugar que su marido le  ha guardado celosamente en la fila de la visa y empiezan los apretones y reclamos porque la mayoría saben que a las doce del día cesa la atención. Muchos han venido tarde.

“Aquí te venden en 20 dólares el espacio para que no hagás semejante fila”, dice Delgado y señala a la gente que se extiende a lo largo de cien metros, a quienes se les acercan los dueños de los buses ofreciendo pasajes, o los taxistas proponiendo carreras a la frontera, los migrantes de Nicaragua.

Gema cuenta que ella trabaja en Costa Rica como cocinera para algún día poder llevarse a sus hijas. Tiene tres: la mayor de 14 años es Betania Carolina Cortés Delgado, la otra tiene diez años, Emma Junieth Cortés Delgado, y la más chiquita es Karla Julieta Téllez Delgado, de seis.

Pero es Emma la que no quiere que nunca se vaya, se enferma de mil maneras y le dice que no la deje sola. Hoy mismo la dejó desde muy temprano porque debió salir a las cinco de la mañana para llegar al consulado y sacar su visa. La primera vez que viajó fue el 18 de febrero de 2011 y desde entonces  llenó su primer pasaporte, porque viene mensual a renovar el permiso.

“Trabajé como cocinera en Nicaragua y ganaba 400 pesos por semana, allá gané 60 mil colones  semanales, son 120 dólares”, dice. Labora para una familia de nicaragüenses, los Flores López, que tienen ya 24 años de vivir allá y a quienes le presentó una hermana. Viven en Cañas.

-La vigencia de la visa es de 30 días, uno no puede andar sin visa por eso vengo a cada rato- dice la mujer. Está cerca otro muchacho que cuenta que no es el viajero, sino que acompaña a su padre que trabaja como mecánico y va y viene a Costa Rica desde hace 20 años.

Otro hombre, de 50 años, ojos verdes, moreno, de gorra, narra que él acompaña a su hija para visar, porque se va de vacaciones.

- Si no fuera por las zonas francas este país se hunde. Aquí la gente o le trabaja a ellos o se tiene que ir como todos estos. Gracias a Dios yo tengo mis tierritas- sostiene el hombre. Detrás  de él, se ven algunos que han colgado hamacas para recostarse. Tienen chinelas puestas como si aquello fuese el pasillo de un hostal.

No hay política para migrantes

Martha Cranshaw  explica que  “el promedio de remesas que recibe Nicaragua está todavía muy distante de lo que percibe El Salvador y Guatemala, continúan siendo unas remesas para la sobrevivencia con excepción de la Costa Caribe, donde los envíos de remesas son superiores”.

“La dificultad que tenemos es la capacidad de los funcionarios de Estado, de la sociedad y empresa privada, de comprender que detrás de las remesas están otros ciudadanos, y no tratar de comprender la problemática de la población que la envía. El aporte de ellos es mayor que la maquila por ponerlo de esa manera y vos encontrás que hay políticas de inversión extranjera, inversionistas, para el café, el turismo, pero no encontrás políticas orientadas a los migrantes”, asegura.

La especialista agrega que la migración ha descendido en algunos municipios como Rivas, Estelí, pero aumentó en Juigalpa por ejemplo.

“Yo he visto de todo aquí, llevo 15 años trabajando  junto al Consulado”, dice Elizabeth Gutiérrez, mientras coloca un trozo de carne en las brasas. Al lado está un canasto, cubierto con un plástico color amarillo huevo, con la venta del día: vigorón y pollo. Es originaria del barrio El Recreo, de Managua. Tiene un pariente en Costa Rica como muchos de quienes llegan a pedir una visa aquí.

-Yo no hago ruido con las pailas- dice Elizabeth riéndose cuando bromeando le pregunto si sus vecinos se despiertan todas las mañanas con el ruido de su cocina.-  No siempre le va bien a uno. Es por temporadas: 3 mil córdobas vendí en enero, diciembre, son las temporadas altas, y ahorita he vendido 200 córdobas-. Es la última comidería de la larga fila de negocios, antes de ella está la Esperanza, después de ella no hay nada.

Irma Adela Vargas Torrentes, de 43 años, originaria de Nandaime, cuenta el otro lado de la historia. “Cuando yo salí de Nicaragua (en 1985). No habían muchos inmigrantes, eran casos aislados, yo solamente venía por un tiempo y regresaba, pero la verdad me enamoré de este país (Costa Rica), su gente y cultura y aún sigo acá”.

Fue su hermana Olga la que le tramitó el pasaporte para dar lugar a una historia que califica como positiva, porque cree que el migrante hace la diferencia en cualquier parte del mundo si se lo propone. Ahora sostiene que ella tiene estabilidad, una casa propia en Alajuela, una familia bonita con sus dos hijos, la fe en Dios que nunca perdió y esperanza, lo que buscan los que se van después de salir del consulado o aquellos que por veredas intentan lograr un sueño.

 

800 mil nicas en el extranjero

La Organización Internacional para las Migraciones sostiene que al menos 800,000 nicaragüenses viven en el exterior, el 63% de los cuales lo hace en Costa Rica. La razón de la huida es la pobreza en la que Nicaragua destaca en la región.

Las remesas familiares representan el sistema de seguridad social de los pobres. Según los estudios realizados, la mayor parte de destina al consumo, pero también a gastos de salud, y un porcentaje menor a viviendas.  Sumaron 905.1 millones de dólares en 2011, 29.8 % más que en 2006, el año que antecedió la jura del segundo mandato de Daniel Ortega de acuerdo a los datos oficiales.

“En 2010, Nicaragua mostró un crecimiento del Producto Interno Bruto del 4.5 % y de 4.7 % en 2011,  siendo el país de mayor crecimiento de Centroamérica. Este crecimiento fue impulsado por el incremento de las exportaciones, el aumento de las inversiones y las remesas,”, sostiene el Plan Nacional de Desarrollo Humano, elaborado el ocho de noviembre de 2012.

¿Es un fracaso para las políticas de desarrollo de un gobierno que su gente deba irse para resolver sus problemas? “El problema está en que sí ha habido mejorías en que una parte de población que antes se iba permanentemente ahora se va, sobre todo la población rural, temporalmente y ese es un cambio. Quiero decir que alguna política pública ha funcionado”, sostiene Martha Isabel Cranshaw, coordinadora de la red de migrantes.

La recesión económica de Europa y Estados Unidos parece ser otro factor de la disminución de la emigración según las declaraciones que la semana pasada ofreció a la agencia Efe, en ocasión de la presentación de dos estudios sobre el tema, la doctora María Rosa Renzi, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

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